No sin ellas: Las otras víctimas de la COVID-19

La pandemia de la COVID-19 no solo ha generado una crisis sanitaria con miles de infectados y fallecidos en razón de esta nueva enfermedad, también está acentuando desigualdades preexistentes. Esto significa un daño colateral, que va cobrando como víctimas a las poblaciones más vulnerables de nuestro país. Más allá de los daños en la salud de peruanas y peruanos, es  innegable que esta crisis traerá consecuencias económicas y sociales que muchos sectores del país no podrán soportar.

En el Perú ha imperado un modelo neoliberal que si bien ha logrado sacar de la pobreza a miles de ciudadanos en los últimos años, no ha sido del todo eficiente en reducir diversas inequidades sociales. Esto  ha demostrado que ante cualquier situación de emergencia, los sectores más vulnerables son los que están  no solo en mayor riesgo sanitario, sino también de empobrecer e incluso, para las clases medias, regresar al estado de pobreza del que ya habían salido.  No obstante, es prioritario señalar que dentro de estos grupos, se encuentran las mujeres que pese a que en los últimos años ha habido un gran  incremento del ingreso monetario en el país, aún se encuentran con  desventajas sociales, económicas y políticas frente a los varones.

Por ello, es urgente y necesario  el rol del enfoque de género en las políticas y medidas del gobierno para la nueva convivencia. Asimismo, es oportuno señalar   que debe existir una transversalización de este enfoque en las políticas públicas para garantizar que no se  desvirtúen  los objetivos de lucha contra la pobreza y de garantizar la igualdad de género (Objetivos 1 y 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible).

En el ámbito laboral, según la encuesta realizada por IPSOS Perú en marzo de 2020, a nivel nacional, 25% de las personas respondieron que “se han quedado sin trabajo” en razón del aislamiento social obligatorio por la COVID-19. Según reportes del INEI (2018), la población económicamente activa  ocupada (PEA) está compuesta  por un 56% de hombres y un 44% de mujeres.  Dentro de este grupo de PEA, el 64% trabaja en el sector informal (una de las tasas más altas de Latinoamérica).

Esta situación afecta, evidentemente, más a las mujeres, ya que el 75% de ellas trabaja en este sector. En el caso de los varones, alcanza el 70%. Ante este escenario, es sumamente preocupante que con la suspensión de labores en el sector informal y la imposibilidad de acceder al teletrabajo, las brechas de género vayan en aumento. A ello se añade que ante el contexto de  la pandemia, surja una  sobrecarga de tareas hacia las mujeres, que puede obstaculizar su reinserción laboral con las medidas de reactivación económica que ya se vienen dando.  Es importante señalar que  muchas de estas mujeres trabajan en empleos considerados precarios, que ante el cese de ingresos por la cuarentena, tienen más probabilidades de incumplirla con el fin de satisfacer las necesidades  básicas de sus familias.

Por otro lado, en el ámbito educativo, es muy probable que las medidas de  aislamiento  en razón de la pandemia  incremente las brechas de género tanto en  la educación básica como en la superior. Aproximadamente 207 mil adolescentes mujeres entre 15 y 19 años en el Perú abandonan el colegio cada año, por lo que tras la pandemia, es muy probable que esta cifra aumente. En el caso de las zonas rurales,  las brechas de género son más grandes, un estudio del Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES) señala que solo el 35% de adolescentes mujeres  termina la escuela. Asimismo, la presencia de la brecha digital y la cultura machista en nuestro país, hacen que el escenario para las mujeres y niñas del país sea desconcertante tras el paso de la pandemia.

 En base a lo expuesto, un importante aspecto a considerar es que  a través del factor educativo, se puede empoderar a niñas y adolescentes, de mano con el enfoque de capacidades. Este enfoque, según Walker and Unterhalter (2007), señala que  la educación es un proceso que permite que una persona pueda aprender a desarrollar su agencia y terminar este proceso siendo “un digno y responsable ser humano que da forma a su vida a la luz de los objetivos que importan”.

Es importante la presencia del enfoque de capacidades y el enfoque de género en espacios educativos, pues aparte de garantizar la igualdad de género, también es necesario reducir las brechas socioeconómicas, con mayor énfasis en zonas rurales y empobrecidas. Por ello, dentro de las políticas sociales  de lucha contra la pobreza,  estos enfoques deben converger con el objetivo de lograr un futuro mejor para niñas y adolescentes, así como reducir el circulo de pobreza en nuestro país.

Si bien puede verse como un proceso complejo, la necesidad de un enfoque transversal de género en las políticas sociales   puede reducir de manera efectiva no solo la situación de inequidad en la que se encuentran las mujeres, sino que también incide, mediante el desarrollo de capacidades a través de  la educación, en la reducción de la pobreza, al darles mayor autonomía económica y como consecuencia un menor riesgo de caer en situaciones de violencia. En el caso de la autonomía económica de las mujeres, ante la nueva convivencia, es muy probable que muchas se vuelvan dependientes económicamente tras perder sus trabajos.

El escenario de la pandemia está acrecentando aún más las desigualdades, debido  a que la recesión económica ocasionará que muchas mujeres asuman el rol de cuidadoras del hogar, que a su vez puede incrementar el riesgo de sufrir violencia de parte de sus parejas.  Por tanto, el enfoque de género debe incurrir en la necesidad de articular las políticas que  vayan más allá de garantizar la equidad de género, sino además las políticas contra la pobreza y mayor protección social.

Es destacable que el gobierno esté  trabajando para superar la crisis sanitaria, pero aún el rol del Estado sigue siendo débil y es prioritario que en el marco de la nueva convivencia, tengan mayor protagonismo diversos actores de la sociedad civil, como ONGs, movimientos sociales, académicos de diversas disciplinas e incluso las empresas privadas. Por último, para lograr atender a las víctimas colaterales de la Covid 19, es necesario identificar a los grupos de mayor vulnerabilidad y reconocer que sus necesidades también merecen ser atendidas. Que nadie se quede atrás.


Sobre el autor

César Paucar Albino es estudiante de comunicación para el desarrollo en la Pontificia Universidad Católica del Perú y redactor en esta revista.

 

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