#Elecciones2020: Hagamos a Trump grande (otra vez)

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

En un país que sufre las consecuencias de una pandemia pobremente manejada, el Partido Republicano decidió llevar a cabo la Convención con un solo fin: hacer a Donald Trump grande otra vez. No podemos señalar esto lo suficiente: Estados Unidos hoy se encuentra a la deriva a manos de un Presidente que hizo una promesa muy grande para un período, y se encargó después de una crisis sanitaria, de perjudicar las posibilidades de reacción de su país por su marcado negacionismo científico.

No obstante, es posible en Estados Unidos encontrar espacios para narrativas alternativas. Este espacio ha sido aprovechado durante el primer día de la Convención, jugando prácticamente bajo los mismos términos de la Convención Demócrata. Biden es bueno, Trump es mejor. Claro que la diferencia entre ambos individuos recae en que Biden es visiblemente empático, juega bajo las normas tradicionales de la política y comete los mismos errores debido a esto. Trump no. Su accionar político es poco convencional, pero sus errores siguen siendo muy tradicionales. Pero sobre todas las cosas, algo que realmente preocupa es que el Partido Republicano piense que esa alternativa puede funcionar. Biden, pese a todo, es desconocido para gran parte de la población estadounidense, Trump no. Y es casi imposible que pueda convencerse en pocos meses lo que el mundo ha podido atestiguar los últimos cuatro años.

No deberíamos entender por esto que nos encontramos ante una decisión sencilla para Estados Unidos. Donald Trump es una terrible opción, pero Joseph Biden no es, por defecto, la decencia hecha carne. Tiene múltiples cuestionamientos a lo largo de su carrera política, y quizá en otra elección, frente a otro candidato, no habría llegado hasta donde está por todo ello. Pero a la fecha, Biden encarna la posibilidad —algo ingenua— de regresar al camino de la razón. Aún si esta resulta terriblemente mediocre. Y esto es algo que la Convención Republicana ha decidido explotar. Saben que Biden no llega con grandes promesas ni con grandes planes. Si su mejor intento de promesa es “sacar a Trump de la Casa Blanca”, no necesariamente va a llegar muy lejos compitiendo contra la política republicana.

El propósito del primer día de la Convención Republicana es exacerbar los miedos de una intervención extranjera. No fue poca cosa los rumores de la intervención rusa en las elecciones de 2016, pero hoy, el discurso oficial de Trump es que el virus le pertenece a China y que fue enviado a Estados Unidos para derrotarlos en un momento en el que estaban triunfando en todo aspecto. El problema aquí no se trata de desmentir la narrativa de Trump, confrontarla con hechos, porque ya se ha demostrado que ello no va a funcionar. No para él, no para sus votantes. Además, apelar al miedo comunista en Estados Unidos que hoy “representa” Biden y las protestas de #BlackLivesMatter

Lo único que podría revertirlo es exponer el pobre manejo de la pandemia. Para poder fortalecer ese aspecto, la Convención Republicana ha remarcado, a través de sus oradores, que Estados Unidos lo está haciendo lo mejor posible, mejor que muchos otros países en el mundo. Pero resulta muy extraño que aquello realmente pueda atraer a nuevos votantes. La realidad es demasiado ajena al discurso de Trump, porque hoy no lo refutan los políticos, lo refutan las cifras que él siempre había considerado aliadas. La economía no está de su lado, la saluda tampoco. Si hoy América está siendo grande otra vez, resulta difícil para alguien saberlo. No por ello, Trump podrá perder, pero queda la sensación que su discurso, su propuesta, si se limita a lo hasta ahora mostrado, no podrá convencer a más personas de las que ya lo apoyan. Esto no quiere decir que pueda perder la elección, pero significaría algo peor: el efecto Trump ya no es tan efectivo.