¿Aprendo en Casa es la mejor estrategia?

Gracias al conocido virus, fui una de las estudiantes que tuvieron que atravesar el cambio de la modalidad de su desarrollo profesional para ser capaz de continuarlo. Con esto me refiero a que este año, mi primer año de prácticas pre-profesionales, se dio de manera virtual.

Amigas y amigos de diversas profesiones me han consultado más de una vez, “¿y, cómo están haciendo entonces?” en referencia a mi y mis compañeros practicantes universitarios. A esta pregunta mi respuesta siempre terminaba incluyendo otra pregunta: “¿Haz oído sobre Aprendo en Casa?”

¿Qué es y por qué importa?

Para mi sorpresa, en ese entonces, la mayoría de las respuestas eran negativas. Ya con poco más de 4 meses para la finalización del año escolar actual, espero que este nombre sea más popular. Mas, para refrescar la memoria, les comento que Aprendo en Casa, se describe como “una estrategia educativa a distancia, de libre acceso y sin costo que propone experiencias de aprendizaje alineadas a nuestro currículo nacional”. 

Esta “estrategia”, que el Ministerio de Educación lanzó a inicios del Año Escolar como medida de contingencia a lo que se convertiría en una cuarentena aparentemente eterna, es la que de alguna manera rige la formación de las distintas modalidades de Educación Regular. Esta es bastante similar a la medida adoptada por distintos países de Latinoamérica. Sin embargo, me genera extrañeza el hecho de que se hallen muy pocos comentarios respecto a estas iniciativas. Específicamente llama la atención la carencia de opiniones y retroalimentación de parte de tanto autoridades académicas del área pedagógica, como de docentes de aula. Para el caso peruano, encontré opiniones bastante breves y cortas (con poquísimas excepciones) que se enfocan en lo “necesario” de esta iniciativa, y felicitan la “agilidad” de los directivos al proponer la misma.

Debo reconocer, antes de iniciar mi review, que soy aún una estudiante enfocada al nivel de secundaria, y que me enfocaré en hablar principalmente en defensa de lo que es la educación pública o estatal, puesto que es el área en la que se me permite practicar, y la que recibe la mayoría de estudiantes, por necesidad.

¿La mejor “solución”?

Creo que es amplia la cantidad de gente que suele permanecer ignorante ante lo que realmente implica la labor docente, especialmente en el sector público. Y esto no es algo malo, pero espero poder abrir el debate acerca de temas que siento se trate lo suficiente.

Uno de los cuestionamientos principales que siento no se ha hecho lo suficiente a este programa, es su falta de objetivos pedagógicos claros. Mientras no desacredito la idea de este plan como una “oportunidad” de unificar el aprendizaje de todos los estudiantes a nivel nacional, tampoco la puedo defender. 

Estoy segura que el argumento de la inequidad acerca de la accesibilidad y conectividad de los estudiantes se ha tratado más de una vez, por lo cual no me centraré en este. Deseo iniciar mi crítica desde una aproximación más lógica, basada en mi sentido común docente. Como sabemos, la gratuidad y disponibilidad de la educación, siempre ha sido un derecho. Mas, al incentivar (por no decir obligar) a los estudiantes y docentes a seguir un “plan” que realmente no sabemos por quién fue diseñado, como yo lo veo, se están presentando más límites que oportunidades para la práctica pedagógica. ¿A qué me refiero?

Aprendo en casa presenta semanalmente contenidos organizados para que el o la docente los presente a su vez directamente o de la manera que mejor le parezca, a sus estudiantes. Es decir, otorga a los docentes lineamientos para la preparación de clases. ¿Cuál es el problema de esto?

Como practicante del área de Inglés, pude atestiguar esta situación desde sus inicios, ya que esta materia, inició el año académico sin indicaciones establecidas por las entidades superiores, y, si bien no es sencillo, creo que cualquier educador puede -y debería- dar fe de que la planificación pedagógica no es una tarea nueva para el docente. Cualquier persona que haya estudiado a nivel superior la carrera de Educación o Pedagogía, debería ser capaz de diseñar una sesión de clase sin problema. 

Lo cual me lleva a al punto central de este argumento, y es que uno de los principios de la educación, es la formación de la persona autónoma. A su vez, otro principio básico, es la necesidad de ser un modelo pedagógico, presentar al estudiante alguien en quien confiar y de quien guiarse, durante su proceso de aprendizaje. Tomando ambos en cuenta, llamo a pensar, si es que un docente, que conoce su región, localidad, ciudad, y más importante que todo, a sus estudiantes, ¿no sería este el más capacitado para estimar qué y cómo necesitan aprender? 

