No es un golpe, es un derechazo

Lo que sucede en Perú no es un golpe, es un derechazo. Lo peor de nuestra clase política ha tomado el poder bajo medios muy cuestionables tras vacar a Martín Vizcarra por excusas ligeramente menos razonables. Un proceso de vacancia que ya bordeaba lo legal ha terminado por posicionar en un gobierno ilegítimo al señor Manuel Merino de Lama y compañía. Camuflados bajo consignas moralistas y de supuesta lucha contra la corrupción, estos señores y señoras de cuello blanco que ocupan el Congreso han llevado a cabo una repudiable toma de poder. En este contexto, desde Poliantea rechazamos a este Gobierno de facto y a quienes permitieron, ya sea con su silencio o con su voto, que esto suceda.

La salida de Vizcarra es sumamente cuestionable y su legalidad deberá ser definida por el Tribunal Constitucional en las próximas fechas, pero no quedan dudas sobre la legitimidad de la misma. Un Congreso que se amparaba en ser la voz del pueblo ve en las calles el más profundo repudio a lo que hicieron. La reacción de miles de peruanos en distintas partes del país no es una defensa al presidente saliente, sino una señal de hartazgo frente a quienes nos han gobernado y nos gobiernan. Esto no se trata de apoyar a Vizcarra, se trata de dejar en claro que el país le pertenece al pueblo, no a los políticos. Esto es básicamente un asunto de dignidad nacional.

Durante mucho tiempo nos han convencido que nuestra voz no importa, no suma. Nos han hecho creer que solo tenemos la opción de elegir a un mal menor. Pero hoy más que nunca es necesario que ejerzamos nuestra ciudadanía, que alcemos nuestra voz, que salgamos a las calles, que hablemos.

El silencio ha sido, es y siempre será cómplice de quienes se encuentran en el poder. Ninguna institución, medio de comunicación o político que busque representarnos debería estar en silencio. Ninguno de nosotros debería estar en silencio frente a lo que sucede. En tiempos tan oscuros para Perú, es necesario, más que nunca, hacernos escuchar. Cada quien desde su espacio, cada quien desde su tribuna, pero nunca, jamás en silencio.

Un nuevo capítulo en la historia de Perú se está escribiendo en estos momentos. Que digan de este momento dependerá enteramente de nosotros y lo que hagamos de ahora en adelante. No podemos permitir que políticos irresponsables tomen medidas que nos perjudican y pretendan que sea la historia la que la juzgue. La historia le pertenece a los pueblos y la hacemos cada día. Que les quede claro a todos que se metieron con la generación equivocada.

Seamos revolucionarios, seámoslo siempre.

El derecho a la protesta no es solo legal, sino legítimo. Por ello, es aún más indignante la represión de una fuerza que defiende a los poderosos y deja expuestos a los indefensos. No menos repugnante es la posición de políticos que prefieren centrarse en cualquier cosa (desde edificios a cajeros automáticos) antes que a las personas. Por alguna razón, es mucho más valioso cuidar un cajero automático que cuidar la integridad de quienes alzan su voz contra la injusticia.

No sorprende, pues, que sector de nuestra clase política decida imponer el discurso del “la ley y el orden” para legitimar la violencia y represión con la que actúa la Policía, que se criminalice la protesta desde algunos medios de comunicación, que se criminalice al pueblo desde quienes hoy han tomado el poder, que se criminalice el hartazgo de un pueblo que no aguanta para más… todo esto ya lo hemos vivido antes pero hoy es el momento para decir “Basta”. Contra todo eso hoy es necesario protestar.  La lucha es ardua, muchas veces ingrata, pero la promesa de un futuro mejor es un objetivo por el que vale la pena luchar y por el que hoy miles de peruanos salen a las calles.

Hay voces críticas que señalan lo oportuno de este “despertar” ciudadano. Critican que no hayan salido antes cuando también se ameritaba su presencia, su protesta. Pero no importa lo que hicimos o no hicimos ayer, sino lo que hacemos hoy para construir un mejor mañana. Ahora más que nunca, tenemos que ser conscientes que es mucho más lo que nos une, que lo que nos divide. Tiempos como este hacen necesario reevaluar no solo a quién elegimos, sino el sistema socioeconómico que permite este tipo de movidas golpistas. No existe receta mágica para salvar al país, pero queda claro que esto no empieza ni termina con sacar a Merino del poder. Ese solo será el primer paso para reconstruir el país en el que todos queremos vivir.

Seamos realistas, pidamos lo imposible.

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