#Elecciones2020: Días de gloria

Algo que no hemos mencionado hasta ahora en nuestra cobertura es la figura positiva que Trump representa para muchos estadounidenses. Esto haremos ahora, mientras analizamos lo sucedido en el tercer día de la Convención.

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#Elecciones2020: Liderazgo y lucha

Algo que no hemos mencionado hasta ahora en nuestra cobertura es la figura positiva que Trump representa para muchos estadounidenses. Esto haremos ahora, mientras analizamos lo sucedido en el tercer día de la Convención.

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#Elecciones2020: La ley y el (des)orden

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

El segundo día de la Convención Republicana no trajo mucho de nuevo. El apelar a la pérdida del espíritu de la nación en manos de extranjeros y los “alborotadores” de las protestas ha causado que de nuevo la discusión en Estados Unidos se centre en cuán dañino puede ser Trump después de irse. El caos alrededor del país no es estrictamente generado por lo que ha hecho, pero se ha visto agudizado por lo que no ha hecho. Hoy su inacción es tan peligrosa como su acción en el cargo. No obstante, es imposible —o al menos poco probable— que lo admitan dentro del Partido Republicano. La unión, el respaldo a Trump pareciera ser a muerte, pues comprenden que su figura es mucho más grande que cualquiera que pudiera salir dentro del mismo partido. Ya lo demostró en 2016, y lo sigue demostrando ahora. Sin ser un político de carrera, su carrera como político no es del todo la de un inexperto.

En esa línea, la apropiación del discurso de la ley y el orden fue uno de sus grandes logros en 2016, y hoy por hoy, es un discurso por el que siguen apostando. Las circunstancias han cambiado, es cierto. Pero el discurso no apela a quienes puedan percibir este cambio, sino a quienes desde los suburbios, acaban definiendo la elección y cuya afiliación política no es definida por los colores, sino por las propuestas. Fueron esos votos los que le otorgaron la victoria a Trump en 2016, o a Nixon en 1968. Y sin duda, serán quienes definan la elección de 2020. Por ello, el discurso de la pareja estadounidense de St. Louis respecto a la amenaza marxista en el primer día no es nada más que una jugada dentro del escenario electoral. El problema no es el uso indiscriminado de armas en Estados Unidos por parte de blancos supremacistas, sino la inseguridad ciudadana. No regulen las armas, regulen el crimen.

Claro que podríamos hablar largo y tendido porque hacer esa correlación podría ser terriblemente sesgada, pero hoy no es el momento. También podríamos mencionar que al hablar de la ley y el orden, obviamos el cáracter racial que acaba conservando este tipo de propuestas, pero tampoco serviría mucho para aclarar cómo es utilizado por Trump, o por qué, en primer lugar. Y es que Trump se ha aprovechado de muchas consignas populares para hacerlas propias y declararse el “campeón del pueblo”. Trump es un líder fuerte, incluso aunque no sea un buen líder para el país. Biden, por su parte, en esta figura, sería más bien el campeón de los políticos tradicionales y de todo aquello que Trump llegó en 2016 a borrar de la faz del país. Pocos recuerdan que hace cuatro años, el voto estadounidense se opuso a lo tradicional y llevó a una opción poco convencional al poder. Lo que mantiene optimista al Partido Republicano es que pese a todo, este apoyo no ha variado. O mejor dicho, no se ha trasladado al Partido Demócrata. Por lo que apelar de nuevo a ellos en 2020 no resultará demasiado difícil.

Y el desafío para 2020 se encuentra allí, precisamente. Biden desea apelar a ese voto de los suburbios sin mayor indicador de que podría lograrlo excepto con el discurso de que él no es Trump. Por su parte, el Presidente ha aprovechado la Convención para fortalecer su discurso, no a través de lo que él u otros políticos puedan decir, sino aprovechando la voz de gente de los suburbios. La pareja de St. Louis es un ejemplo muy fuerte. Puede no gustarnos, pero la ley y el orden podrían ser, de nuevo, un eje para definir al próximo Presidente de Estados Unidos. Y para variar, Trump está un paso más adelante que su adversario.

