La lucha de clases en el relato filosófico: “Coloquio con la vida” de Máximo Gorki

El escritor ruso Alexei Maximovich Peshkov, más conocido como Máximo Gorki (1868-1936), quedó consagrado en la historia de la literatura soviética como: “el escritor proletario”. Gorki se ganó este distinguido sobrenombre debido a los grandes temas que destacan en sus obras: la pobreza, los marginados sociales, la injusticia contra los pobres, la vida cotidiana de los humildes de la sociedad, con todas sus humillaciones y sufrimientos, la transformación social, la deshumanización de las clases más desposeídas, el hambre, las diferencias de clases sociales, etc. Gorki creyó en la misión encomendada a los escritores en la nueva sociedad comunista creada por hombres nuevos. Stalin había dicho: “los escritores son los constructores del alma humana”, ya que ellos tenían la obligación histórica de educar a través de sus líneas al pueblo ruso. El realismo socialista era la doctrina axiológica exigida desde el estado soviético. Gorki es considerado el gran maestro del realismo socialista precisamente porque supo cristalizar en sus textos de manera directa y didáctica la deplorable vida de los menesterosos de su país, creando en sus obras un conjunto representativo de todo tipo de personajes marginales de la sociedad rusa, a la manera que Charles Dickens (1812-1870) lo hiciera anteriormente en lengua inglesa.

Gorki fue un escritor además de prolífico, muy versátil; escribió novelas, ensayos, dramas, relatos y biografías. En el conjunto de su obra transgresora se reflejan los importantes acontecimientos históricos que le tocó vivir, entre los más prominentes, sin duda alguna, ocupa un lugar principal: la revolución bolchevique de 1917. Sus obras tuvieron un eco muy considerable en Rusia hasta el punto que Gorki fue nombrado a los 34 años de edad, miembro honorario de la Academia Rusa de las Ciencias. Gorki fue un escritor autodidacta, surgido de las clases populares, amigo cercano de los célebres escritores rusos: León Tolstoi (1828-1910) y Antón Chéjov (1860-1904), y también fue amigo de escritores extranjeros primordiales como: André Gide (1869-1951), André Malraux (1901-1976), Stefan Zweig (1881-1942), y otros. Es notable señalar que le unió también una amistad estrecha con Vladimir Lenin (1870-1924), lo que no fue óbice para que lo criticara muchas veces junto a León Trotsky (1879-1940). Cabe subrayar que Gorki también mantuvo una amistad importante, luego convertida, posiblemente, en una inquietante y sombría enemistad velada con Joseph Stalin (1878-1953), a quien muchos le atribuyen, incluso, haber encargado su muerte. Por órdenes del siniestro Stalin, sin embargo, y quizás también por los múltiples antifaces y meticulosos cálculos que suele barajar la política, el Kremlin organizó un funeral de Estado en honor al escritor más aclamado por las masas populares: Máximo Gorki. Medio millón de personas en una capilla ardiente en el centro mismo de Moscú se despidió acongojada del escritor amigo de los trabajadores, de aquel autor surgido del mismo pueblo indigente y que convirtiera en tema literario y además protagónico, la vida de los vagabundos, de los campesinos, de los “mujiks” y de todos los marginados de la sociedad rusa. Gorki inmortalizó a sus personajes errabundos con el propósito didáctico de concientizar a su inmenso y hermoso país de fábula, sobre las copiosas injusticias sociales que existían a través de su turbulenta historia y a lo largo y ancho de su extensa y variada geografía; desde los márgenes del Río Volga, los mares: Caspio, Azov, Negro, Báltico, el Monte Elbrus, las montañas del Caúcaso, las Montañas doradas de Altái, los volcanes de Kamchatka, los lagos: Ladoga, Baikal, Topozero, Beloye, la Rusia europea al oeste de los Urales, y Siberia en la parte asiática, al este de los Urales, en las misteriosas estepas rusas, etc.

Entre las obras más relevantes de Gorki tenemos: Makar Chudrá (1892), Chelkash (1895), La vieja Izerguíl (1894-1895) Bajos fondos (1902), La madre (1907), La vida de un hombre innecesario (1908), La confesión (1908), La vida de Matvéi Kozhemiákin (1909), Vassa Zheleznova (1910), Mis universidades (1923), La casa de los Artamónov (1925), Yegor Bulychov y los otros (1932).

Revisemos algunos conceptos sobre la dialéctica materialista y la lucha de clases puesto que tienen protagonismo en el breve relato que nos ocupa. El filósofo alemán Karl Marx (1818-1883) formuló el método de la dialéctica materialista y lo aplicó a su teoría de la economía capitalista, explicada en su obra magna: El Capital (1867-1883), y también lo plasmó en su teoría de los procesos históricos. Karl Marx, junto a su entrañable amigo; el también filósofo alemán Friedrich Engels (1820-1895) son considerados los padres del comunismo moderno, el socialismo científico, el materialismo histórico y el marxismo. Ambos redactaron en Bruselas el famoso Manifiesto Comunista (1848); y cabe señalar que este documento político tan históricamente influyente fue redactado cuando Marx tenía solamente 29 años y Engels 27. En este texto de 23 páginas, Marx y Engels analizaron el rol de la lucha de clases opresoras contra las clases oprimidas y el papel de esta lucha de clases en tanto motor de la historia. En la época de Marx y Engels, este conflicto de clases sociales ocurría de manera clara entre la burguesía y el proletariado y en el Manifiesto Comunista los jóvenes filósofos subrayaron las contradicciones del sistema capitalista, y expresaron su visión de un mundo nuevo, exento de clases sociales. La abolición de las clases sociales ocurriría después de la victoria del proletariado sobre la burguesía y esta clase social vencida desaparecería a causa de su inefectividad y sus contradicciones en cuanto sistema socio-económico hegemónico.

