Omar Lara: Toque de queda

Quédate

le dije.

Y

la toqué.

Extraído del poemario Voces de Portacaliu (2012) editado por La Cabra Ediciones.


Sobre el autor: Luis Omar Lara Mendoza es un poeta, traductor y editor chileno. Siendo estudiante, en 1965 comenzó a trabajar en la Biblioteca Central de su alma mater; dos años después abandona Pedagogía, sin llegar a titularse, pero continúa en su cargo de bibliotecario hasta 1969, cuando pasa a dirigir la Oficina de Publicaciones y Difusión de la universidad. Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 dado por Augusto Pinochet en contra el gobierno socialista de Salvador Allende, Omar Lara fue detenido y permaneció 4 meses encarcelado. Miembro de la llamada generación dispersa o de la diáspora, en sus años de destierro nunca dejó de escribir ni de publicar —en Perú, Cuba, Rumania, España— y al reconocimiento nacional que tenía se le agregó el internacional nada más salir de su patria gracias al Premio Casa de las Américas 1975.

Esplendor y ocaso de la dinastía Tang

Para mi Tusán favorita.

Sólo tendrás el premio vano
de la inmortalidad

Tu Fu

I

Mientras saboreas los damascos
De una aldea hechizada por el tiempo, oteando
Las ásperas colinas por donde pastan los venados,
Recuerdas la ardiente sensación
De lo perdido. Tu sombra
Se menea con el bambú cuya piel marcaste
Con tu navaja de incipiente exploradora. No
Lejos el río Wang
Brilla al costado de una cadena
Montañosa,
Apagando el dulce oficio de tu aullido.

II

Li Bai y Tu Fu y el sabio El Qhi
Celebran tus versos, mientras recogen
Cerezos al este de la pradera. Risueños
Comentan, acariciando
El ábaco laqueado,
Que para el próximo verano
Serás un peregrino imbatible. En verdad,
Intentas volar
Como los sueños de los pájaros.
Pero bien sabes que los sauces cantan por ti,
Que las santarrositas son coreutas desganadas
Y que las piedras carmesís que arrastra el Wang
Dicen que tú, envuelto en preciosas sedas,
Incendias el pabellón de oro
De una muchacha en flor.

III

Escribías con el aliento azul de una mariposa,
Insistías por las noches
Con el leve rumor de las ondinas ribereñas,
Y con trazos finos dibujabas la gracia de su nombre.
No soñabas con dragones insepultos, ni con el azufre
De las danzas marciales. Apenas anhelabas
Que la zarza en llamas de tus versos
Iluminara sus tímidos pasos hacia tu alcoba.
Pobre amigo mío,
No sabías la culpa que guardaba la rama del ciprés.
Desde entonces al río Wang le falta una orilla.

IV

En una competencia honorable, Li Bai
Hace gala de iluminaciones
Sobre el lenguaje del agua que fluye
Sin dejar rastro, como tú. El maestro Tu Fu
No se queda atrás: con destreza mueve las nubes,
Y le levanta la falda a la estrella más lejana.
Dos viejos tigres de bengala
Esperan que tú no desentones en esta justa primaveral.
Has caminado por llanuras, sueños, pieles, laderas
Y sabes del viento sensual del abanico imperial:
Todos esperan tus palabras.
No hechizos.
No silencios.

V

Debes subir por la ladera angosta de estos cerros,
Y encaramado en la cima pintar
El esplendor y ocaso de nuestra dinastía.
Conquistaste todos los horizontes. Pensaste
Que la muralla debería ser bella y resistente.
Y que no había que envidiar a la ciudad de las pagodas,
Menos a su vulgar templo de madera. El cielo
Para ti no era más que el corazón
De la princesa Gra Ziang. Bebe,
Peregrino, el verde jazmín de tu derrota.

VI

Eres la última luz que brota de las montañas
Otoñales. Una bandada de pájaros
Silencian tu canto tardío.
No llevas, peregrino, en tu alforja
Ningún sueño, apenas un poco de pan,
De sal y una tinaja de aguardiente.
En el viejo corazón
De Wen Wei, la soledad es un huésped bienvenido.


Estos poemas forman parte del libro inédito Soledades de Solange.

A ti, dentro de un siglo

Marina Tsvatáieva
Poeta rusa

A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro -el infierno-
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos -un puñado de polvo-
mis versos. Adivino que en el viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; yo capto las palabras:
“¡Impostoras! ¡Ya todas están muertas!
Sólo ella está viva.

Igual que un voluntario le ha servido.
Conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!”

¡Mis anillos! Me pesa,
hoy me arrepiento
de haberlos regalado sin medida.
¡Y no supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde
tras el sol haya ido tanto tiempo
y he ido a tu encuentro,
dentro de un siglo.