Cualquier persona que conozca a alguien que se dedique a la docencia, puede haber reconocido la creatividad, esfuerzo y concentración -además de la seriedad- que toma elaborar, no solo una clase, sino el material que permite conducir los aprendizajes que se desean conseguir en esa clase, y las siguientes.

Entonces, encuentro que esta estrategia podría no ser lo que los docentes realmente necesitan, a diferencia de, quizá un programa de apoyo completo para el desarrollo de las competencias digitales requeridas tanto por estudiantes y por docentes para esta nueva situación, o estrategias alternativas de aprendizaje y evaluación significativas, mucho más viables dentro del contexto.

La vida en cuarentena: ¿Qué sabemos? ¿Qué podemos aprender?

Una de las características más interesantes de la vida en confinamiento obligatorio, es que -lo quieras o no- te ofrece una cantidad incomparable de tiempo en el hogar. Un tiempo que parece, en ocasiones, ser difícil de manejar “apropiadamente”. Y, quizá lo que lo vuelve tan complicado, es que no siempre sabemos qué es realmente lo “apropiado” para nosotros. Personalmente, me considero una “sobrepensadora” (o overthinker) por excelencia, y si bien es una habilidad que me ayuda en muchos aspectos, también me juega malas pasadas, y, esta cualidad, en cuarentena, se siente amplificada. Por esta razón, quisiera aprovechar este espacio para un poco de desahogo mental de las diversas cuestiones que aún me generan curiosidad sobre la realidad de una vida (ya casi cien días) transcurrida entre cuatro paredes. En un didáctico formato, el cual, espero pueda ser tan útil al lector como lo es para mí.

El paraíso (perdido) de la productividad

Creo poder decir con confianza, que el sueño de muchas personas antes del encierro, y quizá la realidad, era tener una vida 100% ocupada, lograr, tal vez, llenar las 24 horas que nos ofrece cada hermoso día, de manera que cada segundo del mismo, pueda resultar lo más productivo posible. El “ideal de productividad”, al cual mucha gente pudo -y puede- estar acostumbrada. Es aquel que nos motiva a buscar información, entre videos o artículos, que nos enseñen las técnicas mágicas. Y nos den la clave para evitar las distracciones y los placeres culposos, y enfocarnos, en su lugar, en lo que es realmente “importante”.

Si bien esta meta no es negativa o dañina en sí, los mecanismos de adaptación de estos comportamientos adoptados en orden de lograr ciertos objetivos, puede ser -como todo proceso de adaptación- confuso e incluso arduo. ¿Cómo aprendemos a ocuparnos sin distanciar nuestro espacio? ¿Qué pasa cuando la oficina, o la escuela, invade nuestro hogar?

La virtualización y el sueño

La cuarentena nos llegó a cada uno en distintos momentos. Para mí, este era el año en el que iniciaría mis prácticas pre-profesionales como educadora y, de alguna manera, lo sigue siendo, solo que de alguna manera, para mi, no lo es. Como estudiante de educación, e hija de una apasionada educadora, considero que poseo un conocimiento mayor sobre este campo y sus implicaciones (al igual que cualquier profesional debería, respecto a su área de estudio correspondiente). Y, el hecho de que repentinamente, todas aquellas personas que se encontraban dentro de un proceso de formación educativa formal -independientemente del nivel- hayan tenido que sumergirse en un sistema de educación a distancia completamente improvisado, es un fenómeno realmente interesante, disruptivo y gigante.

Sin necesitar se más observadores aún, podemos notar, que, dependiendo del nivel educativo (inicial, primaria, secundaria, universidad, instituto, etc), los retos de estudiante en cuarentena, así como los de sus allegados, son fácilmente de los más estresantes y desafiantes posibles. Más allá del contexto personal -que en sí puede influir de diversas maneras- la educación a distancia, requiere un nivel de autonomía e independencia académica por parte del estudiante, que el sistema tradicional no ha promovido en décadas, y que, lastimosamente, en varios casos, se puede observar, sigue sin priorizar.

La desesperación de los padres y madres de pequeños de inicial, el hartazgo e impaciencia de los de estudiantes en secundaria, y el estrés y falta de sueño que comparten estos con los universitarios de distintas carreras. Estas situaciones no tiene un solo responsable, pero cumplen con exponer cómo nuestro sistema ha enfocado su trabajo en conseguir que los estudiantes adquieran cierto nivel de conocimiento, dejando en segundo plano, la formación aptitudinal, que los permita desarrollar estrategias creativas y soluciones constructivas ante las situaciones de crisis.

