Temporada de Huracanes

Adriana Jaime
Mercadóloga, docente y lectora


México ha vivido inmerso en la violencia desde hace tiempo, en los últimos meses hemos sido testigos de casos desgarradores como lo ocurridos en Minatitlán, Veracruz -uno de los más sonados recientemente- o de casos aislados que se escuchan por ahí, de boca en boca, en la ciudad donde vivimos. Según fuentes oficiales, durante el primer trimestre del 2019 se tienen registros de 8 mil 524 víctimas de homicidio violento; por otro lado, los datos que proporciona el INEGI son abrumadores: más del 70% de la población mexicana mayor de edad se siente insegura y los medios de información se llenan de notas rojas cada mañana: homicidios, secuestros y fraudes son noticia de cada día; el amarillismo y el morbo hicieron a un lado la prudencia y el respeto al dolor ajeno.  Los números son alarmantes y si analizamos cada uno de lo casos en particular, parece que la realidad, muchas de las veces, supera a la ficción.

Temporada de Huracanes puede ser uno de esos casos, de hecho, la novela de Fernanda Melchor se basa en un artículo periodístico en el que la autora encontró la inspiración para abrir la caja de pandora y desatar los monstruos de la miseria, la pobreza, el machismo, la corrupción, las adicciones, el abuso, la violencia y la ignorancia que persiguen a los habitantes de un pueblo costero olvidado en Veracruz, México.

Desde las primeras páginas Melchor atrapa y no suelta, lleva de corridito al lector a través de los distintos ojos que presenciaron o se vieron involucrados de alguna manera en el asesinato de “La bruja” y la vida de “Luismi”, personajes principales por así decirlo, de la historia que nos regala la autora. Dicha tragedia se ve envuelta en un misterio que se va desmenuzando a lo largo de poco más de 220 páginas, mismas que dicen mucho y lo dicen de golpe. Melchor pinta el retrato de un México vulnerable, un México expuesto, marcado por la injusticia y la indiferencia, en donde el olvido y el abandono forman parte de la atmósfera y del escenario en el que cada uno de los personajes dan su versión de los hechos, se abren y se muestran sin tapujos al lector, se confiesan a través de las palabras dejando expuestos sus miedos, sus pasiones, sus anhelos y sus más oscuros deseos.

Leer a Melchor deja una sensación a la que solo le puedo encontrar símil con una cruda que es consecuencia de una buena noche de copas. Sólo puedo describir la obra de Melchor con una palabra: BRUTAL, y es que de principio a fin la autora roba el aire, detiene el tiempo y marca un antes y un después de su lectura.

Temporada de Huracanes es una obra que no pasa desapercibida, marca y pone el dedo en la llaga; se puede cerrar el libro y ponerlo en el lugar designado para él en el librero, pero el fantasma de los personajes y lo que representan, además de la historia que los involucra, es algo que persigue al lector durante y después de su lectura.

¿Cuántos Luismi y cuántas Brujas forman parte de los números, de las estadísticas?

La Guerrilla Estéril

Diego Abanto Delgado
Estudiante de Filosofía


La Guerrilla elegante (2018) es el primer poemario de José Natsuhara. De la editorial PerMensam, este libro llegó a mí con las mejores valoraciones, se presentaba como uno de los libros que iba a dar qué hablar en la nueva generación de poeta peruanos. Bajo este umbral, bajo esta sombra, me acerqué al libro como quien se aproxima a lo desconocido.

Desde el nombre, el libro ya desafía al lector. ¿No es algo ostentoso, casi hasta pedante? Pues sí, pero no es demérito alguno. La portada, curiosamente diseñada para atraer a su espectador, cautiva e invita a abrir el libro. Hasta ese entonces, el lector se mantiene, por decirlo menos, expectante.

Todo cambia una vez empieza la lectura. Si Luis Alberto Sánchez señaló que luego del primer capítulo de Redoble por Rancas, la novela se le cayó de las manos; luego del índice, La Guerrilla Elegante se desvanece. La sección Huésped (p. 9) es divertida, sin duda, plantea una inquisición al lector, lo interpela como lector activo, como lector-personaje, lo extrae de su lectura, de su rol pasivo y lo coloca en primer plano, deja de ser entrevistador y se convierte en entrevistado del texto. El problema inicial se presenta cuando tiene que prolongar este diálogo a lo largo del libro, pues si bien existe la intención, está hecha de forma muy pobre, muy descuidada. El problema de la poesía de Natsuhara es que es desordenada, es caótica. El problema del libro es que no sabe congeniar con estas características y resulta plástico, artificial.

Hay poco o nada de elegante en este libro. Si lo que el autor busca es una revolución, si busca iniciar una guerrilla,  apelar a la rimbombancia, a la desmesura, a lo clásico, a lo establecido no fue lo mejor. Todo lo que desfila por esta guerrilla elegante ya se ha visto, es una parada militar emitida en diferido. Como bien señala el audaz crítico literario Luis Bejarano, el poemario es papel reciclado. En su Prefacio (p. 17), señala que “a mi modo de ver la poesía no es un chiste”, lo retoma como un oficio. Su Prefacio es una manifiesto de sus intenciones, pero estas intenciones no se plasman en sus poemas, no se plasman en la estructura de su libro, no se plasman sino en ese Prefacio, quedan más como promesas incumplidas, muy peruano de su parte.

Es innegable que el autor nos propone un estilo coqueto, irreverente pero es más algún recurso que busca sorprender al lector en las primeras páginas y que nos permite conocer más al autor que algo que identifique al texto. No niego las técnicas, solo creo que no que están bien empleadas. No niego al texto en sí, solo sostengo que mientras más lo lees, más queda evidenciada su pobreza de espíritu. Y si algo no le puede faltar a un texto es espíritu.

Lo mejor de este libro son sus intenciones y esa página final, que nos indica que la pesadilla ha terminado. Claro está, si leemos este libro bajo las expectativas de encontrar un libro de poesía.

Pero en La Guerrilla Elegante no hay poesía. Poesía, etimológicamente hablando, claro está. ¿Y qué es la poesía? Pues deriva del griego ποιέω (poiesis) y puede ser traducido como crear, hacer. Entonces, el poeta, por extensión, es el que crea, el que inventa. Bajo esa línea, en el libro no hay creación, no hay invención de nada. Todo es figura repetida, todo es contenido caducado.

Y que esto no se entienda como algo que disminuya el potencial que se puede rescatar de la obra. El problema reside en que si nos tenemos que centrar más en rescatar algo de la obra antes que elogiar la inventiva de ésta, no es un buen libro de poesía. Pero claro está, La Guerrilla Elegante es más bien un fanzine en formato libro, un collage de referencias que busca sorprender al lector como poemario. Esto, sin duda, no puede ser calificado como poesía, sino más bien, como un langoy poético.

Y aquí me permito un recurso que en las calles sería calificado como el ampay, me salvo.

Este libro no tiene antipoesía a lo Parra, pero sin duda se entendería la confusión. Para mí, Natsuhara se acerca, quizá sin saberlo, a lo que puede ser concebida como la no-poesía. No es creación, es confección lo que se encuentra en La guerrilla Elegante. ¿Y qué es la no-poesía? ¿un capricho de quién escribe este artículo? Permítanme definirla, en la medida de lo posible.

La no-poesía es todo aquello que la poesía no es. No es fácil de leer, no es elegante, no es agradable. Es desordenada, no guarda relación lo que se ve en una página con la anterior o la siguiente, es pedante y a la vez humillante, es anticanónica pero de forma tan abrupta que encierra al lector—y al escritor—en un canon del cuál no hay entrada ni salida, solo un vacío, solo el olvido. Está compuesta de frases hechas y derechas, de referencias a otros autores más elaboradas, de facilismos por doquier, de técnicas que no cuajan. La no-poesía no resiste análisis, no resiste comparación con un libro de poesía. Puede haber semejanzas, pero no hay reconocimiento. Es la oveja negra de la familia, es lo que todo poeta en algún momento ha escrito, pero con vergüenza guardado en lo más profundo de su ser o eliminado de la faz de la tierra con la esperanza que nadie lo lea nunca más. Si la antipoesía representa la decadencia, la no-poesía es decadencia en sí misma.

Pero incluso si lo tomamos como un libro no-poético, si aceptamos la propuesta que nos plantea en su índice, si nos zambullimos en el discurso que propone el autor, La Guerrilla Elegante no representa una unidad. Las cinco tácticas que dividen al libro (Amor, Espiritualidad, Política, Seducción, Oficio) son un elemento desaprovechado. Los poemas que desfilan por cada táctica no guardan relación, cada uno fácilmente podría ser intercambiado y no se notaría mayor diferencia. Si bien por momentos pareciera que se está dialogando con el lector, más bien es el propio autor quién dialoga consigo mismo, con su noción de lo qué es el arte, con lo que cree que es irreverente. Y este recurso egocéntrico puede funcionar por momentos, pero acaba desilusionando. Pues en La Guerrilla Elegante hay un grave problema de conceptos; si es guerrilla, si es elegante, si es vanguardia, si es poesía, si es irreverente, si es algo siquiera. Considero que si buscaba ser guerrilla, eligió mal sus armas, si buscaba ser elegante, eligió mal el traje, si buscaba ser vanguardia, intentó demasiado parecer elegante, si buscaba ser poesía, planteó mal su texto, si buscaba ser irreverente, acabó encontrándose con la huachafería y le hizo desenfadadamente el amor.

Sobre esto último, el autor intenta durante muchas páginas hacernos creer que es irreverente, que ha venido al mundo con este texto para demostrarnos que la poesía se hace así, de esa forma, sin responder a nada ni a nadie, que lo políticamente correcto no puede, no debe ser arte. Si bien se puede coincidir con esta propuesta, con lo que no podemos comulgar es con que se crea que así es como funciona lo políticamente incorrecto, que por colocar un lisuras a diestra y siniestra, por colocar en los agradecimientos “a todas las chicas que he cachado y que eventualmente cacharé” (p.46) ya se es irreverente. En esa búsqueda de identidad, La Guerrilla Elegante se queda sin nada, sin ser guerrilla, sin ser elegante, solo nos queda lo estéril.

Todos quieren ser Luis Hernández. Nadie lo ha logrado hasta ahora. Todos quieren lograr el próximo Trilce de la literatura peruana, pero muy pocos están a la altura del reto. Todos quieren renovar el lenguaje, la poesía y muchos mueren en el intento. Y La guerrilla Elegante es de los que desfilarán entre los muertos, liderarán el camino para caer y señalar lo que se debe hacer. No dudamos que el autor nos ha entregado su mejor trabajo, su alma, pero esta entrega no quiere decir que su trabajo sea bueno, no significa que el lector tenga que aceptarlo simplemente porque el autor así lo dispone.

