Ur-Fascismo o el fascismo eterno

En 1942, a la edad de diez años, gané el primer premio de los Ludi Juveniles (un concurso de libre participación forzada para los jóvenes fascistas italianos, esto es, para todos los jóvenes italianos). Había discurrido con virtuosismo retórico sobre el tema: “¿Debemos morir por la gloria de Mussolini y el destino inmortal de Italia?”. Mi respuesta había sido afirmativa. Era un chico listo.

Después, en 1943, descubrí el significado de la palabra “libertad”. Contaré esta historia al final de mi discurso. En aquel momento “libertad” no significaba todavía “liberación”. Pasé dos de mis primeros años entre SS, fascistas y partisanos, que se disparaban mutuamente, y aprendí cómo evitar las balas. No estuvo mal como ejercicio.

En abril de 1945, los partisanos tomaron Milán. Dos días después llegaron a la pequeña ciudad donde yo vivía. Fue un momento de alegría. La plaza principal estaba abarrotada de gente que cantaba y agitaba banderas, invocando a grandes voces a Mimo, el jefe partisano de la zona. Mimo, ex brigada de los carabineros, se había pasado a los seguidores de Badoglio y había perdido una pierna en uno de los primeros choques. Se dejó ver en el balcón del ayuntamiento, apoyado en sus muletas, pálido; intentó, con una mano, calmar a la muchedumbre. Yo estaba allí, esperando su discurso, visto que toda mi infancia había estado marcada por los grandes discursos históricos de Mussolini, cuyos pasajes más significativos aprendíamos de memoria en el colegio. Silencio. Mimo habló con voz entrecortada, casi no se le oía. Dijo: “Ciudadanos, amigos. Después de tantos dolorosos sacrificios… aquí estamos. Gloria a los caídos por la libertad”. Eso fue todo. Y volvió dentro. La muchedumbre gritaba, los partisanos levantaron sus armas y dispararon al aire festivamente. Nosotros, los niños, nos abalanzamos a recoger los casquillos, preciosos objetos de colección, pero yo había aprendido también que la libertad de palabra significa libertad de la retórica.

Algunos días más tarde, vi a los primeros soldados norteamericanos. Eran afroamericanos. El primer yanqui que encontré era un negro, Joseph, que me hizo conocer las maravillas de Dick Tracy y de Li’l Abner. Sus historietas eran en color y tenían un buen olor.

Uno de los oficiales (el mayor o capitán Muddy) era huésped en la villa de la familia de dos compañeras mías del colegio. Me sentía en mi casa en aquel jardín donde algunas señoras hacían corrillo en torno al capitán Muddy, hablando un francés aproximado. El capitán Muddy tenía una buena educación superior y sabía un poco de francés. Así pues, mi primera imagen de los liberadores norteamericanos, después de tantos rostros pálidos con camisa negra, fue la de un negro culto de uniforme verdeamarillento que decía: “Oui, merci beaucoup Madame, moi aussi j’aime le champeigne…”. Por desgracia, faltaba el champán, pero el capitán Muddy me dio mi primer chicle y empecé a mascar todo el día. Por la noche lo metía en un vaso de agua para conservarlo para el día siguiente.

En mayo, oímos decir que la guerra había acabado. La paz me dio una sensación curiosa. Me habían dicho que la guerra permanente era la condición normal para un joven italiano. En los meses siguientes descubrí que la Resistencia no era solo un fenómeno local, sino europeo. Aprendí nuevas, excitantes palabras como réseau, maquis, armée secrète, Rote Kapelle, ghetto de Varsovia. Vi las primeras fotografías del Holocausto y entendí de esta manera su significado antes de conocer la palabra. Me di cuenta de que habíamos sido liberados.

En Italia, hoy en día, hay personas que se preguntan si la Resistencia tuvo un impacto militar efectivo en el sesgo de la guerra. Para mi generación la cuestión no tiene relevancia alguna: comprendimos inmediatamente el significado moral y psicológico de la Resistencia. Era motivo de orgullo saber que nosotros los europeos no habíamos esperado la liberación pasivamente. Pienso que también para los jóvenes norteamericanos que derramaban su tributo de sangre por nuestra libertad no era irrelevante saber que, detrás de las líneas, había europeos que estaban pagando ya su deuda.

En Italia, hoy en día, hay personas que dicen que el mito de la Resistencia era una mentira comunista. Es verdad que los comunistas han explotado la Resistencia como una propiedad personal, al haber desempeñado en ella un papel fundamental; pero yo recuerdo a partisanos con pañuelos de diferentes colores.

Pegado a la radio, pasaba mis noches —con las ventanas cerradas y el oscurecimiento general que convertía el pequeño espacio en torno al aparato en el único halo luminoso— escuchando los mensajes que Radio Londres transmitía a los partisanos. Eran a la vez oscuros y poéticos (“El sol vuelve a salir una vez más”, “Florecerán las rosas”), y la mayor parte eran “mensajes para la Franchi”. Alguien me susurró que Franchi era el jefe de uno de los grupos clandestinos más poderosos de la Italia del Norte, un hombre cuyo valor era legendario. Franchi se convirtió en mi héroe. Franchi (cuyo verdadero nombre era Edgardo Sogno) era un monárquico, tan anticomunista que después de la guerra se unió a grupos de extrema derecha y fue acusado incluso de haber colaborado en un golpe de estado reaccionario. Pero ¿qué importa? Sogno sigue siendo todavía el sueño de mi infancia. La liberación fue una empresa común para gente de diferente color.

En Italia, hoy en día, hay personas que dicen que la guerra de liberación fue un trágico episodio de división, y que ahora necesitamos una reconciliación nacional. El recuerdo de aquellos años terribles debería ser reprimido. Pero la represión provoca neurosis. Si reconciliación significa compasión y respeto hacia todos aquellos que combatieron su guerra de buena fe, perdonar no significa olvidar. Puedo admitir incluso que Eichmann creyera sinceramente en su misión, pero no me siento capaz de decir: “Vale, vuelve y hazlo otra vez”.

Nosotros estamos aquí para recordar lo que sucedió y para declarar solemnemente que “ellos” no deben volver a hacerlo.

Pero ¿quiénes son “ellos”?

Si todavía estamos pensando en los gobiernos totalitarios que dominaron Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, podemos decir con tranquilidad que sería difícil verlos volver de la misma manera en circunstancias históricas diferentes. Si el fascismo de Mussolini se fundaba en la idea de un jefe carismático, en el corporativismo, en la utopía del “destino fatal de Roma”, en una voluntad imperialista de conquistar nuevas tierras, en un nacionalismo exacerbado, en el ideal de toda una nación uniformada con camisa negra, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el antisemitismo, entonces no tengo dificultades en admitir que Alleanza Nazionale es, sin duda, un partido de derechas, pero tiene poco que ver con el antiguo fascismo (al que sí se remitía, en cambio, su progenitor, el Movimiento Social Italiano, MSI). Por las mismas razones, aunque estoy preocupado por los diversos movimientos filonazis que están activos aquí y allá en Europa, Rusia incluida, no pienso que el nazismo, en su forma original, vaya a reaparecer como movimiento que involucre a toda una nación.

Sin embargo, aun pudiéndose derribar los regímenes políticos, y criticar y quitar legitimidad a las ideologías, detrás de un régimen y de su ideología hay una manera de pensar y de sentir, una serie de hábitos culturales, una nebulosa de instintos oscuros y de pulsiones insondables. ¿Es que todavía queda otro fantasma que recorre Europa (por no hablar de otras partes del mundo)?

Ionesco dijo una vez que “solo cuentan las palabras, lo demás son chácharas”. Las costumbres lingüísticas son a menudo síntomas importantes de sentimientos no expresados.

Déjenme preguntar, entonces, por qué no solo la Resistencia sino toda la Segunda Guerra Mundial han sido definidas, en todo el mundo, como una lucha contra el fascismo. Si vuelven a leer Por quién doblan las campanas de Hemingway, descubrirán que Robert Jordan identifica a sus enemigos con los fascistas, incluso cuando piensa en los falangistas españoles.

Permítanme que le ceda la palabra a Franklin Delano Roosevelt: “La victoria del pueblo americano y de sus aliados será una victoria contra el fascismo y contra ese callejón sin salida del despotismo que el fascismo representa” (23 de septiembre de 1944).

Durante los años de McCarthy, a los norteamericanos que habían tomado parte en la guerra civil española se los definía como “antifascistas prematuros”, entendiendo con ello que combatir a Hitler en los años cuarenta era un deber moral para todo buen americano, pero combatir contra Franco demasiado pronto, en los años treinta, era sospechoso. ¿Por qué una expresión como Fascist pig la usaban los radicales norteamericanos incluso para indicar a un policía que no aprobaba lo que fumaban? ¿Por qué no decían: “Cerdo Caugolard”, “Cerdo falangista”, “Cerdo ustacha”, “Cerdo Quisling”, “Cerdo Ante Pavelic”, “Cerdo nazi”?

Mein Kampf es el manifiesto completo de un programa político. El nazismo tenía una teoría del racismo y del arianismo, una noción precisa de l’entartete Kunst, el “arte degenerado”, una filosofía de la voluntad de poder y del l’Ubermensch. El nazismo era decididamente anticristiano y neopagano, con la misma claridad con la que el Diamat de Stalin (la versión oficial del marxismo soviético) era a todas luces materialista y ateo. Si por totalitarismo se entiende un régimen que subordina todos los actos individuales al estado y a su ideología, entonces nazismo y estalinismo eran regímenes totalitarios.

El fascismo fue, sin lugar a dudas, una dictadura, pero no era cabalmente totalitario, no tanto por su tibieza, como por la debilidad filosófica de su ideología. Al contrario de lo que se suele pensar, el fascismo italiano no tenía una filosofía propia. El artículo sobre el fascismo firmado por Mussolini para la Enciclopedia Treccani lo escribió o fundamentalmente lo inspiró Giovanni Gentile, pero reflejaba una noción hegeliana tardía del “estado ético y absoluto” que Mussolini no realizó nunca completamente. Mussolini no tenía ninguna filosofía: tenía solo una retórica. Empezó como ateo militante, para luego firmar el concordato con la Iglesia y simpatizar con los obispos que bendecían los banderines fascistas. En sus primeros años anticlericales, según una leyenda plausible, le pidió una vez a Dios que lo fulminara en el mismo sitio para probar su existencia. Dios estaba distraído, evidentemente. En años posteriores, en sus discursos, Mussolini citaba siempre el nombre de Dios y no desdeñaba hacerse llamar “el hombre de la Providencia”.

Se puede decir que el fascismo italiano fue la primera dictadura de derechas que dominó un país europeo, y que todos los movimientos análogos encontraron más tarde una especie de arquetipo común en el régimen de Mussolini. El fascismo italiano fue el primero en crear una liturgia militar, un folklore e, incluso, una forma de vestir, con la que tuvo más éxito en el extranjero que Armani, Benetton o Versace. Solo en los años treinta hicieron su aparición movimientos fascistas en Inglaterra, con Mosley, y en Letonia, Estonia, Lituania, Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Grecia, Yugoslavia, España, Portugal, Noruega e incluso en América del Sur, por no hablar de Alemania. Fue el fascismo italiano el que convenció a muchos líderes liberales europeos de que el nuevo régimen estaba llevando a cabo interesantes reformas sociales, capaces de ofrecer una alternativa moderadamente revolucionaria a la amenaza comunista.

Aun así, la prioridad histórica no me parece una razón suficiente para explicar por qué la palabra “fascismo” se convirtió en una sinécdoque, en una denominación pars pro toto para movimientos totalitarios diferentes. No vale decir que el fascismo contenía en sí todos los elementos de los totalitarismos sucesivos, digamos que “en estado quintaesencial”. Al contrario, el fascismo no poseía ninguna quintaesencia, y ni tan siquiera una sola esencia. El fascismo era un totalitarismo fuzzy[1]. No era una ideología monolítica, sino, más bien, un collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones. ¿Se puede concebir acaso un movimiento totalitario que consiga aunar monarquía y revolución, ejército real y milicia personal de Mussolini, los privilegios concedidos a la Iglesia y una educación estatal que exaltaba la violencia, el control absoluto y el mercado libre? El partido fascista nació proclamando su nuevo orden revolucionario, pero lo financiaban los latifundistas más conservadores, que se esperaban una contrarrevolución. El fascismo de los primeros tiempos era republicano y sobrevivió veinte años proclamando su lealtad a la familia real, permitiéndole a un “duce” que saliera adelante del brazo de un “rey”, al que ofreció incluso el título de “emperador”. Pero cuando, en 1943, el rey relevó a Mussolini, el partido volvió a aparecer dos meses más tarde, con la ayuda de los alemanes, bajo la bandera de una república “social”, reciclando su vieja partitura revolucionaria, enriquecida por acentuaciones casi jacobinas.

Hubo una sola arquitectura nazi y un solo arte nazi. Si el arquitecto nazi era Albert Speer, no había sitio para Mies van der Rohe. De la misma manera, bajo Stalin, si Lamarck tenía razón, no había sitio para Darwin. Por el contrario, hubo arquitectos fascistas, sin duda, pero junto a sus pseudocoliseos surgieron también nuevos edificios inspirados en el moderno racionalismo de Gropius.

No hubo un Zhdánov fascista. En Italia hubo dos importantes premios artísticos: el Premio Cremona estaba controlado por un fascista inculto y fanático como Farinacci, que promovía un arte propagandístico (me acuerdo de cuadros que llevan títulos como “Escuchando por la radio un discurso del Duce”, o “Estados mentales creados por el fascismo”); y el Premio Bérgamo, patrocinado por un fascista culto y razonablemente tolerante como Bottai, que protegía el arte por el arte y las nuevas experiencias del arte de vanguardia, que en Alemania habían sido proscritas como corruptas y criptocomunistas, contrarias al Kitsch nibelungo, el único admitido.

El poeta nacional era D’Annunzio, un dandy que en Alemania o en Rusia habrían mandado al paredón Se lo elevó al rango de Vate del régimen por su nacionalismo y su culto al heroísmo (al que había que añadir fuertes dosis de decadentismo francés).

Tomemos el futurismo. Habría debido considerarse un ejemplo de entartete Kunst, igual que el expresionismo, el cubismo, el surrealismo. Pero los primeros futuristas italianos eran nacionalistas, por razones estéticas favorecieron la participación italiana en la Primera Guerra Mundial, celebraron la velocidad, la violencia, el riesgo, y, de alguna manera, estos aspectos parecieron cercanos al culto fascista de la juventud. Cuando el fascismo se identificó con el Imperio Romano y descubrió las tradiciones rurales, Marinetti (que proclamaba más bello un automóvil que la Victoria de Samotracia y quería incluso matar el claro de luna) fue nombrado miembro de la Academia de Italia, que trataba el claro de luna con gran respeto.

Muchos de los futuros partisanos y de los futuros intelectuales del Partido Comunista, fueron educados por el GUF, la asociación fascista de los estudiantes universitarios, que debía ser la cuna de la nueva cultura fascista. Estos clubes se convirtieron en una especie de olla intelectual, donde las ideas circulaban sin ningún control ideológico real, no tanto porque los hombres de partido fueran tolerantes, sino porque pocos de ellos poseían los instrumentos intelectuales para controlarlas.

En el transcurso de aquellos veinte años, la poesía de los herméticos representó una reacción al estilo pomposo del régimen: a estos poetas se les permitió elaborar su protesta literaria dentro de la torre de marfil. El sentir de los herméticos era exactamente lo contrario del culto fascista del optimismo y del heroísmo. El régimen toleraba este disentimiento evidente, aunque socialmente imperceptible, porque no le prestaba suficiente atención a una jerigonza tan oscura.