El valor del papel higiénico

Una de las modas de mal gusto más populares surgidas en el contexto del virus, y que, en mi opinión, reflejó también los fallos de la educación de muchos ciudadanos, fue la locura y obsesión por adquirir lo que por alguna razón se convirtió durante las etapas iniciales de la pandemia, en un bien precioso e indispensable, el ph.

Uno de los -tantos- aspectos interesantes de este fenómeno, es que se observó un comportamiento similar en distintos países del continente americano, ya sea Perú, México, Chile o el popular Estados Unidos, los memes no faltaron para intentar hacer a la gente reconocer la falta de lógica de su proceder. Y esta actuación es la forma que toma la actitud de una persona que no sabe cómo enfrentar un problema, ni cómo procesar la falta de control. Personas que han sido formadas con miedo a la incertidumbre, porque están formadas bajo la idea de que siempre debe haber una secuencia fija, una respuesta correcta; personas que temen cometer un error más de lo que temen perjudicar a otros.

No eres lo que comes, pero lo que consumes

El último punto que quisiera abarcar, de una perspectiva más positiva, es el de la alimentación. Soy fan de la comida “saludable”, tanto que usualmente puedo incomodar a mi familia, con mis “sugerencias” de evitar azúcares y bajar el consumo de carne. En respuesta a esto, mi madre me recalca que no todo es “comer sano”. Y es que, además de los reconocidos beneficios que trae la práctica de ciertas rutinas físicas, algo que ha ganado una merecida atención, es la necesidad de mantener hábitos emocionales y mentales sanos. Como bien menciona Guy Winch, psicólogo estadounidense, en su libro Primeros Auxilios Emocionales (Emotional First Aid), la mayoría de personas, no tenemos una formación específica en el área de bienestar emocional. Y, uno de los mayores obstáculos para el progreso educativo, el cual debería consistir en una formación que otorgue a la persona las herramientas necesarias para progresar en la vida y ‘ser feliz’, es en definitiva, a falta de una inteligencia emocional desarrollada. ¿De qué te sirve una ensalada? suele decir mi mamá ¿si sigues con ansiedad, si paras enojada o con estrés? Y la verdad es que es un argumento bueno y sencillo, que he oído de parte de otras gurús de “vida saludable” en las que puedo confiar. No digo de ninguna manera que una dieta sana, siempre equilibrada, no sirva, pero es necesario que reconozcamos que la alimentación nunca va a ser solo comer, sino nutrirnos, y, como muchos educadores defienden, una nutrición apropiada es la clave para un correcto aprendizaje. Por esta razón, el reconocer las ideas, noticias, trabajos, pensamientos, etc, que ‘ingerimos’, y regularlos, priorizando de la manera que sea posible, aquellos que nos ayuden a mantener un bienestar mental y emocional, se torna fundamental.

Afortunadamente, y tratando de finalizar con una visión optimista (pero no tóxica), puedo mencionar que gracias a la cuarentena, las orientaciones que guían este año escolar, han agregado entre las competencias a desarrollarse, el manejo emocional. Y quiero considerar eso algo bueno. El sistema educativo, como cada uno de nosotros, aún tiene mucho que cambiar para bien, pero es necesario aprender, por nuestra cuenta, como está de moda, a encontrar las pequeñas muestras de luz y de avance que se nos presentan, en orden de seguirlas, y de a pocos dejar de lado las nubes de tormenta que quizá se ven muy grandes en el camino a la “iluminación”. No culparnos por parar o retroceder, sino motivarnos, al recordar que aún podemos avanzar.


Swanne Pozo Osorio publica cada dos martes en Poliantea como parte de la sección Doxa que reúne las columnas de opinión dentro de la revista.

Y ahora, ¿qué?

Violencia racial, protestas pacíficas, despegues espaciales, hackers exponiendo actos criminales, huelgas y violencia.

Diversos hechos han tomado lugar los últimos días, acciones de relevancia histórica y de impacto a nivel internacional. Noticias que, podemos notar, continúan siendo popularizadas, aunque sea solo como referencias, en cualquier red social que podamos utilizar.

Cuando un mundo en cuarentena empieza a desestabilizar su curso, incluso más de lo posiblemente esperado. ¿Cómo podría ser que reaccione la audiencia digital latinoamericana?

Muy fácil.

Memes y hashtags.