Natsuhara nos menciona en la Táctica 4 (p.141) que usó las páginas de este poemario para encender la parrilla y calentarse con una chica, convirtiendo La Guerrilla Elegante en el primer poemario útil de la historia. Quizá esto sirva de invitación a todo aquel que leyendo su libro, siga el ejemplo del autor y eche al fuego este libro, para que nos ayude en este frío limeño, para que logren sus hojas lo que no sus palabras; conmovernos el cuerpo, el alma.

Me imagino que si lo dicho anteriormente no es reconocido por su autor, si evidentemente lo que su libro buscaba era ser un poemario, podemos sumarnos a su juego y citar aquel mensaje que todo infante debe haber leído en las tapas de gaseosas eventualmente que nos inculcaba la perseverancia; sigue intentando.

¿El fin de la Hegemonía de EE.UU?

Rodrigo Torales
Estudiante de Ciencias Políticas


En marzo del 2018 se inició una guerra comercial entre EE.UU y China, con la imposición de aranceles por parte del primero y la respuesta inmediata del segundo. Y es que la disputa comercial entre estas dos potencias económicas significa la ralentización de la economía global y el incremento de bienes y servicios. En diciembre, en pleno G20, las dos potencias mundiales acordaron una tregua, sin embargo, hace unas semanas Donald Trump remeció los mercados mundiales al anunciar una lista de aranceles además de restricciones a empresas estadounidense a colaborar con empresas chinas. Entre ellas, se encontraba Huawei.

El gigante tecnológico-Huawei

Donald Trump ha alegado una cuestión de seguridad nacional el no dejar que la empresa Huawei se expanda por Occidente y en específico en tierras norteamericanas. Ya que, la instalación de la red 5G por parte de Huawei puede comprometer la seguridad nacional de estos países mediante el hackeo y posterior espionaje por parte de China.

Sin embargo, esto, si bien podría ser cierto, se esconde bajo un motivo aún mayor que mantener la hegemonía de EE.UU en el Sistema Internacional y es que Huawei solo es uno de las muchas maneras en que China está planificando quitarle el puesto hegemónico a EE.UU.

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*Como se observa en el gráfico, China lidera la tecnología 5G con 4 empresas dentro del top 10, siendo Huawei la primera, mientras que EE.UU solo tiene 2. 

La nueva ruta de la seda y el collar de perlas

En el 2013 Xi Jinpin anuncio el plan de inversión geopolítico de la nueva ruta de la seda. Una iniciativa que agrupa 68 países, que representan el 40% de las economías, en un esfuerzo faraónico de integrar Asia, África y Europa mediante una ruta ferroviaria en donde China es el centro económico.

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De la misma manera, el collar de perlas es una conexión de puertos claves desde China Meridional hasta el mar Arábigo bajo la influencia china. Esto se logra mediante la concesión de los puertos mediante una fuerte inversión. Cabe resaltar que esta estrategia aparte de tener una importancia económica, también, tiene una alta importancia militar porque significaría el domino espacial de los mares asiáticos por parte de China y el desplazamiento paulatino de la influencia EE.UU en la zona.

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Made in China 2025

El plan a largo plazo para modernizar diez sectores económicos relacionados a la tecnológica y sector claves de la economía del país asiático lleva el nombre de Made in China 2025, el objetivo es simple y claro: convertirse en una potencia tecnológica.

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(De izquierda superior a hacia la derecha) 1)Equipamiento eléctrico, 2)maquina agricola,3)nuevos materiales, 4) ahorro energético y vehículos de nueva energias,5) herramientas de control numérico y robotica,6) tecnologías de la información, 7) equipamiento aeroespacial,8) equipamiento ferrovario,9)ingeniera de equipamiento marítimo y barcos de tecnología avanzada y 10) equipamiento médico.

El plan de Made in China se lanzó oficialmente en el 2015 y es un plan de tres décadas de duración en donde<< la estrategia se desarrollara en tres fases: reducir las diferencias con otros países (2025), fortalecer la posición (2035) y liderar en innovación (2045)>> En este sentido, la República Popular de China busca dejar de lado a países como EE.UU, Japón y Alemania como potencias tecnológicas y dar un viraje en su modelo de producción de país manufacturero del mundo a el país de la tecnología.

Las “tierras raras” chinas

Cuando Trump puso a Huawei en su lista negra de empresas con las que no se puede comercializar. Google anunció que retiraba su sistema operativo, App Store, en todos los sistemas móviles chinos. Sin embargo, a Huawei no le afecto, mucho, esta medida porque China es un mundo completamente diferente al occidental , en donde, la censura permite que los chinos desconozcan  WhatsApp, Facebook y el mismo Google. En China se conoce más WeChat, Weibo, RenRen, entre otras. El efecto Google se ha sentido más en los mercados occidentales tanto así que Google anunció que iba a dar tres meses de tregua a Huawei. Por último, Huawei anunció el lanzamiento de su propio sistema operativo Hong Meng Os en los próximos meses. Entonces, parece que poco o nada ha afectado el veto comercial de Donald Trump al gigante tecnológico que se mantiene de pie.

Asimismo, China tiene un arma secreta en esta guerra comercial que no ha decidido utilizar hasta ahora y son las denominadas “tierras raras” que son un conjunto de minerales que en su gran mayoría  posee China y cual uso principalmente se da en teléfonos móviles y misiles. Con esto China tiene una herramienta de coacción que no ha decido utilizar hasta el momento, es decir, esta guerra comercial puede prolongarse hasta que se decida en qué orden mundial vivirán las naciones; en el orden liberal o el orden chino.

El caso Assange desde Ecuador

Gaby Merino
Estudiante


Hace algunas semanas Ecuador fue titular de los medios de comunicación más grandes del planeta, esto debido a que Julian Assange fue arrestado en la embajada ecuatoriana de Londres. Tras el suceso, Lenín Moreno, presidente del país, expuso en un comunicado los motivos por los cuales se tomó la decisión, los que iban desde un irrespeto a la parte inmobiliaria de la embajada, hasta el desacato de la prohibición de filtrar información de ciertos sectores. Como consecuencia de esto, las opiniones se dividieron. De un lado, los que aprobaban la decisión gubernamental sugiriendo que Assange era un traidor y el país no debía ayudarlo. Por otra parte, los que se oponían al arresto. Dos lados, consecuencia lógica de toda acción.

Al inicio, los medios de comunicación locales hacían énfasis en los cargos que pesan sobre Assange, de esta manera la figura de un hombre culpable y mal agradecido se dibujaba. Con un ojo crítico y la frase de un desconocido; “entrevistan a quien les conviene”, podíamos entender el cómo un país percibió un acto que podría considerarse inhumano. Por otra parte, bajo el ojo focaultiano, diría que la televisión y la radio se vieron altamente influenciados por el elemento estatal y que su favor a la decisión de Lenin sería la consecuencia.

Esto intensificó aún más el contraste con lo que la gente en redes sociales o en simples conversaciones opinaba: Julian Assange no debía perder nuestra protección, asumiendo con el “nuestro” su compromiso con la causa. Por lo tanto, realmente se visualizó el problema, ya que un hombre que fue aceptado por nuestro país y le fue otorgada la nacionalidad de pronto queda desamparado violando de esta manera los decretos y políticas establecidas desde siempre. Con un acto como ese, se destruyó no solo la imagen de Ecuador ante el mundo, sino que los exilios políticos se debilitan y se crea el silogismo de que si una embajada pudo ser invadida, todas pueden serlo.

Mientras tanto, en el país de la mitad del mundo los días pasan y el caso se olvida quedando tan solo el silencio. Los medios de comunicación y las redes sociales han pasado a otros temas, poco o nada se sabe. A esto se suma el futuro de Assange, quien será extraditado (lo que la constitución ecuatoriana no permite) al país del cual huyó.

Y el Congreso siguió muriendo…

En algún momento de la República, quisiera pensar, el Congreso peruano gozó de popularidad. En algún momento, no se deseaba con tantas ganas su cierre, no se convertía en el poder más vilipendiado de los tres (Ejecutivo, Legislativo, Judicial). Y ganarle en repudio en el Perú o en cualquier país latinoamericano a la administración de justicia es algo significativo. En algún momento de la historia, ojalá haya sido así. Pero actualmente no vivimos en ese momento, vivimos con un Congreso violento que se encuentra en estado terminal, esperando el knockout, esperando la muerte, dispuesto a cometer eutanasia.

En un artículo publicado aquí, llamé que todo respecto al Congreso es un oxímoron, y lo sigo sosteniendo. Este Congreso es contradictorio, casi bufonesco, pero entiéndase aquí que hago referencia a congresistas elegidos por la población. Porque sí, no coincido con aquellos que consideran que no nos representa como nación, al contrario, creo que este Congreso nos representa mejor que algunos. Si Protágoras sostenía que el hombre era la medida de todas las cosas, este Congreso es la medida de todo lo peruano; nos representa tanto que hasta puede dar miedo mirar nuestro reflejo.

Todo lo criollo reside en esas cuatro paredes, todo lo pendejo también. En nuestra sociedad, figuras como Vilcatoma, López Vilela, Bartra, Mamani, Lescano, Salgado, Mulder, Beteta, Del Castillo y otros más no solo pertenecen al ámbito político. Lo que ellos representan no empieza y termina en el Congreso, sino en nosotros mismos. Parte de la responsabilidad de tener a estos congresistas reside en quiénes votaron por ellos, en quiénes dejaron que fuerzas nefastas como Fuerza Popular o APRA tome fuerza en las zonas más abandonadas del país. Aquí, esa labor evangelizadora que han tomado ciertos periodistas, políticos y opinólogos está de más, todos son generales después de la batalla, ¿dónde estaban ellos antes de 2016? ¿Acaso nadie sabía que Keiko Fujimori después de 2011 representaba una amenaza a todo lo que supuestamente ellos defienden?

Hasta el ultimo cartucho

Me parece curioso que quiénes hoy se rasgan las vestiduras criticando al fujimorismo y al aprismo, fueron los primeros que dedicaron columnas y minutos en televisión para expresar su expectativa sobre Keiko Fujimori y compañía. Y hoy, sonrientes, comentan con grandilocuencia lo bien que le haría al país que el presidente cierre el Congreso. 

Todo esto a partir del pedido de cuestión de confianza formulado por Martín Vizcarra el día de ayer por la reforma política. Acompañado de todo el Consejo de Ministros y los gobernadores regionales, el presidente anunció que formulará una cuestión de confianza, que de ser denegada, le daría la potestad de disolver al Congreso. Y para muchos, eso curaría la enfermedad.

