¿Debemos reformar a la Policía Nacional?

No es secreto para nadie en Latinoamérica el fracaso de las fuerzas policiales. Más que ser sinónimo de orden, lo suelen ser de corrupción o represión. La policía no nos defiende, la policía no nos representa es uno de los clamores de los jóvenes que salen a marchar en las calles. No obstante, muy pocas voces desde el Poder se atreven a reclamar algún tipo de reforma a dicha institución.

En Perú, tras toda la represión policial sufrida en las protestas, que incluyó el asesinato de Jack e Inti, centenares de heridos y múltiples reportes de desapariciones forzadas —delitos que la Fiscalía se encuentra investigando en estos momentos como crímenes de lesa humanidad— el debate sobre una reforma policial no es de mayor relevancia en el país.

Tanto silencio haría pensar que no ha pasado nada fuera de lo común. Que aquello no fue la excepción, sino la regla. Si algo puede quedar claro es que el accionar fue indiscriminado, fue parejo y fue constante, como lo graficaron los videos difundidos en redes sociales y como lo vienen graficando las miles de denuncias que a lo largo de los años se acumulan contra dicha institución en distintas protestas.

Aun así, el nuevo Presidente Francisco Sagasti, frente a los pedidos de una reforma policial por estos hechos, ha pedido no responsabilizar a toda la Institución por el accionar de algunos malos elementos. No es un argumento muy diferente del estadounidense y las “malas manzanas” que revivió tras el asesinato de George Floyd. Argumento que guarda silencio cómplice frente a los delitos que comete una institución que no debería cometerlos.

Por ello, hoy decidimos enumerar cuatro grandes problemas evidenciados en la última semana que deberían como mínimo indicarnos que esto no es un problema individual, sino algo mucho más grande.

Criminalización o el terruqueo de la protesta

POLICÍA NACIONAL REPRIME A UN FOTÓGRAFO EN PLENA MARCHA. DE ACUERDO AL INSTITUTO DE PRENSA Y SOCIEDAD, SOLO EN LIMA DECENAS DE PERIODISTAS Y FOTÓGRAFOS FUERON AGREDIDOS Y REPRIMIDOS. CRÉDITOS: EL COMERCIO.

Pese a que es un derecho reconocido, la protesta en Perú no es un derecho garantizado. O mejor dicho, no es un derecho que se pueda ejercer con libertad. En muchos casos, por no decir todos, cada movilización masiva contra alguna medida del Ejecutivo es severamente criminalizada recurriendo a tácticas de comunicación desde luego repudiables.

El terruqueo al que recurre la Policía Nacional—y difundido sin filtros por muchos medios de comunicación— con la mayoría de jóvenes es desde luego el más común y el más fácil de reconocer. Este método no fue esquivo en las protestas de las últimas semanas: fue precisamente el criminalizar la protesta la que le dio carta blanca a la Policía de reprimir a la población. Apoyado por declaraciones ambiguas de Ántero Flores Aráoz y Gastón Rodríguez, que se apoyaban en diferenciar entre las marchas pacíficas y lo que venía sucediendo en nuestro país para justificar el accionar policial.

El uso de los grupos TERNA en las protestas

PESE A QUE FUE DESMENTIDO POR LA REALIDAD, EL RELATO OFICIAL FUE QUE NO HUBIERON EFECTIVOS DEL GRUPO TERNA EN LAS MARCHAS. EN LA FOTO, UNA PRUEBA MÁS DE QUE LA REALIDAD SIEMPRE SUPERARÁ LA FICCIÓN QUE SE INVENTÓ EL GOBIERNO DE FACTO RESPECTO AL ACCIONAR DE LA POLICÍA.
PESE A QUE FUE DESMENTIDO POR LA REALIDAD, EL RELATO OFICIAL FUE QUE NO HUBIERON EFECTIVOS DEL GRUPO TERNA EN LAS MARCHAS. EN LA FOTO, UNA PRUEBA MÁS DE QUE LA REALIDAD SIEMPRE SUPERARÁ LA FICCIÓN QUE SE INVENTÓ EL GOBIERNO DE FACTO RESPECTO AL ACCIONAR DE LA POLICÍA. Créditos: Diego Miranda.

Desde su implementación en 2003, el Escuadrón Verde, comúnmente conocido como grupo Terna, se ha caracterizado por aparecer infiltrados mucho más seguido en espacios donde no le corresponde estar y ser fácilmente reconocibles por su uniformidad de estilo. Pese a que sus objetivos son tanto combatir la microcomercialización de drogas como la comisión de delitos comunes, poco a poco se ha hecho más familiar verlos en las marchas o en protestas estudiantiles pacíficas.