#Elecciones2020: Hagamos a Trump grande (otra vez)

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

En un país que sufre las consecuencias de una pandemia pobremente manejada, el Partido Republicano decidió llevar a cabo la Convención con un solo fin: hacer a Donald Trump grande otra vez. No podemos señalar esto lo suficiente: Estados Unidos hoy se encuentra a la deriva a manos de un Presidente que hizo una promesa muy grande para un período, y se encargó después de una crisis sanitaria, de perjudicar las posibilidades de reacción de su país por su marcado negacionismo científico.

No obstante, es posible en Estados Unidos encontrar espacios para narrativas alternativas. Este espacio ha sido aprovechado durante el primer día de la Convención, jugando prácticamente bajo los mismos términos de la Convención Demócrata. Biden es bueno, Trump es mejor. Claro que la diferencia entre ambos individuos recae en que Biden es visiblemente empático, juega bajo las normas tradicionales de la política y comete los mismos errores debido a esto. Trump no. Su accionar político es poco convencional, pero sus errores siguen siendo muy tradicionales. Pero sobre todas las cosas, algo que realmente preocupa es que el Partido Republicano piense que esa alternativa puede funcionar. Biden, pese a todo, es desconocido para gran parte de la población estadounidense, Trump no. Y es casi imposible que pueda convencerse en pocos meses lo que el mundo ha podido atestiguar los últimos cuatro años.

No deberíamos entender por esto que nos encontramos ante una decisión sencilla para Estados Unidos. Donald Trump es una terrible opción, pero Joseph Biden no es, por defecto, la decencia hecha carne. Tiene múltiples cuestionamientos a lo largo de su carrera política, y quizá en otra elección, frente a otro candidato, no habría llegado hasta donde está por todo ello. Pero a la fecha, Biden encarna la posibilidad —algo ingenua— de regresar al camino de la razón. Aún si esta resulta terriblemente mediocre. Y esto es algo que la Convención Republicana ha decidido explotar. Saben que Biden no llega con grandes promesas ni con grandes planes. Si su mejor intento de promesa es “sacar a Trump de la Casa Blanca”, no necesariamente va a llegar muy lejos compitiendo contra la política republicana.

El propósito del primer día de la Convención Republicana es exacerbar los miedos de una intervención extranjera. No fue poca cosa los rumores de la intervención rusa en las elecciones de 2016, pero hoy, el discurso oficial de Trump es que el virus le pertenece a China y que fue enviado a Estados Unidos para derrotarlos en un momento en el que estaban triunfando en todo aspecto. El problema aquí no se trata de desmentir la narrativa de Trump, confrontarla con hechos, porque ya se ha demostrado que ello no va a funcionar. No para él, no para sus votantes. Además, apelar al miedo comunista en Estados Unidos que hoy “representa” Biden y las protestas de #BlackLivesMatter

Lo único que podría revertirlo es exponer el pobre manejo de la pandemia. Para poder fortalecer ese aspecto, la Convención Republicana ha remarcado, a través de sus oradores, que Estados Unidos lo está haciendo lo mejor posible, mejor que muchos otros países en el mundo. Pero resulta muy extraño que aquello realmente pueda atraer a nuevos votantes. La realidad es demasiado ajena al discurso de Trump, porque hoy no lo refutan los políticos, lo refutan las cifras que él siempre había considerado aliadas. La economía no está de su lado, la saluda tampoco. Si hoy América está siendo grande otra vez, resulta difícil para alguien saberlo. No por ello, Trump podrá perder, pero queda la sensación que su discurso, su propuesta, si se limita a lo hasta ahora mostrado, no podrá convencer a más personas de las que ya lo apoyan. Esto no quiere decir que pueda perder la elección, pero significaría algo peor: el efecto Trump ya no es tan efectivo.