Pero en realidad, el Congreso es más un síntoma, la enfermedad es esta sociedad enferma, carente de democracia tras la dictadura de Fujimori, falta de esperanzas por lo decepcionante que han resultado sus gobernantes en los últimos tiempos. Una muestra de ello es que para hablar del presidente favorito de muchos se remonta a Belaunde, o mucho antes, incluso. Una muestra de ello es que para muchos, la dictadura de Fujimori fue buena, justificada, y piensan que se debería regresar a tomar esas medidas. 

Por esto no creo que este sea el peor Congreso de todos, solo el que menos preparado estuvo para el momento histórico que tenía al frente. Y esta es sin duda, solamente responsabilidad de los 120 congresistas que están dentro de ese Congreso. Se dedicaron más a reavivar rencillas antiguas, conflictos en campaña, a pelear por propuestas legislativas que tenían nombres propios y en fin, a dirigir desde su curul todo y sin medida alguna, dándole la espalda al país. Pero si no estar preparado para el momento histórico es causal de disolución, nos quedaríamos sin instituciones por un buen tiempo. La anarquía suena una idea muy atractiva, pero como realidad, resulta insostenible.

Pero si no nos aproximamos al anarquismo, probablemente acabemos apoyando (de nuevo) una dictadura, ese mal al que el Perú parece siempre añorar. Y sorprendentemente quiénes critican esta forma de gobierno (o desgobierno, si se quiere), ahora están felices con la idea de un Congreso cerrado, sin darse cuenta que solo están tapando la llaga, no están extirpando la pus para curar la herida. La herida que ha abierto Fujimori, la herida que ha agudizado aún más el escándalo Lavajato, la herida que ha crecido tras el escándalo de los CNMAudios seguirá creciendo mientras se siga atacando solo al Congreso. La sociedad peruana seguirá enferma, seguirá creyendo que la democracia mejorará si nos quedamos sin congresistas, si el presidente empieza a tomar más decisiones solo, y eventualmente apoyará un Golpe de Estado y llegaremos de nuevo a hablar del fin de la democracia.

A este paso, lo triste no es que se quiera cerrar el Congreso, lo triste es que toda esta parafernalia desvía la atención de asuntos importantes que el Gobierno no está atendiendo. Lo triste es que mientras todo esto sucede, Lagunas está sufriendo las consecuencias del abandono del Estado, el Norte sigue esperando la reconstrucción con cambios, Ica espera aún que lo prometido con García se cumpla, los profesores esperan una remuneración justa y los conflictos mineros siguen sin resolverse. Y es cierto que el repudio de la población se lo han ganado a pulso los congresistas, no solo los de Fuerza Popular o el Partido Aprista, sino los de Frente Amplio, Alianza para el Progreso, Nuevo Perú, y hasta quiénes han renunciado a sus bancadas como el actual presidente del Congreso esperando librarse de polvo y paja. Sus decisiones los han llevado a este punto pero hoy quieren que el pueblo los apoye.

Y el Perú, tantas veces acostumbrado a que el Congreso le dé la espalda, hoy le da la espalda a ese Congreso enfermo, pálido, verde, cada día con menos fuerzas y lo deja esperando su muerte. Como mencionaría el aún vigente Manuel González Prada en Horas de Lucha:

Cuando transcurran los tiempos, cuando nuevas generaciones divisen las cosas desde su verdadero punto de mira, las gentes se admirarán de ver cómo pudo existir nación tan desdichada para servir de juguete a bufones y criminales tan pequeños.

Quizá esos tiempos estén cerca. Ojalá así sea, por el bien del país y de las futuras generaciones. Porque mientras el Congreso siga muriendo, el país también, nosotros también. Y cuando eventualmente lo haga, bueno, esperemos que Masa de César Vallejo sea real.

Nuestros legisladores

Manuel González Prada
Escritor peruano


Durante la legislatura de 1906, un senador tuvo la sencillez o la malicia de afirmar en plena cámara: “Hace algunos años, el Poder Parlamentario del Perú es nominal. Es inútil oponerse a ningún plan o proyecto que venga del Ejecutivo, puesto que es seguro que todo proyecto del Ejecutivo ha de aprobarse, cualesquiera que sean sus consecuencias”.

No desde algunos años únicamente, sí desde los comienzos de la vida republicana, nuestras Cámaras Legislativas hicieron un papel tan degradante y servil, que muchos diputados y senadores merecieron figurar en la servidumbre de Palacio.Y ¿qué más podrían ser los elegidos por el fraude o la imposición de los Gobiernos? Uno que otro individuo de elevación moral, una que otra minoría de sanas intenciones, no borran el estigma de la corporación.

Minorías, mayorías, palabras de significación aleatoria cuando se piensa que nuestros legisladores suelen amanecer oposicionistas y anochecer ministeriales. Hasta en las minorías de apariencia más homogénea conviene señalar a los hombres-convicción, a los que sostienen una idea, para distinguirles de los hombres-polea, de los que chirrían por no estar lubricados con el aceite de la Caja fiscal. Los oposicionistas de buena fe, desengañados por la indiferencia de sus compañeros y aburridos con la insufrible garrulería de los adversarios, acaban por enmudecer, convenciéndose de que no se argumenta con masas de ventrales, como no se pega testaradas a un muro de calicanto ni se da puñetazos a un zurrón de sebo.

En cuanto a las mayorías, no todos sus miembros rayan a la misma altura, pues mientras unos pocos actúan maliciosamente, sabiendo de qué se trata y hacia dónde se camina, los demás no conocen el terreno que pisan ni oyen razón alguna, salvo las venidas del Gobierno y comunidades en forma de orden conminativa. La masa congresil procede con los Presidentes como el rucio con Sancho: hace que entiende, agacha las orejas y trota. El Cardenal de Retz decía que Todas las grandes asambleas son pueblo. Si viviera entre nosotros, afirmaría que los congresos del Perú son populacho.

No obstante la sumisión, hubo épocas en que un espíritu de rebelión parecía inflamar la sangre de senadores y diputados. Los griegos vivaqueaban en los salones del Poder Ejecutivo, los troyanos acampaban en los dos locales del Poder Legislativo. Por momentos se esperaba el choque y la hecatombe; pero nada, ni cadáveres ni heridos. En lo inminente del agarrón mortífero, en lo que llaman el instante sicológico, vino la reconciliadora lluvia de oro. Simple chantage. Algo podrían contarnos Dreyfus y Grace. Regla general: minorías tan valiosas como las mayorías, pues las unas no abrigaron propósitos mejores que las otras. Hoy mismo, en oposicionistas y gobiernistas no vemos luces y tinieblas que batallan por obtener la victoria, sino tizones que humean en lugares opuestos.

Entonces ¿de qué nos sirven los Congresos? ¿Por qué, en lugar de discutir la disminución o el aumento de las dietas, no ponen en tela de juicio la necesidad y conveniencia de suprimirse? ¡Qué han de hacerlo! Senadurías y diputaciones dejan de ser cargos temporales y van concluyendo por constituir prebendas inamovibles, feudos hereditarios, bienes propios de ciertas familias, en determinadas circunscripciones. Hay hombres que, habiendo ejercido por treinta o cuarenta años las funciones de representante, legan a sus hijos o nietos la senaduría o la diputación. No han encontrado la manera de llevarse las curules al otro mundo. Haciendo el solo papel de amenes o turiferarios del Gobierno, los honorables resultan carísimos, tanto por los emolumentos de ley y las propinas extras, como por los favores y canonjías que merodean para sus ahijados, sus electores y sus parientes. Comadrejas de bolsas insondables, llevan consigo a toda su larga parentela de hambrones y desarrapados. En cada miembro del Poder Legislativo hay un enorme parásito con su innumerable colonia de subparásitos, una especie de animal colectivo y omnívoro que succiona los jugos vitales de la Nación.

El actual Ministro de Hacienda declaró ante las Cámaras Legislativas que “muchas obras públicas de urgente necesidad se aplazaban indefinidamente, porque el dinero asignado para ellas se invertía en pagar Congresos ordinarios y extraordinarios”. El zurriagazo no levantó la más leve roncha en la epidermis de los honorables: fue ovillo de lana, arrojado contra el pellejo de un hipopótamo. El merecido agravio, lejos de amenguarles el apetito, les enardeció el hambre, así que alevosamente, en sesión secreta, se adjudicaron la renta anual de tres mil seiscientos soles. Después, echándola de sensibles a la indignación general, quisieron volver sobre sus pasos y hasta darse el lujo de renunciar a las dietas: pura broma (no la llamaremos bellaquería), pues mientras en el Congreso lanzaban discursos henchidos de un desinterés sanfranciscano, fuera de] Parlamento y en amena compañía celebraban con estrepitosas francachelas el advenimiento de los tres mil seiscientos al año.

Y ¡cuánto bueno podría hacerse con el dinero malgastado en fomentar la logorrea parlamentaria! La protección al ganado lanar y al vacuno daría más beneficios que el mantenimiento de] régimen representativo. Nadie negará que un kilo de buena lana o un litro de buena leche, vale más que el pliego de interpelaciones formuladas por un senador oposicionista, o que la resma de discursos emitidos por un diputado ministerial. Decimos logorrea, pues lo que nuestros legisladores hablan corresponde muy bien a lo que hacen. Como autómatas parlantes o bombas de arrojar discursos, funcionan tan desastradamente que a menudo se llevan de encuentro el sentido común y la Gramática. Desearíamos que algún tenaz rebuscador de papeles volviera y revolviera el Diario de los Debates, para averiguar cuántas partículas de oro se esconden bajo esa inconmensurable montaña de cascote y desperdicios.

II

Volvemos a preguntar ¿de qué nos sirven los Congresos? sirven de prueba irrefragable para manifestar la incurable tontería de la muchedumbre, al dejarse dominar por una fracción de gentes maleables, a medio civilizar y hasta analfabetas, sin la más leve inclinación a lo bello ni a lo justo, con el solo instinto de husmear por qué lado vienen los honores y el dinero, o hablando sin mucha delicadeza, la ración de paja y grano.

A más de tenernos por cerca de medio siglo bajo la Constitución retrógrada de 1860, los Congresos nos han dictado la Ley de Elecciones y el Código de Justicia Militar: la primera que pone toda la máquina electoral en manos del gobierno, es decir, del Presidente; el segundo que sanciona todas las iniquidades posibles, desde la pena capital hasta la confiscalización de bienes, y coloca perennemente a la Nación bajo un régimen que no se disculpa sino en el estado de sitio.

