Lo que Martin Luther King Jr. realmente pensaba sobre los disturbios

En un nuevo anuncio de campaña, el candidato presidencial demócrata Joe Biden dice que “Hacer disturbios no es protestar. Saquear no es protestar. Y aquellos que lo hacen deben ser juzgados”. La semana pasada, en un importante discurso de campaña en Pittsburgh, Biden insistió en el mismo punto, declarando que el saqueo está “mal en todos los sentidos… Hace que las cosas empeoren en general, no que mejoren. No, no es lo que el Dr. King o John Lewis enseñaron. Y debe terminar”.

Martin Luther King Jr III ofreció una visión diferente en un tweet a principios de este año: “Como mi padre explicó durante toda su vida, un disturbio es el lenguaje de los no escuchados”. Varias personas sintieron que conocían al padre de King lo suficiente como para responder, tuiteando que el padre de King nunca “aprobaría los disturbios”. “La violencia no es lo que él representaba” Después de todo, un tuitero señaló, “ni una sola vez provocó disturbios”.

Entonces, ¿qué pensaba realmente King sobre los disturbios? ¿Está Biden en tierra firme al invocar al gran líder de los derechos civiles para tener su momento Sister Souljah?

La respuesta corta: absolutamente no. Mientras que King nunca vio los disturbios como la forma más efectiva de protesta política —disciplinada, la resistencia de las masas era claramente superior, a sus ojos— tampoco denunció los disturbios como inmorales o comprometidos con el tipo de retórica de la ley y el orden que Biden está desplegando ahora.

Comencemos con la cita que el hijo de King twitteó: “un motín es el lenguaje de los no escuchados”. King hizo el comentario en una entrevista de 1966 con Mike Wallace. Continuó: “Y, ¿qué es lo que Estados Unidos no ha escuchado? No ha escuchado que la situación económica de los negros pobres ha empeorado en los últimos años.”

El año anterior, en una declaración a la prensa sobre la Rebelión de Watts, King argumentó que la gente ponía demasiado énfasis en la “importancia racial” en sus evaluaciones de los disturbios. En su opinión, los disturbios eran “el rumor del descontento de los ‘no tienen’ en medio de una sociedad próspera”. Eran expresiones de la desesperación que aflige a la gente cuando no ven otra salida a su dilema económico, expresiones de duda sobre la voluntad de la comunidad blanca y la clase media negra de cambiar la situación. Antes de que nadie se amotinara en Watts, King señaló, el estado de California había rechazado un proyecto de ley de vivienda justa. Los “no tienen” habían sido abandonados en su lucha por la justicia y sentían que debían recurrir a los métodos que más atención les daban.

Para King, era crucial distinguir entre la violencia contra la propiedad y la violencia contra las personas. En un discurso de 1967 titulado “La no violencia y el cambio social”, señaló que los disturbios de ese año habían dirigido su ira a la propiedad en lugar de a las personas, y que la gran mayoría de los alborotadores no atacaban a nadie. En los casos en que se produjeron lesiones, fueron los militares y la policía quienes las infligieron a los alborotadores.

En otro discurso de ese año, en la convención anual de la Asociación Americana de Psicología, King distinguió entre “insurrecciones”, “disturbios” y “saqueos”. Aunque pueden participar en “actos violentos”, a diferencia de los insurrectos, los alborotadores no buscaban apoderarse de territorio o instituciones. El “saqueo” —un tipo de disturbios— era una forma de protesta social que cumplía muchas funciones. Su objetivo principal era “conmocionar” a la comunidad americana. El saqueo permitía a los desposeídos apoderarse de bienes de consumo con “la facilidad” de los que tenían dinero en sus bolsillos. Y, “sabiendo que esta sociedad aprecia la propiedad por encima de las personas, la escandaliza abusando de los derechos de propiedad”. King señaló que en Detroit, “blancos y negros saquearon en unidad”. El saqueo era una especie de crítica física al capitalismo. Al atacar la propiedad en conjunto, atacaban la estructura de poder capitalista blanca que los oprimía.

Mientras que aquellos que tenían tanto la propiedad como las personas sacrosantas pueden haber hecho un gesto de dolor por la distinción de King, explicó que sus puntos de vista no eran tan rígidos. “Una vida es sagrada. La propiedad está destinada a servir a la vida, y por mucho que la rodeemos de derechos y respeto, no tiene un ser personal. Es parte de la tierra que el hombre camina; no es el hombre.” Con esto, King llegó a la conclusión de que los disturbios que tienen como objetivo la propiedad y no las personas mantienen un compromiso fundamental con el principio moral de “no violencia hacia las personas”.

A King le preocupaba que los defensores del status quo no reconocieran la restricción moral de los alborotadores y resistieran sus demandas con el argumento de que los disturbios “no deben ser recompensados”. Mientras tanto, los problemas estructurales subyacentes que habían provocado los disturbios en primer lugar seguirían enconándose.

Lo que se necesitaba, argumentaba King, era “una revolución contra esa injusticia, no contra la vida de las personas que son sus conciudadanos, sino contra las estructuras a través de las cuales la sociedad se niega a tomar los medios que se han pedido, y que están a mano, para levantar la carga de la pobreza”. 

Biden tiene razón en que debemos mirar a Martin Luther King en este momento de rebelión, agitación e injusticia. Más de 40 millones de estadounidenses han perdido sus trabajos. Millones están enfrentando el desalojo. La violencia policial está fuera de control.

Pero si Biden realmente examinó la política de King —no la versión conservadora y distorsionada, sino la genuina y radical de King— puede que no le guste lo que encuentre.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Jacobin y puede ser consultado haciendo clic aquí. La traducción estuvo a cargo de Diego Abanto Delgado.