Tras los sucesos de las últimas semanas, en muchos casos grabados por videos, queda claro que el grupo TERNA no persigue la comisión de delitos, sino que en muchos casos los fomenta. Una semana bajo el escrutinio público y bajo la crítica internacional ha causado que por primera vez se hable de evaluar seriamente su presencia, no solo dentro de las protestas, sino dentro de la Policía Nacional.

Las tácticas de represión

Daniel Olivares, Congresista del Partido Morado, frente a un efectivo policial que está a punto de golpearlo. De fondo, la represión pura y dura contra el resto de manifestantes. créditos:Ernesto Benavides-AFP.

Poco o nada se ha hecho sobre ahondar en qué momento se adoptaron determinadas tácticas para reprimir a la población aquella semana de noviembre. Existen ciertos indicios respecto a la responsabilidad legal, y sin duda, sobre este punto, se profundizará a través de la investigación fiscal. Pero lo cierto es que nada de lo que vimos en las últimas semanas es nuevo. Ya aquellas tácticas se han usado para reprimir otras protestas, alcanzando picos de violencia en Bagua o en Tía María.

POLICÍA ANTIDISTURBIOS EN LAS CALLES DE LIMA, TRAS HABER LANZADO BOMBAS LACRIMÓGENAS Y ALISTÁNDOSE A LANZAR PERDIGONES. CRÉDITOS:ERNESTO BENAVIDES-AFP.

En ninguno de estos casos, como en otros, se toma en cuenta que a quienes se reprime no es a “los alborotadores” —apelativo que la prensa o la Policía alude para justificar sus acciones— sino a la población en general. No existe una táctica clara para enfrentar las dificultades, sino solo represión pura y dura. ¿Cómo en tiempos de democracia obtenemos una policía de dictadura? pudo ser la pregunta que más recorrió la mente de aquellos jóvenes reprimidos en distintas partes del país.

La no-letalidad de las armas

UNO DE LOS EFECTIVOS POLICIALES DISPARANDO PERDIGONES (QUE DE ACUERDO Al MINISTRO DEL INTERIOR, ERAN DE GOMA) COMO LOS QUE MATARON A INTI Y A JACK BRYAN LA NOCHE DEL SÁBADO. DE FONDO, NINGUNO DE LOS POLICÍAS SE INMUTA AL RESPECTO. CRÉDITOS: EFE.

Dentro de las tácticas de represión, es necesario hablar de las armas con las cuales la Policía actuó en contra de los manifestantes. El Ministro de Interior, Gastón Rodríguez, garantizó en más de una oportunidad, que solo se usaron armas no-letales para controlar las protestas. El asesinato de Jack e Inti lo desmintió, así como la enorme cantidad de heridos que llegaron a los hospitales. Si aquellas armas no-letales consiguieron matar a dos jóvenes y herir de gravedad a decenas más, ¿no sería necesario re-evaluar con qué armas actúa la Policía o si es necesario su uso en grandes concentraciones de gente?

No podemos ignorar que existen otros factores a tomar en cuenta para hablar de una reforma policial y que sin duda ayudan a enriquecer la discusión. Debe quedar claro para el Presidente que no se puede desdeñar o eludir esta discusión porque solo se trate de “algunos elementos”. Esos elementos le quitaron la vida a dos estudiantes, esos elementos han lesionado gravemente a decenas de jóvenes, esos elementos volvieron a teñir de terror el salir de casa. Hay instituciones que no pueden permitirse tener malos elementos; simplemente no pueden. Y mientras exista una institución que permita a esos malos elementos, que los encubra y los incorpore, esa institución debe cambiar.

Lo que vimos las últimas semanas no es nada nuevo; ya han ocurrido actos similares en los últimos años. Ello debería, como mínimo, alertarnos sobre algo crucial: este problema no ha empezado ayer. Retomamos una pregunta planteada más arriba ¿cómo podemos tener una policía de dictadura en tiempos de democracia? La respuesta es muy sencilla: fingiendo que no hay nada que mejorar, ignorando que el accionar de algunos elementos representa el accionar de toda una institución si no es abordada de inmediato. Estamos a tiempo de evitar que algo como lo que nos enlutó la semana pasada nos vuelva a pasar. Esta no es una conversación para el siguiente Gobierno; es una discusión que debe empezar ahora.