Mas, no sólo el Perú, casi todos los pueblos del orbe civilizado abrigan la ilusión de que el sistema parlamentario inicia y afianza el reinado de la libertad. Como un autócrata domina por la fuerza, valiéndose de genízaros o de cosacos, así un presidente constitucional puede ejercer tiránicamente el mando, apoyándose en cámaras de servidores abyectos y mercenarios. Congresos tuvimos en el Perú que valían tanto como un batallón de genízaros o un regimiento de cosacos. Venga de un solo individuo, venga de una colectividad, la tiranía es tiranía.

Los Congresos sucederán a los Congresos pareciéndose los unos a los otros, legándose sus dos cámaras y su elocuencia, como los camellos se trasmiten sus jorobas y los cerdos su gruñido. Nuestros legisladores seguirán legislando, sin averiguar si causan admiración o menosprecio ni cuidarse de si el país acepta o rechaza las leyes, no pensando sino en recibir la consigna oficial y captarse la benévola y aprobatoria sonrisa del gran elector. En lo que muestran honradez relativa o fidelidad al compromiso: no siendo elegidos de la Nación sino hechuras del amo, al amo deben servicios y complacencias. Legislen, pues, los legisladores, hagan y deshagan de nosotros, quiten y pongan leyes, engorden y medren con su interminable secuela de parientes, electores y ahijados: Cromwell no se diseña en el horizonte, el pueblo no da señales de coger el azote y cruzar rostros en que rara vez asomaron el pudor y la vergüenza.

Más aquí, no sólo el Congreso dicta leyes: legisla todo el mundo, y como hijos del Imperio Romano, somos legisladores en potencia. Alguien lo dijo ya: “Aquí legisla la Junta de Vigilancia del Registro de la Propiedad, legisla la Junta Departamental, legisla el Consejo Superior de Instrucción, legislan las Cortes y los jueces, legisla a diario el Gobierno, etc.”.

¡Oh manía legiferante de los políticos peruanos! Quieren improvisar hombres a fuerza de imponer leyes: no hay organismos, y decretan funciones; no hay ojos, y exigen largavistas; no hay manos, y ordenan guantes. Quizá no existe candidato a la Presidencia, juez, diputado, bachiller, amanuense o portero que no archive en la cabeza su constitución, sus códigos, sus leyes orgánicas, sus decretos ni sus bandos. Todos guardan la salvación de la patria en algunos rimeros de papel entintado con algunas varas de proyectos y lucubraciones. ¡Cuánto político por afición atávica venida de su abuelo el conserje o de su padre el ex-senador suplente! (Cuánto sociólogo por haber oído el nombre de Comte y saber la existencia de Spencer y Fouillée). Esos políticos y sociólogos, pretendiendo conducir a las naciones, nos causan el efecto de un mosquito afanándose por desquiciar a un planeta. Ocurren ganas de apercollarles y decirles:

- ¡Basta de reformas y proyectos, de logomaquias y galimatías! Más de ochenta años hace que ustedes viven chachareando en las Cámaras, desbarrando en los ministerios, rastacuereando en las legislaciones y dragoneando en los puestos de la administración pública. Vayan unos a carenar buques, otros a barretear minas, otros a mondar legumbres, otros a bordar casullas, otros a manejar escobas, otros a segar hierba o quebrantar novillos.

La vergüenza del Perú no está en haber sido arrollado y mutilado por Chile (¿qué pueblo no ha sufrido mutilaciones ni derrotas?); el oprobio y la ignominia vienen de seguir soportando el yugo de tanto orador sin oratoria, de tanto moralizador sin moral, de tanto sabio sin sabiduría. Sí, ustedes son la carcoma y el deshonor del Perú, oh barberos y sacamuelas de la Sociología, oh Purgones y Sangredos de la política, oh charlatanes y confeccionadores de miríficas drogas para sanar y prevenir todas las enfermedades del cuerpo social.

Cuando transcurran los tiempos, cuando nuevas generaciones divisen las cosas desde su verdadero punto de mira, las gentes se admirarán de ver cómo pudo existir nación tan desdichada para servir de juguete a bufones y criminales tan pequeños. ………………………………….

Los Retablos Profundos

Diego Felp Llerena
Crítico de cine


En estos últimos años, el cine peruano ha vivido una especie de transición crucial en sus largometrajes de manera que, en la actualidad sus mejores producciones no solo se mantienen en nuestras salas sino que participan de los grandes festivales de cine en Cannes o Berlín. Retablo (2019) no es la excepción, como lo pueden garantizar las 27 veces que ha sido premiada. Aprovechando esta coyuntura, me permito comentar brevemente, la nueva ley de cine peruano. Uno de sus objetivos más importantes es “fomentar la creación y producción de obras cinematográficas peruanas, prestando una especial atención a los nuevos realizadores y con el propósito fundamental de posibilitar el perfeccionamiento artístico y técnico de la cinematografía nacional”, y más allá de las mejoras que sin duda deben hacérsele, esto derivará en una mejora de la cultura cinematográfica que existe. Más allá de los asumare, los ceviches de tiburones y los once machos, esta ley, espero, permita que haya más espacios para retablo. Apelamos tanto en el cine a que nos relate lo extraordinario, que precisamente la belleza de películas como Retablo, radica en lo cotidiano, en retratarnos aquello que no solemos apreciar.

Retablo nos cuenta la historia de Segundo Paúcar y su padre, ambos artesanos retablistas muy respetados en la región de Ayacucho. Cierto día se dirigen a una fiesta patronal, y en el trayecto Segundo descubre el secreto mejor guardado de su padre, un secreto que acaba por derrumbarlo y destrozar el respeto hacia la figura paterna. De esta manera, nos topamos con un argumento que bien puede perderse entre las películas estruendosas que inundan las carteleras de los cines. Además, en momentos tan álgidos en el panorama político, en los que se discute increíblemente el enfoque de género, Retablo retrataría también de esta forma, todo lo que los grupos conservadores acusan de ideología de género.

Pero Retablo no es una película ordinaria. Pese a lo que el espectador esperaría, toma caminos distintos a lo que comúnmente se esperaría y así nos va envolviendo en un panorama mucho más amplio del que esperábamos. Poco a poco, se van combinando tópicos tan intensos el arte y el folklore andino, así como el amor fraternal y la retrogresión de la sociedad con lo que aún son identificados como tabúes. Esto, que podría ser entendido como un langoy o una mescolanza acaba siendo resuelto por la película a través del universo andino y como va jugando con el espectador.  A través de escenarios tan mágicos como la desolada y verde puna hasta las danzas típicas de la región recargadas de fervor y color, todo dibujado y modelado en un solo concepto como lo es un retablo tan bien esculpido y armado a la precisión. Pero si se trata de hablar de la compleja profundidad que entrega Retablo podemos entender a toda cabalidad la madurez de Segundo, su adolescencia, el amor hacia su padre y a su trabajo. Así mismo lo acompañamos en el sufrimiento emocional que representa para él ver derrumbada la valla tan alta es ver como se derrumba esa valla tan alta que representa el maestro retablista para él, somos testigos además de su conflicto interno para trascender esos constructos sociales que impiden que entienda ese amor del hijo a un padre que lo aprecia y quiere como el más valioso de sus artes.

Algo que tenemos que destacar de la película es lo mismo que se puede rescatar del trabajo de Óscar Catacora y Wiñaypacha (2018), hecha totalmente en aymara. Aquí, Retablo se habla en un quechua totalmente ayacuchano, con algunos diálogos en español, pero que son solo un acompañamiento para que podamos apreciar en su totalidad al quechua, tan desdeñado en nuestras manifestaciones culturales, y que aquí, es dejado en lo más alto.

Decía el gran José María Arguedas “el día en que la gente descubra que la sierra tiene grandes posibilidades de creación indígena será el día en el que aflore un arte poderoso y arrollador que tendrá el más puro y definitivo valor universal” y bajo este lema, podríamos decir que es aquello que entrelaza toda su brillante producción literaria.

Así como él lo plasmó desde la literatura, Álvaro Delgado Aparicio plasma este pensamiento desde el cine. Ambos comparten esta visión del indígena, ambos comprendiendo el valor del profundo e infinito cosmos andino, tan enfocados en la idea de dar a conocer a la sierra en todo su esplendor. Si Los Ríos Profundos (1958) tiene a su Ernesto, Retablo tiene a su Segundo, personajes a los que seguimos mientras van madurando, mientras se van desarrollando. Así como en la obra de Arguedas podemos trazar una revaloración de la cultura andina desde la literatura, en Retablo podemos notar una revaloración de lo andino desde el cine. Ambas no se sienten impostadas, no son parte de lo políticamente correcto, colindan y dialogan con la película y con el espectador de modo tal que la experiencia de ambas nos envuelve y nos devuelve a una realidad con la que tenemos que estar inconformes y dispuestas a cambiar.

El gran logro de esta película es que goza de todo aquello de lo que carece la mayoría del cine peruano, parafraseando a un vals criollo; alma, corazón y vida.

Retablo representa un logro y una fuente de inspiración para todo aquel que quiera hacer algo distinto, es el retrato de lo que toda película debería aspirar a ser, es un retrato dibujado a mano, no tanto por la precisión sino por la honestidad que nos muestra. Esta película no forma parte del establishment que inunda nuestras salas, rompe con éste para enfocarse más en lo nuestro, retoma una vertiente ya explorada por el grupo Chaski el siglo pasado. Con esto logrado, Álvaro Delgado Aparicio no es un director más, Retablo no es una película peruana más, ambos forman parte ya de la historia del cine peruano.

Sartre vs. Camus: El sueño de la libertad

Matilde Carreón
Filósofa


CONTEXTO

En la Francia del siglo XX se presentaba un conflicto ideológico de lo más interesante, y, por decirlo menos, agitado, digno de una trama cinematográfica. El contexto político era perfecto para la afirmación de ideologías, la formación de amistades y debates intelectuales de alto calibre. Es por ello que el debate político-filosófico-existencial existente entre Jean-Paul Sartre y Albert Camus es tan relevante para entender el contexto de la época. Este es, sin lugar a duda, un debate que siembra, en cualquier filósofo con intereses políticos y tendencias de izquierda, una suerte de cuestionamientos internos, pues ha sido una disputa muy interesante en el marco de la filosofía de izquierdas, además de presentar una clara división de carácter moral. Además, fue un conflicto que terminó –después de 10 años- la amistad de ambos personajes, conflicto generado, en gran parte, a partir de la obra El Hombre Rebelde de Albert Camus y las publicaciones de Sartre en Les Temps Modernes, revista dirigida por él.