Lo cual no significa que el fascismo italiano fuera tolerante. A Gramsci lo metieron en la cárcel hasta su muerte; Matteotti y los hermanos Rosselli fueron asesinados; la prensa libre fue suprimida, los sindicatos desmantelados, los disidentes políticos fueron confinados en islas remotas; el poder legislativo se convirtió en una mera ficción y el ejecutivo (que controlaba al judicial, así como a los medios de comunicación) promulgaba directamente las nuevas leyes, entre las cuales se cuentan también las de la defensa de la raza (el apoyo formal italiano al Holocausto).

La imagen incoherente que acabo de describir no se debía a la tolerancia: era un ejemplo de descoyuntamiento político e ideológico. Pero era un “descoyuntamiento organizado”, una confusión estructurada. El fascismo filosóficamente era desvencijado, pero desde el punto de vista emotivo estaba ensamblado firmemente con algunos arquetipos.

Y llegamos al segundo punto de mi tesis. Hubo un solo nazismo, y no podemos llamar “nazismo” al falangismo hipercatólico de la España de Franco, puesto que el nazismo es fundamentalmente pagano, politeísta y anticristiano, o no es nazismo. Al contrario, se puede jugar al fascismo de muchas maneras, y el nombre del juego no cambia. Le sucede a la noción de “fascismo” lo que, según Wittgenstein, acontece con la noción de “juego”. Un juego puede ser competitivo o no, puede interesar a una o más personas, puede requerir alguna habilidad particular o ninguna, puede poner dinero en el platillo o no. Los juegos son una serie de actividades diferentes que muestran solo un cierto “parecido de familia”.

1: abc

2: bcd

3: cde

4: def

Supongamos que exista una serie de grupos políticos. El grupo 1 se caracteriza por los aspectos abc, el grupo 2 por bcd, etcétera. 2 se parece a 1 en cuanto que comparten dos aspectos. 3 se parece a 2, y 4 se parece a 3 por la misma razón. Nótese que 3 también se parece a 1 (tienen en común el aspecto c). El caso más curioso es el de 4, obviamente parecido a 3 y a 2, pero sin ninguna característica en común con 1. Sin embargo, en razón de la serie ininterrumpida de parecidos decrecientes entre 1 y 4, sigue habiendo, por una especie de transitividad ilusoria, un aire de familia entre 1 y 4.

El término “fascismo” se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre podremos reconocerlo como fascista. Quítenle al fascismo el imperialismo y obtendrán a Franco o Salazar; quítenle el colonialismo y obtendrán el fascismo balcánico. Añádanle al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y obtendrán a Ezra Pound. Añádanle el culto de la mitología celta y el misticismo del Grial (completamente ajeno al fascismo oficial) y obtendrán uno de los gurus fascistas más respetados, Julius Evola.

A pesar de esta confusión, considero que es posible indicar una lista de características típicas de lo que me gustaría denominar Ur-Fascismo o eterno. Tales características no pueden quedar encuadradas en un sistema; muchas se contradicen mutuamente, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista.

  1. La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición. El tradicionalismo es más antiguo que el fascismo. No fue típico sólo del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución Francesa, sino que nació en la edad helenística tardía como reacción al racionalismo griego clásico.
    En la cuenca del Mediterráneo, los pueblos de religiones diferentes (aceptadas todas con indulgencia por el Olimpo romano) empezaron a soñar con una revelación recibida en el alba de la historia humana. Esta revelación había permanecido durante mucho tiempo bajo el velo de lenguas ya olvidadas. Estaba encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas.
    Esta nueva cultura había de ser sincrética. «Sincretismo» no es sólo, como indican los diccionarios, la combinación de formas diferentes de creencias o prácticas. Una combinación de ese tipo debe tolerar las contradicciones. Todos los mensajes originales condenen un germen de sabiduría y, cuando parecen decir cosas diferentes o incompatibles, lo hacen sólo porque todos aluden, alegóricamente, a alguna verdad primitiva.
    Como consecuencia, ya no puede haber avance del saber. La verdad ya ha sido anunciada de una vez por todas, y lo único que podemos hacer nosotros es seguir interpretando su oscuro mensaje. Es suficiente mirar la cartilla de cualquier movimiento fascista para encontrar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos. La fuente teórica más importante de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el Grial con los Protocolos de los Ancianos de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio Romano. El hecho mismo de que, para demostrar su apertura mental, una parte de la derecha italiana haya ampliado recientemente su cartilla juntando a De Maistre, Guénon y Gramsci es una prueba fehaciente de sincretismo.
    Si curiosean ustedes en los estantes que en las librerías americanas llevan la indicación New Age, encontrarán incluso a San Agustín, el cual, por lo que me parece, no era fascista. Pero el hecho mismo de juntar a San Agustín con Stonehenge, esto es un síntoma de Ur-Fascismo.
  1. El tradicionalismo implica el rechazo del modernismo. Tanto los fascistas como los nazis adoraban la tecnología, mientras que los pensadores tradicionalistas suelen rechazar la tecnología como negación de los valores espirituales tradicionales. Sin embargo, a pesar de que el nazismo estuviera orgulloso de sus logros industriales, su aplauso a la modernidad era sólo el aspecto superficial de una ideología basada en la «sangre» y la «tierra» (Blut und Boden). El rechazo del mundo moderno se camuflaba como condena de la forma de vida capitalista, pero concernía principalmente a la repulsa del espíritu del 1789 (o del 1776, obviamente). La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el Ur-Fascismo puede definirse como «irracionalismo».
  2. El irracionalismo depende también del culto de la acción por la acción. La acción es bella de por sí, y, por lo tanto, debe actuarse antes de y sin reflexión alguna. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas. Desde la declaración atribuida a Goebbels («cuando oigo la palabra cultura, echo la mano a la pistola») hasta el uso frecuente expresiones como «cerdos intelectuales», «estudiante cabrón, trabaja de peón», «muera la inteligencia», «universidad, guarida de comunistas», la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo. El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales.
  3. Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.
  4. El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición.
  5. El Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas, por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos. En nuestra época, en la que los antiguos «proletarios» se están convirtiendo en pequeña burguesía (y los lumpen se autoexcluyen de la escena política), el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría.
  6. A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del «nacionalismo». Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos. De esta forma, en la raíz de la psicología Ur-Fascista está la obsesión por el complot, posiblemente internacional. Los secuaces deben sentirse asediados. La manera más fácil para hacer que asome un complot es apelar a la xenofobia. Ahora bien, el complot debe surgir también del interior: los judíos suelen ser el objetivo mejor, puesto que presentan la ventaja de estar al mismo tiempo dentro y fuera. En América, el último ejemplo de la obsesión del complot está representado por el libro The New World Order de Pat Robertson.
  7. Los secuaces deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos. Cuando era niño, me enseñaban que los ingleses eran el «pueblo de las cinco comidas»: comían más a menudo que los italianos, pobres pero sobrios. Los judíos son ricos y se ayudan mutuamente gracias a una red secreta de recíproca asistencia. Los secuaces, con todo, deben estar convencidos de que pueden derrotar a los enemigos. De este modo, gracias a un continuo salto de registro retórico, los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y demasiado débiles. Los fascismos están condenados a perder sus guerras, porque son incapaces constitucionalmente de valorar con objetividad la fuerza del enemigo.
  8. Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, «vida para la lucha». El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. Esto, sin embargo, lleva consigo un complejo de Harmaguedón: puesto que los enemigos deben y pueden ser derrotados, tendrá que haber una batalla final, de resultas de la cual el movimiento obtendrá el control del mundo. Una solución final de ese tipo implica una sucesiva era de paz, una Edad de Oro que contradice el principio de la guerra permanente. Ningún líder fascista ha conseguido resolver jamás esta contradicción.
  9. El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, en cuanto fundamentalmente aristocrático. En el curso de la historia, todos los elitismos aristocráticos y militaristas han implicado el desprecio por los débiles. El Ur-Fascismo no puede evitar predicar un «elitismo popular». Cada ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los ciudadanos mejores, cada ciudadano puede (o debería) convertirse en miembro del partido pero no puede haber patricios sin plebeyos. El líder, que sabe perfectamente que su poder no lo ha obtenido por mandato, sino que lo ha conquistado con la fuerza, sabe también que su fuerza se basa en la debilidad de las masas, tan débiles que necesitan y se merecen un «dominador». Puesto que el grupo está organizado jerárquicamente (según un modelo militar), todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y cada uno de ellos desprecia a sus inferiores. Todo ello refuerza el sentido de un elitismo de masa.
  10. En esta perspectiva, cada uno está educado para convertirse en un héroe. En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma. Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte: no es una coincidencia que el lema de los falangistas fuera «¡Viva la muerte!». A la gente normal se le dice que la muerte es enojosa, pero que hay que encararla con dignidad; a los creyentes se les dice que es una forma dolorosa de alcanzar una felicidad sobrenatural. El héroe Ur-Fascista, en cambio, aspira a la muerte, anunciada como la mejor recompensa de una vida heroica. El héroe Ur-Fascista está impaciente por morir, y en su impaciencia, todo hay que decirlo, más a menudo consigue hacer que mueran los demás.
  11. Puesto que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Éste es el origen del machismo (que implica desdén hacia las mujeres y una condena intolerante de costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad). Y puesto que también el sexo es un juego difícil de jugar, el héroe Ur-Fascista juega con las armas, que son su Ersatz fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente.
  12. El Ur-Fascismo se basa en un «populismo cualitativo». En una democracia los ciudadanos gozan de derechos individuales, pero el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo (se siguen las decisiones de la mayoría). Para el Ur-Fascismo los individuos en cuanto individuos no tienen derechos, y el «pueblo» se concibe como una cualidad, una entidad monolítica que expresa la «voluntad común». Puesto que ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad común, el líder pretende ser su intérprete. Habiendo perdido su poder de mandato, los ciudadanos no actúan, son llamados sólo pars pro toto a desempeñar el papel de pueblo. El pueblo, de esta manera, es sólo una ficción teatral. Para poner un buen ejemplo de populismo cualitativo, ya no necesitamos Piazza Venezia o el estadio de Nuremberg. En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo Televisión o Internet, en el que la respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la «voz del pueblo». En razón de su populismo cualitativo, el Ur-Fascismo debe oponerse a los «podridos» gobiernos parlamentarios. Una de las primeras frases pronunciadas por Mussolini en el parlamento italiano fue: «Hubiera podido transformar esta aula sorda y gris en un xivac para mis manipulas». De hecho, encontró inmediatamente un alojamiento mejor para sus manípulos, pero poco después liquidó el parlamento. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la «voz del pueblo», podemos percibir olor de Ur-Fascismo.
  13. El Ur-Fascismo habla la «neolengua». La «neolengua» fue inventada por Orwell en 1984, como lengua oficial del Ingsoc, el socialismo inglés, pero elementos de Ur-Fascismo son comunes a formas diversas de dictadura. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality-show.

Después de haber indicado los posibles arquetipos del Ur-Fascismo, concédanme que concluya. La mañana del 27 de julio de 1943 me dijeron que, según los partes leídos por radio, el fascismo había caído y Mussolini había sido arrestado. Mi madre me mandó a comprar el periódico. Fui al quiosco más cercano y vi que los periódicos estaban, pero los nombres eran diferentes. Además, después de una breve ojeada a los títulos, me di cuenta de que cada periódico decía cosas diferentes y compré uno al azar, y leí un mensaje impreso en la primera página firmado por cinco o seis partidos políticos, como Democracia Cristiana, Partido Comunista, Partido Socialista, Partido de Acción, Partido Liberal. Hasta aquel momento yo creía que había un solo partido por cada país, y que en Italia sólo existía el Partido Nacional Fascista. Estaba descubriendo que en mi país podía haber diferentes partidos al mismo tiempo. No sólo esto: puesto que era un chico listo, me di cuenta enseguida de que era imposible que tantos partidos hubieran surgido de un día para otro. Comprendí, así, que ya existían como organizaciones clandestinas.

El mensaje celebraba el final de la dictadura y el regreso de la libertad: libertad de palabra, de prensa, de asociación política. Estas palabras, «libertad», «dictadura» —Dios mío— era la primera vez en mi vida que las leía. En virtud de estas nuevas palabras yo había renacido hombre libre occidental.

Debemos prestar atención a que el sentido de estas palabras no se vuelva a olvidar. El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería muy cómodo, para nosotros, que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: «¡Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas!». Por desgracia, la vida no es tan fácil. El Ur-Fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo. Vuelvo a darle la palabra a Roosevelt: «Me atrevo a afirmar que si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestro país» (4 de noviembre de 1938).

Libertad y liberación son una tarea que no acaba nunca. Que éste sea nuestro lema: «No olvidemos». Y permítanme que acabe con una poesía de Franco Forfini:

En el pretil del puente

las cabezas de los ahorcados.

En el agua de la fuente

las babas de los ahorcados.

En el enlosado del mercado

las uñas de los fusilados.

En la hierba seca del prado

los dientes de los fusilados.

Morder el aire morder las piedras

nuestra carne no es ya de hombres.

Morder el aire morder las piedras

nuestro corazón no es ya de hombres.

Pero nosotros lo leímos en los ojos de los muertos

y en la tierra haremos libertad

pero apretaron los puños de los muertos

la justicia que se hará.


[1] Usado actualmente en Lógica para indicar conjuntos “difuminados”, cuyos contornos son imprecisos, el término fuzzy podría traducirse como “difuminado”, “confuso”, “impreciso”, “desenfocado”.


Sobre el autor

Umberto Eco fue un escritor, filósofo y profesor de universidad italiano, autor de numerosos ensayos sobre semiótica, estética, lingüística y filosofía, así como de varias novelas en las que se encontraban finamente hiladas .

La lucha de clases en el relato filosófico: “Coloquio con la vida” de Máximo Gorki

El escritor ruso Alexei Maximovich Peshkov, más conocido como Máximo Gorki (1868-1936), quedó consagrado en la historia de la literatura soviética como: “el escritor proletario”. Gorki se ganó este distinguido sobrenombre debido a los grandes temas que destacan en sus obras: la pobreza, los marginados sociales, la injusticia contra los pobres, la vida cotidiana de los humildes de la sociedad, con todas sus humillaciones y sufrimientos, la transformación social, la deshumanización de las clases más desposeídas, el hambre, las diferencias de clases sociales, etc. Gorki creyó en la misión encomendada a los escritores en la nueva sociedad comunista creada por hombres nuevos. Stalin había dicho: “los escritores son los constructores del alma humana”, ya que ellos tenían la obligación histórica de educar a través de sus líneas al pueblo ruso. El realismo socialista era la doctrina axiológica exigida desde el estado soviético. Gorki es considerado el gran maestro del realismo socialista precisamente porque supo cristalizar en sus textos de manera directa y didáctica la deplorable vida de los menesterosos de su país, creando en sus obras un conjunto representativo de todo tipo de personajes marginales de la sociedad rusa, a la manera que Charles Dickens (1812-1870) lo hiciera anteriormente en lengua inglesa.

