Perdiendo el miedo al placer femenino


En este artículo, desde una perspectiva feminista (y personal) del placer, Abigail Jimenez nos habla de cómo concebimos el placer femenino en las sociedades latinoamericanas. Es un testimonio, que como todo buen testimonio, nos deja con la sensación de haber aprendido algo no solo sobre la sexualidad femenina, sino sobre la vida misma.


Prohibir algo es despertar el deseo.
Michel de Montaigne


En el mundo femenino es bien sabido que en cualquier reunión se hablara quieran o no de sexo. Desde las reservadas y conservadoras hasta las de espíritu libre, tocan este tema tan diverso y prolífico, donde las dudas y muchas veces, la risa de nuestras historias sale a la luz, para bien o para mal. Solteras, casadas, divorciadas, adolescentes y mujeres de la tercera edad, todas nosotras, nos gusta el sexo.

Me ha tocado estar muchas veces contra el paredón al contar mis experiencias, en las cuales a veces me doy cuenta de que soy juzgada por mis amistades, no sé si es por lo tradicional que es mi ciudad o que es lo que lo provoca, muchas veces siento que la misma sociedad se encuentra un poco reprimida en cuestión del placer femenino y te hace verlo como algo malo el que disfrutes de tu cuerpo. Tampoco digo que vayas y te metas con cualquiera que conozcas en Tinder y andes con una infección urinaria feliz por la vida, también es ser responsable de tus acciones y estar consciente de que como hay diversión también hay un enorme grado de responsabilidad.

¿Qué conlleva esta responsabilidad? Desde mi perspectiva, en la cual me siento tan empoderada una vez que logro ir descubriendo sobre sexualidad, me doy cuenta que es una pequeña parte de lo que estoy conociendo. Ayer me encontraba mirando la nueva serie de Netflix, Goop Lab, sobre la compañía de estilo de vida y bienestar Goop, fundada por la actriz estadounidense Gwyneth Paltrow, donde tocan temas de medicina alternativa, curación energética y sexualidad femenina.

Mientras miraba este capítulo que tiene como título: El placer es nuestro, me di cuenta de una cosa muy importante: no tenía ni la mínima idea de cómo se veían mis órganos sexuales. Nunca me dio por verlos, al creer que era una parte sucia o incómoda y me sorprendió que yo misma estuviera juzgando mi cuerpo, siendo que es algo totalmente natural y de lo cual debo estar informada. Así que después de ver el episodio, decidí tomar un espejo y observarlo, quitándome ese tabú tan presente y darme cuenta que no es nada malo, puedo decir que es inclusive más interesante que el miembro masculino.

En un estudio realizado por el Centro Mi intimidad, se encontró que el 50,7% de ellas nunca había mirado sus genitales.

Nos encontramos en esta revolución feminista, en donde las mujeres luchan por sus derechos, por igualdad, por justicia en todos los ámbitos, por lo que es inevitable el pensar que sea tan grande la cantidad de nosotras que nunca ha mirado ni explorado sus genitales.

¿Por qué siguen existiendo tantos prejuicios? Me di cuenta que fuera de las películas pornos o muy undergound, no se ha visto esta parte del cuerpo femenino, al creerse como algo sucio o impuro. Es más, se ha visto el escándalo por parte de Instagram donde no permite la publicación de fotos donde las madres al vacacionar dejar a sus hijos varones sin playera en la playa, y estamos de acuerdo que son niños, no hay nada sexual en eso, pero al confundirlos con las niñas al usar su cabellera larga, las sancionan y las quitan de la vista al público.

Otra de las cosas que más tabú se tiene sobre este tema, es que muchas mujeres relacionamos  la palabra  genitales externos con la vagina cuando esta es el conducto del parto y la confunden con la vulva, otras piensan que el clítoris está dentro de la vagina y que el himen es una tela rígida que cubre toda la vagina, el cual se romperá, emanando chorros de sangre.