A continuación, haré una breve introducción de la disputa entre ambos autores. Para luego intentar realizar una definición de libertad según cada uno de ellos. Después, expondré el debate por medio de la disputa entre la valoración de la Libertad Individual vs Libertad Colectiva, como también entre dos necesidades esenciales la Libertad y la Justicia, que creo yo, era el mayor discernimiento entre ambos autores.

SOBRE LA LIBERTAD

SARTRE

Jean-Paul Sartre fue, principalmente, un filósofo, escritor y político francés. Representante de la corriente existencialista y del marxismo humanista. Se forma en la fenomenología de Husserl y de Heidegger. Escribió también, una gran variedad de obras y novelas, además de ensayos. Rechazó el Premio Nobel de Literatura en 1964, fue pareja de la filósofa Simone de Beauvoir. Sartre era un hombre de compromiso político y moral hacia el mundo, el ser y el arte. Una real celebridad intelectual de su época, colaboró con diversos movimientos sociales, además de participar en conflictos bélicos e incluso ser, por nueve meses, prisionero de guerra de las tropas alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Sartre responde a su análisis del ser humano afirmando su naturaleza libre, niega toda clase de determinismo, afirma que somos los dueños de nuestras acciones, pues estas no están determinadas por fuerzas “superiores”. No asume aquí la inexistencia de Dios, pero sí el hecho de que el ser humano no necesita de un Dios para encontrarse a sí mismo y darle sentido a su vida, no necesita a un Dios para responsabilizarlo de nuestras acciones. Somos responsables de quiénes somos, y logramos ser conscientes de nuestra libertad en la angustia que esta nos genera, esta angustia es causada por el miedo y la inseguridad de cargar con la responsabilidad de nuestra propia vida y el riesgo que esto conlleva. Esta angustia se torna conciencia de ser, conciencia de libertad. Es por ello que estamos condenados a ser libres, porque tenemos la responsabilidad de decidir sobre nuestro propio ser.

“El hombre toma conciencia de su libertad en la angustia, o, si se prefiere, la angustia es el modo de ser de la libertad como conciencia de ser, y en la angustia la libertad está en su ser cuestionándose a sí misma” (Sartre, 1954, p. 32)

Es entonces la libertad la que nos define como seres humanos. Es así como Sartre llega a la cuestión de si la esencia precede o no a la existencia. Según el autor la esencia es un conjunto de aspectos que comienzan a definirse cuando el ser practica su libertad y toma las decisiones sobre aquello que decide ser, por lo tanto, la esencia se va formando, después de la existencia, no llegamos al mundo predeterminados, llegamos con conciencia, esta conciencia es posibilidad, posibilidad de libertad. Incluso si decidimos no usar la conciencia y cedemos nuestra libertad a algún otro, pues aun así, estaríamos tomando una decisión, al fin y al cabo, libre. 

¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, como tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Solo será después y será tal como se haya hecho. Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. (Sartre, 1954, p. 31).

En este sentido, Sartre también, como máxima expresión del existencialismo, nos describe por qué el existencialismo es un humanismo. Al afirmar que existen dos tipos de humanismos, el clásico y el existencialista. El existencialista es aquél que afirma que, después del impulso de existencia, el ser es un ser en proceso, que se elige a sí mismo y se hace a sí mismo. No es solo cómo se concibe, sino cómo quiere ser.

Sartre especifica también que existen dos tipos de seres, los seres en sí y los seres para sí. Los seres en sí son fijos y no pasan por transformaciones que modifiquen su esencia (como una roca o una silla, por ejemplo). Mientras que los seres para sí son un proyecto constante, cuya naturaleza no es inmutable, sino una proyección. Los seres humanos son seres para sí. Cladakis, en su artículo “Ontología, acción y verdad” nos comenta sobre cómo el ser para sí tiene como característica principal su ausencia del ser.

En este punto, se presenta una de las características fundamentales del ser para–sí: su ausencia de ser. Aunque resulte paradójico, el ser para–sí es la región el ser que no es. El ser para–sí es revelación de los existentes, pero también trascendencia de dichos existentes. Asimismo, su trascendencia es también trascendencia con respecto a sí mismo. El ser para–sí, como trascendencia constante de sí mismo y de los demás existentes, se encuentra desprovisto de ser. (Cladakis,  2015, p. 14)

Sartre equipara la Nada al No-ser, sosteniendo que el ser y el no ser son contrarios. Pero es el ser lo originario, ya que la nada implica una negación del ser y para que haya una negación antes es necesario que exista una afirmación. Siendo la nada relativa al ser mismo, surgiendo de él. Pues para ser creador de la nada, el ser humano debe albergar en sí mismo la nada. Por lo tanto, aquello que identifica al ser es su indeterminación, su libertad.  

Asimismo, Sartre afirma que el ser para-sí se caracteriza por la tendencia a la nada, al otro y al ser. Descubriendo su tendencia a la nada a través de la conciencia de libertad. Siendo la esencia del ser humano su propia libertad, su indeterminación.  Por otro lado, en su obra, El ser y la Nada, Sartre nos relata una especie de límite a la propia libertad a partir del surgimiento del Otro, que influye en nuestras elecciones y determina ciertas situaciones que en realidad no hemos elegido. Entonces afirma que “la existencia del otro aporta un límite de hecho a mi libertad” (1954, p. 321) Sin embargo, a pesar de que se imponga una manera de ser donde nuestra libertad no sea el fundamento, es la existencia del otro la razón de esta limitación, nuestra libertad termina cuando empieza la libertad del Otro. Es así como el único límite a la libertad está dentro de la propia libertad. De esta forma no habría una real limitación en la idea de libertad, solamente habría una extensión de la misma determinada por la inclusión de uno o varios Otros.

Pero estos límites externos de la libertad, precisamente por ser externos y no interiorizarse sino como irrealizados, no serán nunca un obstáculo real para ella, ni un límite padecido. La libertad es total e infinita, lo que no significa que no tenga limites, sino que no los encuentra jamás. (Sartre, 1954, p. 326)

CAMUS

Camus expresa su noción de libertad de muchas formas, con sus textos académicos, artísticos y con sus propias acciones, por ejemplo siendo parte de la rebelión francesa durante la ocupación alemana. En el Hombre Rebelde describe como la rebeldía y el valor son comportamientos esenciales en el hombre, logran darle un sentido al ser. El valor de la rebeldía debe encontrarse en cada acción, la rebeldía se lleva en el alma. Este libro abre una gran cantidad de cuestionamientos sobre los movimientos rebeldes de la época, porque cada movimiento puede simular una causa justa, pero como cada movimiento tiene su propia esencia particular, estas no son necesariamente justas en sí. En El Mito de Sísifo, Camus se centra en el absurdo de nuestra vida cotidiana, afirma que el absurdo se manifiesta en la consciencia del carácter incomprensible de la vida. El hombre absurdo no encuentra sentido al mundo y sabe que si existiera tal sentido, no podría acceder a él. Este hombre al percibir el carácter absurdo de su vida se siente enfurecido, pues comprende que nunca había sido realmente libre. No obstante, aun así decide seguir adelante y asumir ese conflicto como una misión permanente, asumir entonces una actitud de rebeldía.

El hombre absurdo se siente desligado de todo lo que no es esa atención apasionada que cristaliza en él. Disfruta de una libertad con respecto a las reglas comunes. Se ve en esto que los temas de partida de la filosofía existencialista conservan todo su valor. La vuelta a la conciencia, la evasión del sueño cotidiano son los primeros pasos de la libertad absurda. (…) El hombre absurdo entrevé así un universo ardiente y helado, transparente y limitado en el que nada es posible pero donde todo está dado, y más allá del cual sólo están el hundimiento y la nada. Entonces puede decidirse a aceptar la vida en semejante universo y sacar de él sus fuerzas. (Camus, 1985, p. 31)

La rebelión se desarrollaría como una confrontación continua entre el ser y el mundo y la presencia de un cuestionamiento constante frente a todo lo que es visto como evidente. La rebelión es la forma de vivir que supera al suicidio, pues el ser existe pese a la conciencia del absurdo. Por lo tanto, la rebelión sería la única opción –aparte del suicidio- para sobrellevar este castigo absurdo de la existencia. Siendo así, una forma de enfrentamiento y aceptación del absurdo y nuestra actitud ante él como el sentido de nuestra existencia.

El hombre rebelde es la actitud del hombre absurdo en su relación con la sociedad, con lo que lo rodea y con lo que es, si bien el hombre absurdo es aquel que se emancipa de sus principios y comienza una nueva visión de su existencia, como representa el mito de Sísifo con el hombre absurdo sentenciado al castigo de la existencia ,solo le queda una postura y esta es la rebeldía, el hombre que desprecia su castigo (en este caso la existencia absurda) y lleva su tarea con la mejor actitud posible (Astete, 2015, p. 8)

Es así como el hombre rebelde termina siendo la actitud del hombre absurdo en su relación con la sociedad y el mundo que le rodea, claro, este ahora consciente de su absurda tarea, decide llevarla de la mejor manera posible. El rebelde se cuestiona sobre sí mismo y el mundo en el que vive, es el ser oprimido que se vuelve consciente de su situación y vive disconforme frente a ella se alza contra el sistema que dirigía su vida contra su voluntad. Para Camus es este hombre rebelde el que finalmente es un ser libre. Pues ahora se ve a sí mismo como dueño de su destino, pues a pesar de estar condicionado tiene ahora la consciencia para rebelarse ante lo que se le imponga.

Es entonces la rebelión consciente y la protesta valiente ante la realidad absurda que nos oprime, la única manera de que el ser llegue a ser libre realmente.  En este sentido, Camus (1951) afirma que “la rebeldía es propia del hombre informado, que posee la conciencia de sus derechos. Pero nada nos permite decir que se trata únicamente de los derechos del individuo” (p. 18).  Aquí, al referirse a que la conciencia de los derechos no se da meramente de forma individual, es interesante observar como una de las principales preocupaciones de Camus era conciliar su pensamiento individual con el pensamiento colectivo de la época, puesto que su noción de rebeldía estaba muy ligada a las circunstancias sociales de su entorno. Afirmaba que la rebeldía se hallaba justificada su complicidad con la solidaridad puesto que “La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebeldía” (p. 18), además que esta solidaridad solamente cobra vida a través de la rebeldía, gracias a ella el colectivo puede ser en su conjunto. Es por ello que afirma que toda rebeldía que ponga en riesgo esta solidaridad pierde su status de rebeldía y “coincide en realidad con un consentimiento criminal” (p. 19). Esta idea está relacionada con el conflicto principal que Camus señalaba sobre el debate entre Libertad y Justicia. Razón que más adelante desencadenaría en un interesante conflicto ideológico que definiría su amistad con Sartre para siempre.