El Manifiesto Comunista hace un resumen de las teorías de Marx y Engels concernientes a la naturaleza de la sociedad y la política; para ellos la historia es el producto de la lucha de clases. El método dialéctico utilizado por Marx y Engels es materialista porque parte de la existencia prevalente y transformadora de la materia, porque reconoce la existencia primigenia de la conciencia y no a la inversa. El método de Marx y Engels es dialéctico, porque observa cómo evolucionan la naturaleza y la sociedad, y esta misma evolución deriva en la lucha constante de la fuerzas en conflicto en cada época histórica.

En el brevísimo relato de Gorki que nos impele a reflexionar, “Coloquio con la Vida”, hay un diálogo filosófico, a tres voces, entre la Vida, así con mayúsculas, y dos hombres que aparecen descritos como víctimas de la Vida. El primer hombre le incrimina a la Vida con estas líneas contundentes y desesperadas:

“Me rebelo ante la crueldad de tus contradicciones; mi espíritu se esfuerza en vano por penetrar el sentido de la existencia y mi alma está invadida por las tinieblas de la duda. Sin embargo, la razón me dice que el hombre es el ser más perfecto del mundo…”

Y más adelante este mismo hombre le explica a la Vida lo que realmente busca:

“Yo quiero tener el derecho de vivir en armonía con mis aspiraciones. No quiero ser hermano ni esclavo de mi prójimo por deber; seré su hermano o su esclavo a mi gusto, obedeciendo a mi voluntad. Yo no quiero que la sociedad disponga de mí como de una piedra inerte que ayuda a edificar las prisiones de su ventura. Soy hombre, soy alma, soy espíritu y debo ser libre.”

Entonces la Vida “con una sonrisa helada” le pregunta: “¿Pides tu libertad? ¿Por qué no la ganas? ¡Lucha conmigo!” Más adelante en la conversación, la Vida le dirá: “Has de saber que un ser libre no pide nada; se apodera por sí mismo de mis dones….Solo es libre aquel que sabe renunciar a todos los deseos para dedicarse enteramente a conseguir el fin elegido.”

Utilizando el método dialéctico, Gorki explica en su relato filosófico que para ser libre hay que renunciar a todo lo que no sea el objetivo que se ha escogido como proyecto de vida. El primer hombre de este relato filosófico se creía libre, divorciado de la historia, hacedor de su destino. Luego comprende a través de la conversación dialéctica con la Vida que él necesita tomar las riendas de su destino y que esto ocurrirá en la medida en que comprenda todo lo que debe conseguir a través de la lucha de clases. Su libertad será conquistada por medio de la lucha y esto sucederá si el hombre se dedica a hacer de su vida una lucha constante, aparcando todo lo demás para solo concentrarse en el fin que busca. La Vida le dice al primer hombre, en otras palabras, que la libertad se conquista, se consigue luchando, que es necesario hacerse merecedor de esa libertad. Obviamente que aquí hay un guiño de Gorki a los lectores para guiarlos hacia la necesidad de la lucha de clases; porque lo que predica la Vida es que sin esfuerzo, sin conflicto, no hay libertad.

El segundo hombre le dice a la Vida que él no le está pidiendo nada sino que más bien le está exigiendo al tiempo que le pregunta vehementemente: “¿Dónde está la justicia? Dámela. Más tarde sabré conseguir todo… Por el momento solo quiero justicia.”

Y la Vida le dice lacónica; pero decididamente: “Tómatela”. Es decir, que la Vida no se hace responsable de ofrecer alternativas distintas al conflicto; solamente incita a la lucha; explica que sin esfuerzo nada se obtiene. El segundo hombre comprende entonces lo que necesita hacer: luchar por la justicia y no cesar hasta obtenerla. El segundo hombre ya sabe que una vez lograda la justicia, lo demás llegará más fácilmente. Gorki, fiel al realismo socialista, quiere educar a los lectores para que comprendan que la nueva sociedad comunista que se quiere construir en la Unión Soviética empieza con una base sólida de justicia social.

Bibliografía

Benjamin, Walter. (2011): «El autor como productor», Archivo Chile, CEME web productions, <https:// semioticaenlamla.files.wordpress.com/2011/09/el-autor-como-productor.pdf>, [19/11/2016].

Berlin, Isaiah. (2009): La mentalidad soviética. La cultura rusa bajo el comunismo, Barcelona: Galaxia Gutemberg.

Engels, F., Marx, K. “El Manifiesto del Partido Comunista” (1848). https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Gorki, Máximo. (1968): «Discurso en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos (1934)» en Gorki, M. y Zhdanov, A., Literatura, filosofía y marxismo, México D.F.: Grijalbo, 13-59.

Gorki, Máximo. “Coloquio con la Vida”. https://ciudadseva.com/texto/coloquio-con-la-vida/


Sobre la autora

María-Elvira Luna-Escudero-Alie es profesora de francés y de castellano en Montgomery College, Maryland. Cuenta en su haber, bachilleratos y licenciaturas de Filosofía y Lingüística y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú, además de un doctorado en Iberian-American Literature and Culture por la Universidad de Georgetown en Washington DC.