Los Retablos Profundos

Diego Felp Llerena
Crítico de cine


En estos últimos años, el cine peruano ha vivido una especie de transición crucial en sus largometrajes de manera que, en la actualidad sus mejores producciones no solo se mantienen en nuestras salas sino que participan de los grandes festivales de cine en Cannes o Berlín. Retablo (2019) no es la excepción, como lo pueden garantizar las 27 veces que ha sido premiada. Aprovechando esta coyuntura, me permito comentar brevemente, la nueva ley de cine peruano. Uno de sus objetivos más importantes es “fomentar la creación y producción de obras cinematográficas peruanas, prestando una especial atención a los nuevos realizadores y con el propósito fundamental de posibilitar el perfeccionamiento artístico y técnico de la cinematografía nacional”, y más allá de las mejoras que sin duda deben hacérsele, esto derivará en una mejora de la cultura cinematográfica que existe. Más allá de los asumare, los ceviches de tiburones y los once machos, esta ley, espero, permita que haya más espacios para retablo. Apelamos tanto en el cine a que nos relate lo extraordinario, que precisamente la belleza de películas como Retablo, radica en lo cotidiano, en retratarnos aquello que no solemos apreciar.

Retablo nos cuenta la historia de Segundo Paúcar y su padre, ambos artesanos retablistas muy respetados en la región de Ayacucho. Cierto día se dirigen a una fiesta patronal, y en el trayecto Segundo descubre el secreto mejor guardado de su padre, un secreto que acaba por derrumbarlo y destrozar el respeto hacia la figura paterna. De esta manera, nos topamos con un argumento que bien puede perderse entre las películas estruendosas que inundan las carteleras de los cines. Además, en momentos tan álgidos en el panorama político, en los que se discute increíblemente el enfoque de género, Retablo retrataría también de esta forma, todo lo que los grupos conservadores acusan de ideología de género.

Pero Retablo no es una película ordinaria. Pese a lo que el espectador esperaría, toma caminos distintos a lo que comúnmente se esperaría y así nos va envolviendo en un panorama mucho más amplio del que esperábamos. Poco a poco, se van combinando tópicos tan intensos el arte y el folklore andino, así como el amor fraternal y la retrogresión de la sociedad con lo que aún son identificados como tabúes. Esto, que podría ser entendido como un langoy o una mescolanza acaba siendo resuelto por la película a través del universo andino y como va jugando con el espectador.  A través de escenarios tan mágicos como la desolada y verde puna hasta las danzas típicas de la región recargadas de fervor y color, todo dibujado y modelado en un solo concepto como lo es un retablo tan bien esculpido y armado a la precisión. Pero si se trata de hablar de la compleja profundidad que entrega Retablo podemos entender a toda cabalidad la madurez de Segundo, su adolescencia, el amor hacia su padre y a su trabajo. Así mismo lo acompañamos en el sufrimiento emocional que representa para él ver derrumbada la valla tan alta es ver como se derrumba esa valla tan alta que representa el maestro retablista para él, somos testigos además de su conflicto interno para trascender esos constructos sociales que impiden que entienda ese amor del hijo a un padre que lo aprecia y quiere como el más valioso de sus artes.

Algo que tenemos que destacar de la película es lo mismo que se puede rescatar del trabajo de Óscar Catacora y Wiñaypacha (2018), hecha totalmente en aymara. Aquí, Retablo se habla en un quechua totalmente ayacuchano, con algunos diálogos en español, pero que son solo un acompañamiento para que podamos apreciar en su totalidad al quechua, tan desdeñado en nuestras manifestaciones culturales, y que aquí, es dejado en lo más alto.

Decía el gran José María Arguedas “el día en que la gente descubra que la sierra tiene grandes posibilidades de creación indígena será el día en el que aflore un arte poderoso y arrollador que tendrá el más puro y definitivo valor universal” y bajo este lema, podríamos decir que es aquello que entrelaza toda su brillante producción literaria.

Así como él lo plasmó desde la literatura, Álvaro Delgado Aparicio plasma este pensamiento desde el cine. Ambos comparten esta visión del indígena, ambos comprendiendo el valor del profundo e infinito cosmos andino, tan enfocados en la idea de dar a conocer a la sierra en todo su esplendor. Si Los Ríos Profundos (1958) tiene a su Ernesto, Retablo tiene a su Segundo, personajes a los que seguimos mientras van madurando, mientras se van desarrollando. Así como en la obra de Arguedas podemos trazar una revaloración de la cultura andina desde la literatura, en Retablo podemos notar una revaloración de lo andino desde el cine. Ambas no se sienten impostadas, no son parte de lo políticamente correcto, colindan y dialogan con la película y con el espectador de modo tal que la experiencia de ambas nos envuelve y nos devuelve a una realidad con la que tenemos que estar inconformes y dispuestas a cambiar.

El gran logro de esta película es que goza de todo aquello de lo que carece la mayoría del cine peruano, parafraseando a un vals criollo; alma, corazón y vida.

Retablo representa un logro y una fuente de inspiración para todo aquel que quiera hacer algo distinto, es el retrato de lo que toda película debería aspirar a ser, es un retrato dibujado a mano, no tanto por la precisión sino por la honestidad que nos muestra. Esta película no forma parte del establishment que inunda nuestras salas, rompe con éste para enfocarse más en lo nuestro, retoma una vertiente ya explorada por el grupo Chaski el siglo pasado. Con esto logrado, Álvaro Delgado Aparicio no es un director más, Retablo no es una película peruana más, ambos forman parte ya de la historia del cine peruano.