 CONFLICTO IDEOLÓGIGO

Como hemos visto, tanto Sartre como Camus expresaban una auténtica preocupación sobre la libertad del ser, sin embargo, Sartre era indudablemente marxista y sus ideas partidarias lo llevaron a extremos que Camus no estaba dispuesto a cruzar. Desde un punto de vista más abstracto, empezaremos a entender esta disputa a partir del concepto de libertad y de justicia, para luego pasar a explicar los dilemas morales específicos y materiales que llevarían a su ruptura como compañeros intelectuales de izquierda.

La libertad para Camus, como hemos mencionado, se da a partir de la rebelión. Pero sí, el autor admite que no existe una Libertad posible para la persona encadenada al trabajo y esclava de los caprichos del sistema que lo oprime. Pero esto lo que condenaría sería a la sociedad, al sistema, según Camus, no a una clase en especial y menos debería poner en riesgo la idea misma de Libertad, está claro que para el autor el impulso por la justicia no puede sobrepasar el límite de la libertad.

La justicia absoluta niega la libertad. Para ser fecundas, ambas nociones deben hallar sus límites la una en la otra. Ningún hombre considera su condición libre, si, al mismo tiempo, no es justa, ni justa si no se siente libre. Precisamente, la libertad no puede imaginarse sin el poder de decir con claridad lo justo y lo injusto, de reivindicar el ser entero en nombre de una parcela de ser que se niega a morir. Existe, por último, una justicia, aunque muy diferente, en restaurar la libertad, único valor imperecedero de la historia. Los hombres nunca mueren bien si no es por la libertad: entonces no creían morir del todo. (Camus, 1951, p. 205)

Albert Camus estaba profundamente preocupado por las causas rebeldes de la época, puesto que afirma que la Justicia es la que se ha visto como necesaria mientras que la Libertad sería una necesidad posterior. El autor del hombre rebelde afirmaba que tanto la justicia como la libertad eran exigencias del principio del movimiento de rebeldía, pero la historia de las revoluciones nos mostraría cómo estas exigencias entran siempre en conflicto, como si fueran irreconciliables entre sí. Como si la justicia absoluta significara la destrucción de la libertad. 

La revolución se propone, primero, satisfacer el espíritu de rebeldía que le ha dado nacimiento; se obliga a negarlo, después, para afirmarse a sí misma mejor. Hay, al parecer, una oposición irreductible entre el movimiento de la rebeldía y los logros de la revolución. (1951, p. 203)

Volviendo a la discordia en concreto entre los existencialistas Camus y Sartre, ambos intelectuales, militantes de izquierda y artistas. Dos personalidades con mucho en común, pero lamentablemente sus diferencias ideológicas los colocaron en lados opuestos de un debate que reflejaba la crisis política de la sociedad. Sartre era un fiel partidario del modelo socialista, el cual consideraba moralmente superior al modelo capitalista. Camus entendía esa opresión y estaba dispuesto a rebelarse ante ella, pero no estaba dispuesto a cruzar el límite de la libertad para conseguirlo, no aprobaba la violencia revolucionaria como forma de impulsar la historia en el camino de una utopía de justicia absoluta.  Este conflicto, según Camus, requería un constante balance y análisis de los límites, los límites que deberían estar centrados en la humanidad y su derecho a la libertad. 

Esta disputa se dio inicio con la publicación de Camus de El hombre rebelde, un ensayo donde cuestionaba los movimientos revolucionarios de la época, afirmando el surgimiento de regímenes (refiriéndose a la Unión Soviética) que utilizaron la causa emancipadora para tomar el poder mediante la represión social, tomando medidas devastadoras y pasando, así, de ser víctimas a victimarios.

Pero la nostalgia toma un día las armas y asume la culpabilidad total, o sea el crimen y la violencia. Las rebeldías serviles, las revoluciones regicidas y las del siglo XX han aceptado así,  conscientemente, una culpabilidad, cada vez mayor, en la medida en que se proponían instaurar una liberación cada vez más total. Esta contradicción, hecha manifiesta, impide a nuestros revolucionarios tener el aire de felicidad y de esperanza que brillaba en el rostro y en los discursos de nuestros Constituyentes. (1951, p. 79)

Este ensayo fue duramente criticado por Sartre en las cartas que ambos compartieron y que fueron publicadas en Les Temps Modernes, una revista que él mismo dirigía. Cartas en las cuales Sartre llegaba hasta a burlarse de la capacidad intelectual de Camus y declaraba por finalizada su amistad. Sartre reafirmó que sí era posible el equilibrio entre justicia y libertad, esta se conformaba mediante el logro del comunismo, ya que bajo la opresión capitalista y la pobreza, era imposible que los trabajadores sean realmente libres, puesto que sus elecciones se limitaban en consumirse en un trabajo alienante por el resto de sus días o simplemente dejarse morir. El comunismo lo que permitiría sería que cada persona viva sin carencias que no le permitan realizarse. Pero es allí donde Sartre sí opinaba que el comunismo requería de violencia revolucionaria para conseguir destruir el orden existente. Este debate de si se justifica la violencia por un fin mayor de justicia era el debate que sacudía los movimientos de izquierda en ese siglo tan convulsionado. Esto se debe a que para Sartre la libertad a la que estamos condenados nos condena también a la responsabilidad, el hombre libre es por consiguiente responsable “el momento en donde vemos la libertad no como algo ajeno, sino como algo propio en donde las acciones tampoco se encuentran ajenas a nosotros, somos responsables, somos libres y nosotros elegimos que queremos de nuestra existencia” (Astete, 2015, p. 27) Es decir, somos libres, por lo tanto, somos responsables, no solo de nosotros sino de nuestro entorno.

Como hemos visto, la disputa entre Camus y Sartre no era de carácter literario, sino ideológico. Debate basado en un claro cuestionamiento del precio de la justicia y de la importancia de la libertad. Sartre veía a la libertad del colectivo como lo más importante, mientras que Camus se centraba en la libertad individual, pues podría ser que la lucha termine por no lograr la libertad colectiva, luego de, sin embargo, violar las libertades de miles de personas.

Para Camus este sueño revolucionario encontró sus límites en la no concreción histórica, y convirtió el horizonte de la liberación en una divinización. El materialismo se apoya en la fe, más que en las condiciones históricas reales, convirtiéndose en una utopía religiosa que fuerza el devenir de los acontecimientos en pos del fin de la historia. Finalmente, el legado de la revolución y el siglo de las luces, termina en la Europa del toque de queda. De esta manera, las políticas represivas y violentas del sistema político ruso y sus campos de concentración, realizaron el paso del gobierno de las personas a la administración de las cosas. (Mayer, 2015, p. 6)

CONCLUSIONES

COMPROMISO MORAL

Es notorio el compromiso moral que compartían ambos autores, Sartre, con su idea de libertad como responsabilidad, como deber que conduce a la reflexión y comprensión de nuestra realidad y, por lo tanto, de nuestra sociedad. Esta comprensión debe trascender a tal punto de promover un cambio cuando este es requerido, pues la verdadera comprensión descansaría sobre el espíritu de compromiso, porque al igual que el sujeto se elige a sí mismo, debe elegir el mundo en el que se encuentra. De todas formas, toda idea de moralidad solo puede fundarse sobre un sujeto libre y no podemos ser libres si no somos éticamente responsables y eso implica una responsabilidad que sobrepasa la esfera individual: “cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres” (Sartre, 2007, p. 33). Esta interpretación de Sartre sobre la libertad nos invita a ser libres para luchar por una sociedad auténtica, que vele por la esencia formada de un ser que se ha construido a sí mismo, sin ataduras que lo opriman.

Por otro lado, Camus muestra su compromiso moral al cuestionar los movimientos rebeldes, puesto que a pesar de considerarse una persona de izquierda, consideraba más importante ser honesto –a pesar de que esto lo lleve a ser tildado de antirrevolucionario- y revelar los problemas que él encontraba en los movimientos que luchaban por la emancipación del hombre. Puesto que los consideraba contradictorios, pues presentaban un riesgo a la propia libertad del ser.  Camus no creía que una idea podía ser superior al individuo, por lo tanto la idea utópica de justicia no podría merecer la violencia y la opresión que estaba desencadenando.

Cuando el fin es absoluto, es decir, históricamente hablando, cuando se lo cree cierto, se puede ir hasta sacrificar a los otros. Cuando no lo es, sólo se puede sacrificar a uno mismo, en la apuesta de la lucha por la dignidad común. ¿El fin justifica los medios? Es posible. Pero ¿quién justificará el fin? (Camus, 1951, p. 206)

El contexto histórico en el que se encontraban ambos autores los llevaron a marcar su pensamiento en base a los sucesos de la época, a tomar o no partido por el stalinismo, por ejemplo. El hecho de que hayan diferido ideológicamente no remueve en lo absoluto el compromiso moral que ambos compartían para con la realidad que les rodeaba. Sin embargo, sí colaboró a que el debate que ya estaba inserto en la mente de muchos que reflexionaban sobre el proceso histórico que el marxismo habría asegurado. De todas formas, ambos autores utilizaron tanto la filosofía como el arte de la literatura como forma de expresar y debatir sus ideas, con el fin de, quizás, lograr mover y transformar al mundo.

REFLEXIÓN PERSONAL

Es necesario comprender a ambos autores desde el punto de vista del contexto, podemos, actualmente, coincidir con uno de ellos, pero no estar del todo seguros de que si estuviéramos en la misma situación –en ese caso la al parecer inminente derrota del capitalismo- pensaríamos de la misma forma. El pensamiento depende mucho de lo que está en juego y de cuánto realmente nos importa lo que está en juego. Con esto en mente, quizás en ese momento histórico mi pensamiento hubiera estado más cercano al de Sartre, desde el punto de vista enmarcado en la posible victoria del socialismo. Sin embargo, la historia nos ha mostrado que no existe en ella un curso esquematizado, de la misma forma como no podemos estar seguros de que si el fin que buscamos al final no terminaría siendo igual de déspota o corrupto que aquél que juramos derrocar. En este sentido veo más necesario priorizar las necesidades del ser humano y de la sociedad en base a aquello que sí se puede ir midiendo a través de cada proceso de cambio. Procesos indudablemente necesarios para el progreso del ser humano. Esto es, la libertad. Con libertad también nos referimos a la libertad de hacerse a uno mismo, de rebelarse, de cuestionarse y, principalmente, la libertad de aquél que se rehúsa a ser esclavo del sistema que lo oprime tan vorazmente. Para lo cual, es cierto, necesitamos justicia.  