#Elecciones2020: Un discurso y balance

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

El discurso del candidato del Partido Demócrata era el perfecto cierre para una Convención que lo había aludido de principio a fin. Como su opositor, su carrera para estas fechas es solitaria. Su mejor aliado y su peor enemigo es él mismo, pues esta elección se definirá en base a los errores, y no tanto a los aciertos que pueda tener. En ese sentido, el Partido Demócrata había centrado todos sus esfuerzos en la Convención para establecer un tono agresivo contra el Presidente, pero asertivo con la población. No limitar su única estrategia a ser una estrategia anti-Trump, sino pro-Estados Unidos. ¿Pero pro-Estados Unidos es pro-Biden? Esa pregunta aún no tiene una respuesta fija, más allá de lo que indiquen las encuestas. El miedo de que ocurra algo similar a 2016 aún sigue en el aire. Y esta vez, el compromiso es mucho más grande. Este es un escenario en el que no existe un voto de confianza a Trump. Como señalamos el día anterior, existe la sensación de que cuatro años más en el mismo rumbo podrían ser irremediables. La salida, según ha presentado en estos cuatro días el Partido, es Joe Biden.  

Podríamos hablar de todo lo que sucedió en casi las dos horas. Pero lo cierto es que se pareció demasiado a lo que habíamos visto los tres días anteriores. Es enternecedor ver a un partido unirse a pesar de sus diferencias, pero sigue siendo peligroso saber cuán frágil resulta la alianza tras las elecciones. En esa línea, el video con los candidatos que fueron sumándose de a pocos a la campaña de Biden, resultó efectivo para comunicar de una nueva forma lo mismo que habían querido comunicar los tres días anteriores, la unión. Es probable que debido a lo poco convencional que resulta esta unión, se vean forzados a mostrarlo como su gran triunfo, pero resulta algo básico de pedir a un partido rumbo a una elección que —de acuerdo a su propio discurso— definiría el rumbo del país por los próximos cincuenta años.

Lo diferente de los tres días anteriores, sin embargo, era la presencia de Biden con su discurso de cierre. Por lo que casi todo alrededor estuvo centrado en anteceder su discurso. Sin ser tan elocuente como Obama, tan frío como Clinton, tan simpático como Sanders o vivaz como Harris, las fortalezas de Biden se centran en lo que las personas alrededor suyo pueden decir de él. Realmente, no es un candidato extraordinario pero es la cara amigable para un país que necesita medidas extraordinarias. ¿Es un candad? ¿es el candidato más probo? Cada día, se recuerdan más acusaciones que como mínimo demostrarían que lo que divide a Biden y a Trump es meramente de qué lado del tablero se encuentran. ¿Es realmente la batalla por recuperar el alma de América o por saber qué partido se quedará con dicha alma? Este tipo de preguntas no son de mayor interés para muchos norteamericanos. En la mente de un gran sector de Estados Unidos, la respuesta, la Ú-N-I-C-A respuesta es vencer a Trump.

¿Cuántas oportunidades realmente tiene Biden en noviembre de vencer a Trump? Es difícil saberlo. La Convención ha buscado acortar distancias con lo que ocurrió en 2016. Clinton venía con mayor apoyo de otras figuras del Partido, pero muchos ciudadanos estaban del lado de Sanders. En 2016, Clinton representaba lo peor de la política tradicional, mientras que Trump se perfilaba como un outsider que llegaba del “éxito” empresarial a ofrecer el éxito nacional. La pandemia ha probado que su fórmula ha fracasado, pero todavía pueden existir dudas si la fórmula tradicional puede funcionar. En 2020, Biden lleva 4 años fuera del poder, y Trump la misma cantidad en el mismo. El discurso de hoy ha caracterizado esos cuatro años, como los de la oscuridad a lo largo de la nación. El candidato demócrata promete regresar al país a la luz que pertenece. Pero incluso, por más luminoso que Biden pudiera ser en contraposición a Trump, esto no indica nada respecto a noviembre. Las personas que votaron por Clinton en 2016 seguramente votarán en azul. El principal problema es que ello no basta. No bastó en 2016 ni bastará ahora. Aquello que complica a los demócratas es saber cuál realmente es la magnitud del voto duro de Trump, y cuánto de ese voto podrá fluctuar hacia Biden. Pero ¿cómo atraer aquello que no se entiende? Hay ciertas dudas sobre ello, y sobre cómo el Partido Demócrata podría hacerlo.

