#Elecciones2020: La más política de las noches

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

Las apuestas eran muy altas para esta noche. El punto de quiebre, si se quiere. Todo lo que no había sido mostrado antes, todo aquello que había sido brevemente mencionado pero no abordado con la demanda que muchos grupos pedían, hoy fueron elaborados. La tercera noche de la Convención del Partido Demócrata empezó y finalizó como la más política de las noches en tiempos de pandemia.

Se abordaron muchos de los temas que eran antes tópicos habituales en las primarias. Regulación de armas, el cambio climático, el racismo, la violencia de género, y más. Cada uno con el determinado tiempo y con la calma suficiente que no existió en las noches anteriores. Por un breve momento, parecía que la pandemia no era el tema principal por abordar en estas Convenciones. Pero claramente esto respondía a un solo motivo: acallar las críticas de que el único plan del Partido Demócrata era derrotar a Trump e ir elaborando lo demás sobre la marcha.

Aun es muy pronto para poder descifrar algo sobre el plan de Joseph R. Biden, principalmente porque la campaña no se está basando en los planes que cada candidato tenga, sino en su carácter, en su personalidad. En ese ámbito, Biden por sí solo puede ganar cualquier elección. Sobre todo, porque es uno de los pocos candidatos tradicionales en Estados Unidos cuya conexión con el público es muy personal. Sin duda, la pandemia también ha golpeado severamente al exvicepresidente al limitarlo al hermetismo político de las cámaras y las redes sociales. Ha cambiado las conversaciones con el público con el uso de la mascarilla y otras medidas para resguardas las vidas durante la pandemia.

Hasta cierto punto, esta situación también le brindó la oportunidad de desmarcarse de Trump. Al contrario de 2016, el dilema del mal menor queda un poco más sencillo al ya no existir la duda de si la Oficina Oval iba a cambiar a Trump. Desde 2016 hasta la fecha, el Presidente se ha comportado como si nunca hubiera dejado de ser candidato y para muchos, ese error ha sido el que la población estadounidense ha sufrido durante la pandemia. Trump se olvidó que no gobernaba para unos cuantos, sino para todo un país. Y si las estadísticas hubieran podido salvar su Gobierno, hoy casi nada queda en pie. De eso y muchas otras falencias hoy se señalaron en la Convención. Trump no es el hombre para el trabajo, Biden sí; parece ser el discurso que muchos oradores brindaron hoy.

Nancy Pelosi, una de las voces más críticas a Trump dentro del Congreso, aprovechó su tiempo para posicionarse como una de las personas que había visto más cerca el desprecio que el Presidente tiene por los hechos, las familias y la mujer, particularmente. Nada comparado a Biden, un hombre “cuyo corazón estaba lleno de amor por Estados Unidos”. Pelosi fue una de las que elocuentemente logró aclarar cuál es la posición por tomar en noviembre: no denunciar a la oscuridad, sino iluminar el camino a seguir. Si algo ha prevalecido en estos tres días de Convención, es la figura de que esta elección decide el alma del país, su destino por los próximos años. El Partido Demócrata entiende que una reelección a Trump sería catastrófica por lo que esta podría ser su última bala, tras el fracaso de la interpelación. Convencer al país de que un gobierno demócrata, por más mediocre que pudiera ser, sigue siendo mejor que el de Trump, es algo para lo que han usado esta Convención, conscientes de que no tendrán una mejor oportunidad para hacerlo.

Oportunidad que, por cierto, no desperdiciaron Barack Obama y Hillary Clinton para demostrar su vigencia en estos momentos. Dos figuras no muy distintas, pero con diferente recepción para el público. Clinton sabe lo que es la derrota frente a Trump, Obama sabe de lo que es capaz Biden. Ambos producen sensaciones desaforadas en la población estadounidense, pero no por los mismos motivos. Su propia presencia en la Convención no fue un asunto de unanimidad, pues ambos le permitirían al Presidente elaborar de nuevo la teoría conspirativa del complot contra su reelección.

Y sus discursos de apoyo no eran expresamente una alabanza a lo que Biden es o a lo que Trump no es, sino a lo que Estados Unidos puede y debe ser. Resaltar el hecho de que la salvación de un país no reside en las manos de un solo hombre —como Trump había prometido en 2016— también fortalece la idea de unión dentro del Partido. Sus discursos, especialmente el de Obama, se establecían como un llamado al voto. Lo que antes era simplemente un pedido, hoy es una alarma. En esa línea, Clinton resaltó lo que sucedió en 2016: ganó el voto popular, pero no la elección. El objetivo de esta Convención es convencer a todo el mundo que el Partido Demócrata se sostiene sobre su gente. ¿Cuánto de ese discurso se sostendrá hasta noviembre? ¿realmente es unión lo que demuestran o ambición por el poder arrebatado? De momento, la respuesta mantiene en suspenso el rumbo de una nación.

Al final de la noche, el discurso de Kamala Harris marcaba un hito histórico en la historia de Estados Unidos pues era la primera vez que una mujer era nominada a vicepresidenta en las elecciones presidenciales. Su discurso estuvo, es cierto, a la altura de esas circunstancias. Pero todo alrededor del mismo, no. O como mínimo, resultaba extraño. Si algo había demostrado esta Convención era su conciencia respecto al momento en el que se encontraba el país: en el marco de una pandemia. Pero por un momento, el protocolo venció a la razón. La imagen de Kamala Harris y un Joe Biden saludando al vacío, a las pantallas llenas de gente recorrerá el mundo no solo como la primera imagen de ambos como candidatos oficiales del Partido Demócrata, sino como la primera imagen de políticos en campaña en un vacío social. La nueva normalidad ha llegado a Estados Unidos, y quizá, para quedarse.

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