Albert Camus eligió la libertad, Sartre, eligió la justicia. Lo ideal sería, sin duda, haber encontrado un equilibrio entre ambas ideas, igual de importantes para la dignidad del ser humano. Personalmente, considero que es posible la existencia de una lucha que contemple ambas necesidades, pero esta no puede basarse en el terror, ni en la violencia. Sin embargo, es cierto que no es posible si no existe la educación suficiente para que los seres sean conscientes de las contradicciones del sistema capitalista. También es cierto que los escases de oportunidades y la necesidad material impiden un cuestionamiento de estas contradicciones, y puede, por lo tanto, impedir que el ser humano siquiera se pregunte por la libertad. Porque si lo hiciera, percibiría que solo es libre aquél que se rebela. Como bien dijo Camus. Aquí el debate principal está, a mi parecer, entre la libertad individual y la libertad colectiva. Podemos ser libres, pero ¿lo puede ser todo el mundo? Si es necesario la Justicia para poder ser libres realmente, ¿cómo podemos optar por alcanzar la justicia removiendo al colectivo de su libertad?

Es cierto que hay justicia en el impulso por la emancipación, porque la rebelión es necesaria, pero, para que esta sea impulsada de forma auténtica, la libertad es imprescindible. Es necesario contemplar los medios por los cuales se quiere llegar a cierto fin, porque si el fin no está asegurado, los medios ya efectuados –muchas veces terribles- habrían de repente perdido todo sentido. Es entonces menester buscar una forma de equilibrar ambas necesidades del ser humano, puesto que una no tiene sentido sin la otra. No existe una verdadera libertad sin justicia y no existe verdadera justicia sin libertad.


BIBLIOGRAFÍA

Astete, J.P. (2015)  Sartre y Camus: Existencialismo, Libertad y Acción. Santiago de Chile: Facultad de Filosofía y Humanidades  Universidad de Chile

Camus, A.  (1951). El Hombre rebelde. España: Editorial Titivillus

Camus, A. (1985). El mito de Sísifo. Madrid: Alianza Editorial, S. A.

Cladakis, M. (2015). Ontología, acción y verdad. De El ser y la nada a Verdad y existencia. Buenos Aires: Escuela de Humanidades Universidad de San Martín

Mayer, L. (2015). ). Dos caras de lo que en apariencia es lo mismo: debate entre Sartre y Camus. CUADRANTEPHI NO. 28. Facultad de Filosofía Universidad Nacional de General Sarmiento. Recuperado de https://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/zona-articular/pdfs/N.28/Debate%20Sartre-Camus%20(parametrizado).pdf

Sartre, J. P. (2007). El existencialismo es un humanismo. Barcelona: Editorial Edhasa

Sartre, J. P. (1954). El ser y la nada. Buenos Aires: Iberoamericana

Polémica Sartre-Camus. (1999).  Editado por: elaleph.com. Recuperado de https://docplayer.es/42761321-La-polemica-sartre-camus-imprimir.html

 

La menos pensada

Walter Velásquez
Estudiante de Periodismo


Han pasado dos semanas desde que la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán, está cumpliendo prisión preventiva por recibir aportes para la campaña del No a la revocatoria en 2013 y su campaña de reelección en 2014, donde obtuvo la mayoría de votos de respaldo. Parecía imposible que Villarán sea colocada en el cartel de los vinculados a Odebrecht cuyos precios se están pagando poco a poco, teniendo como consecuencia el sorpresivo suicidio del ex presidente Alan García. Finalmente Villarán se encuentra tras las rejas pero en si nos hacemos está pregunta: ¿Nos ha decepcionado Villarán?

Para la izquierda peruana, Villarán tenía el trabajo de realizar el aspecto cultural en la capital, además de llevar a cabo una agenda de inclusión social, que incluía acciones como las de  permitir que las personas de la comunidad LGTBI (ahora conocido como LGTBIQ) puedan protestar libremente en las calles de nuestra capital, algo que sorprendentemente no era permitido durante gestiones anteriores. Esto no fue nada positivo para el sector conservador limeño, el cual expresó su rechazo mediante reclamos a la ex alcaldesa.

También está el aspecto cultural de nuestra capital, algo que no se había logrado en las gestiones anteriores de Luis Castañeda Lossio y que fue finalmente que Susana ocasionase riqueza en ese aspecto. Trajo los murales y el festival de música Lima Vive Rock, donde la entrada era completamente gratis y podrías disfrutar de una buena música en el Parque de la Exposición. Mientras los protestantes lanzaban insultos contra ella por temas como La Parada o el Sistema de Transporte Público (El Corredor Azul tuvo recibimiento negativo por parte del pueblo limeño) los simpatizantes de la izquierda la apoyaban mediante marchas o meetings, como el recordado evento No a la Revocatoria, celebrado en Plaza San Martín, donde reunió a varios artistas.

Ver que una de las pocas figuras de la izquierda peruana ha caído bajo con sus declaraciones, ha sido un golpe duro para sus seguidores, debido a la total confianza o apoyo brindado hacia su persona. Para sus ex compañeros como Marisa Glave, Gustavo Guerra García y Luis Nuñez, ha sido una total decepción que ha causado tristeza en sus corazones pero de cierta manera confiesan haber desconocido totalmente de los aportes, enterrando a Villarán de cierto modo, limpiándose de polvo y paja también.

Para la población en general (ni de izquierda y ni de derecha) poco les afectó este acontecimiento, ya que la mayoría veían en Susana a una alcaldesa floja, irresponsable, vaga y poco sincera, ya que no solo desconfiaban de sus planes de trabajo, también de su persona. Hay que recordar que cuando sucedió la votación de la Revocatoria, hubo un gran porcentaje que si quería que Susana deje el cargo y no vuelva más. Incluso figuras políticas como Humberto Lay, Alan García y Luis Castañeda manifestaron su negativa frente a la ex alcadesa. No solo fue la población la que expresó su malestar respecto a ella, sino algunos sectores de la prensa, que cuando empezaron a cumplir sorprendentemente su trabajo, lograron incomodar a la alcaldesa.

Con lo resumido, creo que la respuesta es algo obvia. Sí, hay una cierta decepción con esta noticia pero es lo que la justicia ha determinado y es algo que te puede gustar como no, pero sigue siendo justicia. Personalmente no esperaba que sucediera pero por otra parte, ¿Dónde quedó la honestidad de Villarán? Pues no solo ha mentido, sino que ha decepcionado a sus seguidores y ha demostrado que sus detractores tenían razón todo este tiempo. No importa si haya logrado algo significativo durante su gestión, lo que importa, lo que quedará de ella es que no dudó convertirse en lo que eran las personas con las que siempre buscó diferenciarse; corrupta.

Yo podría decir que estoy algo decepcionado pero a la vez esperanzado de que en algún momento caigan todos aquellos corruptos que dicen estar limpios. La justicia es dura pero es muy justa. Keiko, PPK, García y ahora Susana. Igual, aún faltan más piezas para que el rompecabezas esté completo.

 

Breve acercamiento a la definición de Poesía

Luis Ernesto Cebreros
Escritor


«¿Qué es el tiempo?
Si no me preguntan qué es, lo sé.
Si me preguntan qué es, no lo sé»
San Agustín

Si ves a través de la ventana con dulzura contemplativa; si visitas constantemente el mar y lanzas a través de la orilla algunos recuerdos que chapotean hasta hundirse; si por la noche un sueño te lleva a otro mundo inexplicable y entiendes que este mundo también lo es; si encuentras totalmente placentero el hecho de sentir el aire o de abrazar a tu madre mientras la gloria de estar vivo sacude tus glándulas lacrimales, o si la misma gloria te lleva a perderte por los caminos; si te mojas el rostro y te ves frente al espejo y todo es tan extraño que prefieres temblar, rascarte la cabeza o perderte de nuevo quizás entonces estás sintiendo algo que podría nombrarse como poesía.

El mundo fue, es y será para nosotros una cosa totalmente inalcanzable, hablando de forma concreta. La abstracción necesaria que hacemos de la realidad es una búsqueda instrumental que nos permite coexistir con nuestro entorno en busca de una armonía para transcurrir en el tiempo y darle cierto sentido formal con el lenguaje.

Humanamente, tenemos una verdad que se transforma en sentido progresivo, buscando su sofisticación en el tiempo; nuestra historia busca construirse y nutrirse dialécticamente en el confín de los hechos y las posibilidades que engloba la esfera de la realidad que, entendámoslo o no, se mueve. Todas las ciencias se han manifestado como lenguajes en busca de una conceptualización del mundo; tanto las matemáticas como la filosofía o las neurociencias, buscan la verdad de cierta particularidad en la realidad que nos atañe; ya sea objetiva o subjetiva, postulados metafísicos o físicos, el lenguaje o las palabras han intentado amoldarse siempre a los descubrimientos sea racionales o emocionales del hombre.

En un principio, todos estos conocimientos estaban comprimidos en un solo cuerpo: el mito. A través de las eras y los imperios, y los movimientos culturales, cada forma de conocimiento ha ido erigiendo su fortaleza, desprendiéndose de los demás enfoques o cosmovisiones. En un principio, además, podemos ver que la filosofía y la poesía estaban tan unidas que no existía forma de diferenciarlas;  sin embargo, como sabemos, cada cual fue tomando rumbos diferentes hasta encontrarse en contraposición por una excelente antonomasia. Hoy el mundo es un universo vasto, diversamente ramificado en un laberinto de estudios y postulados, hipótesis, teorías, axiomas, documentos, compendios, libros, artículos, sentencias y máximas que buscan encasillar un tipo de saber. Cómo entender, entonces, lo que busca la poesía.

Al igual que las demás ramas del saber, ha ido conquistando su propio universo y su propia esfera, demostrando que a través de ella el mundo puede descubrirse; Octavio paz inicia El arco y la lira de la siguiente forma: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro.”  Comprendiendo que existe, además de la poesía, el poeta, aquel ente que sirve de canal para que dicho arte exista. El mundo, como tal, engendra su propia manifestación lingüística en el individuo, siendo éste último el instrumento de tal, lográndose así una autorrealización del mundo como forma verbal. Las palabras representan lo que nos rodea; la poesía va más allá.