No planeo hacer un análisis profundo, sino más bien, poner mi granito de arena y quizá lograr hacer que alguna persona reaccione, y más que nada, reflexione, sobre lo que vale la pena reflexionar en vez -o después- de reaccionar. Especialmente en una época en la que una cosa siempre es más sencilla que la otra, y nuestra naturaleza cada vez se inclina hacia la aceptación de la ley del menor esfuerzo. Si bien nunca es bueno generalizar, tomaré la libertad de asegurar que la postura que el público ha tomado, en su mayoría, acerca de las últimas novedades del panorama internacional, puede dividirse en tres grupos, entre los cuales, lo más probable es que, si estás leyendo este artículo, te encuentres descrito.

El primer grupo, es el más popular, este consiste en aquellas personas que, a través de una imagen, gif o hashtag se suman como “participantes” o promotores de algún “movimiento” particular. Este “activismo digital” tiende a centrarse en redes como Twitter e Instagram, y usualmente consisten en el apoyo o rechazo de situaciones que toman como contexto un escenario que, si bien puede ser físicamente bastante lejano, puede resultar -incómodamente- cercano y familiar en el aspecto social. Y, aunque no podemos ser realmente conscientes sobre quiénes comparten esta información, la acción de otorgar un espacio de nuestro adorado tiempo de atención social online a una causa mayor no debería ser desacreditada, ya que, independientemente del medio, la expresión de una postura política, posee un valor. Por supuesto que, no podemos evitar recordar a los integrantes de este grupo, que el activismo digital no es lo mismo que el de sofá. Especialmente si las acciones contra las que nos manifestamos se han visto reiteradas veces en escenarios mucho más cercanos, en los cuales tenemos la posibilidad de participar activamente.

La segunda postura a tratar, se asemeja a la primera, ya que comparte la práctica de compartir contenido viral a través de distintos medios, sin embargo, sean conscientes sus usuarios o no, implica ideas bastante distintas. Me refiero en esta ocasión, al perfil del usuario informante de redes sociales. Aquel personaje que acepta y cumple con el deber de compartir distintos links de noticias y reportajes -de sus fuentes de confianza, claro-, sobre los mencionados conflictos, quizá con un comentario – solidario o en contra- o tal vez simplemente un emoji. Este uso de las plataformas digitales es, probablemente, la forma más sencilla y básica en nuestro deseo de concientizar a otras personas se materializa. A estos usuarios vale la pena preguntar, ¿realmente estamos concientizando? Personalmente, encuentro este perfil, el más inocente de los que conforman esta mini recopilación. Esto es, principalmente, si lo comparamos con el grupo anterior. Esta realidad, no es de sorprender, si consideramos lo fácil que es en contraste simplemente presionar un botón, y evitar opinar -o denunciar- un hecho de controversia. También puede tomarse como una alternativa bastante tentadora, cuando aún no tenemos realmente consciencia sobre la verdadera relevancia de la noticia en cuestión. De alguna manera, es la ley del menor esfuerzo 2.0.

Finalmente tenemos, el humorístico, aunque no menos político, usuario de x red social, que promueve y asegura que su círculo social y/o seguidores se enteren de los acontecimientos mundiales, -a diferencia que sus predecesores- a través del uso de distintos memes. Ya sean los famosos perritos cheems (Shiba Inu)comparando la actitud de astronautas de la NASA ante el clima para un viaje espacial, o simples variaciones de la revelación de información por parte del grupo Anonymous, con información que quizá nos gustaría fuese real. Esta inocente práctica que se ha vuelto costumbre desde hace mucho ya, y parece ser la más común de ver en el inicio de la red social azul. Los modernos formatos, llenos de significado y tan fácil de ser identificados -así como de identificarnos-, ¿podrían ser algo más que solo eso? Creo que la respuesta a esta pregunta, de alguna manera aplica a los tres comportamientos descritos.

Nuevos tiempos, nuevas máscaras

¿Podría ser, quizá, la nueva forma que ha tomado aquella máscara, que hace mucho ya, Paz descubrió usamos los latinoamericanos para encajar en nuestra comunidad? ¿Aquella máscara que nos permite evitar exponer nuestra verdadera esencia, nuestras luchas y nuestros miedos?

La sociedad virtual toma un protagonismo incluso mayor, cuando se convierte en el único medio que tenemos de “existir” ante la confinación obligatoria. La burbuja de la cuarentena privilegiada, que puede llegar a contenernos, aunque no lo sepamos, es la que nos permite hablar, hacer y en ocasiones ser. Cuando las vías tangibles han sido restringidas. Y es en este espacio en el que se nos permite expresar el discurso que elijamos. Mas no podemos dejar de lado la esperanza de la acción. Cuando la rutina diaria comienza a mezclar cada vez más las horas de vida con las horas de pantalla, es que el cuestionamiento a la rutina se vuelve revolución. Y darnos el tiempo de recordar lo que es convivir con el otro, puede comenzar un cambio aún mayor. Si podemos ver cómo noticias de otros países, nos sacuden fuertemente, quizá es el momento de cuestionarnos a nosotros mismos, si no hemos olvidado que también somos país, que también tenemos noticias, y que la única opción no es aceptar que “así somos”. 