Apuesto -dice él- que vas a maldecir
a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.
¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa
nadie le ofreció.

¿Quién era el generoso? Yo no: soy egoísta.
No oculto mi interés si no me matas.
A todos les pedía cartas,
para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.
Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.
Les negarás la gracia a todas las amantes
para amar a la que hoy es sólo huesos.


Sobre la autora: Poeta rusa nacida en Moscú en 1892. Hija de un profesor especializado en Bellas Artes, estudió en Moscú y en la Sorbona y vivió muchos años en el extranjero. Es considerada como una de las figuras más relevantes de la literatura rusa del siglo XX. Fue una mujer de pasiones categóricas, voluntariosa y resuelta, que arrancó bruscamente de su corazón todo aquello que la había desilusionado y no podía ya aceptar. Toda la vida sintió por Pasternak  un conmovedor afecto, a pesar de estar casada con un oficial del ejército zarista. Emigró al extranjero en 1920 y regresó a Rusia en vísperas de la guerra contra el fascismo hitleriano, al que había maldecido en sus versos cuando se hallaba todavía en la emigración. Entre sus obras se destacan “Poemas de juventud” 1915 y “Poemas de Moscú” 1916. Fue desterrada a la aldea de Elábuga, donde falleció el 31 de agosto de 1941.  

Esta nostalgia

Gioconda Belli
Poeta nicaragüense


Este sueño que vivo,
esta nostalgia con nombre y apellido,
este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
lamentando su paso por mi sangre…
No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
el valle de mis días
está lleno de sombras innombrables,
voy a la soledad como alma en pena,
desacatada de todas las razones,
heroína de batallas perdidas,
de cántaros sin agua.
Me hundo en el cuerpo,
me desangro en las venas,
me bato contra el viento,
contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi castillo de fantasmas,
las estrellas fugaces que me cercan
mientras el sol deslumbra
y no puedo mirar más que su disco
-redondo y amarillo-
la estela de su oro lamiéndome las manos,
surcándome las noches,
desviviéndome,
haciéndome desastres…
Me entregaré a los huracanes
para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
Estoy muriéndome de frío.


Sobre la autora: Poeta y novelista nicaragüense nacida en Managua en 1948. Junto a Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, inició la renovación de la poesía en su país. Un marcado acento erótico impregna buena parte de su obra, aunque la última producción denota una gran  preocupación por los cambios políticos de su patria. Entre los libros más reconocidos, se destacan «Sobre la grama» y «Eva».

imagina a javier heraud y maría emilia cornejo

Roberto Valdivia
Poeta peruano


imagina a javier heraud y maría emilia cornejo
sobre un pasto que es todo el pasto del mundo
echados, profundamente enamorados
mirando al cielo como si miraran
los ojos del otro
imagínalos a los 16
sin una sola idea sobre lo que les va a pasar
y siendo aún lo suficiente ingenuos para creer
que un momento así va a repetirse
imagina el brazo de javier sobre los hombros de maría
contando estrellas como todos los adolescentes
porque son ellos
todos los adolescentes
hinchados de orgullo
derrotados o
desamparados como la luz de un planeta que apenas
ha nacido
me gustaría recordarles no olvidar
quitarle una hora más a esa única noche
me gustaría decirles que el tiempo cae demasiado rápido
a través de las manos que toman la arena en la playa
y pensar en dormir es dispararle a una mariposa de escarcha
lo único absurdo está en no darle un minuto más
a este cuadro perfecto
pero la juventud y su eternidad se derrumban
en la boca del que vive esperando
la vuelta de aquel querido cometa
y pasa cantando que la belleza es un sol
que alumbra todos los días
imagina a javier Heraud
imagina a maría emilia cornejo
profundamente enamorados
respirando con la respiración de las margaritas y los astros de madrugada
imagínalos encendiendo un par de velas atentamente
en medio de un bosque sin personas
hablando palabras que nunca comprenderemos
mirándose a los ojos
atesorando cada milagroso segundo

Considerando en frío, imparcialmente…

César Vallejo
Poeta peruano


Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

Entre amigos

Friedrich Nietzsche
Filósofo alemán


Es bello callar juntos,

pero más bello aun reír juntos…,

bajo el manto sedoso del cielo,

apoyados en el musgo de un haya,

reír entre amigos, con cordiales carcajadas

que dejen ver los blancos dientes.

Si obré bien, nos callaremos;

si obré mal… nos reiremos;

y cuanto más mal obremos,

cuanto más mal obremos, más nos reiremos,

hasta que bajemos a la tumba.