Gorki fue un escritor además de prolífico, muy versátil; escribió novelas, ensayos, dramas, relatos y biografías. En el conjunto de su obra transgresora se reflejan los importantes acontecimientos históricos que le tocó vivir, entre los más prominentes, sin duda alguna, ocupa un lugar principal: la revolución bolchevique de 1917. Sus obras tuvieron un eco muy considerable en Rusia hasta el punto que Gorki fue nombrado a los 34 años de edad, miembro honorario de la Academia Rusa de las Ciencias. Gorki fue un escritor autodidacta, surgido de las clases populares, amigo cercano de los célebres escritores rusos: León Tolstoi (1828-1910) y Antón Chéjov (1860-1904), y también fue amigo de escritores extranjeros primordiales como: André Gide (1869-1951), André Malraux (1901-1976), Stefan Zweig (1881-1942), y otros. Es notable señalar que le unió también una amistad estrecha con Vladimir Lenin (1870-1924), lo que no fue óbice para que lo criticara muchas veces junto a León Trotsky (1879-1940). Cabe subrayar que Gorki también mantuvo una amistad importante, luego convertida, posiblemente, en una inquietante y sombría enemistad velada con Joseph Stalin (1878-1953), a quien muchos le atribuyen, incluso, haber encargado su muerte. Por órdenes del siniestro Stalin, sin embargo, y quizás también por los múltiples antifaces y meticulosos cálculos que suele barajar la política, el Kremlin organizó un funeral de Estado en honor al escritor más aclamado por las masas populares: Máximo Gorki. Medio millón de personas en una capilla ardiente en el centro mismo de Moscú se despidió acongojada del escritor amigo de los trabajadores, de aquel autor surgido del mismo pueblo indigente y que convirtiera en tema literario y además protagónico, la vida de los vagabundos, de los campesinos, de los “mujiks” y de todos los marginados de la sociedad rusa. Gorki inmortalizó a sus personajes errabundos con el propósito didáctico de concientizar a su inmenso y hermoso país de fábula, sobre las copiosas injusticias sociales que existían a través de su turbulenta historia y a lo largo y ancho de su extensa y variada geografía; desde los márgenes del Río Volga, los mares: Caspio, Azov, Negro, Báltico, el Monte Elbrus, las montañas del Caúcaso, las Montañas doradas de Altái, los volcanes de Kamchatka, los lagos: Ladoga, Baikal, Topozero, Beloye, la Rusia europea al oeste de los Urales, y Siberia en la parte asiática, al este de los Urales, en las misteriosas estepas rusas, etc.

Entre las obras más relevantes de Gorki tenemos: Makar Chudrá (1892), Chelkash (1895), La vieja Izerguíl (1894-1895) Bajos fondos (1902), La madre (1907), La vida de un hombre innecesario (1908), La confesión (1908), La vida de Matvéi Kozhemiákin (1909), Vassa Zheleznova (1910), Mis universidades (1923), La casa de los Artamónov (1925), Yegor Bulychov y los otros (1932).

Revisemos algunos conceptos sobre la dialéctica materialista y la lucha de clases puesto que tienen protagonismo en el breve relato que nos ocupa. El filósofo alemán Karl Marx (1818-1883) formuló el método de la dialéctica materialista y lo aplicó a su teoría de la economía capitalista, explicada en su obra magna: El Capital (1867-1883), y también lo plasmó en su teoría de los procesos históricos. Karl Marx, junto a su entrañable amigo; el también filósofo alemán Friedrich Engels (1820-1895) son considerados los padres del comunismo moderno, el socialismo científico, el materialismo histórico y el marxismo. Ambos redactaron en Bruselas el famoso Manifiesto Comunista (1848); y cabe señalar que este documento político tan históricamente influyente fue redactado cuando Marx tenía solamente 29 años y Engels 27. En este texto de 23 páginas, Marx y Engels analizaron el rol de la lucha de clases opresoras contra las clases oprimidas y el papel de esta lucha de clases en tanto motor de la historia. En la época de Marx y Engels, este conflicto de clases sociales ocurría de manera clara entre la burguesía y el proletariado y en el Manifiesto Comunista los jóvenes filósofos subrayaron las contradicciones del sistema capitalista, y expresaron su visión de un mundo nuevo, exento de clases sociales. La abolición de las clases sociales ocurriría después de la victoria del proletariado sobre la burguesía y esta clase social vencida desaparecería a causa de su inefectividad y sus contradicciones en cuanto sistema socio-económico hegemónico.

El Manifiesto Comunista hace un resumen de las teorías de Marx y Engels concernientes a la naturaleza de la sociedad y la política; para ellos la historia es el producto de la lucha de clases. El método dialéctico utilizado por Marx y Engels es materialista porque parte de la existencia prevalente y transformadora de la materia, porque reconoce la existencia primigenia de la conciencia y no a la inversa. El método de Marx y Engels es dialéctico, porque observa cómo evolucionan la naturaleza y la sociedad, y esta misma evolución deriva en la lucha constante de la fuerzas en conflicto en cada época histórica.

En el brevísimo relato de Gorki que nos impele a reflexionar, “Coloquio con la Vida”, hay un diálogo filosófico, a tres voces, entre la Vida, así con mayúsculas, y dos hombres que aparecen descritos como víctimas de la Vida. El primer hombre le incrimina a la Vida con estas líneas contundentes y desesperadas:

“Me rebelo ante la crueldad de tus contradicciones; mi espíritu se esfuerza en vano por penetrar el sentido de la existencia y mi alma está invadida por las tinieblas de la duda. Sin embargo, la razón me dice que el hombre es el ser más perfecto del mundo…”

Y más adelante este mismo hombre le explica a la Vida lo que realmente busca:

“Yo quiero tener el derecho de vivir en armonía con mis aspiraciones. No quiero ser hermano ni esclavo de mi prójimo por deber; seré su hermano o su esclavo a mi gusto, obedeciendo a mi voluntad. Yo no quiero que la sociedad disponga de mí como de una piedra inerte que ayuda a edificar las prisiones de su ventura. Soy hombre, soy alma, soy espíritu y debo ser libre.”

Entonces la Vida “con una sonrisa helada” le pregunta: “¿Pides tu libertad? ¿Por qué no la ganas? ¡Lucha conmigo!” Más adelante en la conversación, la Vida le dirá: “Has de saber que un ser libre no pide nada; se apodera por sí mismo de mis dones….Solo es libre aquel que sabe renunciar a todos los deseos para dedicarse enteramente a conseguir el fin elegido.”

Utilizando el método dialéctico, Gorki explica en su relato filosófico que para ser libre hay que renunciar a todo lo que no sea el objetivo que se ha escogido como proyecto de vida. El primer hombre de este relato filosófico se creía libre, divorciado de la historia, hacedor de su destino. Luego comprende a través de la conversación dialéctica con la Vida que él necesita tomar las riendas de su destino y que esto ocurrirá en la medida en que comprenda todo lo que debe conseguir a través de la lucha de clases. Su libertad será conquistada por medio de la lucha y esto sucederá si el hombre se dedica a hacer de su vida una lucha constante, aparcando todo lo demás para solo concentrarse en el fin que busca. La Vida le dice al primer hombre, en otras palabras, que la libertad se conquista, se consigue luchando, que es necesario hacerse merecedor de esa libertad. Obviamente que aquí hay un guiño de Gorki a los lectores para guiarlos hacia la necesidad de la lucha de clases; porque lo que predica la Vida es que sin esfuerzo, sin conflicto, no hay libertad.

El segundo hombre le dice a la Vida que él no le está pidiendo nada sino que más bien le está exigiendo al tiempo que le pregunta vehementemente: “¿Dónde está la justicia? Dámela. Más tarde sabré conseguir todo… Por el momento solo quiero justicia.”

Y la Vida le dice lacónica; pero decididamente: “Tómatela”. Es decir, que la Vida no se hace responsable de ofrecer alternativas distintas al conflicto; solamente incita a la lucha; explica que sin esfuerzo nada se obtiene. El segundo hombre comprende entonces lo que necesita hacer: luchar por la justicia y no cesar hasta obtenerla. El segundo hombre ya sabe que una vez lograda la justicia, lo demás llegará más fácilmente. Gorki, fiel al realismo socialista, quiere educar a los lectores para que comprendan que la nueva sociedad comunista que se quiere construir en la Unión Soviética empieza con una base sólida de justicia social.

Bibliografía

Benjamin, Walter. (2011): «El autor como productor», Archivo Chile, CEME web productions, <https:// semioticaenlamla.files.wordpress.com/2011/09/el-autor-como-productor.pdf>, [19/11/2016].

Berlin, Isaiah. (2009): La mentalidad soviética. La cultura rusa bajo el comunismo, Barcelona: Galaxia Gutemberg.

Engels, F., Marx, K. “El Manifiesto del Partido Comunista” (1848). https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Gorki, Máximo. (1968): «Discurso en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos (1934)» en Gorki, M. y Zhdanov, A., Literatura, filosofía y marxismo, México D.F.: Grijalbo, 13-59.

Gorki, Máximo. “Coloquio con la Vida”. https://ciudadseva.com/texto/coloquio-con-la-vida/


Sobre la autora

María-Elvira Luna-Escudero-Alie es profesora de francés y de castellano en Montgomery College, Maryland. Cuenta en su haber, bachilleratos y licenciaturas de Filosofía y Lingüística y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú, además de un doctorado en Iberian-American Literature and Culture por la Universidad de Georgetown en Washington DC.

Mis odios

El odio es santo. Es la indignación de los corazones fuertes y poderosos, el desdén de las personas a quienes la medianía y la necedad enojan. Odiar es amar, es tener el alma fuerte y generosa, vivir holgadamente despreciando lo necio y lo vergonzoso.

El odio consuela, el odio hace justicia, el odio engrandece.

Cada vez que me he rebelado contra las sociedades de mi tiempo, me he sentido rejuvenecer y he cobrado más alientos. He hecho mis compañeros al odio y a la arrogancia; me he complacido en aislarme, y en mi aislamiento he querido odiar cuanto atacaba a lo justo y a lo verdadero. Si hoy valgo algo, es porque estoy solo y porque odio.

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Odio a los hombres incapaces e impotentes; me molestan. Me han quemado la sangre y han estropeado mis nervios. Nada hay más irritante que esos brutos que al andar se balancean como los patos y nos miran con asombrados ojos y con la boca abierta. No he podido jamás dar dos pasos sin encontrar tres imbéciles y esto me causa pena. Por todas partes los hay. El vulgo se compone de necios que salen al paso para salpicarnos el rostro con la baba de su medianía. Estos necios se mueven y hablan, y su aspecto, gesto y voz, me incomodan tanto que, como Stendhal, antes quiero un pícaro que un tonto. ¿Qué podemos hacer de tales gentes, me pregunto, en los difíciles tiempos de lucha por que atravesamos? Al salir del viejo mundo nos precipitamos hacia un mundo nuevo. Los imbéciles se cuelgan de nuestro brazo, entorpecen nuestro paso en medio de estúpidas carcajadas y de sentencias absurdas, y hacen resbaladizo y penoso el sendero que hemos de recorrer. En vano queremos desprendernos de ellos; nos oprimen, nos ahogan y se pegan cada vez más a nosotros. Estamos en la época en que los ferrocarriles y el telégrafo eléctrico nos transportan en cuerpo y alma a lo infinito y a lo absoluto, en la época grave e inquieta, período de gestación de una nueva verdad de la inteligencia humana, y hay, sin embargo, hombres necios y nulos que niegan lo presente y se pudren en el pequeño y nauseabundo charco de trivialidad. Los horizontes se ensanchan, la intensidad de la luz aumenta hasta iluminar el espacio, y ellos entretanto se revuelvan en el tibio fango, donde su vientre digiere con voluptuosa lentitud; cierran sus ojos de búho que la claridad ofende, y dicen que se les perturba y que no pueden reposar tranquilos rumiando a sus anchas la paja que a boca llena han comido en el pesebre de la necedad común. Podremos conseguir algo de los locos; los locos piensan y tienen todos alguna idea, cuya exagerada tensión ha roto el resorte de su inteligencia. Los dementes son enfermos del espíritu y del corazón; almas desdichadas, pero llenas de vida y de fuerza. Quiero escucharlos, porque siempre espero ver brillar, en medio del caos de sus pensamientos, alguna verdad suprema.

Mas, por amor de Dios, que maten a los necios y a los tontos, a los incapaces y a los cretinos; establézcanse leyes que nos libren de estas gentes que abusan de su ceguedad para decir que es de noche. Ya es tiempo de que los hombres de valor y de energía tengan su 93. El insolente reinado de los tontos ha cansado ya al mundo; los tontos, en masa, deben ser conducidos a la plaza de Grève.

Los odio.

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Odio a los hombres que se amartillan en una idea personal y que van como un rebaño, empujándose unos a otros e inclinando la cabeza para no ver el esplendor del cielo. Cada rebaño tiene su dios, su fetiche, en aras del cual inmola la gran verdad humana. Así hay centenares en París, veinte o treinta en cada rincón, y tienen una tribuna desde la cual dirigen la palabra al pueblo arengándolo solemnemente. Prosiguen con seriedad su camino, y van andando con grave continente, en medio de la necedad, lanzando exclamaciones de desesperación cada vez que algo turba su fanatismo pueril. Ustedes, todos los que los conocen, amigos míos, poetas y novelistas, sabios o simples curiosos, ustedes los que han ido a llamar a la puerta de esas gentes serias, que se encierran para cortarse las uñas, atrévanse a decir conmigo, en alta voz, para que todo el mundo la oiga, que ellos, a fuer de pertigueros pusilánimes e intolerantes, os han arrojado de su templo diminuto. Digan que se han burlado de su inexperiencia, porque la experiencia, para ellos, consiste en negar toda verdad que se aparta de sus errores. Narren la historia de su primer artículo, cuando llegaron a chocar contra esta respuesta.

«Elogian a un hombre de talento, el cual, no pudiendo tenerlo para nosotros, no puede tenerlo para nadie.» ¡Qué espectáculo ofrece este París inteligente y justo! En un lugar cualquiera, pero seguramente en una esfera lejana, hay una verdad, única y absoluta que rige los mundos y nos empuja hacia lo porvenir. Aquí, hay cien verdades que se estrellan al chocar unas contra otras; cien escuelas que se injurian y cien rebaños que balan negándose a avanzar. Unos lamentan un pasado que no puede volver, otros sueñan un porvenir que jamás llegará, y los que piensan en lo presente, hablan de él como de cosa eterna. Cada religión tiene sus sacerdotes, y cada sacerdote sus ciegos y sus eunucos. Nadie cuida de la realidad; esto es una simple guerra civil, una batalla de chicuelos que se tiran bolas de nieve, una enorme farsa, en la cual, el pasado y el porvenir, Dios y el hombre, y la mentira y la verdad, son los títeres complacientes y grotescos. ¿Dónde están, pregunto, los hombres libres, los que viven desembozadamente, los que no encierran el pensamiento en el estrecho círculo de un dogma y avanzan francamente hacia la luz, sin miedo a desmentirse mañana y sin cuidarse más que de lo justo y lo verdadero? ¿ Dónde están los hombres que no forman parte de la claque juramentada y que no aplauden, a una indicación del jefe, a Dios o al príncipe, al pueblo o a la aristocracia? ¿Dónde están los hombres que viven aislados, lejos de los rebaños humanos, los que acogen bien todo lo grande, los que desprecian las camarillas y son partidarios de la libertad de ideas? Cuando estos hombres hablan, las gentes graves y estúpidas se enfadan y los abruman con el peso de su número; después, con aire solemne, vuelven a ocuparse de su digestión, y cuando están en familia, prueban, de manera indudable que todos son unos imbéciles.

Los odio.

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Odio a los que de todo se burlan, a los caballeretes que no pudiendo imitar la pesada gravedad de sus papás al examinar las cosas, lo hacen riéndose de ellas. Hay carcajadas más vacías de sentido que el silencio diplomático. La época de ansiedad en que vivimos trae consigo una alegría nerviosa e impregnada de angustia, que me produce el propio desagradable efecto que me causaría el oír limar los dientes de una sierra. Callen todos los que se han impuesto la tarea de divertir al público; no saben reír, su risa es un chirrido que pone los dientes largos. Sus bromas son del peor gusto; quieren tener continente ligero y elegante, y sus movimientos parodian a los de los descoyuntados; quieren dar saltos mortales, y sólo consiguen dar grotescas volteretas, evidenciándose lastimosamente. ¿No ven que no tenemos ganas de broma? Miren, se les saltan las lágrimas. ¿A qué se esfuerzan para encontrar lo que es siniestro? Otras veces, cuando aún se podía reír, no se hacía de esta manera. Hoy la risa es sardónica y la alegría sacudimientos de locura. Los zumbones, los que están reputados como gente de buen humor, son personajes fúnebres que cogen con la mano un hecho o un hombre y aprietan, aprietan hasta que lo deshacen, como los niños traviesos, que nunca se divierten tanto con sus juguetes como cuando los rompen. Nuestra hilaridad es cual la de las personas que ríen a más no poder cuando ven que un transeúnte cae y se rompe algo. Reímos de todo, aunque no haya de qué. Por eso nuestro pueblo goza fama de alegre; nos reímos de los grandes hombres y de los malvados, de Dios y del diablo, de los demás y de nosotros mismos. En París hay un verdadero ejército que mantiene la hilaridad pública; la farsa consiste en ser necios alegremente , así como otros lo son por lo solemne. Por lo que a mí toca, lamento que tengamos tantos hombres de chispa y tan pocos de verdad, de imparcialidad y de justicia. Cada vez que veo a un muchacho soltar la carcajada para divertir al público, le compadezco, y siento que no sea bastante rico para vivir en la holganza, en vez de reír de manera tan poco digna. Mas para los que sólo lanzan carcajadas, sin derramar nunca una lágrima, no tengo compasión.