En BiobioChile, nos hacen la siguiente pregunta: ¿y por qué es tan importante que las mujeres conozcan sus genitales?  la falta de conexión con la pelvis y con el área genital, genera una desintegración de esta zona con el resto del esquema corporal, pudiendo producir disfunciones sexuales como Anorgasmia o dificultad para experimentar el orgasmo, pues nunca han explorado sus sitios de placer, no saben dónde están ubicados y menos aun cómo estimularlos.

Y en el caso del vaginismo (contracción involuntaria de los músculos de la vagina, frente al intento de penetración vaginal), no hay control voluntario de la musculatura vaginal para relajar y abrir la vagina, lograr un examen ginecológico, insertar un dedo, tampón o pene. Todo esto genera grandes dificultades personales y relacionales, impidiendo disfrutar de una sexualidad satisfactoria.

La sexualidad es parte de una vida sana, por lo que negarse al placer y conocer tu cuerpo, lo que te gusta, podría traerte problemas de salud y serios trastornos que generan más problemas.

Lo ideal es que tengas encuentros íntimos sin miedo a un encasillamiento y con el cuidado debido, así como visitas al ginecólogo, sexólogos y erotólogos, etc,  donde puedes resolver todas esas dudas que no se han resuelto. Si no tienes pareja, puedes optar por la masturbación, que es otro de los temas prohibidos donde la gente no quiere hablar, pero que es una práctica saludable que ayuda a conocer nuestro cuerpo y a liberar el deseo sexual.

Ahora, mi mensaje para ustedes es: mujeres, agarren un espejo, y no tengan miedo ni vergüenza en mirarlos, explorarlos y conectarse con ellos, la sexualidad no tiene nada de pecaminoso, es parte de ti. Celebra tu feminidad.


Abigail Jimenez

Guerra cristera: testigo de una cruzada

“La religión es la que evita que los pobres asesinen a los ricos”.
Napoleón Bonaparte


En algún punto de mí vida, he tenido conflictos respecto a lo que significa la fe y religión, aun más durante estas festividades decembrinas, me debato entre lo correcto y lo erróneo de los eventos que realizamos, por lo que siempre me han dicho que para terminar una conversación, el mejor tema es hablar de política, aborto o religión; más en una sociedad tan conservadora como es la mexicana.

México, es un país rico en cultura y costumbres donde el misticismo y el progreso va acompañando a sus habitantes, México es un país creyente: tiene una gran diversidad religiosa formada por minorías que enriquecen a la sociedad, pero aun la que predomina sigue siendo la católica. El profesar una fe o identificarse con una, debería ser una experiencia que complemente al individuo, que en muchos casos es el efecto contrario, siendo preocupante y peligroso, ya que en la historia del país, en pleno siglo XX, bastante sangre ha corrido en la defensa y en el nombre de la religión y sigue siendo una historia inclusive no tan conocida para la mexicanidad. La guerra cristera se encuentra lo suficientemente lejos como para que las voces sean escuchadas, y en efecto, en la actualidad podemos encontrar, aunque se trate de pocas ediciones, una buena cantidad de obras referentes al tema, entre la más fiel, se encuentra de Jean Meyer, en los años 60’s, gracias a los testimonios de Aurelio Acevedo, antiguo gobernador del Estado de Zacatecas, cristero que tuvo a cargo la comandancia del regimiento de Valparaíso.

 La guerra cristera, al igual que la sangre, terminó siendo esa mancha oscura y seca que con los años ha estado marcando la historia del país, fue oculta y silenciada ante la prensa mundial, esto debido a los grandes intereses internacionales, pero; gracias al despertar colectivo, se mantiene vivo ese recuerdo.

Ahora bien, ¿qué fue la Cristiada y por qué se permitió? Citando a Jesus Ignacio Fernández Domingo, no es otra cosa que la reacción de una parte del pueblo mexicano, que se prolongó desde 1926 a 1929  todo esto ya visto desde Benito Juárez con sus leyes de Reforma, con Venustiano Carranza en la Revolución Mexicana y con Álvaro Obregón en el poder, ante la persecución religiosa y en la que había culminado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano de 1917, en cuyos artículos 3, 5, 7 y 130 resultaban duros hacía la Iglesia, esto para dar al Estado medios para controlar la dirección política del país,una política que negaba la personalidad jurídica a las iglesias, privándolas del derecho a poseer bienes e impedía el culto público fuera de los templos.