Balance del cine peruano en 2018

Diego Felp Llerena


Desde hace un par de años ocurre un fenómeno curioso en el cine peruano, presentando un crecimiento tan favorable que ha ganado presencia en los festivales de cine más importantes del mundo y aunque muchas veces un premio no es necesario para que una cinta sea una verdadera joya del séptimo arte, no es un hecho aislado que el cine peruano se encuentra en un constante crecimiento.

Por este motivo me complace hablar en esta ocasión de lo mejor que dejó el cine peruano en este 2018 y no estoy hablando del cine que muchos detestan por tener faranduleros o cómicos sin gracia en sus filas sino de ese cine peruano que lucha contra todo pronóstico para salir a las salas, de aquel que corre el riesgo de exhibirse solo una semana en las principales salas de cine, del cine que apuesta por una propuesta creativa, de principio a fin, más allá del resultado económico. 

Wiñaypacha

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La piedra angular de este año y el más claro ejemplo de cómo prevalecer ante éxitos comerciales como Infinity War y es que entre todo los estrenos de media noche y los horarios copados a más no poder, Wiñaypacha parecía no tener esperanza y su salida de las salas estaba pronosticada para el  primer fin de semana.

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Pero la respuesta del público fue magistral y fue el mismo público el que hizo posible que la ya legendaria cinta aymara lograra quedarse un mes en las carteleras locales. Una nominación a los premios de la Academia no es necesaria para que una cinta demuestre su valor artístico en el medio; sobre todo cuando en ella se respira un aire a honestidad y amor a las raíces de nuestra tierra y la búsqueda de quienes somos realmente ante el paso del tiempo y la vida.

La casa rosada

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El terrorismo es una herida que tal vez nunca sane en nuestra sociedad y pese a que muchos les hastíe, la mejor manera de enseñar lo que pasó es por medio de medio audiovisuales. La casa rosada es una cinta que nos hizo ver el dolor humano,la miseria,el miedo y la perdida ante la vista de la niñez esto expresado como una dolorosa agonía de un padre y sus hijos en el convulsionado Ayacucho de los años 80 y sobre todo esto se puede decir que su historia es más que una simple película de terrorismo ,es una epopeya que demuestra la crudeza de aquellos años; lo que vivían los pobladores y militares y la larga herida que causó el terror en la vida de todos ellos. Cintas como estas nos enseña que los errores del pasado jamás deben repetirse.

El abuelo

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Después de tanto dramatismo y crudeza, una cinta más calmada y fresca y es que es curioso como mucha gente se mata vapuleando al cine peruano, tildándolo de grotesco, sin gracia y repleto de cómicos ambulantes pero es triste saber que muchos no ven la otra mitad del cine nacional: ese cine que no tiene escandalosos en sus filas; ese cine honesto y trazado a entregar una historia hermosa. 

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El abuelo nos cuenta la historia de Crisóstomo un anciano de 80 años que decide realizar un viaje a su natal Huamanchuco; en esta aventura lo acompañan su hijo y sus nietos y lo que parece una comedia simple termina convirtiéndose en una road movie al más puro estilo de Little Miss Sunshine; un viaje que desgrana los fantasmas y temores de cada miembro de la familia. Vale destacar enormemente que lo mejor de la película son sus parajes naturales, aquellos parajes que no son americanos o europeos sino peruanos y que contrastan a la perfección en cada escena. En conclusión, una oda a la familia contada de manera divertida y relajada.

Rosa Mística

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Le llegó el turno a una cinta histórica y digo histórica ya que hoy en día no se ven cintas de personajes importantes en el cine peruano y es que Santa Rosa de Lima es pese a todo parte de la tradición y riqueza de la cultura peruana. Rosa Mística es la exaltación de la mística limeña que envuelve las tradiciones que se han mantenido durante mucho tiempo y que pese a la opción religiosa de muchos no podemos negar que son estos mitos y tradiciones los que hacen tan especial al Perú.

Esta película hace énfasis de lo que fue Santa Rosa como mujer y como religiosa sobreponiéndose a las diferentes barreras de su época que le impedían seguir su camino de fe y es en esta cinta donde vemos a una Santa completamente humana, un personaje femenino crudo y fuerte que se sobrepuso al contexto de su época para trascender en su misión social y marcar su papel en la historia de nuestro querido Perú.

Vientos del Sur

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El folklore andino no podía faltar en las filas de este 2018 y como resultado tuvimos a una cinta cuzqueña que trajo nuevamente el tema de los tapados incaicos y su misticismo andino plagado de un simbolismo total sobre el amor por nuestros orígenes y sobre lo que somos y quienes somos en nuestro destino. Nuevamente el escenario se roba el show con los increíbles parajes cuzqueños tan hermosos y reales dentro de nuestra hermosa tierra que debemos apreciar con fervor y cariño.

Muchos se la pasan criticando al cine peruano tildándolo de morboso, sin gracia o farandulero pero la realidad es que muchos piden cintas de calidad y al momento de presentarse nadie les presta atención y cintas tan buenas como las mencionadas arriba se pierden en su primer fin de semana de estreno, una triste realidad que tal vez no cambiará en los próximos meses, pero queda la gratitud de saber que en Perú, y así en toda Latinoamérica, realmente se produce buen cine de calidad, tal vez no en la cantidad deseada pero sí hay.