Los odio.

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Odio a los necios que todo lo miran con desdén, a los impotentes que dicen que el arte y la literatura mueren de muerte natural. Ellos son los cerebros más vacíos y los corazones más secos, las personas que se entierran en lo pasado y que hojean con desprecio las calenturientas obras de nuestra época y las califican de nulas y de pequeñas Yo miro las cosas de otra manera. Me cuido poco de la belleza y de la perfección, pues sólo me interesa la vida, la lucha, la fiebre. Entre nuestra generación me hallo muy a mi gusto. Me parece que el artista no puede desear época mejor, ni ambiente más a propósito. No hay maestros ni escuelas. Vivimos en plena anarquía y cada uno de nosotros es un rebelde que piensa, crea y se bate por sí y para sí mismo. El momento es decisivo: esperamos a los que hieran mejor y más fuerte, a aquellos cuyos puños tengan los suficientes bríos para cerrar todas las bocas y cada nuevo luchador abriga en el fondo la vaga esperanza de ser el dictador, el tirano de mañana, ¡Qué amplios horizontes! ¡Cómo sentimos latir en nosotros las verdades del porvenir! Si balbuceamos es porque tenemos muchas cosas que decir. Estamos en el dintel de un siglo de realidad y de ciencia y a cada instante, como hombres ebrios, vacilamos en vista del esplendor que ante nosotros surge. Pero trabajamos y preparamos la tarea de nuestros hijos. Estamos en el momento de la demolición, cuando todo se halla envuelto en las nubes de polvo que los escombros levantan al caer con estruendo. . El edificio estará mañana construido y habremos experimentado las vivas alegrías y las angustias dulces y amargas de la gestación; habremos visto las obras apasionadas y habremos oído las libres exclamaciones de la verdad; habremos pasado por todos los vicios y todas las virtudes que tienen los grandes siglos en la cima. Nieguen los ciegos nuestros esfuerzos; vean en la lucha que sostenemos las convulsiones de la agonía, a pesar de que estas luchas son los primeros quejidos que anuncian el nacimiento. Al fin y a la postre son ciegos.

Los odio.

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Odio a los pedagogos que nos guían, a los pedantes y a los hombres enfadosos que rehúsan la vida. Soy partidario de las libres manifestaciones del genio humano. Creo en una serie no interrumpida de expresiones humanas , en una galería interminable de cuadros vivos, y lamento el no poder vivir siempre para asistir a la eterna comedia que consta de mil actos diversos. Soy un simple curioso. Los necios que no se atreven a mirar hacia adelante, miran atrás. Quieren constituir el presente con las reglas del pasado, y quieren que el porvenir, las obras y los hombres, tomen por modelo el de los tiempos que fueron. Los días amanecerán como quieran y cada uno traerá consigo una nueva idea, un nuevo arte, una nueva literatura. Las obras serán tantas y tan variadas como las sociedades mismas y éstas se transformarán eternamente. Pero los impotentes no quieren ensanchar el marco; han hecho la lista de las obras existentes y por tal medio han obtenido una verdad relativa que pretenden hacer pasar por absoluta. No creen; imitan. Y he aquí por qué odio a las gentes neciamente graves, a las neciamente alegres, y a los artistas y a los críticos que quieren hacer estúpidamente la verdad de hoy con la de ayer. No comprenden que avanzamos y que los paisajes varían.

Los odio.

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Y ahora ya saben cuáles son mis amores, los bellos amores de mi juventud.

Ensayo crítico y descontrolado sobre la COVID-19

A principios de diciembre del 2019, se identificaron los primeros casos de neumonía de origen desconocido, en Wuhan, China, posteriormente fue identificado el agente causal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) nombró a este virus inicialmente como el nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV), el 12 de enero de 2020, mientras que el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV), lo acuño como SARS-CoV-2 (síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2), ambos emitidos el 11 de febrero de 2020. La enfermedad causada por la infección de 2019-nCoV, fue llamada por la OMS, con el nombre de la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) por sus siglas en inglés.

La nueva pandemia COVID-19 se ha convertido rápidamente en un problema mundial de salud publica, político y socioeconómico, que afectará de manera contúndete a toda Latinoamérica y sus sistemas de salud ya sobresaturados.

Esta problemática no es actual, México y la mayor parte de América Latina tienen un sistema de salud precario y agonizante que ha logrado salir medianamente a flote gracias al esfuerzo e ingenio de sus trabajadores a pesar de las limitaciones en los recursos materiales y las amafiadas licitaciones por quienes se encuentran en el poder. El Sistema de Salud en América Latina actualmente es un barco dañado y a la deriva, el cual hace agua desde tiempos inmemorables, tiene el motor averiado y no logra avanzar lo suficiente, se encuentra a marchas forzadas basado el empeño realizado por el personal de salud quienes utilizan remos de emergencia para lograr avances.

Pero hoy se encuentra ante una tormenta que ha visto hundirse a los poderosos transatlánticos de China, Italia, España y Estados Unidos de América (E.U.A) quien este momento se encuentra peligrando; nosotros estamos flotando a la deriva en medio de la tormenta.

Desafortunadamente la ciencia se encuentra bajo el yugo de la política y la economía, ya que desde un principio la ciencia no se gobierna sola, necesita recursos otorgados por el estado para poder financiar cada uno de los proyectos, convirtiéndose así este en el dueño de las descubrimientos y la aplicación de los mismos.

Mientras la medicina esté politizada el panorama siempre será incierto, basta con observar lo que otros países dicen sobre nuestra forma de enfrentar a esta pandemia, en un artículo tendencioso en The Fedaralist (revista de tinte conservador en E.U.A.) critican de manera enérgica al gobierno de México catalogándolo de corrupto, débil y de respuesta lenta ante la pandemia, también fustiga fuertemente que la “ausencia de preparación de México debe alarmar a los E.U.A.” Retomando los puntos de Davidson quien es el autor del artículo antes comentado, la pegunta real es si ¿México ha tenido una respuesta lenta para la pandemia de COVID-19? yo diría que sí, ¿qué tan lenta? la necesaria para permitir a la economía salir lo menos dañada posible, ya que se espera una repercusión económica severa en donde en un panorama alentador sería una reducción del producto interno bruto (PIB) en un -4.5%, otros analistas la colocan hasta en -6%, lo que no solo generara pobreza social la cual impide que algunas personas tengan las mismas oportunidades de las que otras disponen, sino también pobreza biológica la cual pone en riesgo la vida de los individuos debido a la falta de sustrato o refugio.

No solo México apostó por unas políticas que intentan a la par establecer las restricciones de distanciamiento social manteniendo dentro de lo posible medidas permisibles para salvaguardar la economía. Sputnik en un artículo aborda como el presidente brasileño Bolsonaro pide volver a la normalidad y critica severamente el confinamiento en masa por el golpe brutal que esto le ocasionara a la encomia, en los países en vías de desarrollo donde salvaras 10,000 vidas pero crearas 5 millones de pobres, que finalmente se traducirá en violencia, lo que nos lleva al análisis político económico que como resultado al país no puede salirle más cara la cura que la enfermedad. Las decisiones que se tomen hoy en día tendrán una repercusión enorme en los años venideros, porque la pandemia de COVID-19 pasara, la superaremos y los homosapiens continuaremos deambulando en este planeta, la verdadera pregunta es, ¿qué clase de mundo tendremos al terminar todo esto si realmente lograremos no solo como naciones, sino como especie cooperar lo suficiente para romper fronteras y ser solidarios?

Al momento los médicos lo están logrando dando una cátedra de cooperación social y científica con el intercambio gratuito de información recabada y plasmada en artículos científicos, ya que China, ha realizado aportaciones medicas con la experiencia obtenida en los últimos meses con la pandemia, así otros países puedan transpolar la experiencia al contexto de cada nación e instituciones de salud. Este mismo gesto se ha por parte de Italia, España, Alemania, etcétera.

Esta cooperación es la que realmente nos otorgara las herramientas para superar esta pandemia, debemos de aprender rápido de los países que ya se han enfrentado a la COVID-19 y generar nuestro propio conocimiento basado en sus estudios lo antes posible ya que debemos de tomar un papel protagónico como una América Latina unida lista para generar conocimiento y compartirlo con todas las naciones que lo necesiten, esperando que esto se contagié al ámbito económico ya que actualmente los gobiernos gastan más dinero en ejércitos organizando la muerte que en salud y bienestar social.

Así pues como bien lo describe Yuval Noah Harari, profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y filósofo de nuestra época, la clave para superar esta pandemia se llama “cooperación global”.

Debemos restablecer las relaciones médico-paciente y médico-sociedad que los políticos irresponsablemente se han encargado de destruir otorgando un desprestigio total al gremio, debemos reconstruir ese tejido social ya que en estos momentos de crisis necesitamos principalmente la confianza de la sociedad, siendo realmente ese el antídoto inicial ante esta crisis de salud que estamos viviendo y que se avecina.

La preparación ya se ha iniciado, el personal de salud está alistando protocolos de acción. Los insumos empiezan a llegar, sin embargo esto es una incertidumbre ya que no sabemos si será suficiente, por que aun inquieta saber hasta dónde avanzará esta enfermedad. Pero a justicia de la verdad los insumos no han sido suficientes prácticamente en ningún país del mundo.

En conclusión a pesar de las carencias en salud debemos de tomar nuestro papel como una Latinoamérica unida y enfrentar esta pandemia con todo el conocimiento que se ha adquirido en estos meses de impresionante desarrollo médico y tecnológico, así como seguir aportando de manera contundente con estudios nacionales a esta cooperación global tanto científica, como política y económica, para que el mundo después de la COVID-19 sea un panorama más claro y alentador de lo que es hasta el momento. Ya que la solidaridad no podría existir en una sociedad de corte individualista y a nivel global tampoco se dará en tintes nacionalistas, hoy solo la confianza entre individuos y naciones nos encaminara al éxito global como especie. Porque esta guerra no será ganada por el país más rico o poderoso, si no por el más disciplinado.


Sobre el autor

Daniel Iván Becerra Martínez es licenciado como Médico Cirujano y Partero por el Instituto Politécnico Nacional, Posgrado y Especialidad en Urgencias Médico Quirúrgicas por el Instituto Politécnico Nacional y el Hospital General Dr. Manuel Gea González, Ciudad de México. Actualmente se encuentra escribiendo “El actual panorama del gran desconocido. COVID-19”.

El escritor argentino y la tradición

Quiero formular y justificar algunas proposiciones escépticas sobre el problema del escritor argentino y la tradición. Mi escepticismo no se refiere a la dificultad o imposibilidad de resolverlo, sino a la existencia misma del problema. Creo que nos enfrenta un tema retórico, apto para desarrollos patéticos; más que de una verdadera dificultad mental entiendo que se trata de una apariencia, de un simulacro, de un seudoproblema.

Antes de examinarlo, quiero considerar los planteos y soluciones más corrientes. Empezaré por una solución que se ha hecho casi instintiva, que se presenta sin colaboración de razonamientos; la que afirma que la tradición literaria argentina ya existe en la poesía gauchesca. Según ella, el léxico, los procedimientos, los temas de la poesía gauchesca deben ilustrar al escritor contemporáneo, y son un punto de partida y quizá un arquetipo. Es la solución más común y por eso pienso demorarme en su examen.

Ha sido propuesta por Lugones en El payador; ahí se lee que los argentinos poseemos un poema clásico, el Martín Fierro, y que ese poema debe ser para nosotros lo que los poemas homéricos fueron para los griegos. Parece difícil contradecir esta opinión, sin menoscabo del Martín Fierro. Creo que el Martín Fierro es la obra más perdurable que hemos escrito los argentinos; y creo con la misma intensidad que no podemos suponer que el Martín Fierro es, como algunas veces se ha dicho, nuestra Biblia, nuestro libro canónico.Ricardo Rojas, que también ha recomendado la canonización del Martín Fierro, tiene una página, en su Historia de la literatura argentina, que parece casi un lugar común y que es una astucia.

Rojas estudia la poesía de los gauchescos, es decir, la poesía de Hidalgo, Ascasubi, Estanislao del Campo y José Hernández, y la deriva de la poesía de los payadores, de la espontánea poesía de los gauchos. Hace notar que el metro de la poesía popular es el octosílabo y que los autores de la poesía gauchesca manejan ese metro, y acaba por considerar la poesía de los gauchescos como una continuación o magnificación de la poesía de los payadores.

Sospecho que hay un grave error en esta afirmación; podríamos decir un hábil error, porque se ve que Rojas, para dar raíz popular a la poseía de los gauchescos, que empieza en Hidalgo y culmina en Hernández, la presenta como una continuación o derivación de la de los gauchos, y así, Bartolomé Hidalgo es, no el Homero de esta poesía, como dijo Mitre, sino un eslabón.

Ricardo Rojas hace de Hidalgo un payador; sin embargo, según la misma Historia de la literatura argentina, este supuesto payador empezó componiendo versos endecasílabos, metro naturalmente vedado a los payadores, que no percibían su armonía, como no percibieron la armonía del endecasílabo los lectores españoles cuando Garcilaso lo importó de Italia.

Entiendo que hay una diferencia fundamental entre la poesía de los gauchos y la poesía gauchesca. Basta comparar cualquier colección de poesías populares con el Martín Fierro, con el Paulino Lucero, con el Fausto, para advertir esa diferencia, que está no menos en el léxico que en el propósito de los poetas. Los poetas populares del campo y del suburbio versifican temas generales: las penas del amor y de la ausencia, el dolor del amor, y lo hacen en un léxico muy general también; en cambio, los poetas gauchescos cultivan un lenguaje deliberadamente popular, que los poetas populares no ensayan. No quiero decir que el idioma de los poetas populares sea un español correcto, quiero decir que si hay incorrecciones son obra de la ignorancia. En cambio, en los poetas gauchescos hay una busca de las palabras nativas, una profusión del color local. La prueba es ésta: un colombiano, un mejicano o un español pueden comprender inmediatamente las poesías de los payadores, de los gauchos, y en cambio necesitan un glosario para comprender, siquiera aproximadamente, a Estanislao del Campo o Ascasubi.

Todo esto puede resumirse así: la poesía gauchesca, que ha producido –me apresuro a repetirlo- obras admirables, es un género literario tan artificial como cualquier otro. En las primeras composiciones gauchescas, en las trovas de Bartolomé Hidalgo, ya hay un propósito de presentarlas en función del gaucho, como dichas por gauchos, para que el lector las lea con una entonación gauchesca. Nada más lejos de la poesía popular. El pueblo –y esto yo lo he observado no sólo en los payadores de la campaña, sino en los de las orillas de Buenos Aires-, cuando versifica, tiene la convicción de ejecutar algo importante, y rehúye instintivamente las voces populares y busca voces y giros altisonantes. Es probable que ahora la poesía gauchesca haya influido en los payadores y éstos abunden también en criollismos, pero en el principio no ocurrió así, y tenemos una prueba (que nadie ha señalado) en el Martín Fierro.

