El rayo

Una reescritura política de El río de Javier Heraud

El Rayo es una reescritura, en clave política futurista psicodélica, de un mundo devastado y destruido por la rueda voraz e imposible del sistema. Donde El Río trae vida y junta y hermana a los árboles, las piedras y las aves en el cielo de su arremetida hacia el mar; en el Rayo, que no se sabe si sube o baja, o es perpendicular al horizonte, destruye el orden de la vida natural y social, como bloques ordenados, para restaurar un nuevo orden, o más bien para desordenar los puntos sobre los que sostiene la sociedad. Su signo es la inestabilidad, la paranoia y lo vibrante. Un nuevo orden sembrado de neurosis, humo y espanto. Todas las cosas por las que cantó y luchó Javier Heraud son cosas ya proscritas en nuestro entramado social y pertenecen a un tiempo en que el cambio de orden político y social, en todo Latinoamérica, parecía tan cercano. Hoy son ideas más bien muertas. No sé si necesarias, pero son lindas ideas que pertenecieron a otro tiempo. Hoy, en tiempos de fake news, donde lo inestable y la inmediatez marcan un derrotero social, es urgente otro canto.

1

Yo soy un rayo,

voy bajando o subiendo por

nubes anchas

cargadas del sudor de todos los peones

o los ardorosos amantes solitarios

voy bajando o subiendo

por el estrecho margen

que separa tu cuerpo del mío

cuando caigo sobre tus anchas caderas

y mi omóplato tiembla de gusto.

Hay fuego o electricidad a mi

alrededor marcados

por la señal de otro tiempo

o por el tiempo que nos señala

otra cicatriz.

Yo soy un rayo,

bajo o subo cada vez más

rabiosamente,

voy gritando tu nombre

hasta hacer temblar

a todas las ratas que no tienen alas,

más violentamente que todo

mi amor sembrado

de humo y

espanto.

2

Yo soy un rayo

un rayo

un rayo

destellante como

el vientre de un bebé metálico

nacido en una web oculta

y muchos 00000000

en el ombligo.

A veces soy

fugaz y 

luminoso. Me 

muevo horizontalmente

por las ciudades cargadas de humo y sudor,

pobladas de industrias y mugre elementales

como el cosmos puro del ser que ilumina todas las fronteras,

doy luz a los perdidos, a los rabiosos, a los idiotas

los abrazo con mi ráfaga

les hago creer ver la iluminación.

Los poetas se me acercan de

noche

y de día huyen a sus habitaciones

a escribirme en suaves drones

que apoyan sus tuercas y luces

en el espejismo

que crea sus bytes

llenos de ceros fantasmales.

3

Yo soy el rayo.

Pero a veces soy

insano

y

violento,

normalmente lo soy

no respeto ni la vida ni la muerte

aunque las ilumine en partes iguales

y tenga en mi frente la marca de los ingenuos 

que miran a Dios.

Subo en densas y condensadas nubes

directo al cielo

y truene en un cambio de viento

o de clima sobre los cerros en las alturas

en las montañas

pobladas de cóndores o de indios

ilumino igual

las trenzas de la chola, el poncho de los niños de mirada azul,

el agua y su espejismo violeta, la punta de las frías piedras,

los campos de energía atómica

o los grandes aluviones que trazan un camino.

La lluvia me antecede

los animales huyen,

los locos bailan,

bailan bailando

cuando ilumino sus ojos

que miran al cielo,

por los campos de cemento

por las calles vacías

los árboles sin aves

llevo la marca del fin en un instante

cuando 

ilumino

las sonrisas

los ojos

los genitales blancos

los nudos

que nunca se rompen.

4

Y es aquí cuando

más me ilumino.

Cuando puedo llegar

a

la entrepierna

de los sincorazón,

cuando puedo

cogerlos con los manos

cuando puedo cogerlos

de arriba

o de abajo,

cuando puedo mirarles

el intestino

o el bramido de su

mirar perdido

y alucinado.

Y mi furia se

torna centellante

bramido ronco de tarde&noche 

estelar

y me vuelvo

un potranco

un bello potranco azul

que cabalga por las fábricas

de acero y cemento

por las ruinas de la ciudad construida

sin futuro

iluminando las sonrisas

de los que esperan

la destrucción como 

una rosa sin pétalos.

