Carlos Contreras, la Historia y el Bicentenario

En la Feria Internacional del Libro de Lima, el Proyecto Bicentenario presentó el libro 200 años después: l@s escolares preguntan, l@s historiador@s responden, cuya propuesta de absolver las dudas de la población escolar peruana a través de la consulta a 37 historiadores resulta novedosa. Por ello, decidimos conversar con uno de los historiadores presentes en dicho libro, Carlos Contreras Carranza, sobre la historia, el Bicentenario y la crisis económica.

¿Cómo se animó a ser historiador de profesión?

Bueno, fue una decisión difícil porque en la época de la que yo estuve en la facultad de Estudios Generales de la Universidad Católica, digamos que las carreras de humanidades eran para aristócratas, ósea gente con buen apellido. Recuerdo que a mi padre, que era un empleado bancario, le dije que quería estudiar Historia, y no Derecho para lo que había ingresado, me dijo que eso es para gente que se apellida Miró Quesada, gente con apellido compuestos y que yo debía estudiar algo para mi bien, y así pueda obtener un empleo práctico. Entonces eso para mí, eso fue como un desafío. Sentí que era como tirarme a una piscina, ahogándome, y en que cualquier segundo, iba a caer el agua.

Bueno, felizmente no me arrepiento, a pesar de que me ha costado hacerme un sitio en un mercado laboral tan pequeño que hay para los historiadores. Me atrajo de la historia, pues su carácter, que era mitad estudio de las fuentes y documentos de investigación, digamos dura, pero la otra mitad era la creación en un aspecto más artístico con un sentido filosófico de lo que es la historia. Entonces esta combinación entre la creatividad y el estudio más formal entre la inspiración poética y la deducción lógica fue lo que me atrajo de la disciplina.

¿Por qué cree que es importante la historia? Y, ¿por qué cree que no es tan valorada en nuestro país?

Bueno, creo que la historia de una sociedad es importante para entender dicha sociedad. Es algo así como “tú conoces tus orígenes, conoces tus antecedentes y recuerdas mejor tu infancia”, que es lo que hacen los psicoanalistas cuando nos analizan. Entonces estás en mejor capacidad de entender tus traumas, tus sueños, tus frustraciones y te conviertes en una persona más sana y con una mejor autoestima. Lo mismo pasa con la sociedad, ya que mientras más va conociendo sus antecedentes, sus historias, sus versiones y sus luchas, ve que no todo es color de rosa ya que han habido momentos críticos. Entonces así nos volvemos una sociedad con más confianza y con mucha imaginación para proyectar su futuro, para entender sus males y para remediarlos. Ahora, la segunda parte de tu pregunta del por qué no se la valora. Bueno, no todos tienen ese convencimiento de que conocer tus antecedentes te va ayudar. En nuestros días predomina una mentalidad, llamémosle, pragmática, que lo pasado es pisado, y que en pocas palabras es “patear hacia adelante”, que es mirar al futuro. Es cómo que todas las mañanas que nos levantamos lo hacemos con la idea de que a partir de hoy vamos a hacer las cosas bien, vamos a ser diferentes. Y ingenuamente creemos que el pasado no nos marca, pero no es así. El pasado nos condiciona, digamos, las decisiones que tomamos ayer, van a condicionar lo que hagamos hoy. Y de esta forma, yo les diría a los que no valoran el conocimiento histórico, que al final es importante para, entender mejor los problemas de una sociedad y pertrecharla con mejores herramientas para reformarla por el buen camino.

¿Encontró una tendencia en las preguntas de los escolares de nuestro país? ¿Cuál fue la pregunta que más le sorprendió?

Creo que sí, por ejemplo, hay mucha curiosidad por conocer, ¿Por qué el Perú es un país con tanta informalidad?, por ejemplo. ¿Por qué ha aparecido tanta corrupción?, ¿Tanta desigualdad? Yo enseño a los alumnos de Economía, básicamente, y estos alumnos, claro que tienen interés por tratar de encontrar en el pasado la respuesta a estos problemas complejos de nuestro presente, no, precisamente en la economía. Por otro lado, yo creo que también hay cierta idea de los estudiantes y de la población en general, de ser un país que ha tenido constantes derrotas y muchas heridas. Somos una especie de sobreviviente de un naufragio. Lo cual es interesante, porque quiere decir que somos resistentes, que hemos sido capaces de sobrevivir a tremendas catástrofes, pero a su vez es la conciencia de que no nos ha ido bien, ese cierto pésimo de que los tiempos no nos han tratado bien, por lo menos hasta hoy.

¿Es un síntoma que muchas de estas preguntas continúen quedando sin respuesta tan cerca del Bicentenario?

Creo que las grandes efemérides que terminan con muchos ceros como un  Bicentenario, nos abren la mente y la actitud de hacer una especie de balance de nuestra vida. En este caso, de nuestra vida como nación ¿Qué hemos conseguido en estos doscientos años? Y es verdad que en ese momento nos surgen más preguntas que respuestas, así que yo diría que lo más normal y frecuente, es que cuando uno cumple una efeméride así como por ejemplo, cuando cumples veinte, treinta y cuarenta años, también te pasa eso, ¿no? Te preguntas, ¿Qué he logrado en treinta años? Normalmente uno ya se proyecta ciertas metas, por ejemplo “a los treinta años ya me abre casado”, ya debo tener un hijo y haberme comprado mi primera vivienda. Y cuando llegué ese momento y al ver que no lo has conseguido, te surgirán muchas dudas de las cuales serán, ¿Qué hice mal?, cosas así. Cada uno hace su avance de las cosas, pero es un momento de balances y así se debería ver el Bicentenario. No tanto como una celebración, sino como un momento de balance en nuestra vida cómo República.