Así que, si el shock de los acontecimientos recientes sigue de alguna manera presente en ti, utiliza esa emoción para propulsar nuevas acciones, recuerda que no tenemos que ser solo audiencia, que podemos decidir y que también podemos actuar. 


Swanne Pozo Osorio publica cada dos martes en Poliantea como parte de la sección Doxa que reúne las columnas de opinión dentro de la revista.

Tres poemas de Swanne Pozo Osorio

Swanne Pozo Osorio es una poeta peruana, estudiante de Educación en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Aficionada al arte y a la música, Pozo Osorio hace su debut poético con los poemas que compartimos a continuación.

Estos poemas, además, fueron leídos en la Noche Poliantea por la propia poeta, a quién le agradecemos por su presencia y la gentileza de compartirlos con el público asistente a dicho evento.


Viejo mal

Como cuando te enojas con el universo

De tal manera que te niegas a probárselo

No das tregua

Y te encierras una vez más

Bajas la cabeza

Para inundarte, otra vez

Te alejas

A tu universo de papel

En donde me condenaste a vivir

Porque “no quería

estar solo yo”

Y al que nunca me dejaste asomar

“Jamás lo entenderás”

Puedo recordar cada momento

Siento que estoy en ello

 

La niebla se derrumba cual pared de tierra

Que ayer parecía

Ladrillos,

Arena

 

Vuelves a desaparecer

Tu sombra ya no me quiere ver

Oh si tuvieras consciencia

But that’s to wish impossible things

That’s to believe that the truth still exists

Como si hubieras existido alguna vez

 

Eres un pueblo desahuciado

 

Es imposible, de repente,

regresar a la tangibilidad humana,

al mundo del saber

Tratar de atraparte en palabras

quererte volver

esa tinta que se pueda secar

Mas ahora ya eres tan solo observable

 

Como la sombra que se mueve antes de que la pueda mirar

Como aquella rata inmunda que no me permite despertar

Porque no otorga tregua a mi cerebro ni siquiera para dormir

 

Eres tú, otra vez

 

Roes, roes, ríes.

 

Es lo único que sabes hacer.


 Nuevo bien

Me alegra que existas, y que haya dolor

Las leves montañas, nunca crearon amor

Es el relieve del paisaje, lo que le otorga la belleza a admirar

Y es este vacío tan grande, el que me da placer llenar

Y es que ahora eres libre

 

Hurrá.

 

Has volado del escondite, aun con miedo a caer

A ser devorada, por tigres, o aplastada, por pies

Olvidaste que eras rima, por demasiado tiempo

Y limitaste tu lira, hasta un dulce encuentro

Que por tanto, pareció eterno

Pero ya estás aquí,

De nuevo

 

Qué bien.

 

Que como cuando el ocaso vuelve a caer

Y ves entre larvas

A una mariposa nacer

Cuando la vieja lluvia, deja de serlo

Sin perder su hermosura

Para (por fin) regresar al cielo

 

Eres todo lo que siempre pedí,

Un tesoro, ante el cual mi mundo rendir

¿Cómo es que no consigues apreciar

esto que hace que tirite mi cuerpo?

¡Te encontré!

Bella esperanza

Gracias a ti, un miedo menos.


Viento de alta mar

Cuando el silencio nos abruma,

y la música es

 

lo único que nos reembarca

 

Entiendo

-finalmente-

que este bote

jamás te llevó en él.

Lejos de la oscuridad adormecida,

observo el iluminar de las paredes rotas

Y comprendo cómo

desde hoy -y por siempre siempre-existirá,

dentro de la construcción espaciotemporal del lamento

un fragmento tuyo,

al que decidiremos llamar “autosoma”,

y al cual nunca supe querer.

 

Entonces,

Cada vez que calla,

y mira,

Y la brisa,

entre _us cabellos,

canta

El viento explica cómo es que se enjuagará las manos,

fríamente,

De esta destrucción idílica (de desilusión y miedo)

 

 

Usando el fruto que nace de la fascinación por haberte perdido,

que se consuela con el infinito aprecio que tengo a la vida

De que -aunque sea- te pude tener.

 

Pero despierto,

y sé ahora

 

Que este mar,

también avanza

Al igual que el mismo tiempo

Que ya

Se fue.