El discurso de Biden fue el inicio. Un discurso que apelaba a la unión, al orgullo nacional, a la seguridad de que lo que antes se había hecho y de lo que seguramente se podría hacer en el futuro. El discurso aceptaba la realidad y planteaba una unión para deshacer todo el desastre que había hecho Trump en estos cuatro años. Pero sobre todo, se centraba en aquello que resulta difícil contrargumentar: la respuesta frente a la pandemia ha sido muy lenta. “Ha fallado en su deber más básico: protegernos. Y eso es imperdonable” dijo Biden ayer. Aplausos desde la pantalla, aplausos desde la televisión. Un nuevo día en Estados Unidos. En algún lugar del mundo, alguien debe estar soñando, debe estar perpetuando el dichoso “sueño americano”, la historia de triunfo que hoy pretende encarnar Kamala Harris y que representa a los miles de inmigrantes que aún en medio de la pandemia, siguen arriesgando sus vidas por alcanzar ese sueño. Lo imperdonable para Estados Unidos, para Biden y para el Partido que hoy se ha unido atrás suyo para derrotar a Trump, sería que de ganar, el “sueño americano” siga siendo una ficción dolorosa y no una realidad que invite a la solidaridad.

#Elecciones2020: La más política de las noches

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

Las apuestas eran muy altas para esta noche. El punto de quiebre, si se quiere. Todo lo que no había sido mostrado antes, todo aquello que había sido brevemente mencionado pero no abordado con la demanda que muchos grupos pedían, hoy fueron elaborados. La tercera noche de la Convención del Partido Demócrata empezó y finalizó como la más política de las noches en tiempos de pandemia.

Se abordaron muchos de los temas que eran antes tópicos habituales en las primarias. Regulación de armas, el cambio climático, el racismo, la violencia de género, y más. Cada uno con el determinado tiempo y con la calma suficiente que no existió en las noches anteriores. Por un breve momento, parecía que la pandemia no era el tema principal por abordar en estas Convenciones. Pero claramente esto respondía a un solo motivo: acallar las críticas de que el único plan del Partido Demócrata era derrotar a Trump e ir elaborando lo demás sobre la marcha.

Aun es muy pronto para poder descifrar algo sobre el plan de Joseph R. Biden, principalmente porque la campaña no se está basando en los planes que cada candidato tenga, sino en su carácter, en su personalidad. En ese ámbito, Biden por sí solo puede ganar cualquier elección. Sobre todo, porque es uno de los pocos candidatos tradicionales en Estados Unidos cuya conexión con el público es muy personal. Sin duda, la pandemia también ha golpeado severamente al exvicepresidente al limitarlo al hermetismo político de las cámaras y las redes sociales. Ha cambiado las conversaciones con el público con el uso de la mascarilla y otras medidas para resguardas las vidas durante la pandemia.

Hasta cierto punto, esta situación también le brindó la oportunidad de desmarcarse de Trump. Al contrario de 2016, el dilema del mal menor queda un poco más sencillo al ya no existir la duda de si la Oficina Oval iba a cambiar a Trump. Desde 2016 hasta la fecha, el Presidente se ha comportado como si nunca hubiera dejado de ser candidato y para muchos, ese error ha sido el que la población estadounidense ha sufrido durante la pandemia. Trump se olvidó que no gobernaba para unos cuantos, sino para todo un país. Y si las estadísticas hubieran podido salvar su Gobierno, hoy casi nada queda en pie. De eso y muchas otras falencias hoy se señalaron en la Convención. Trump no es el hombre para el trabajo, Biden sí; parece ser el discurso que muchos oradores brindaron hoy.

Nancy Pelosi, una de las voces más críticas a Trump dentro del Congreso, aprovechó su tiempo para posicionarse como una de las personas que había visto más cerca el desprecio que el Presidente tiene por los hechos, las familias y la mujer, particularmente. Nada comparado a Biden, un hombre “cuyo corazón estaba lleno de amor por Estados Unidos”. Pelosi fue una de las que elocuentemente logró aclarar cuál es la posición por tomar en noviembre: no denunciar a la oscuridad, sino iluminar el camino a seguir. Si algo ha prevalecido en estos tres días de Convención, es la figura de que esta elección decide el alma del país, su destino por los próximos años. El Partido Demócrata entiende que una reelección a Trump sería catastrófica por lo que esta podría ser su última bala, tras el fracaso de la interpelación. Convencer al país de que un gobierno demócrata, por más mediocre que pudiera ser, sigue siendo mejor que el de Trump, es algo para lo que han usado esta Convención, conscientes de que no tendrán una mejor oportunidad para hacerlo.