Lamentablemente nos va a tocar presenciar el Bicentenario en un momento crítico. Hace algunos años no se pensaba que iba ser así, que iba ser un Bicentenario lúcido, que la economía estaba creciendo, había estabilidad política, la democracia parecía que se estaba consolidando y que entonces íbamos a tener un Bicentenario lleno de optimismo. De alguna forma, fue el primer Centenario el que celebró Leguía. A decir ser un momento de expansión económica y de estabilización política. Pero luego vinieron tiempos difíciles y ahora nos ha tocado vivir este Bicentenario en un momento, que parecer ser particularmente duro.

¿Comparte la creencia de que la historia la escriben los vencedores?

Yo sí creo que la historia la escriben los vencedores. El dicho dice: “El que gana la guerra, gana la historia”. También ocurre que los historiadores suelen ser de una clase privilegiada y eso les hace tener una mirada a veces un poco sesgada de la historia, porque, ejemplo tú te das cuenta que la Historia del Perú la han escrito la mayoría de limeños, sobre todo en la clase alta, sobre todo los descendentes de los europeos. Y entonces, la tradición que han construido nuestro pasado, tiene ese tinte de centralista, aristocrática, europeísta y en ese sentido, reclamamos que haya otras voces, otras miradas. Felizmente, algo de eso está cambiando, porque antes, casi no había facultades fuera de Lima, pero ahora hay facultades de historia en Trujillo, en Piura, en el Cuzco, en Tacna, En Ayacucho y creo que esto prioriza que salgan historiadores con visiones diferentes y nuevos planteamientos.

¿Considera que esta es nuestra peor crisis económica desde la del 85’?

Es que eso todavía no lo sabemos. La crisis economía del Primer Gobierno de Alan García ya terminó, entonces ya la podemos mirar completa desde afuera. En cambio, la crisis de la pandemia del coronavirus la estamos viviendo y no sabemos si hemos tocado fondo o todavía.  Es un poco prematuro. Sin duda va ser una de las grandes crisis de nuestra historia económica o al menos en el plano económico, se dice que la caída va ser igual o peor que la de los años ochenta, y parece que peor la de los años treinta de la Gran Depresión. Pero, podría ser mas grave todavía. Es decir, no sabemos cuánto vamos a tardar en recuperarnos. Ósea, volver al producto predominante que había el año pasado. Algunos dicen que no va a ser antes del 2023, con la cual serían cuatro años de pérdida

Considerando el contexto que vivimos ¿por qué cree que aún en este contexto, la dicotomía economía-salud es motivo de debate?

En un principio no deberían estar en una contraposición, porque gente sana, gente que produce mejor, de manera que la salud y el crecimiento económico deberían tener una comunión, en una sintonía. Cuando la gente está en buenas condiciones físicas, pueden aprender y pueden producir mejor que antes. El problema que se ha dado, es que cuando y que ha ocurrido en otros momentos, es cuando estalla una epidemia, hay que evitar el contagio, porque la epidemia significa que una persona enferma contagie a una persona sana. Entonces para impedir el contagio, tienes que tomar varias medidas que enfrían la económica. Por ejemplo, prohibir la entrada de pasajeros que vengan de países donde este presente el mal. Esto claro paraliza el turismo y a la vez el comercio, porque eso hace que sea más grave porque tienes que impedir que lleguen barcos o camiones de países extranjeros donde puede estar el mal. Entonces la paralización del comercio, genera retraso económico. Entonces, si luego en el país hay un incremento de contagiados, entones tienes que impedir que los contagiados infecten a los sanos, y para eso tienes que aislar a las personas. Eso es algo que ha realizado el Perú cuando declaró la cuarentena el pasado 16 de marzo, paralizando la economía, como si fuese una huelga general larga. Ahí tienes los restaurantes cerrados, las fábricas cerradas, los comercios cerrados, nadie vende y nadie produce, salvo los elementos. En consecuencia, se paraliza la economía en un 50% y en gran parte del trimestre, esto perjudicó a la misma económica. Mucha gente ha perdido su empleo, precisamente, millones de puesto de trabajo que se han perdido. 

¿Cuáles serían las propuestas para solucionar este actual escenario de la economía?

En este momento urgente, la tarea es reactivar la economía, sin que agrave la epidemia. Entonces eso es difícil de lograr. Para activarla, tenemos que permitir que el comercio, las fábricas, los restaurantes y los espectáculos vuelvan a moverse. Abrir las fronteras para atraer nuevamente a los turistas, Abrir los puertos que atrae el comercio, pero el problema es si la salud está preparada para enfrentar un rebrote. Y lamentablemente la respuesta es no, porque el sistema hospitalario está saturado en este momento porque ya no se puede atender más casos. Yo diría que hay reactivar con prudencia, tomando muchas prevenciones de manera que no se produzca ningún contagio y a la vez, minimizando la cantidad de casos de contagio.

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