#Elecciones2020: La ley y el (des)orden

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

El segundo día de la Convención Republicana no trajo mucho de nuevo. El apelar a la pérdida del espíritu de la nación en manos de extranjeros y los “alborotadores” de las protestas ha causado que de nuevo la discusión en Estados Unidos se centre en cuán dañino puede ser Trump después de irse. El caos alrededor del país no es estrictamente generado por lo que ha hecho, pero se ha visto agudizado por lo que no ha hecho. Hoy su inacción es tan peligrosa como su acción en el cargo. No obstante, es imposible —o al menos poco probable— que lo admitan dentro del Partido Republicano. La unión, el respaldo a Trump pareciera ser a muerte, pues comprenden que su figura es mucho más grande que cualquiera que pudiera salir dentro del mismo partido. Ya lo demostró en 2016, y lo sigue demostrando ahora. Sin ser un político de carrera, su carrera como político no es del todo la de un inexperto.

En esa línea, la apropiación del discurso de la ley y el orden fue uno de sus grandes logros en 2016, y hoy por hoy, es un discurso por el que siguen apostando. Las circunstancias han cambiado, es cierto. Pero el discurso no apela a quienes puedan percibir este cambio, sino a quienes desde los suburbios, acaban definiendo la elección y cuya afiliación política no es definida por los colores, sino por las propuestas. Fueron esos votos los que le otorgaron la victoria a Trump en 2016, o a Nixon en 1968. Y sin duda, serán quienes definan la elección de 2020. Por ello, el discurso de la pareja estadounidense de St. Louis respecto a la amenaza marxista en el primer día no es nada más que una jugada dentro del escenario electoral. El problema no es el uso indiscriminado de armas en Estados Unidos por parte de blancos supremacistas, sino la inseguridad ciudadana. No regulen las armas, regulen el crimen.

Claro que podríamos hablar largo y tendido porque hacer esa correlación podría ser terriblemente sesgada, pero hoy no es el momento. También podríamos mencionar que al hablar de la ley y el orden, obviamos el cáracter racial que acaba conservando este tipo de propuestas, pero tampoco serviría mucho para aclarar cómo es utilizado por Trump, o por qué, en primer lugar. Y es que Trump se ha aprovechado de muchas consignas populares para hacerlas propias y declararse el “campeón del pueblo”. Trump es un líder fuerte, incluso aunque no sea un buen líder para el país. Biden, por su parte, en esta figura, sería más bien el campeón de los políticos tradicionales y de todo aquello que Trump llegó en 2016 a borrar de la faz del país. Pocos recuerdan que hace cuatro años, el voto estadounidense se opuso a lo tradicional y llevó a una opción poco convencional al poder. Lo que mantiene optimista al Partido Republicano es que pese a todo, este apoyo no ha variado. O mejor dicho, no se ha trasladado al Partido Demócrata. Por lo que apelar de nuevo a ellos en 2020 no resultará demasiado difícil.

Y el desafío para 2020 se encuentra allí, precisamente. Biden desea apelar a ese voto de los suburbios sin mayor indicador de que podría lograrlo excepto con el discurso de que él no es Trump. Por su parte, el Presidente ha aprovechado la Convención para fortalecer su discurso, no a través de lo que él u otros políticos puedan decir, sino aprovechando la voz de gente de los suburbios. La pareja de St. Louis es un ejemplo muy fuerte. Puede no gustarnos, pero la ley y el orden podrían ser, de nuevo, un eje para definir al próximo Presidente de Estados Unidos. Y para variar, Trump está un paso más adelante que su adversario.

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