#Elecciones2020: Liderazgo para Joe

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos empiezan su ronda final. Por ello, desde Poliantea, cubriremos día a día, las convenciones del Partido Demócrata y Republicano, cuyos candidatos, si bien ya conocidos, servirán para vislumbrar cuán cohesionados ambos partidos se encuentran rumbo a noviembre.

Si el eje del primer día había sido la unidad dentro del partido, el segundo día de la Convención Demócrata se basó enteramente en el liderazgo. Así lo anunció en los primeros minutos Tracee Ellis Ross, quién fue una de las primeras personas en mencionar el rol de Kamala Harris y cuán determinante podría ser su presencia al momento de definir el voto indeciso que aún existe en Estados Unidos rumbo a noviembre, pero sobre todo, así lo reafirmaron todas las voces que se pronunciaron el día de hoy. Desde Clinton hasta Carter, desde Schumer hsta Kerry. La fórmula de Biden y Harris pretende, precisamente, erigirse como todo lo contrario a lo que hoy se encuentra en la Casa Blanca. Y si el discurso de Michelle Obama había sido el punto más alto dentro de una confrontación sin cesar durante la última media hora, en el segundo día, el tono fue muy similar.

Un líder, un país

Algo de lo que se habló mucho en este segundo día fue de la necesidad de tener a alguien cuyo historial sea intachable. Podríamos impugnar el historial de Biden rumbo a la presidencia, pero lo cierto es que eso no es de interés para el Partido ni para los delegados. Al igual que con las críticas con Harris cuando se anunció que sería la vicepresidenta dentro de la fórmula de Biden, al Partido lo único que le interesa es ganar esta elección y recuperar el Senado de las “manos republicanas”. Y Biden es hoy la persona adecuada para el trabajo.

Por ello, era necesario que los televidentes fueran expuestos a su historia, a su lucha. Es una Convención cuyo único fin es tratar de vender a Biden a todos aquellos que aún no confían en él y convencerlos de que su lucha es nuestra lucha. Resulta incierto saber si esta estrategia publicitaria realmente tendrá efecto, o si finalmente triunfará la analogía del “mal menor”. Aún es muy agosto para saberlo.

La seguridad del futuro

El futuro del partido también fue un tema del que no pudo escapar esta Convención, pues el horizonte para Estados Unidos no se limita a 2020. Quizá por ello, la opción de Kamala Harris ha sido recibida con buenos ojos no solo para esta elección, sino para consolidar una opción para los años venideros. Queda claro que Biden no es una opción a largo plazo para el Partido Demócrata, como si lo podía ser Obama en su momento.

Y si el rumbo del Partido es el que ha mantenido hasta ahora, lo más radical que obtendrán muchos votantes será la ahesión a algunas propuestas que, como bien señaló Sanders ayer, poco a poco se van volviendo mainstreams. Si algo quieren demostrar con esta elección es quemás allá de las dieferencias programáticas que sectores del partido tienen, el fin es el mismo. Bajo esa seguridad caminan hoy en 2020 hacia un Estados Unidos que ya no solo necesita un discurso que prometa un retorno a la grandeza, sino uin camino que no signifique perder lo que ya tenían.

En esa línea, la presencia de Bill Clinton o de Jimmy y Rosalynn Carter no era coincidencia. Ambos representan el pasado del Partido —un pasado que es necesario desidealizar— y apelaban a la memoria histórica de un movimiento que ya no es lo que era antes, sin que eso sea necesariamente algo malo. Pero queda claro que la nostalgia es una herramienta que podría servir con miras a noviembre. Miren lo que fuimos, imaginemos lo que podemos ser. La promesa de un futuro mejor a través del liderazgo de Biden es lo único que se podría rescatar de las participaciones de Clinton, de Kerry, de Powell y más funcionarios públicos que hablaron en la Convención.

Y algo que pasó totalmente fuera del radar fue la cantidad de votos que obtuvo Sanders durante la nominación. Un acto protocolar pero que empodera a un movimiento que no parece tener techo. Cabe recordar que todas los jóvenes que hoy se identifican con Sanders pertenecen a una generación sin partidos y sin figuras trascendentales. La política del ayer murió en 2016, tras la elección de Trump. El Partido Demócrata podría encontrarse en un desfase mucho más grande si no asume con mayor humildad el reto que las nuevas generaciones hoy proponen. Y esto no le pertenece a un solo individuo, como Sanders en este momento.

La moderada democracia

En esa línea, un punto que no puede ser dejado de lado es lo relegado que se encuentra el ala de izquierda en el Partido Demócrata y que una vez más ha quedado reflejado en el desarrollo de esta Convención. El objetivo siempre ha sido plantear al Partido como una opción para todos, por lo que dentro del espectro, sería lo más parecido a un centro moderado. Joe Biden claramente puede seguir por esa vía. Pero si algo han indicado las elecciones de 2016 y 2020 es que la opción de Sanders sigue teniendo más adeptos dentro del Partido como fuera de él. El principal problema es que Sanders no es, no ha sido ni será nunca tomado como algo más que una opción radical para atraer a la juventud que se ha alejado de dicho centro.

Eventualmente, siempre se apelará a la razón porque “solo unidos” se puede ganar una Presidencia, y el discurso de Sanders siempre se ha presentado para el Partido como un discurso incómodo, pues critica las propias bases que en su momento ellos ayudaron a sentar. Aún así, la moderada democracia que el Partido Demócrata pretente encarnar no se encuentra para nada alineada, por ejemplo, con el discurso brindado por Alexandria Ocasio-Cortez, una de las voces más brillantes dentro de la nueva generación del Partido, para nominar a Bernie Sanders.

Mientras más moderado se presente el Partido Demócrata, más radicales serán las opciones que lo enfrenten, y más aislados se encontrarán frente a las opciones del cambio. Si algo dejó en claro este segundo día de la Convención es que por más liderazgo que pueda prometer Biden, lo que no promete es una mirada al futuro que puede ser. De mantenerse esto con miras a noviembre, el problema dejará de ser el Trump que se fue, sino el que vendrá.

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