Oportunidad que, por cierto, no desperdiciaron Barack Obama y Hillary Clinton para demostrar su vigencia en estos momentos. Dos figuras no muy distintas, pero con diferente recepción para el público. Clinton sabe lo que es la derrota frente a Trump, Obama sabe de lo que es capaz Biden. Ambos producen sensaciones desaforadas en la población estadounidense, pero no por los mismos motivos. Su propia presencia en la Convención no fue un asunto de unanimidad, pues ambos le permitirían al Presidente elaborar de nuevo la teoría conspirativa del complot contra su reelección.

Y sus discursos de apoyo no eran expresamente una alabanza a lo que Biden es o a lo que Trump no es, sino a lo que Estados Unidos puede y debe ser. Resaltar el hecho de que la salvación de un país no reside en las manos de un solo hombre —como Trump había prometido en 2016— también fortalece la idea de unión dentro del Partido. Sus discursos, especialmente el de Obama, se establecían como un llamado al voto. Lo que antes era simplemente un pedido, hoy es una alarma. En esa línea, Clinton resaltó lo que sucedió en 2016: ganó el voto popular, pero no la elección. El objetivo de esta Convención es convencer a todo el mundo que el Partido Demócrata se sostiene sobre su gente. ¿Cuánto de ese discurso se sostendrá hasta noviembre? ¿realmente es unión lo que demuestran o ambición por el poder arrebatado? De momento, la respuesta mantiene en suspenso el rumbo de una nación.

Al final de la noche, el discurso de Kamala Harris marcaba un hito histórico en la historia de Estados Unidos pues era la primera vez que una mujer era nominada a vicepresidenta en las elecciones presidenciales. Su discurso estuvo, es cierto, a la altura de esas circunstancias. Pero todo alrededor del mismo, no. O como mínimo, resultaba extraño. Si algo había demostrado esta Convención era su conciencia respecto al momento en el que se encontraba el país: en el marco de una pandemia. Pero por un momento, el protocolo venció a la razón. La imagen de Kamala Harris y un Joe Biden saludando al vacío, a las pantallas llenas de gente recorrerá el mundo no solo como la primera imagen de ambos como candidatos oficiales del Partido Demócrata, sino como la primera imagen de políticos en campaña en un vacío social. La nueva normalidad ha llegado a Estados Unidos, y quizá, para quedarse.

#Elecciones2020: Liderazgo para Joe

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

Si el eje del primer día había sido la unidad dentro del partido, el segundo día de la Convención Demócrata se basó enteramente en el liderazgo. Así lo anunció en los primeros minutos Tracee Ellis Ross, quién fue una de las primeras personas en mencionar el rol de Kamala Harris y cuán determinante podría ser su presencia al momento de definir el voto indeciso que aún existe en Estados Unidos rumbo a noviembre, pero sobre todo, así lo reafirmaron todas las voces que se pronunciaron el día de hoy. Desde Clinton hasta Carter, desde Schumer hsta Kerry. La fórmula de Biden y Harris pretende, precisamente, erigirse como todo lo contrario a lo que hoy se encuentra en la Casa Blanca. Y si el discurso de Michelle Obama había sido el punto más alto dentro de una confrontación sin cesar durante la última media hora, en el segundo día, el tono fue muy similar.

Un líder, un país

Algo de lo que se habló mucho en este segundo día fue de la necesidad de tener a alguien cuyo historial sea intachable. Podríamos impugnar el historial de Biden rumbo a la presidencia, pero lo cierto es que eso no es de interés para el Partido ni para los delegados. Al igual que con las críticas con Harris cuando se anunció que sería la vicepresidenta dentro de la fórmula de Biden, al Partido lo único que le interesa es ganar esta elección y recuperar el Senado de las “manos republicanas”. Y Biden es hoy la persona adecuada para el trabajo.