Roberto Juarroz (1925-1995), escritor argentino, plantea lo siguiente: “el poeta y el poema se encuentran rodeados por lo desconocido. Quien se da cuenta de eso y persigue hacer de lo desconocido algo que se pone delante de la mirada, hace poesía. Y como en todas las grandes cosas de la vida, el amor, la muerte, el dolor, no hay definiciones unívocas, lo que hay es simplemente el hecho concreto y real, inexplicable, y casi imposible de darle forma”.

Haciendo una pequeña aclaración: todos nos encontramos rodeados por lo desconocido. El poeta es el que participa de cierta luz capaz de darle la forma necesaria en que aquél podrá darle cuerpo a lo desconocido. La luz da forma al poema. Cuando Cesar Vallejo dice Un libro quedó al borde de su cintura muerta, un libro retoñaba de su cadáver muerto. Se llevaron al héroe, y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento (Pequeño responso a un héroe de la república), nos da con firmeza y al mismo tiempo nos entrega un fantasma (un aire, una nada, una atmósfera) con el cual sentimos el sufrimiento en un momento dado por la muerte y el honor de morir en una guerra.

Verlaine decía que la poesía era, antes que otra cosa, música. Larrea le sigue: sucesión de sonidos elocuentes. Supongo que lo anterior se puede decir a nivel ontológico; a nivel práctico Antonio Machado dice que es palabra en el tiempo. Y Juan de Mairena hace casi lo mismo: lo que el poeta pretende eternizar es el diálogo del hombre con su tiempo (no olvidemos que éste último es creación de Machado). Borges, por su parte, luego de una larga discusión con el hecho de definir la poesía, nos da contra el muro al anunciarnos que no existe una definición convincente; llegar a la poesía, es más que todo, practicarla y sentirla (Arte poética, 6 conferencias).

Para qué sirve la poesía, entonces; si es necesario encontrarle una utilidad en un mundo enfermamente utilitario, la poesía sirve para lo siguiente: muy aparte de entender y batallar con el de hecho de que existe una utilidad racional, objetiva e instrumental en el lenguaje, como el lenguaje científico y pragmático, orientado a estructurar el mundo de forma mecánica y carente de espíritu, también es necesario alcanzar ciertas esferas de la conciencia y humanizar a nuestro humano, en una lucha por la libertad dentro de un mundo de esclavos. Es menester aclarar que no todos seremos grandes poetas, ni necesitamos serlo. Pero ya entendiendo estas premisas, quizás podemos evaluar lo que con respecto a la poesía debemos tener en cuenta y apuntar hacia nuestro propio encuentro como contempladores y escritores del mundo.

Editorial

Desde sus inicios, Poliantea se ha ubicado como la revista de la nueva generación, una nueva generación ansiosa de cambio, expectante del futuro, pero entendiendo que el futuro se construye, no se espera. Como lo manifestamos en nuestra Introducción, hay un fantasma recorriendo Latinoamérica, el fantasma de la revolución. Esta revolución tiene que ser entendida como una revolución desde todos los frentes, una revolución que busca remecer los cimientos de nuestra región, de nuestras naciones, de nuestras almas. 

El problema con embarcar este tipo de viajes son los principales males de estos tiempos, la desinformación y la posverdad. En estas seis ediciones, nos hemos enfrentado a distintas situaciones que nos han permitido cuestionarnos y afianzar nuestras posturas. Conflictos como el presente en Venezuela, el trunco proceso de paz llevado a cabo en Colombia, el regreso del fanatismo conservador al poder como viene ocurriendo en Brasil con Bolsonaro y la mal llamada ideología de género que atraviesa a muchos países latinoamericanos, el escándalo de corrupción Lavajato, la crisis en todos los frentes que vive Argentina bajo el liderazgo de Macri pero que involucra también a Cristina Kirchner por actos de corrupción, la crisis política de Perú que involucra a los tres poderes del Estado y que puede llevar en algunas semanas al cierre del Poder Legislativo. Aquí no podemos tampoco ignorar los conflictos sociales, no podemos olvidar lo ocurrido en Las Bambas, donde se volvió a evidenciar que los conflictos mineros siguen sin resolverse, por más que los Poderes Ejecutivos quieran hacernos creer lo contrario, no podemos ser indiferentes a los altos índices de feminicidios ni a lo atrasados que estamos como sociedad para mantenernos reticentes a aceptar que el amor homosexual es tan válido como el heterosexual, no podemos olvidar a los desaparecidos en México ni el dolor de los padres o hermanos al encontrar a sus seres queridos en fosas o incluso no encontrarlos aún, no podemos olvidar la crisis que vive Nicaragua y la represión que sufren los estudiantes al salir a protestar contra el régimen de Ortega, no podemos olvidar la lucha emprendida en Argentina sobre la legalización del aborto, no podemos olvidar el movimiento #MeToo que ha remecido al mundo entero, pero que ha permitido visibilizar múltiples de acoso y violación en universidades, centros de trabajo, colegios y más.

Como hemos evidenciado en un solo párrafo, Latinoamérica vive un momento de crisis. No podemos ser indiferentes a esto, no podemos ser indiferentes a todo lo que no hemos podido mencionar tampoco. No podemos darle la espalda para darle el gusto a algunos, sino afrontarlos para quiénes nos siguen desde el inicio y quiénes se siguen uniendo a esta lucha que nos supera en tiempo y nos trascenderá, seguramente.

Poliantea representa un espíritu, y esta responsabilidad no puede ser abandonada para agradar a algunos cuántos, nuestro deber no es agradar, nuestro deber es prender la antorcha, emprender el camino y no abandonarlo por más duras que puedan ser las circunstancias. Nuestro deber es asegurarnos que la información que brindemos no sea infectada por desinformación y posverdad, que no nos ganen los apasionamientos, ni nuestras posturas personales.

Latinoamérica vive sus horas más críticas en lo que va del milenio. Ya tenemos al Presidente de Estados Unidos con deseos de que se construya un muro para detener la migración, ya tenemos a uno de los países más poderosos de la región con Bolsonaro esperando a que se dé una invasión militar en Venezuela para afianzarse como una potencia mundial, además de querer retroceder en la impulsación a las humanidades dentro de sus universidades. Ya tenemos una movida conservadora religiosa que se rehúsa a aplicar un enfoque de género y a aceptar que se enseñe a hombres y mujeres a romper los estereotipos con los que aún se nos crían y se nos educa. Contra esto, nos enfrentamos y no cederemos.

En esa línea, en esta edición ofrecemos al lector un contenido variado, fiel a nuestros principios, fiel a nuestro nombre. Por ejemplo, podemos encontrar el artículo de Walter Velásquez, La menos pensada, en el que, desde una mirada más bien ciudadana, retrata la oportunidad perdida que fue Susana Villarán para Lima, y lo que ahora representa no solo para la izquierda peruana sino para el país en general. Diego Abanto Delgado, por el contrario, en Y el Congreso siguió muriendo… decide ofrecernos su catarsis personal sobre la crisis política que vive Perú en estos momentos y que puede llevar al presidente Martín Vizcarra a cerrar el Congreso de la República.

Angélica Revelo reflexiona alrededor de El bienestar de las mascotas, y el poco valor que les hemos otorgado actualmente en nuestras sociedades, y porqué deberíamos tomarlos en cuenta, dejando de lado esta visión antropocéntrica que tenemos desde la posmodernidad.

Por su parte, Alfredo Churata y Gabriela Merino nos echan luces sobre el caso Assange. Alfredo nos retrata en Julian Assange y Wikileaks: un caso para no olvidar principalmente la importancia que tuvo Wikileaks en su momento y lo que significó Assange para las nuevas generaciones en la lucha contra las grandes corporaciones y su movimiento como un acto de resistencia en el Internet, mientras que Gabriela nos comenta qué significó este caso en El caso Assange desde Ecuador y todo el revuelo que trajo la decisión del mandatario al quitarle el asilo a la cara más famosa de Wikileaks.

Rodrigo Torales nos comenta en ¿El fin de la hegemonía de EE.UU? sobre el conflicto que se ha instalado entre China y EE.UU. donde señala que el plan chino no gira en el corto plazo, sino en un plan detectado por Washington para asumir el rol hegemónico en el mundo. 

Desde las letras, incluimos una colaboración de Maria Paredes, sobre “Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España” y el uso de la écfrasis de Bernal Díaz del Castillo para retratarnos el territorio que encontraron las tropas de Hernán Córtez, que nos permite a su vez hacernos una idea de lo impresionante que resultaban los ambientes de aquel entonces. Luis Ernesto Cebreros, por su parte, pretende resolver o aportar al eterno debate de ¿qué es la poesía? en Breve acercamiento a la definición de poesía.

Como reseñas, Adriana Jaime y Diego Abanto Delgado nos aportan con sus apreciaciones críticas de Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor  y La Guerrilla Elegante de José Natsuhara. Mientras Jaime reflexiona sobre la virtud de Melchor de retratarnos “un México vulnerable, un México expuesto”, capaz de plasmar con sus palabras una ficción muy real; Abanto Delgado pelea con su visión de la poesía y propone un nuevo género para entender el libro de Natsuhara. 

Desde la filosofía, Matilde Carreón nos comparte en Sartre vs. Camus: El sueño de la libertad un aspecto más de la eterna disputa entre dos viejos amigos, Jean-Paul Sartre y Albert Camus.

En la crítica cinematográfica de Diego Felp Llerena, Los Retablos Profundos, el autor incorpora a José María Arguedas para entender a Retablo, la película peruana de Álvaro Delgado Aparicio, que viene deslumbrando a sus espectadores.

En nuestra sección, Elogio a Funes, rescatamos un texto del intelectual peruano, Manuel González Prada, titulado Nuestros legisladores, en el que reseña no solo a los congresistas peruanos de su época, sino que con mucha lucidez y demostrando lo adelantado a su tiempo que estaba, nos ofrece una pintura de lo que eran, son y probablemente serán siempre los legisladores en Latinoamérica.

En una nota más gris, y como cierre a esta editorial, lamentamos la desaparición de Les Temps Modernes, aquella revista mensual fundada por dos grandes filósofos, Simone de Beavouir y Jean-Paul Sartre, que en su primer número, en 1945, incluían en su Manifiesto la siguiente declaración: “Nuestra intención es influir en la sociedad en la que vivimos.” Esta revista causó un impacto en las generaciones posteriores, y deja un gran vacío para llenar. Por sus números, desfilaron los más grandes exponentes intelectuales de su generación, en sus ediciones, se tocaban asuntos tan cruciales y tan actuales en algunos casos, que su lectura aún resulta reveladora en estos tiempos. Así como a ellos no se les debería reducir a una revista de izquierda, consideramos que no se nos debería reducir a nosotros solo como intención, pero sobre estos asuntos ya otras generaciones juzgarán.