La Cristiada fue un grito del pueblo hacía el presidente Plutarco Elías Calles, siendo Guanajuato, Querétaro, Zacatecas, Jalisco, Michoacán, Morelos y hasta Yucatán, las zonas más afectadas, al ser de las entidades con mayor número de católicos en todo el país. 

Algunas fuentes nos señalan que el primer atentado fue el día 21 de noviembre de 1921, en la Antigua Basílica de Guadalupe, con la finalidad de destruir la imagen de la Virgen, al cual el pueblo de México es devoto, sin embargo por causas aún desconocidas, el cuadro no sufrió daño alguno, por lo que muchos indicaron que fue un hecho milagroso; esto causó enojo en la población católica y dio más fuerzas a levantarse en contra del Gobierno.

Con el  apoyo de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) se crea la Iglesia Católica Apostólica Mexicana (ICAM), movimiento que desconocía al Papa, atacó a los miembros del clero católico, sacándolos de las mejores iglesias, defendió el uso del español en las ceremonias, se opuso al celibato, al cobro de tarifas por los sacramentos, todo esto para romper con el Vaticano. Es importante hacer notar la diferencia entre la política de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, ambos presidentes durante esta transición; mientras que el primero era moderado, por el contrario, Calles fue utilizado como arma ideológica.

No se trataba de una prohibición, porque las iglesias continuaban abiertas, y se invitaban a los sacerdotes a rezar, pero el culto público, la administración pública de los sacramentos, los actos fúnebres públicos religiosos, estaban suprimidos. Se trataba de una aspiración revolucionaria, comenzaron las detenciones de católicos que sin embargo, la autoridad no consiguió poner fin al culto clandestino.

Estos son los momentos de la lucha armada y en los que la Iglesia, no permaneció pasiva, surgiendo de confederaciones religiosas nace la Unión Popular, fundada por Anacleto González Pérez, quien juega un papel importante en la rebelión. Y como lo dice su nombre, la cristiada fue un movimiento popular, para el pueblo, del pueblo.

Cerca de 50,000 personas fallecieron en el conflicto.

Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Sin embargo, para ese entonces existía una profunda división en el seno de la Iglesia en México; la fractura afectaba desde la cúpula episcopal hasta los laicos.  Es aquí donde el país entra en  un modus vivendi, un modo de vivir, en el que el Estado renunciaba a la aplicación de la ley y la Iglesia renunciaba a exigir sus derechos,  debiendo enfrentar un momento de prueba cuando Calles, presionado por los efectos devastadores de la crisis de 1929 pronunció el así llamado Grito de Guadalajara.

El Grito de Guadalajara marcó el inicio de una serie de reformas al sistema educativo mexicano que culminaron con el proyecto de la así llamada “educación socialista”.

Las tensiones creadas por el Grito fueron de tales dimensiones que, una vez más, se organizaron una serie de movilizaciones que, por su magnitud son conocidas como “La Segunda”, es decir, la Segunda Cristiada, aunque en esta ocasión no hubo fracturas en el seno del episcopado.

Un punto muy importante que se deja sin cubrir, es el abandono a los maestros ante la ira e la sociedad manipulada por el clero, en épocas  de la educación socialista que aparecieron nuevamente en la Constitución , en vista de que la ley no reconocía las escuelas católicas primarias las garantías necesarias para impartir la enseñanza religiosa, por lo que los padres de familia impidieron que sus hijos acudieran a planteles de educación en donde peligraran su fe y buenas costumbres, por lo que muchos cristeros se levantaron en armas nuevamente, seguidos de otros católicos, pero durante este periodo maestros desarmados se encontraron entre los principales blancos de las atrocidades asociadas con los cristeros durante este periodo. 

Puedo concluir que México no está exento de la frase de “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, podríamos estar destinados a vivir día a día como lo han venido haciendo desde antes y la única solución para alejarse de esta realidad es tener ciudadanos informados, críticos, pensantes, para poder conjuntamente cambiar el país y no cometer los mismos errores.


Abigail Jimenez.