El Martín Fierro está redactado en un español de entonación gauchesca y no nos deja olvidar durante mucho tiempo que es un gaucho el que canta; abunda en comparaciones tomadas de la vida pastoril; sin embargo, hay un pasaje famoso en que el autor olvida esta preocupación de color local y escribe en un español general, y no habla de temas vernáculos, sino de grandes temas abstractos, del tiempo, del espacio, del mar, de la noche. Me refiero a la payada entre Martín Fierro y el Moreno, que ocupa el fin de la segunda parte. Es como si el mismo Hernández hubiera querido indicar la diferencia entre su poesía gauchesca y la genuina poesía de los gauchos. Cuando esos dos gauchos, Fierro y el Moreno, se ponen a cantar, olvidan toda afectación gauchesca y abordan temas filosóficos. He podido comprobar lo mismo oyendo a payadores de las orillas; éstos rehuyen el versificar en orillero o lunfardo y tratan de expresarse con corrección. Desde luego fracasan, pero su propósito es hacer de la poesía algo alto; algo distinguido, podríamos decir con una sonrisa.

La idea de que la poesía argentina debe abundar en rasgos diferenciales argentino y en color local argentino me parece una equivocación. Si nos preguntan qué libro es más argentino, el Martín Fierro o los sonetos de La urna de Enrique Banchs, no hay ninguna razón para decir que es más argentino el primero. Se dirá que en La urna de Banchs no están el paisaje argentino, la topografía argentina, la botánica argentina, la zoología argentina; sin embargo, hay otras condiciones argentinas en La urna.

Recuerdo ahora unos versos de La urna que parecen escritos para que no pueda decirse que es un libro argentino; son los que dicen: “…El sol en los tejados / y en las ventanas brilla. Ruiseñores / quieren decir que están enamorados”.

Aquí parece inevitable condenar: “El sol en los tejados y en las ventanas brilla”. Enrique Banchs escribió estos versos en un suburbio de Buenos Aires, y en los suburbios de Buenos Aires no hay tejados, sino azoteas; “ruiseñores quieren decir que están enamorados”; el ruiseñor es menos un pájaro de la realidad que de la literatura, de la tradición griega y germánica. Sin embargo, yo diría que en el manejo de estas imágenes convencionales, en esos tejados y en esos ruiseñores anómalos, no estarán desde luego la arquitectura ni la ornitología argentinas, pero están el pudor argentino, la reticencia argentina; la circunstancia de que Blanchs, al hablar de ese gran dolor que lo abrumaba, al hablar de esa mujer que lo había dejado y había dejado vacío el mundo para él, recurra a imágenes extranjeras y convencionales como los tejados y los ruiseñores, es significativa: significativa del pudor, de la desconfianza, de las reticencias argentinas; de la dificultad que tenemos para las confidencias, para la intimidad.

Además, no sé si es necesario decir que la idea de que una literatura debe definirse por los rasgos diferenciales del país que la produce es una idea relativamente nueva; también es nueva y arbitraria la idea de que los escritores deben buscar temas de sus países. Sin ir más lejos, creo que Racine ni siquiera hubiera entendido a una persona que le hubiera negado su derecho al título de poeta francés por haber buscado temas griegos y latinos. Creo que Shakespeare se habría asombrado si hubieran pretendido limitarlo a temas ingleses, y si le hubiesen dicho que, como inglés, no tenía derecho a escribir Hamlet, de tema escandinavo, o Macbeth, de tema escocés. El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo.

He encontrado días pasados una curiosa confirmación de que lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local; encontré esta confirmación en la Historia de la declinación y caída del Imperio Romano de Gibbon. Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes; eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos; en cambio, un falsario, un turista, un nacionalista árabe, lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos, caravanas de camellos en cada página; pero Mahoma, como árabe, estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos. Creo que los argentinos podemos parecernos a Mahoma, podemos creer en la posibilidad de ser argentinos sin abundar en color local.

Séame permitida aquí una confidencia, una mínima confidencia. Durante muchos años, en libros ahora felizmente olvidados, traté de redactar el sabor, la esencia de los barrios extremos de Buenos Aires; naturalmente abundé en palabras locales, no prescindí de palabras como cuchilleros, milongas, tapia, y otras, y escribí así aquellos olvidables y olvidados libros; luego, hará un año, escribí una historia que se llama La muerte y la brújula que es una suerte de pesadilla, una pesadilla en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla; pienso allí en el Paseo Colón y lo llamo Rue de Toulon, pienso en las quintas de Adrogué y las llamo Triste-le-Roy; publicada esa historia, mis amigos me dijeron que al fin habían encontrado en lo que yo escribía el sabor de las afueras de Buenos Aires. Precisamente porque no me había propuesto encontrar ese sabor, porque me había abandonado al sueño, pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano.

Ahora quiero hablar de una obra justamente ilustre que suelen invocar los nacionalistas. Me refiero a Don Segundo Sombra de Gûiraldes. Los nacionalistas nos dicen que Don Segundo Sombra es el tipo de libro nacional; pero si comparamos Don Segundo Sombra con las obras de la tradición gauchesca, lo primero que notamos son diferencias. Don Segundo Sombra abunda en metáforas de un tipo que nada tiene que ver con el habla de la campaña y sí con las metáforas de los cenáculos contemporáneos de Montmartre. En cuanto a la fábula, a la historia, es fácil comprobar en ella el influjo del Kim de Kipling, cuya acción está en la India y que fue escrito, a su vez, bajo el influjo de Huckleberry Finn de Mark Twain, epopeya del Misisipi. Al hacer esta observación no quiero rebajar el valor de Don Segundo Sombra; al contrario, quiero hacer resaltar que para que nosotros tuviéramos ese libro fue necesario que Gûiraldes recordara la técnica poética de los cenáculos franceses de su tiempo, y la obra de Kipling que había leído hacía muchos años; es decir, Kipling, y Mark Twain, y las metáforas de los poetas franceses fueron necesarios para este libro argentino, para este libro que no es menos argentino, lo repito, por haber aceptado esas influencias.

Quiero señalar otra contradicción: los nacionalistas simulan venerar las capacidades de la mente argentina pero quieren limitar el ejercicio poético de esa mente a algunos pobres temas locales, como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo.

Pasemos a otra solución. Se dice que hay una tradición a la que debemos acogernos los escritores argentinos, y que esa tradición es la literatura española. Este segundo consejo es desde luego un poco menos estrecho que el primero, pero también tiende a encerrarnos; muchas objeciones podrían hacérsele, pero basta con dos. La primera es ésta: la historia argentina puede definirse sin equivocación como un querer apartarse de España, como un voluntario distanciamiento de España. La segunda objeción es ésta: entre nosotros el placer de la literatura española, un placer que yo personalmente comparto, suele ser un gusto adquirido; yo muchas veces he prestado, a personas sin versación literaria especial, obras francesas e inglesas, y estos libros han sido gustados inmediatamente, sin esfuerzo. En cambio, cuando he propuesto a mis amigos la lectura de libros españoles, he comprobado que estos libros les eran difícilmente gustables sin un aprendizaje especial; por eso creo que el hecho de que algunos ilustres escritores argentinos escriban como españoles es menos el testimonio de una capacidad heredada que una prueba de la versatilidad argentina.

Llego a una tercera opinión que he leído hace poco sobre los escritores argentinos y la tradición, y que me ha asombrado mucho. Viene a decir que nosotros, los argentinos, estamos desvinculados del pasado; que ha habido como una solución de continuidad entre nosotros y Europa. Según este singular parecer, los argentinos estamos como en los primeros días de la creación; el hecho de buscar temas y procedimientos europeos es una ilusión, un error; debemos comprender que estamos esencialmente solos, y no podemos jugar a ser europeos.

Esta opinión me parece infundada. Comprendo que muchos la acepten, porque esta declaración de nuestra soledad, de nuestra perdición, de nuestro carácter primitivo tiene, como el existencialismo, los encantos de lo patético. Muchas personas pueden aceptar esta opinión porque una vez aceptada se sentirán solas, desconsoladas y, de algún modo, interesantes. Sin embargo, he observado que en nuestro país, precisamente por ser un país nuevo, hay un gran sentido del tiempo. Todo lo que ha ocurrido en Europa, los dramáticos acontecimientos de los últimos años de Europa, han resonado profundamente aquí. El hecho de que una persona fuera partidaria de los franquistas o de los republicanos durante la guerra civil española, o fuera partidaria de los nazis o de los aliados, ha determinado en muchos casos peleas y distanciamientos graves. Esto no ocurriría si estuviéramos desvinculados de Europa. En lo que se refiere a la historia argentina, creo que todos nosotros la sentimos profundamente; y es natural que la sintamos, porque está, por la cronología y por la sangre, muy cerca de nosotros; los nombres, las batallas de las guerras civiles, la guerra de la independencia, todo está, en el tiempo y en la tradición familiar, muy cerca de nosotros.

¿Cuál es la tradición argentina? Creo que podemos contestar fácilmente y que no hay problema en esta pregunta. Creo que nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo también que tenemos derecho a esa tradición, mayor que el que pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental. Recuerdo aquí un ensayo de Thorstein Veblen, sociólogo norteamericano, sobre la preeminencia de los judíos en la cultura occidental. Se pregunta si esta preeminencia permite conjeturar una superioridad innata de los judíos, y contesta que no; dice que sobresalen en la cultura occidental, porque actúan dentro de esa cultura y al mismo tiempo no se sienten atados a ella por una devoción especial; “por eso –dice– a un judío siempre le será más fácil que a un occidental no judío innovar en la cultura occidental”; y lo mismo podemos decir de los irlandeses en la cultura de Inglaterra. Tratándose de los irlandeses, no tenemos por qué suponer que la profusión de nombres irlandeses en la literatura y la filosofía británicas se deba a una preeminencia racial, porque muchos de esos irlandeses ilustres (Shaw, Berkeley, Swift) fueron descendientes de ingleses, fueron personas que no tenían sangre celta; sin embargo, les bastó el hecho de sentirse irlandeses, distintos, para innovar en la cultura inglesa. Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en una situación análoga; podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas.

Esto no quiere decir que todos los experimentos argentinos sean igualmente felices; creo que este problema de la tradición y de lo argentino es simplemente una forma contemporánea, y fugaz del eterno problema del determinismo. Si yo voy a tocar la mesa con una de mis manos, y me pregunto: ¿la tocaré con la mano izquierda o con la mano derecha?; y luego la toco con la mano derecha, los deterministas dirán que yo no podía obrar de otro modo y que toda la historia anterior del universo me obligaba a tocarla con la mano derecha, y que tocarla con la mano izquierda hubiera sido un milagro. Sin embargo, si la hubiera tocado con la mano izquierda me habrían dicho lo mismo: que había estado obligado a tocarla con esa mano. Lo mismo ocurre con los temas y procedimientos literarios. Todo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecerá a la tradición argentina, de igual modo que el hecho de tratar temas italianos pertenece a la tradición de Inglaterra por obra de Chaucer y de Shakespeare.

Creo, además, que todas estas discusiones previas sobre propósitos de ejecución literaria están basadas en el error de suponer que las intenciones y los proyectos importan mucho. Tomemos el caso de Kipling: Kipling dedicó su vida a escribir en función de determinados ideales políticos, quiso hacer de su obra un instrumento de propaganda y, sin embargo, al fin de su vida hubo de confesar que la verdadera esencia de la obra de un escritor suele ser ignorada por éste; y recordó el caso de Swift que al escribir Los viajes de Gulliver quiso levantar un testimonio contra la humanidad y dejó, sin embargo, un libro para niños. Platón dijo que los poetas son amanuenses de un dios, que los anima contra su voluntad, contra sus propósitos, como el imán anima a una serie de anillos de hierro.

Por eso repito que no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas, y no podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad, y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara.

Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística, seremos argentinos y seremos también, buenos o tolerables escritores.


Sobre el autor

Jorge Luis Borges fue un escritor y ensayista argentino, considerado una de las grandes figuras de la literatura latinoamericana del siglo XX.

El desafío político, ético y tecnológico en épocas de pandemia

Desde la Revolución Neolítica, el ser humano se ha jactado de ser el heredero del planeta tierra. Por siglos nos hemos bañado en un óleo de autodeterminación y de superioridad injustificada por la madre naturaleza, cuando de hecho, no poseemos propiedades evolutivas superiores para vindicar nuestro supuesto “derecho al trono”. Claramente la presencia de la pandemia de Covid-19 no es un evento que debería sorprendernos, médicos y especialistas de todo el mundo miraban expectantes la llegada de una nueva infección, especialmente tras el brote de MERS-Cov (Síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio) del año 2012, el que afortunadamente pudo ser controlado con éxito antes de convertirse en una pandemia a nivel global, a diferencia de cómo se observa hoy en día. Tanto el MERS-Cov como el SARS (Virus que cobró 774 vidas en China continental a principios del milenio), son primos hermanos del afamado Covid-19, y si bien presentan una tasa de mortalidad mucho más elevada, su capacidad de transmisión no alcanza los niveles de esta nueva enfermedad. La principal incógnita queda al descubierto, si el Homo Sapiens es la especie dominante ¿Cómo se deja doblegar por un enemigo invisible y microscópico? El Coronavirus no posee dientes ni garras, tampoco alas o pies, pero juega con un factor que lo convierte en lo que ha sido el depredador más grande de nuestra historia desde la gripe española, nuestra sociabilidad. El ser humano es por naturaleza un ser político y social, desde nuestros primeros años de vida caemos en la dependencia de otros, ya sea de nuestros padres, como de nuestras autoridades y líderes a más avanzada edad, es más, el ser humano es la única creatura conocida cuya calidad de vida no depende del esfuerzo empleado, sino de su propia construcción social, el dinero. Es justamente por esa razón que hemos creado una sociedad, que, a este punto, se ha convertido en una “Aldea global”, término acuñado por el filósofo canadiense Marshall McLuhan junto con Bruce R. Powers en su libro de título homólogo. Es esta sociedad la que el Coronavirus ataca con mayor efectividad, por ende, es el deber conjunto de todos los miembros de nuestra vasta “aldea” protegerla y sobrellevar los desafíos que en ella se presentan, siendo los desafíos políticos, éticos y tecnológicos los que más se involucran en el desenvolvimiento de la ya conocida enfermedad. En el ámbito político debatiremos el rol de las instituciones internacionales y su efectividad, en el ético sobre la responsabilidad ética del mundo desarrollado sobre el que se encuentra en vías de serlo para luego tocar los desafíos tecnológicos; como las grandes compañías tecnológicas pueden y deben aportar, y el peligro que posa el uso indiscriminado de técnicas biotecnológicas.

El 11 de marzo de 2020, ha poco más de tres meses de que se confirmara internacionalmente el primer caso de coronavirus en la ciudad de Wuhan, el Director General de la OMS (Organización Mundial de la Salud), Tedros Adhanom Ghebreyesu, decretaba en una conferencia de prensa en la ciudad de Ginebra que el nuevo brote de Coronavirus pasaba a caracterizarse como una pandemia. La OMS se ha encontrado bajo una inmensa cantidad de fuego últimamente, políticos de todo el mundo han demostrado apoyo o arremetimiento contra ella, poniendo en cuestionamiento su rol y funcionalidad dentro del paradigma político actual, el más destacado siendo el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quién decidió congelar la tramitación de fondos a la institución, “mientras se realiza una investigación sobre el papel de la OMS en la mala gestión y el encubrimiento de la expansión del coronavirus.» (Mars, A. (2020).