Por ello, era necesario que los televidentes fueran expuestos a su historia, a su lucha. Es una Convención cuyo único fin es tratar de vender a Biden a todos aquellos que aún no confían en él y convencerlos de que su lucha es nuestra lucha. Resulta incierto saber si esta estrategia publicitaria realmente tendrá efecto, o si finalmente triunfará la analogía del “mal menor”. Aún es muy agosto para saberlo.

La seguridad del futuro

El futuro del partido también fue un tema del que no pudo escapar esta Convención, pues el horizonte para Estados Unidos no se limita a 2020. Quizá por ello, la opción de Kamala Harris ha sido recibida con buenos ojos no solo para esta elección, sino para consolidar una opción para los años venideros. Queda claro que Biden no es una opción a largo plazo para el Partido Demócrata, como si lo podía ser Obama en su momento.

Y si el rumbo del Partido es el que ha mantenido hasta ahora, lo más radical que obtendrán muchos votantes será la ahesión a algunas propuestas que, como bien señaló Sanders ayer, poco a poco se van volviendo mainstreams. Si algo quieren demostrar con esta elección es quemás allá de las dieferencias programáticas que sectores del partido tienen, el fin es el mismo. Bajo esa seguridad caminan hoy en 2020 hacia un Estados Unidos que ya no solo necesita un discurso que prometa un retorno a la grandeza, sino uin camino que no signifique perder lo que ya tenían.

En esa línea, la presencia de Bill Clinton o de Jimmy y Rosalynn Carter no era coincidencia. Ambos representan el pasado del Partido —un pasado que es necesario desidealizar— y apelaban a la memoria histórica de un movimiento que ya no es lo que era antes, sin que eso sea necesariamente algo malo. Pero queda claro que la nostalgia es una herramienta que podría servir con miras a noviembre. Miren lo que fuimos, imaginemos lo que podemos ser. La promesa de un futuro mejor a través del liderazgo de Biden es lo único que se podría rescatar de las participaciones de Clinton, de Kerry, de Powell y más funcionarios públicos que hablaron en la Convención.

Y algo que pasó totalmente fuera del radar fue la cantidad de votos que obtuvo Sanders durante la nominación. Un acto protocolar pero que empodera a un movimiento que no parece tener techo. Cabe recordar que todas los jóvenes que hoy se identifican con Sanders pertenecen a una generación sin partidos y sin figuras trascendentales. La política del ayer murió en 2016, tras la elección de Trump. El Partido Demócrata podría encontrarse en un desfase mucho más grande si no asume con mayor humildad el reto que las nuevas generaciones hoy proponen. Y esto no le pertenece a un solo individuo, como Sanders en este momento.

La moderada democracia

En esa línea, un punto que no puede ser dejado de lado es lo relegado que se encuentra el ala de izquierda en el Partido Demócrata y que una vez más ha quedado reflejado en el desarrollo de esta Convención. El objetivo siempre ha sido plantear al Partido como una opción para todos, por lo que dentro del espectro, sería lo más parecido a un centro moderado. Joe Biden claramente puede seguir por esa vía. Pero si algo han indicado las elecciones de 2016 y 2020 es que la opción de Sanders sigue teniendo más adeptos dentro del Partido como fuera de él. El principal problema es que Sanders no es, no ha sido ni será nunca tomado como algo más que una opción radical para atraer a la juventud que se ha alejado de dicho centro.

Eventualmente, siempre se apelará a la razón porque “solo unidos” se puede ganar una Presidencia, y el discurso de Sanders siempre se ha presentado para el Partido como un discurso incómodo, pues critica las propias bases que en su momento ellos ayudaron a sentar. Aún así, la moderada democracia que el Partido Demócrata pretente encarnar no se encuentra para nada alineada, por ejemplo, con el discurso brindado por Alexandria Ocasio-Cortez, una de las voces más brillantes dentro de la nueva generación del Partido, para nominar a Bernie Sanders.

Mientras más moderado se presente el Partido Demócrata, más radicales serán las opciones que lo enfrenten, y más aislados se encontrarán frente a las opciones del cambio. Si algo dejó en claro este segundo día de la Convención es que por más liderazgo que pueda prometer Biden, lo que no promete es una mirada al futuro que puede ser. De mantenerse esto con miras a noviembre, el problema dejará de ser el Trump que se fue, sino el que vendrá.