#Elecciones2020: Un discurso y balance

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

El discurso del candidato del Partido Demócrata era el perfecto cierre para una Convención que lo había aludido de principio a fin. Como su opositor, su carrera para estas fechas es solitaria. Su mejor aliado y su peor enemigo es él mismo, pues esta elección se definirá en base a los errores, y no tanto a los aciertos que pueda tener. En ese sentido, el Partido Demócrata había centrado todos sus esfuerzos en la Convención para establecer un tono agresivo contra el Presidente, pero asertivo con la población. No limitar su única estrategia a ser una estrategia anti-Trump, sino pro-Estados Unidos. ¿Pero pro-Estados Unidos es pro-Biden? Esa pregunta aún no tiene una respuesta fija, más allá de lo que indiquen las encuestas. El miedo de que ocurra algo similar a 2016 aún sigue en el aire. Y esta vez, el compromiso es mucho más grande. Este es un escenario en el que no existe un voto de confianza a Trump. Como señalamos el día anterior, existe la sensación de que cuatro años más en el mismo rumbo podrían ser irremediables. La salida, según ha presentado en estos cuatro días el Partido, es Joe Biden.  

Podríamos hablar de todo lo que sucedió en casi las dos horas. Pero lo cierto es que se pareció demasiado a lo que habíamos visto los tres días anteriores. Es enternecedor ver a un partido unirse a pesar de sus diferencias, pero sigue siendo peligroso saber cuán frágil resulta la alianza tras las elecciones. En esa línea, el video con los candidatos que fueron sumándose de a pocos a la campaña de Biden, resultó efectivo para comunicar de una nueva forma lo mismo que habían querido comunicar los tres días anteriores, la unión. Es probable que debido a lo poco convencional que resulta esta unión, se vean forzados a mostrarlo como su gran triunfo, pero resulta algo básico de pedir a un partido rumbo a una elección que —de acuerdo a su propio discurso— definiría el rumbo del país por los próximos cincuenta años.

Lo diferente de los tres días anteriores, sin embargo, era la presencia de Biden con su discurso de cierre. Por lo que casi todo alrededor estuvo centrado en anteceder su discurso. Sin ser tan elocuente como Obama, tan frío como Clinton, tan simpático como Sanders o vivaz como Harris, las fortalezas de Biden se centran en lo que las personas alrededor suyo pueden decir de él. Realmente, no es un candidato extraordinario pero es la cara amigable para un país que necesita medidas extraordinarias. ¿Es un candad? ¿es el candidato más probo? Cada día, se recuerdan más acusaciones que como mínimo demostrarían que lo que divide a Biden y a Trump es meramente de qué lado del tablero se encuentran. ¿Es realmente la batalla por recuperar el alma de América o por saber qué partido se quedará con dicha alma? Este tipo de preguntas no son de mayor interés para muchos norteamericanos. En la mente de un gran sector de Estados Unidos, la respuesta, la Ú-N-I-C-A respuesta es vencer a Trump.

¿Cuántas oportunidades realmente tiene Biden en noviembre de vencer a Trump? Es difícil saberlo. La Convención ha buscado acortar distancias con lo que ocurrió en 2016. Clinton venía con mayor apoyo de otras figuras del Partido, pero muchos ciudadanos estaban del lado de Sanders. En 2016, Clinton representaba lo peor de la política tradicional, mientras que Trump se perfilaba como un outsider que llegaba del “éxito” empresarial a ofrecer el éxito nacional. La pandemia ha probado que su fórmula ha fracasado, pero todavía pueden existir dudas si la fórmula tradicional puede funcionar. En 2020, Biden lleva 4 años fuera del poder, y Trump la misma cantidad en el mismo. El discurso de hoy ha caracterizado esos cuatro años, como los de la oscuridad a lo largo de la nación. El candidato demócrata promete regresar al país a la luz que pertenece. Pero incluso, por más luminoso que Biden pudiera ser en contraposición a Trump, esto no indica nada respecto a noviembre. Las personas que votaron por Clinton en 2016 seguramente votarán en azul. El principal problema es que ello no basta. No bastó en 2016 ni bastará ahora. Aquello que complica a los demócratas es saber cuál realmente es la magnitud del voto duro de Trump, y cuánto de ese voto podrá fluctuar hacia Biden. Pero ¿cómo atraer aquello que no se entiende? Hay ciertas dudas sobre ello, y sobre cómo el Partido Demócrata podría hacerlo.

El discurso de Biden fue el inicio. Un discurso que apelaba a la unión, al orgullo nacional, a la seguridad de que lo que antes se había hecho y de lo que seguramente se podría hacer en el futuro. El discurso aceptaba la realidad y planteaba una unión para deshacer todo el desastre que había hecho Trump en estos cuatro años. Pero sobre todo, se centraba en aquello que resulta difícil contrargumentar: la respuesta frente a la pandemia ha sido muy lenta. “Ha fallado en su deber más básico: protegernos. Y eso es imperdonable” dijo Biden ayer. Aplausos desde la pantalla, aplausos desde la televisión. Un nuevo día en Estados Unidos. En algún lugar del mundo, alguien debe estar soñando, debe estar perpetuando el dichoso “sueño americano”, la historia de triunfo que hoy pretende encarnar Kamala Harris y que representa a los miles de inmigrantes que aún en medio de la pandemia, siguen arriesgando sus vidas por alcanzar ese sueño. Lo imperdonable para Estados Unidos, para Biden y para el Partido que hoy se ha unido atrás suyo para derrotar a Trump, sería que de ganar, el “sueño americano” siga siendo una ficción dolorosa y no una realidad que invite a la solidaridad.