Trump acusa a la OMS de “encubrir” la propagación del coronavirus y anuncia la congelación de los fondos. El País. Disponible en: https://elpais.com/sociedad/2020-04-15/trump-acusa-a-la-oms-de-encubrir-la-expansion-del-coronavirus-y-anuncia-la-congelacion-de-los-fondos.html [ 2020, 5 de Mayo])

Si bien el individualismo que conlleva esta medida es reprochable, puede ser que el presidente de los Estados Unidos no se equivoque del todo al realizar sus ya infames declaraciones. Es simplemente una cuestión de analizar objetivamente el rol de la OMS y su respuesta ante el brote, la que nos guiará a determinar qué medidas se pudieron haber tomado en primer lugar para contener la infección, pero para hacerlo, necesitamos mirar hacia aquellas naciones que, a pesar de encontrarse expuestas, lograron librar una guerra relativamente exitosa contra el virus.

El primer ejemplo que surge es indudablemente el de Singapur. La pequeña ciudad estado se encuentra a nada más de 3432 kilómetros del epicentro, Wuhan, y durante los primeros meses del estallido de la pandemia fue alabada a nivel global por su rápida respuesta y el impresionante control que tuvo sobre su población infectada, aunque lo inevitable tarde o temprano sucedió y en tan solo 20 días la cifra de infectados escaló de 1.000 a 10.000 individuos. Se podría argumentar que su pequeño tamaño y sus políticas restrictivas lo hacen fácil de maniobrar, lo que es cierto, aunque al mismo tiempo, son esos factores lo que hacen de su supervivencia un factor mucho más difícil comparado con sus homólogos de territorio vasto. De acuerdo con los datos del banco mundial, Singapur sería el tercer país del mundo con mayor densidad poblacional (Banco Mundial, 2018), lo que sin duda es una de las variables más importantes al momento de considerar la transmisibilidad de un virus, además, posee, tal como la mayoría de los países del primer mundo, una economía mayoritariamente terciaria, y por ende, susceptible a variaciones económicas influenciadas por la ausencia de la prestación de servicios. Estos elementos lo convierten en el sujeto perfecto para la realización de micro experimentos político-sociales cuyas conclusiones podrían llevarse a cabo a gran escala. Teniendo en consideración su calidad de conejillo de indias, la pregunta permanece. ¿Qué hizo inicialmente Singapur para combatir la pandemia, y que causó finalmente su deceso? Apenas inició la pandemia, Singapur adoptó medidas drásticas e impredecibles, cerró sus fronteras e implementó exagerados controles al tráfico aéreo, además de crear diversas estrategias de seguimiento a sus ciudadanos infectados. Inicialmente, las medidas fueron un éxito. A mediados de marzo, mientras el Sudeste Asiático se inundaba de casos, Singapur contaba con menos de 1.000, fue tanta la sorpresa que el mismísimo secretario general de la OMS elogió a Singapur, catalogándolo como “un buen ejemplo de un enfoque de todo el gobierno” (Jofré, V. (2020).

Singapur y el Covid-19: del éxito al ocaso en 20 días. La Tercera. Disponible en: https://www.latercera.com/mundo/noticia/singapur-y-el-covid-19-del-exito-al-ocaso-en-20-dias/NPGY3AT6BJELFAUE6JJ6MN45OU/ [ 2020, 5 de mayo])

pero al parecer es cierto que todo lo bueno llega a su fin, ya que el ingreso de inmigrantes Indios y Bangladesíes, grupo que compone la principal mano de obra de la isla, condenó a la pequeña nación, cuyos números se decuplicaron en tan solo veinte días. El día de hoy Singapur posee más de 31.000 casos, pero tan solo 23 fallecidos. ¿Qué podemos aprender de la estrategia singapurense? Sin duda la conclusión más acertada es que la capacidad de aislamiento internacional de un país es el método más efectivo para controlar la transmisión de enfermedades; el cierre inmediato de las fronteras llevado a cabo por Singapur durante las etapas iniciales de esta epidemia fue lo que le permitió garantizar la mantención de las actividades económicas internas, y por ende proteger los ingresos de sus trabajadores y empresas; problemas que tienen a otras naciones, como a la Argentina post-Kirchnerista, atados de manos.

Si bien el aislamiento internacional inmediato puede garantizar el funcionamiento de la economía a nivel nacional, hay otra técnica que puede evitar incluso el cierre absoluto de las fronteras de otras naciones y el perjudicar a la economía global, el “aislamiento nacional”. Entendemos aislamiento nacional como la facultad de un país de prohibir la circulación de sus ciudadanos al extranjero y viceversa, creando así un verdadero biombo pandémico, a través del cual el virus es incapaz de ser transportado fuera de sus fronteras. Si China hubiera implementado el asilamiento nacional durante las primeras instancias de la pandemia, no habría existido la necesidad de que un vendedor de feria norteamericano se encuentre a las puertas del senado protestando para que le permitan reabrir su negocio, o que una familia pobre de Kenia deba invertir parte de sus precarios ingresos en mascarillas a precios de contrabando. Claramente ningún país por sí solo estaría dispuesto a tal sacrificio económico, así fue, y ahora la crisis económica más grande de los últimos 90 años está al acecho, un evento que dejará a miles de niños sin educación, padres sin empleo y familias sin sustento. Es justamente por eso, que entra la duda de nuestro dilema principal. ¿No debería existir una Organización Internacional que evite que se desarrollen estos sucesos? La hay: se llama Organización Mundial de la Salud, y tal como destaca tan orgullosamente, su objetivo es “alcanzar para todos los pueblos el máximo grado de salud, definida en su Constitución como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades.” (Ander Ruiz de Gopegui Aramburu, D. (2020).

Organización Mundial de la Salud. Gobierno de España: Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Disponible en: http://www.exteriores.gob.es/RepresentacionesPermanentes/OficinadelasNacionesUnidas/es/quees2/Paginas/Organismos%20Especializados/OMS.aspx [ 2020, 5 de mayo]).

Claramente, en un planeta con más de 3,711,460 casos y contando, esta Organización no está cumpliendo su objetivo, lo que no significa que, en algún punto, no lo pueda lograr. Para otorgarle a la OMS la verdadera capacidad de cumplimiento, la solución está en permitirle tomar medidas con mayor peso político, y es ahí donde se encuentra el dilema, ya que actualmente esta se preocupa principalmente de ayuda caritativa en vez de encontrar soluciones concretas. La organización debe contar con poder ejecutivo, de esa forma podría garantizar correctamente el cumplimiento de las normas internacionales a través de estados de excepción mandatorios y sobre todo ser capaz de implementar el “aislamiento nacional” a naciones de alto riesgo pandémico, las cuales en virtud de las consecuencias económicas que podría traer un brote, tomarán medidas sanitarias más estrictas, regulándose por sí solo el riesgo de que lo que vivimos hoy vuelva a repetirse. Mientras la OMS siga siendo un organismo débil, exigirle manejar una pandemia global, como la de la COVID-19, es tan absurdo como pedirle a un niño de 4 años que detenga un robo.

Sin duda uno de los desafíos más grandes que trae consigo la crisis del coronavirus no se centra exclusivamente en el desarrollo de esta, sino en las repercusiones que traerá una vez que se regrese a la denominada “nueva normalidad, y es aquí donde surge un dilema ético-político que de seguro estremecerá los cimientos del orden mundial establecido ¿Cuál es la responsabilidad ética de los países desarrollados con sus homólogos menos afortunados? De acuerdo con el historiador y filosofo israelí, Yuval Noah Harari, son los países más pobres los que sentirán los efectos del Coronavirus a flor de piel:

“Ahora no hablamos mucho sobre lo que pasa en América del Sur, en África o en el Sudeste Asiático, pero tanto la epidemia en sí como la crisis económica probablemente golpearán a los países pobres y en desarrollo mucho más que los países ricos. Y si el sistema de salud de un país como España tiene dificultades lidiando con esta crisis, piensa lo que puede pasar cuando la epidemia se extienda a otros como Perú, Bangladesh o Sudáfrica. El mayor número de muertos, probablemente, será en estos países, no en Europa o Estados Unidos.” (Duer, P. (2020).

Harari: “En el largo plazo, la peor de las crisis se sufrirá en los países pobres”. El País. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2020/04/06/planeta_futuro/1586170713_492779.html [2020, 23 de abril])

Las palabras de Harari no vienen infundadas, ya que ha sido comprobado por varios especialistas que el efecto que diversas enfermedades pueden tener en el desarrollo de las naciones es más que contundente, es más, bordea lo alarmante. Este tema es tocado con más profundidad por los ganadores del Nobel de Economía 2019, Esther Duflo y Ahijit V. Banerjee, en su obra “Repensar la pobreza”, en la que, basados en la recopilación de múltiples estudios, exponen como contraer una enfermedad como la malaria en las etapas tempranas del desarrollo humano, puede afectar los futuros ingresos de un individuo, y, al mismo tiempo, afectar el destino de una nación. Según Duflo y Baerjee “Un estudio sobre la erradicación de la malaria en el sur de Estados Unidos (donde hubo malaria hasta 1951) y en varios países de América Latina indica que un niño que haya crecido sin malaria gana el 50 por ciento más al año durante toda su vida adulta que un niño que si haya sufrido la enfermedad” (Banerjee, A.V. y Duflo, E. (2019). Repensar la pobreza: Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global. Nueva York, Nueva York: PublicAffairs.) Estos datos nos advierten incipientemente sobre las catastróficas consecuencias que puede tener la llegada del Coronavirus a los rincones más pobres de nuestro planeta, retrasando su desarrollo y empobreciendo aún más a su población, privando a un gran porcentaje de sus ciudadanos del aumento de sus ingresos futuros y al mismo tiempo endeudándolos con tratamientos médicos que pueden resultar impagables. Se debe también considerar la reducción en la población de estos países provocada por el Coronavirus, como un factor que incide directamente en su “potencial de progreso”, ya que al reducir el número de la población potencialmente productiva (jóvenes, niños, adultos), las naciones se convierten en menos atractivas para la inversión tanto extranjera como local y se le infringe un gran golpe a la mano de obra capacitada y técnica. En este preciso momento, las naciones más desarrolladas tienen la oportunidad de apoyar económica y políticamente a las que se encuentran en vías de serlo, garantizando así el predominio democrático en muchas de ellas junto con su estabilidad económica, aminorando la carga fiscal sobre sus débiles gobiernos; claro está que las alternativas se encuentran sobre la mesa, y sería un compromiso ético de las naciones, sus gobiernos y sus ciudadanos ( especialmente los contribuyentes tributarios), la intervención o la abstinencia, surgiendo así un dilema que depende de nosotros resolver ¿Dejaremos a nuestros hermanos más pobres a su propia suerte, o intentaremos hacernos cargo de nuestra “Aldea global” en unidad? Desgraciadamente en tiempos de crisis, las naciones tienden a ejercer un bloqueo absoluto y a priorizar a los suyos cuando todos somos miembros de la misma especie, tal como se observa actualmente con la “guerra de ventiladores”, en la cual muchas naciones requisan insumos médicos, como ventiladores mecánicos o mascarillas, que son vitales para tratar exitosamente a pacientes críticos y para garantizar el mantenimiento de sus redes de salud pública. Muchas medidas erráticas tomadas por líderes mundiales, como la prohibición de exportaciones de suministros sanitarios adoptada por el gobierno de Estados Unidos, muestran un claro individualismo inmaduro que es peligroso en momentos cuando la cooperación internacional es vital para salvar la mayor cantidad de vidas humanas y nos hace cuestionar sobre qué tan éticas son estas medidas.

Estamos conscientes que el deber de proteger a los demás, el día de hoy, es un acto colectivo; los gobiernos les han implorado a sus ciudadanos seguir las recomendaciones indicadas y los métodos aprobados para detener el avance de la pandemia, hay quienes se atañen a las instrucciones de sus respectivos gobiernos, quienes las critican, quienes las desobedecen, y también están quienes se esfuerzan por mejorarlas. Es justamente en este último minúsculo sector de la población, donde encontramos que grandes mentes deciden encerrarse en laboratorios de investigación y desarrollo, con el fin de crear tecnologías que nos permitan combatir al virus de forma más efectiva, y si bien puede parecer como la alternativa más viable, es justamente una de las que cuenta con menor cantidad de fondos públicos en países subdesarrollados. Para solucionar esta compleja paradoja es necesaria la intervención de otro agente, los privados; países que no cuentan con suficientes recursos públicos para fomentar el avance tecnológico-científico de sus industrias, deberían acudir a las manos privadas. No planeo postular que la empresa privada es un ángel guardián que merece de la completa y absoluta confianza del individuo, pero en este caso, un avance en manos de privados sería más conveniente que observar de brazos cruzados como la población mundial se reduce drásticamente, inclusive, empresas sin relación alguna con el sector médico podrían invertir capital y cambiar drásticamente su curso, así como lo hizo el gigante coreano Samsung, que pasó de ser una simple compañía de importaciones y exportaciones de Daegu a ser una de las más grandes compañías informáticas del siglo. El día de hoy, empresas privadas a lo largo de todo el mundo han divergido en su producción:

“Ford anunció que producirá «inicialmente 50 mil protectores faciales en sus plantas en Camaçari, en Bahía, Brasil, y Pacheco, en Argentina, que serán donados a través de agencias públicas y organizaciones sin fines de lucro a profesionales de la salud (que están) en la primera línea combatiendo la enfermedad», señaló la empresa en un comunicado” (Muñoz, M.R. (2020).

Las empresas que cambiaron su línea de producción para ayudar en la pandemia. Fortuna. Disponible en: https://fortuna.perfil.com/2020-04-14-211139-las-empresas-que-cambiaron-su-linea-de-produccion-para-ayudar-en-la-pandemia/ [ 2020, 6 de Mayo].

Ford es solamente una de ellas, su hermana automotriz, Mercedes Benz, también informó que comenzará la producción de respiradores mecánicos de baja complejidad. La inversión en tecnología y su masificación puede reducir los costos de ciertos implementos en el sector público, al mismo tiempo aminorando la carga para el Estado, por ende, si bien puede ser considerado por algunos como prostitución capitalista, si el estado se propone a fiscalizar, se podrían quitar un fuerte peso de encima.

Actualmente, la tecnología es un factor que se ha demostrado puede tener un impacto positivo en nuestras vidas, pero también posee un lado oscuro, el cual recientemente se ha puesto en cuestión. El presidente Donald Trump ha argumentado en múltiples ocasiones su férrea creencia en que el Coronavirus fue, de hecho, fabricado por el hombre, más concretamente, en un laboratorio de Wuhan, y aunque la Organización Mundial de la Salud ha desmentido sus declaraciones, este sentimiento refleja una realidad que desde hace años ha dejado de ser ficción. La tecnología, tal como un arma, puede ser utilizada para proteger a los débiles como para deshacerse de ellos, por ende, tal como el uso de una ametralladora, debiera de ser controlada. No existe arma más peligrosa que la biotecnología, y es un compromiso moral su correcto uso y el cumplimiento de las normas internacionales. Tan solo se requiere el mal manejo de un empleado público chino para que la siguiente pandemia, sea la última. No pretendo parecer alarmista, pero es una realidad que gobiernos de todo el mundo, especialmente el de la República Popular China, se rehúsan a aceptar. Es más, el mismo congreso de los Estados Unidos, ha declarado en un informe que:

“Los datos clínicos y genéticos de ciudadanos estadounidenses obtenidos por empresas de biotecnología chinas a través de sus asociaciones con instituciones de EE. UU. podrían plantear riesgos para la seguridad nacional” (Fang, F. (2019).

Informe de EE. UU: La industria biotecnológica china representa una amenaza para la seguridad nacional. La Gran Época. Disponible en: https://es.theepochtimes.com/informe-de-ee-uu-la-industria-biotecnologica-china-representa-una-amenaza-para-la-seguridad-nacional_438020.html [2020, 6 de Mayo]

La biotecnología, por más positiva que pueda ser en la generación de alimentos genéticamente modificados, es altamente peligrosa, y si no se ejerce mayor presión internacional sobre su tratamiento, las consecuencias pueden ser incluso peores. Este debate, es solamente uno de los que la gran pandemia que actualmente azota al mundo ha abierto, y seguramente seguirá siendo debatido por décadas por venir.

