Etiopía: de la paz internacional al conflicto interno

Desde el pasado 4 de noviembre, cuando el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) atacó el mando norte del ejército federal de Etiopía —el segundo país más poblado de África— se entró en un conflicto que amenaza con extenderse no sólo por todo el país, sino también por la región y causar una crisis humanitaria en el Cuerno de África. El TPLF ha negado ser el causante del citado ataque.

Para conocer lo que está sucediendo, conversé con el en doctor en historia y profesor de la Universidad de Addis Abeba, Geremew Feyissa Dadi, cuyos aportes son base del siguiente artículo.

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El origen del conflicto lo podemos encontrar en el propio TPLF en la medida que lideró el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que gobernó el país por 27 años, con grandes niveles de corrupción y violación de los derechos humanos. El EPRDF fue derrocado de su control absoluto por un movimiento de jóvenes de diferentes regiones y formaciones étnicas, liderados por los Qeerro (Oromía), Fano (Amhara) y Zerma (Gurage). Esta conciencia social produjo una gran identificación y apoyo por parte de los etíopes radicados en Estados Unidos y Europa que dieron un espaldarazo al movimiento de cambio dirigido por dichos jóvenes, además de algunos intelectuales y un grupo de políticos (Team Lema) que actuaron desde el seno del EPRDF.

Área del conflicto en Etiopía. Créditos: El País.

Este gran cambio político (en abril de 2018 es nombrado primer ministro Abiy Ahmed) significó la huida del TPLF a Mekele (capital de la Región de Tigray) donde se hicieron con el poder y dirigieron —a su antojo— toda la maquinaria de represión social, violación de los derechos humanos, saqueo económico, nepotismo, etc. Una vez en su feudo – además – pusieron en práctica maniobras para desestabilizar y obstaculizar todo el proceso de reformar introducidas por el gobierno, entre las que encontramos la apertura democrática que dio lugar a que todos los actores políticos del país, algunos exiliados en el extranjero y clasificados como terroristas por el TPLF, pudieran participar en la reforma política. Todos los presos políticos fueron excarcelados y se levantó el toque de queda impuesto por el TPLF, Asimismo, el actual primer ministro declaró una guerra sin cuartel contra la corrupción estando implicados una gran cantidad de políticos y militares del TPLF.

Para entender el conflicto, es necesario tener en cuenta algunos hechos clave:

1. La celebración ilegal de las elecciones en Tigray por parte del TPLF con un resultado inverosímil de casi el 100% de los votos para el partido. El gobierno federal, a través del parlamento de los representantes de los pueblos habían aprobado posponer las elecciones por motivos de la pandemia de la COVID-19.

2. El TPLF, y algunos partidos nacionalistas, amenazó —a través de sus medios de propaganda— con desconocer al gobierno federal y sus instituciones después del primero de octubre, fecha en la debieron realizarse nuevas elecciones. Sin embargo, debido a la pandemia, el parlamento había reconocido el ejercicio de su poder hasta la celebración de las elecciones previstas para el 2021.

3. El 21 de junio pasado, fue asesinado un famoso cantante oromo (el grupo étnico más grande del país que, al igual que a la etnia amhara, fue marginado y reprimido por el TPL,) seguido de una serie de disturbios y saqueos en algunas ciudades. El primer ministro señaló que detrás de los disturbios hubo la intensión de “provocar una guerra civil y violencia intercomunitaria”. Estos hechos causaron gran indignación en la mayor parte de la población quienes exigieron al gobierno que garantice el estado del derecho. Encarcelados los autores intelectuales de estos actos criminales, el TPLF, en vez de condenar los hechos, exigió su liberación.

Hay que tomar en cuenta, también como antecedente, el intento de asesinato —presuntamente por el TPLF— al primer ministro en 2018. Asimismo, existen permanentes campañas en sus medios aliados (Tigray TV y Dimtse Woyane) para desprestigiarlo y llevar acabo lo que se denomina un character assassination o asesinato de la reputación.

Las acciones del TPLF nos llevan a la conclusión de que buscan el conflicto bélico para no responder ante la ley por los incontables delitos durante los casi 30 años que lideraron el bloque de gobierno. En este sentido, el primer ministro Abiy Ahmed parece tener todo el derecho legítimo de defender la soberanía y seguridad de su pueblo, así como de llevar a los culpables ante la ley. El TPLF, por su parte, tiene la intención de presentarse ante la comunidad internacional como la víctima del conflicto, incluso se ha visto a la prensa extranjera replicar mucha de su propaganda contra el gobierno.

El TPLF ha realizado algunos intentos de interiorizar el conflicto, financiando algunos grupos terroristas para detonar explosivos en importantes monumentos arquitectónicos, asesinar personalidades e intentar desatar conflictos sociales entre algunos grupos étnicos; sin embargo, la movilización popular —que apoya decididamente al primer ministro— logró desactivar muchos de estos planes terroristas.

En el plano internacional, ha lanzado misiles de corto alcance contra Asmera, capital de Eritrea, cuyo gobierno es considerado un aliado de Abiy. Su objetivo es que el gobierno eritreo se involucre en el conflicto, creando así las condiciones para reivindicar —ahora sí— su supuesto independentismo, algo que no hicieron en las décadas en las que fueron gobierno. El primer ministro etíope ha respondido señalando que el gobierno federal tiene la capacidad de hacer frente al conflicto sin la intervención de terceros países. Hay que recordar que es precisamente el acuerdo de paz suscrito —en 2018— por el presidente, Isaias Afwerki, y el primer ministro, Abiy Ahmed, que puso fin a 20 años de hostilidades, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz.

La Organización de las Naciones Unidas ha estimado que más de 30 mil tigrayanos han cruzado la frontera hacia Sudán buscando un lugar seguro. Por su importancia geopolítica, y por tanto de interés local y extranjero, el Cuerno de África es una de las zonas más frágiles del continente por lo que un aumento significativo de refugiados hacia su vecino oeste podría causar desestabilización e —inclusive— su involucramiento en el conflicto. Por su parte, el primer ministro Abiy ha señalado que el TPLF ha sido derrotado militarmente, en la medida que las tropas federales habrían tomado Mekele, el líder del TPLF, Debretsion Gebremichael, ha comentado que sus tropas mantendrán las acciones bélicas.

Para mitigar las graves consecuencias del conflicto, la ONU ha reclamado la apertura de un corredor humanitario. En este sentido, pidió a las partes en conflicto “permitan acceso humanitario inmediato, libre, seguro y sin restricciones”. Asimismo, la Unión Africana ha encargado a tres expresidentes, Joaquim Chissano de Mozambique, Ellen Johnson-Sirleaf de Liberia, y Kgalema Motlanthe de Sudáfrica, la misión de crear las condiciones de un diálogo nacional abierto para resolver las cuestiones que han dado lugar al conflicto” (presidente Cyril Ramaphosa).

La escalada bélica en Etiopía y la presión a sus vecinos Eritrea y Sudán podría afectar la fragilidad política y social del Cuerno de África, por lo que urge una solución en el corto plazo que evite una tragedia humanitaria.

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