Sí, amigos, ¿a que debe ser así? ¡Amén y hasta la vista!

¡Nada de excusas ni perdones!

Ustedes, los alegres,

¡presten libremente corazones,

oídos y cobijo a este libro lleno de sinrazón!

¡Créanme amigos, mi sinrazón no es fruto de una maldición!

Lo que yo descubro y lo que busco,

¿se halló alguna vez en un libro?

¡Honren en mí a la estirpe de los locos!

¡Aprendan de este libro loco

cómo la razón vuelve a entrar… «en razón».!

Sí, amigos, ¿a que debe ser así? ¡Amén y hasta la vista!


* El poema está incluido a modo de epílogo de Humano, demasiado humano (1984).

** 
La imagen en portada es un cuadro de Curt Stoeving titulado Nietzsche en el balcón (1894).

Tres poemas de Swanne Pozo Osorio

Swanne Pozo Osorio es una poeta peruana, estudiante de Educación en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Aficionada al arte y a la música, Pozo Osorio hace su debut poético con los poemas que compartimos a continuación.

Estos poemas, además, fueron leídos en la Noche Poliantea por la propia poeta, a quién le agradecemos por su presencia y la gentileza de compartirlos con el público asistente a dicho evento.


Viejo mal

Como cuando te enojas con el universo

De tal manera que te niegas a probárselo

No das tregua

Y te encierras una vez más

Bajas la cabeza

Para inundarte, otra vez

Te alejas

A tu universo de papel

En donde me condenaste a vivir

Porque “no quería

estar solo yo”

Y al que nunca me dejaste asomar

“Jamás lo entenderás”

Puedo recordar cada momento

Siento que estoy en ello

 

La niebla se derrumba cual pared de tierra

Que ayer parecía

Ladrillos,

Arena

 

Vuelves a desaparecer

Tu sombra ya no me quiere ver

Oh si tuvieras consciencia

But that’s to wish impossible things

That’s to believe that the truth still exists

Como si hubieras existido alguna vez

 

Eres un pueblo desahuciado

 

Es imposible, de repente,

regresar a la tangibilidad humana,

al mundo del saber

Tratar de atraparte en palabras

quererte volver

esa tinta que se pueda secar

Mas ahora ya eres tan solo observable

 

Como la sombra que se mueve antes de que la pueda mirar

Como aquella rata inmunda que no me permite despertar

Porque no otorga tregua a mi cerebro ni siquiera para dormir

 

Eres tú, otra vez

 

Roes, roes, ríes.

 

Es lo único que sabes hacer.


 Nuevo bien

Me alegra que existas, y que haya dolor

Las leves montañas, nunca crearon amor

Es el relieve del paisaje, lo que le otorga la belleza a admirar

Y es este vacío tan grande, el que me da placer llenar

Y es que ahora eres libre

 

Hurrá.

 

Has volado del escondite, aun con miedo a caer

A ser devorada, por tigres, o aplastada, por pies

Olvidaste que eras rima, por demasiado tiempo

Y limitaste tu lira, hasta un dulce encuentro

Que por tanto, pareció eterno

Pero ya estás aquí,

De nuevo

 

Qué bien.

 

Que como cuando el ocaso vuelve a caer

Y ves entre larvas

A una mariposa nacer

Cuando la vieja lluvia, deja de serlo

Sin perder su hermosura

Para (por fin) regresar al cielo

 

Eres todo lo que siempre pedí,

Un tesoro, ante el cual mi mundo rendir

¿Cómo es que no consigues apreciar

esto que hace que tirite mi cuerpo?

¡Te encontré!

Bella esperanza

Gracias a ti, un miedo menos.


Viento de alta mar

Cuando el silencio nos abruma,

y la música es

 

lo único que nos reembarca

 

Entiendo

-finalmente-

que este bote

jamás te llevó en él.

Lejos de la oscuridad adormecida,

observo el iluminar de las paredes rotas

Y comprendo cómo

desde hoy -y por siempre siempre-existirá,

dentro de la construcción espaciotemporal del lamento

un fragmento tuyo,

al que decidiremos llamar “autosoma”,

y al cual nunca supe querer.

 

Entonces,

Cada vez que calla,

y mira,

Y la brisa,

entre _us cabellos,

canta

El viento explica cómo es que se enjuagará las manos,

fríamente,

De esta destrucción idílica (de desilusión y miedo)

 

 

Usando el fruto que nace de la fascinación por haberte perdido,

que se consuela con el infinito aprecio que tengo a la vida

De que -aunque sea- te pude tener.

 

Pero despierto,

y sé ahora

 

Que este mar,

también avanza

Al igual que el mismo tiempo

Que ya

Se fue.