El Coronavirus ha complejizado al mundo, pero al mismo tiempo, lo ha hecho más humano, acercando a familias, naciones y continentes enteros. Por primera vez en la historia, el viejo y el nuevo mundo, Occidente y Oriente, sufren al mismo tiempo, y por primera vez desde que tengo memoria, surge aquel sentimiento propio que traspasa las fronteras, aquel sentimiento de humanidad y compasión, que claramente está siendo oprimido por distintos agentes políticos individualistas y anti globalistas, cuando están en conocimiento que la globalización puede beneficiarnos a todos por igual, solamente necesitamos un pequeño empujón. Lo más importante es protegernos entre nosotros, algo únicamente posible con la posesión de organizaciones de salud pública internacionales que posean ramas ejecutivas robustas y con poder político para poder tomar las medidas necesarias para garantizar el bien común global. También cabe destacar la importante responsabilidad del mundo desarrollado con sus hermanos más precarios, cuyo desarrollo se podría retrasar por décadas si no se actúa efectiva y rápidamente para prevenir el control y la transmisión del Covid-19, junto con la responsabilidad de los privados con la producción de tecnologías para mejorar la calidad de vida de los individuos en tiempos de pandemia, responsabilidad que podría derivar en beneficios para el Estado si se lleva a cabo correctamente, además el control que se debería implementar sobre el uso de la biotecnología en países como China, donde el gobierno financia activamente investigaciones de alto riesgo, cegándose frente a la comunidad internacional. Todos estos elementos permitirían prevenir el brote y propagación de futuras pandemias, que claramente podrían ser más disruptivas, y al mismo tiempo solucionarían los desafíos más grandes de estos extraños tiempos.

El meme de la cifra

La muerte de mi papá es el meme

con mayor cantidad de sellos de agua

me he puesto el saco de peluche

para fingir un abrazo

soy el chiste de la tristeza

ella se burla de mí

llueve y es Halloween

he concentrado mi red

me he disfrazado de maniquí

me pinté los labios

para encontrar belleza en mi rostro

y me abanico con doscientos (200) dólares falsos

ya tengo lista la mascarilla y las manos

todos los celulares en alerta

todas las respuestas repetidas

todo el alcohol en aerosol en vez que en forma de sangre

pinto mis labios y abro Photoshop

ahora que mi papá es una estrella

plañiré con su ausencia

pero me quedo yo

y los gatos

y los animes

y South Park

y Legalmente Rubia

y todos los videojuegos que jugabas papá

Dios bendiga a A-MIAU-RICA, a las pantuflas con garras y a Bestia Bebé.


Sobre la autora

Fiorella Terrazas es una poeta, diseñadora gráfica, contadora y autodidacta por vocación. Ha publicado cinco libros de poesía: Dejo cabellos en los bares (2013), Espinosza (2015), Hedores (2017), Los Tratados de La Perdedora (2017) y 🖕 (2020). Ha participado en diversos festivales internacionales de poesía. Sus poemas navegan por múltiples revistas y blogs sudamericanos.

Somebody Blew Up America

They say its some terrorist, some barbaric Arab in Afghanistan

It wasn’t our American terrorists

It wasn’t the Klan or the skinheads

Or the them that blows up nigger churches

Or reincarnates us on Death Row

It wasn’t Trent Lott

Or David Duke or Giuliani

Or Schundler, Helms retiring

It wasn’t the gonorrhea in costume

The white sheet diseases that have murdered black people

Terrorized reason and sanity

Most of humanity, as they pleases

They say (who say?)

Who do the saying

Who is them paying

Who tell the lies

Who in disguise

Who had the slaves

Who got the bucks out the Bucks

Who got fat from plantations

Who genocided Indians

Tried to waste the Black nation

Who live on Wall Street, the first plantation?

Who cut your nuts off

Who rape your ma

Who lynched your pa

Who got the tar, who got the feathers

Who had the match, who set the fires

Who killed and hired

Who say they God, and still be the Devil

Who the biggest only

Who the most goodest

Who do Jesus resemble

Who created everything

Who the smartest

Who the greatest

Who the richest

Who say you ugly and they the goodlookinest

Who define art

Who define science

Who made the bombs

Who made the guns

Who bought the slaves, who sold them

Who called you them names

Who say Dahmer wasn’t insane

Who? Who? Who?

Who stole Puerto Rico

Who stole the Indies, the Philippines, Manhattan

Australia & The Hebrides

Who forced opium on the Chinese

Who own them buildings

Who got the money

Who think you funny

Who locked you up

Who own the papers

Who owned the slave ship

Who run the army

Who the fake president

Who the ruler

Who the banker

Who? Who? Who?

Who own the mine

Who twist your mind

Who got bread

Who need peace

Who you think need war

Who own the oil

Who do no toil

Who own the soil

Who is not a nigger

Who is so great ain’t nobody bigger

Who own this city

Who own the air

Who own the water

Who own your crib

Who rob and steal and cheat and murder

and make lies the truth

Who call you uncouth

Who live in the biggest house

Who do the biggest crime

Who go on vacation anytime

Who killed the most niggers

Who killed the most Jews

Who killed the most Italians

Who killed the most Irish

Who killed the most Africans

Who killed the most Japanese

Who killed the most Latinos

Who? Who? Who?

Who own the ocean

Who own the airplanes

Who own the malls

Who own television

Who own radio

Who own what ain’t even known to be owned

Who own the owners that ain’t the real owners

Who own the suburbs

Who suck the cities

Who make the laws

Who made Bush president

Who believe the confederate flag need to be flying

Who talk about democracy and be lying

Who the Beast in Revelations

Who 666

Who know who decide

Jesus get crucified

Who the Devil on the real side

Who got rich from Armenian genocide

Who the biggest terrorist

Who change the bible

Who killed the most people

Who do the most evil

Who don’t worry about survival

Who have the colonies

Who stole the most land

Who rule the world

Who say they good but only do evil

Who the biggest executioner

Who? Who? Who?

Who own the oil

Who want more oil

Who told you what you think that later you find out a lie

Who? Who? Who?

Who found Bin Laden, maybe they Satan

Who pay the CIA,

Who knew the bomb was gonna blow

Who know why the terrorists

Learned to fly in Florida, San Diego

Who know why Five Israelis was filming the explosion

And cracking they sides at the notion

Who need fossil fuel when the sun ain’t goin’ nowhere

Who make the credit cards

Who get the biggest tax cut

Who walked out of the Conference

Against Racism

Who killed Malcolm, Kennedy & his Brother

Who killed Dr King, Who would want such a thing?

Are they linked to the murder of Lincoln?

Who invaded Grenada

Who made money from apartheid

Who keep the Irish a colony

Who overthrow Chile and Nicaragua later

Who killed David Sibeko, Chris Hani,

the same ones who killed Biko, Cabral,

Neruda, Allende, Che Guevara, Sandino,

Who killed Kabila, the ones who wasted Lumumba, Mondlane,

Betty Shabazz, Die, Princess Di, Ralph Featherstone,

Little Bobby

Who locked up Mandela, Dhoruba, Geronimo,

Assata, Mumia, Garvey, Dashiell Hammett, Alphaeus Hutton

Who killed Huey Newton, Fred Hampton,

Medgar Evers, Mikey Smith, Walter Rodney,

Was it the ones who tried to poison Fidel

Who tried to keep the Vietnamese Oppressed

Who put a price on Lenin’s head

Who put the Jews in ovens,

and who helped them do it

Who said “America First”

and ok’d the yellow stars

Who killed Rosa Luxembourg, Liebneckt

Who murdered the Rosenbergs

And all the good people iced,

tortured, assassinated, vanished

Who got rich from Algeria, Libya, Haiti,

Iran, Iraq, Saudi, Kuwait, Lebanon,

Syria, Egypt, Jordan, Palestine,

Who cut off peoples hands in the Congo

Who invented Aids

Who put the germs

In the Indians’ blankets

Who thought up “The Trail of Tears”

Who blew up the Maine

& started the Spanish American War

Who got Sharon back in Power

Who backed Batista, Hitler, Bilbo,

Chiang kai Chek

Who decided Affirmative Action had to go

Reconstruction, The New Deal,

The New Frontier, The Great Society,

Who do Tom Ass Clarence Work for

Who doo doo come out the Colon’s mouth

Who know what kind of Skeeza is a Condoleeza

Who pay Connelly to be a wooden negro

Who give Genius Awards to Homo Locus

Subsidere

Who overthrew Nkrumah, Bishop,

Who poison Robeson,

who try to put DuBois in Jail

Who frame Rap Jamil al Amin, Who frame the Rosenbergs,

Garvey,

The Scottsboro Boys,

The Hollywood Ten

Who set the Reichstag Fire

Who knew the World Trade Center was gonna get bombed

Who told 4000 Israeli workers at the Twin Towers

To stay home that day

Why did Sharon stay away?

Who? Who? Who?

Explosion of Owl the newspaper say

The devil face cd be seen

Who make money from war

Who make dough from fear and lies

Who want the world like it is

Who want the world to be ruled by imperialism and national

oppression and terror violence, and hunger and poverty.

Who is the ruler of Hell?

Who is the most powerful

Who you know ever

Seen God?

But everybody seen

The Devil

Like an Owl exploding

In your life in your brain in your self

Like an Owl who know the devil

All night, all day if you listen, Like an Owl

Exploding in fire. We hear the questions rise

In terrible flame like the whistle of a crazy dog

Like the acid vomit of the fire of Hell

Who and Who and WHO who who

Whoooo and Whooooooooooooooooooooo!


Sobre el autor

Amiri Baraka fue un poeta, escritor y crítico musical afro-americano.

Latinoamérica entre origen

ACTO AMÉRICA I

Latinoamérica su origen de raíz India,

Con su idioma único y plurilinguístico,

Idioma de pájaros,  de cordilleras y mares,

Surcado territorio por la blasfemia capitalista,

Reprimiendo a las tribus y etnias.

ACTO AMÉRICA II

Hoy luchan sus mujeres y hombres ante una epidemia,

Quién pensó en la enfermedad y en la muerte

Cuando todo era consumismo,

Individualidad e inmortalidad de políticos,

De sistemas sociales inventados,

Es la pandemia el terremoto de las mentes

Que han explotado los recursos naturales,

Pasamos hambre, hacinamientos impuestos,

Nos venden al libre mercado,

Enfermedad es lo que vivimos a diario,

Nos morimos en la soledad rotunda del distanciamiento,

El reflejo del egoísmo humano,

Del descontrol violento de la especie,

No eramos inmortales latinoamericanos,

Entre virus, pobreza, represiones,

intentamos mirar tierra nueva entre los muertos.

ACTO AMÉRICA III

Vivirá Latinoamérica y en su vientre florecerán aquellas tribus
 que estén hechas de lluvia y fuego,

Las que intenten amar sin gusto a olvido,

Las que habiten sin fronteras en lucha por una sociedad más justa,

Las que resistan sin miedo,

Las que cultiven agua en sus ojos y en sus lenguas,

Las que habiten con sabiduría,

Las que se revelen al sistema capitalista,

Las que sean libres,

Vivirá Latinoamérica, será soberana y solidaria tierra.


Sobre la autora

Angélica González Guerrero es una poeta y bibliotecóloga chilena, residente en la comuna de Rengo, sexta región. Ha publicado seis poemarios, Imaginaciones Pública, Departamento 202, Transeúnte, Poemitas con Azúcar (poemario para niños), Camino Madriguera, Iridiscencia(2019). Es poeta y bibliotecaria, cuenta con interesantes intervenciones en antologías poéticas tales como, Antología Poesía Juvenil Siglo XXI. (Año 2002), Antología Poéticas Boquitas de Cereza (Año 2009), Antología 19 autores de la Región de O’Higgins (año 2011). Antología Mujeres piernas cruzadas (2018). Ha desarrollado exposiciones experimentales desafiando los formatos tradicionales de la poesía, propuestas como, “Poesía en la Ciudad”, “Poesía y Noticia”, “Poesía Doméstica”, “Trapos al sol”, “Poesía y Objeto”, “Poesía Orgánica”. Se ha formado en diversos talleres con destacados poetas y escritores nacionales tales como; Floridor Pérez, Jorge Montealegre, Raúl Zurita, Tulio Mendosa Belio, Nicolás Miquea, Eduardo Llanos, Manuel Peña Muñoz, Edmundo Herrera, Cintia Rimski entre otros.
Ha impartido talleres poéticos de poesía verbal y visual dentro y fuera de la región a niños, jóvenes y adultos, entregando herramientas para descubrir y explorar el arte poético. Se desempeñó por 8 años como directora de la biblioteca pública de su comuna y actualmente es la encargada de biblioteca CRA del colegio Antilen de la comuna de Rengo. Para Angélica González Guerrero la poesía es un estado de vida.

Spaceman3

como unos ojos sin ceremonia

ato a esta sonda un lugar sin fondo

un remolino de audios

o el limbo exactamente ubicado

como la fortuna

es solo el diamante de los cometas

la imagen evaporará el sentido

y constelaciones como golpes esculpen el ruido donde

asumo que escucho a alguien

aunque la nieve solo golpea el metal de la cápsula

es ella una grabación reconstruida

en un lugar de tus afectos

una aleación cósmica mintiendo

con su jardín de paradojas ¿alguien dormita afuera?

lejos de casa la promesa de una puerta

es una tentación a la calma

¿dónde están las herramientas y por qué mis pasos

acaban en algún lugar siempre

por las voces del espacio delimitadas?

y ese arbusto de la infancia

como unos ojos sin retroceso

a esta frescura le ato una carga de sospecha

y a esta casa parpadeante como las nubes

lo líquido del lago al recibir un meteoro:

toco el holograma y siento los dedos romper

ese falso recuerdo

es posible que en esta cápsula

no exista un mensaje posible

como tampoco un destinatario tranquilo

escucha el ritmo y solo

escucharás tu estómago y la voz irresuelta

rebotando sin hacer una pregunta o un prójimo

al que ames una mañana

envuelto de párpados pero tu cuerpo

no es una cápsula posible es

un puñado de blandura

y lo que de aquí en adelante vaya a atravesarte

te destruirá por completo

no una profecía, un reporte médico

de ojos para lo que ya no es brillante,

un certificado como una copia de la copia

el prójimo es una sombra espacial:

mira sus botas desaparecer mientras escarbaban

los restos solares sobre tu pecho

como un mensaje que espero que leas como una ofrenda que espero

resista la faz de lo que te compone

lo que sea que te componga adonde sea que te dirijas

a quien sea que no conoces montado sobre una estrella

como sobre un árbol de pereza

voy a escribirte así la novela del hombre contando sus cabellos

en una cápsula de aleaciones

de metales cuyos nombres son ilegibles

para los hombres que vinieron y los que vendrán desprecien

mi imagen simple en el disco dorado

el aluminio sobre los hombros

voy a escribir un sol que luzca invisible en tus pupilas

y esperaré la intermitencia como los viejos

códigos de conocerse y acercar

de partir y reconocer un trozo de uno perdido en lo ajeno

no hay signos en el cielo, solo opacidad de nubes

y praderas cósmicas donde el sonido ha llegado por fin

es mentira que una clave nueva se desengrane

y los fluidos de la vejez envuelven mi canción

como si mi casa volara todavía sobre las cabezas

de meteoritos y alfombras de cometas

repetidos en un laberinto

que es una clonación absurda

de mis cantos, coronando una escultura posible

o un eco

como algo bruto e impertinente ha sido siempre

el origen de la música

como un mensaje que lanzo en demasía como una vida que extraigo

para colocarla en frente de

quienquiera que seas, si conoces el rastro si tu voz puede encenderse más fuerte que las certezas

o posees finalmente ojos del color que la vista necesita

en algún lugar, lejanamente feliz allí

los auspicios se silencian la multitud queda y un intercambio

donde leña a leña te encuentra todavía

como un asir impecable de los versos

o unas palabras halladas en una playa que una dulzura distante

ilumine después de siglos

y si el mensaje no vira hacia su emisión original

es probable que la cápsula desespere

imagina flotar, es un símil de imagina

aburrirte

indefinidamente o imagina

a los hijos de tus hijos somnolientos en tubos

pero no hay palabras y los que hablaban

siguen hablando dentro de ellos mismos

y si el mensaje no carga, si las luces de recepción

no encienden estos tubos conectados

directamente a mi cerebro,

algo gritará obviamente a la sequía

la persigue la desesperación y los espejismos

me encontrarán y la fuerza

ejercerá su dominio

las luces se ajustarán a las tuercas

y la marcha no logrará

roer mi sangre

este grito apagado como el de alguien que repite

la linealidad de un tono para completar su esqueleto

¿puedes escuchar corazón un pedazo

de esto? O puedes reverberar en tu mágica aula así sea una pequeña voz

qué ingenua la espera del que lanza la botella cósmica

con un mensaje que no es un mensaje como un auxilio no es una carta de amor

sino dependencia pero no ha sido siempre así acaso,

un mamífero desesperado sobre un cúmulo de rocas

y si el amor no alcanza tu mensaje seremos serenos

en esperarte en un espacio

lo peor que podrías hacer es venir y desgarrar el tiempo

con esa criminalidad brusca de los amos del hielo

es una pista: quien te mire a los ojos

penetra en ti quien penetre en ti

tendrá de ti lo más preciado

una cápsula que tintinea y ha perdido todo

anteriormente, es una broma como podría ser

una lección

pero ya que el recuerdo de tus manos existe déjame contar

el vacío de su obra y el despertar absurdo

en una cápsula sobre un planeta abandonado

con cada tesoro dentro del baúl de titanio

solitariamente cantando en un afán de melodía

sobre las estrellas solitariamente una canción que nadie

podría recordar

cuán orgulloso de armar una nave y cuán imprecisa

la maldad al tomar los timones

exhala para simular una presencia

tu cuerpo ha sido vaciado de la alegría del eco y

es esta una mansión como una tumba

de conejos azules

hablar en multitudes para atraerte esconder las heridas del fuselaje para

dar una buena sonda quienquiera que seas y hayas tomado

un puñado desesperado de este mensaje o por error contengas una rima

inadecuada ten en ti una oración

o una queja o una ira grande como las que encendieron

el cielo que desalojas

pero si llegaras, apenas a una frase

como el dedo sobre esos antiguos pianos esos manuales de amor

y presencia, pero si llegaras una luz de repente

en el brote del pulmón como en el diente del diente

arribado de vientos todavía

sin la vergüenza de amar, transmitida

la emisión única es el

fin de los tiempos

o una antigua mañana de movimiento

donde las casas se llenaban de pájaros

¿qué son los pájaros? ¿qué

son las flores?

mi memoria solo conoce el holograma

en esta cápsula conteniendo el eon

de épocas

siempre ficticias, y manos saturadas por

música de fábricas

para la diversión en un lugar fuera

de las horas

donde la debilidad de su creación

me repite como un cáncer

¿era esta la música celeste de los sabios?

¿ la expectativa de los que manejaron

nuestros saludos?

como si por fuera el aliento solo divagara

mi tránsito es una colisión de meteoritos

ten el oro de los planetas o nuevamente

la purpurina espacial

como una novela sin héroe el rastro de una futura

constelación es un aroma de pérdida

o ese fantasma de pronto en un holograma de hermano

¿ha sido esta pastilla

la desaparición de tu amor?

pero si llegaras, como una sonda futura a hacer el tiempo

una flecha que direcciona el aire y los días pero si llegaras

de vida a hacer día del día y de vida llegaras

a notar, un párpado ligero retozando

sobre un párpado más pequeño y de luz ciego

tal vez miraras un poco más o tal vez esquivaras

certificados asteroides, certificados

dolores y quién rimaría? sino solamente

los amados transformadores de la materia

Agosto de 2020/ Roberto Valdivia/ Perú


Sobre el autor

Roberto Valdivia es un poeta peruano, fundador del movimiento poético virtual sub25, y actual director del sitio web del mismo colectivo, donde se publican periódicamente reseñas y comentarios en torno a la poética posmoderna.

Canto degli ultimi partigiani

Sulla spalletta del ponte

Le teste degli impiccati

Nell’acqua della fonte

La bava degli impiccati.

Sul lastrico del mercato

Le unghie dei fucilati

Sull’erba secca del prato

I denti dei fucilati.

Mordere l’aria mordere i sassi

La nostra carne non è più d’uomini

Mordere l’aria mordere i sassi

Il nostro cuore non è più d’uomini.

Ma noi s’è letta negli occhi dei morti

E sulla terra faremo libertà

Ma l’hanno stretta i pugni dei morti

La giustizia che si farà.


Sobre el autor

Franco Fortini fue el seudónimo de Franco Lattes, un poeta, escritor, traductor, ensayista, crítico literario e intelectual marxista italiano

How to Speak Poetry

Take the word butterfly. To use this word it is not necessary to make the voice weigh less than an ounce or equip it with small dusty wings. It is not necessary to invent a sunny day or a field of daffodils. It is not necessary to be in love, or to be in love with butterflies. The word butterfly is not a real butterfly. There is the word and there is the butterfly. If you confuse these two items people have the right to laugh at you. Do not make so much of the word. Are you trying to suggest that you love butterflies more perfectly than anyone else, or really understand their nature? The word butterfly is merely data. It is not an opportunity for you to hover, soar, befriend flowers, symbolize beauty and frailty, or in any way impersonate a butterfly. Do not act out words. Never act out words. Never try to leave the floor when you talk about flying. Never close your eyes and jerk your head to one side when you talk about death. Do not fix your burning eyes on me when you speak about love. If you want to impress me when you speak about love put your hand in your pocket or under your dress and play with yourself. If ambition and the hunger for applause have driven you to speak about love you should learn how to do it without disgracing yourself or the material.

What is the expression which the age demands? The age demands no expression whatever. We have seen photographs of bereaved Asian mothers. We are not interested in the agony of your fumbled organs. There is nothing you can show on your face that can match the horror of this time. Do not even try. You will only hold yourself up to the scorn of those who have felt things deeply. We have seen newsreels of humans in the extremities of pain and dislocation. Everyone knows you are eating well and are even being paid to stand up there. You are playing to people who have experienced a catastrophe. This should make you very quiet.  Speak the words, convey the data, step aside. Everyone knows you are in pain. You cannot tell the audience everything you know about love in every line of love you speak. Step aside and they will know what you know because you know it already. You have nothing to teach them. You are not more beautiful than they are. You are not wiser. Do not shout at them. Do not force a dry entry. That is bad sex. If you show the lines of your genitals, then deliver what you promise. And remember that people do not really want an acrobat in bed. What is our need? To be close to the natural man, to be close to the natural woman. Do not pretend that you are a beloved singer with a vast loyal audience which has followed the ups and downs of your life to this very moment. The bombs, flame-throwers, and all the shit have destroyed more than just the trees and villages. They have also destroyed the stage. Did you think that your profession would escape the general destruction? There is no more stage. There are no more footlights. You are among the people. Then be modest. Speak the words, convey the data, step aside. Be by yourself. Be in your own room. Do not put yourself on.

This is an interior landscape. It is inside. It is private. Respect the privacy of the material. These pieces were written in silence. The courage of the play is to speak them. The discipline of the play is not to violate them. Let the audience feel your love of privacy even though there is no privacy. Be good whores. The poem is not a slogan. It cannot advertise you. It cannot promote your reputation for sensitivity. You are not a stud. You are not a killer lady. All this junk about the gangsters of love. You are students of discipline. Do not act out the words. The words die when you act them out, they wither, and we are left with nothing but your ambition.

Speak the words with the exact precision with which you would check out a laundry list. Do not become emotional about the lace blouse. Do not get a hard-on when you say panties. Do not get all shivery just because of the towel. The sheets should not provoke a dreamy expression about the eyes. There is no need to weep into the handkerchief. The socks are not there to remind you of strange and distant voyages. It is just your laundry. It is just your clothes. Don’t peep through them. Just wear them.

The poem is nothing but information. It is the Constitution of the inner country. If you declaim it and blow it up with noble intentions then you are no better than the politicians whom you despise. You are just someone waving a flag and making the cheapest kind of appeal to a kind of emotional patriotism. Think of the words as science, not as art. They are a report. You are speaking before a meeting of the Explorers’ Club of the National Geographic Society. These people know all the risks of mountain climbing. They honour you by taking this for granted. If you rub their faces in it that is an insult to their hospitality. Tell them about the height of the mountain, the equipment you used, be specific about the surfaces and the time it took to scale it. Do not work the audience for gasps ans sighs. If you are worthy of gasps and sighs it will not be from your appreciation of the event but from theirs. It will be in the statistics and not the trembling of the voice or the cutting of the air with your hands. It will be in the data and the quiet organization of your presence.

Avoid the flourish. Do not be afraid to be weak. Do not be ashamed to be tired. You look good when you’re tired. You look like you could go on forever. Now come into my arms. You are the image of my beauty.

How to speak poetry (commentary)

I did not want to appear again in these pages except to say goodbye. I thought that he should be left alone in this most delicate phase of the wedding preparation, with the man asleep and the woman being born. I thought he could be trusted to maintain the balance. He can’t. It is too quiet for him. He has to shoot off his fucking Sunday School mouth. We’re supposed to sit back and listen to The Good Guy talking, the old crapulous Dogma of Decency. This filth cannot go unpunished. How dare he summon the widows of Asia to his side! How dare he break his vow of silence to lecture, in the name of The People, from the shit-stained marble balcony of his obscene cultural delusions! I hate him for this. He will pay for this religious advertisement. He will carry the syrup of it in his balls. He will pass this life as a teddy bear. Death to the Commissars of the Left and the Right! Death to the Commissars of Mystery! I hate his fucking face, all serious with concern. Don’t let him into the good movie, and don’t let him hear any of the merry tunes in the Music Hall. Never let him sing again. And let him sit outside with his stinking educational corpse while the stripper on the little gilded stage turns every one of us on.


Sobre el autor

Leonard Cohen fue un poeta, novelista y cantautor canadiense. Sus trabajos exploraban temas tan diversos como la religión y la política, la soledad y la sexualidad, la muerte y las relaciones románticas.

Manifiesto

No soy Pasolini pidiendo explicaciones

No soy Ginsberg expulsado de Cuba

No soy un marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy

Y no soy tan raro

Me apesta la injusticia

Y sospecho de esta cueca democrática

Pero no me hable del proletariado

Porque ser pobre y maricón es peor

Hay que ser ácido para soportarlo

Es darle un rodeo a los machitos de la esquina

Es un padre que te odia

Porque al hijo se le dobla la patita

Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro

Envejecidas de limpieza

Acunándote de enfermo

Por malas costumbres

Por mala suerte

Como la dictadura

Peor que la dictadura

Porque la dictadura pasa

Y viene la democracia

Y detrasito el socialismo

¿Y entonces?

¿Qué harán con nosotros compañero?

¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos

con destino a un sidario cubano?

Nos meterán en algún tren de ninguna parte

Como en el barco del general Ibáñez

Donde aprendimos a nadar

Pero ninguno llegó a la costa

Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas

Por eso las casas de caramba

Le brindaron una lágrima negra

A los colizas comidos por las jaibas

Ese año que la Comisión de Derechos Humanos

no recuerda

Por eso compañero le pregunto

¿Existe aún el tren siberiano

de la propaganda reaccionaria?

Ese tren que pasa por sus pupilas

Cuando mi voz se pone demasiado dulce

¿Y usted?

¿Qué hará con ese recuerdo de niños

Pajeándonos y otras cosas

En las vacaciones de Cartagena?

¿El futuro será en blanco y negro?

¿El tiempo en noche y día laboral

sin ambigüedades?

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

¿Van a dejarnos bordar de pájaros

las banderas de la patria libre?

El fusil se lo dejo a usted

Que tiene la sangre fría

Y no es miedo

El miedo se me fue pasando

De atajar cuchillos

En los sótanos sexuales donde anduve

Y no se sienta agredido

Si le hablo de estas cosas

Y le miro el bulto

No soy hipócrita

¿Acaso las tetas de una mujer

no lo hacen bajar la vista?

¿No cree usted

que solos en la sierra

algo se nos iba a ocurrir?

Aunque después me odie

Por corromper su moral revolucionaria

¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?

Y no hablo de meterlo y sacarlo

Y sacarlo y meterlo solamente

Hablo de ternura compañero

Usted no sabe

Cómo cuesta encontrar el amor

En estas condiciones

Usted no sabe

Qué es cargar con esta lepra

La gente guarda las distancias

La gente comprende y dice:

Es marica pero escribe bien

Es marica pero es buen amigo

Súper-buena-onda

Yo no soy buena onda

Yo acepto al mundo

Sin pedirle esa buena onda

Pero igual se ríen

Tengo cicatrices de risas en la espalda

Usted cree que pienso con el poto

Y que al primer parrillazo de la CNI

Lo iba a soltar todo

No sabe que la hombría

Nunca la aprendí en los cuarteles

Mi hombría me la enseñó la noche

Detrás de un poste

Esa hombría de la que usted se jacta

Se la metieron en el regimiento

Un milico asesino

De esos que aún están en el poder

Mi hombría no la recibí del partido

Porque me rechazaron con risitas

Muchas veces

Mi hombría la aprendí participando

En la dura de esos años

Y se rieron de mi voz amariconada

Gritando: Y va a caer, y va a caer

Y aunque usted grita como hombre

No ha conseguido que se vaya

Mi hombría fue la mordaza

No fue ir al estadio

Y agarrarme a combos por el Colo Colo

El fútbol es otra homosexualidad tapada

Como el box, la política y el vino

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Mi hombría es aceptarme diferente

Ser cobarde es mucho más duro

Yo no pongo la otra mejilla

Pongo el culo compañero

Y ésa es mi venganza

Mi hombría espera paciente

Que los machos se hagan viejos

Porque a esta altura del partido

La izquierda tranza su culo lacio

En el parlamento

Mi hombría fue difícil

Por eso a este tren no me subo

Sin saber dónde va

Yo no voy a cambiar por el marxismo

Que me rechazó tantas veces

No necesito cambiar

Soy más subversivo que usted

No voy a cambiar solamente

Porque los pobres y los ricos

A otro perro con ese hueso

Tampoco porque el capitalismo es injusto

En Nueva York los maricas se besan en la calle

Pero esa parte se la dejo a usted

Que tanto le interesa

Que la revolución no se pudra del todo

A usted le doy este mensaje

Y no es por mí

Yo estoy viejo

Y su utopía es para las generaciones futuras

Hay tantos niños que van a nacer

Con una alíta rota

Y yo quiero que vuelen compañero

Que su revolución

Les dé un pedazo de cielo rojo

Para que puedan volar.

***

Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.


Sobre el autor

Pedro Lemebel fue un escritor, cronista y artista plástico chileno. Su obra gira en torno a la marginalidad chilena utilizando para ello algunas referencias de su vida, plasmando así una obra poética encarnizadamente propia.

Hay que saber caer

Hay que saber caer

como se aprende a morir

como se abre la mandíbula para meterse a la boca una cuchara,

como se saca el botón intermedio del saco

y luego

nos arrastramos hasta llenarnos de lodo.

Hay que saber caer

y comerse el corazón en la bahía de los amantes tuertos,

donde ya nos construimos una cabaña

y nos amamos entre pastilleros.

Y

al

tercer día

resucitamos.


Sobre el autor

Maria Font estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con una especialización en Gestión Cultural por el Museo de Arte de Lima. Se ha desempeñado como gestora cultural y editora en diversas empresas. Además, ha publicado artículos de opinión en la revista virtual Pikara Magazine y sobre temas literarios en esta revista. Actualmente, trabaja en nuevos proyectos y planea la revolución de los gatos.