5

Yo soy el rayo.

Yo soy el rayo

eterno de la 

duda. Ya siento

el calor de los cuerpos

chamuscados,

ya siento el frío húmedo

en mis pómulos de acero

y mi caída horizontal a

través del cristal que se tuerce

en su visión

de fábricas y telones rosados

el de un misógino cyberpunk

y pink

de grandes botas

se torna inmutable.

6

Yo soy el rayo que viaja en los acantilados,

                mugre o llanta

yo soy el rayo que viaja en las fábricas                                     olvidadas,

                un peón se dobla el cuello o                                     cemento roto

yo soy el rayo que viaja por los hoteles sin                                estrellas,

                asfódelo quieto o paredes                                        manchadas de sudor

yo soy el rayo que viaja por los niños sin                   nombre,

                tísicos, hambrientos o carentes de                           paz

yo soy el rayo que viaja por las carreteras                 perdidas,

                aunque te llames López o Gutiérrez

yo soy el rayo que viaja por los loqueríos

                donde todos tienen algún albur o
                han perdido el corazón en una apuesta

yo soy el rayo que viaja en el torrente                                       sanguíneo de los hombres,

                jebe                         hoyo

                brisa        tumbas

                megabytes               fiebre

 streaming                antena

caca de gato

ataúdes ataúdes ataúdes

eléctricos.

7

Yo soy el rayo que ruge

al mediodía que es en realidad 

la medianoche de todos los 

mundos,

que ruge ante sus

camas,

el que vuelve a comprar el pan

y toma sopa fría

con el alma entre las piernas.

8

Yo soy el rayo enfebrecido.

Yo bajo o subo por las escaleras

perdidas en un edificio sin nombre,

por los olvidados guetos de calles miserables

por las calles donde todos olvidaron su nombre

o su sexo

por las ciudades atestadas

de vino rancio

en vitrinas solitarios

los que se miran

sin encontrar ninguna respuesta.

Yo soy el rayo,

yo vuelvo por las puertas traseras

de lo marginados del éxito

cubiertos de meada

pero campantes hambrientos de sexo

el rayo,

las amapolas crecen esperando

la lluvia

con mi pecho descubierto

y mis botas puntiagudas

los rayos que rugen con mi

empeine.

9

Llegará la hora

en que tendré que

destrozar un 

cráneo,

que mezclar mis

luces con sus

memorias oxidadas

y romantizadas por el progresismo de turno,

tendré que iluminarme en mi

cantos metálicos

y pedir más megabytes al jefe político

de derecha o izquierda

no importa,

porque llegará el día

en que mi ráfaga los mate sin igual.

Ese día llegará,

y en el horizonte lejano

no veré más mi luz iluminar

a los ciegos de fe,

no veré a las piedras brillar

ni a las lagartijas sonrientes

mi luz duradera

mi cielo verde

mi lago metálico

mi luna oscura,

mi sol de pura y nueva luz,

mis nubes aciagas

no iluminaré nada,

nada,

únicamente el

gris firmamento

de tus ojos entornados

chinos

todo se diluirá

como el último fósforo mojado

en donde un llanto o una guitarra eléctrica

serán solo algunos bytes

en mi disco duro

o en mi

memoria ram.


Sobre el autor:

Jorge A. Castillo vive en Ica. Editó, en su tiempo de curioso estudiante sanmarquino, la revista Mutantres, literatura mutante, que alcanzó 7 ediciones donde publicaron poetas de todo el país y Latinoamérica. Por esos años, y en complicidad con otros jóvenes poetas, organizó numeroso recitales y fundó C.A.C.A. Editores, una editorial comprometida y resentida.

Ha publicado ócixot>crónicas_contaminadas (2015), starfuckers (2017), Mandarinas psicodélicas (2019). Desde Ica, lleva el sello El Pallar Negro Ediciones y ha armado la colección pallar_poetry_systems con la que ha publicado 4 libros de la poesía más joven de esa ciudad. El pallar_poetry_systems es un sistema de producción poética, lo más cercano a un software con un algoritmo loco, que produce libros de poesía urgente y necesaria en una ciudad tan vacía y posapocalíptica como Ica. A modo de signo, o ruta, el primer libro de esa colección es la reedición de La tortuga ecuestre, de César Moro, libro destellante y brutal que urge redescubrir sesentaitantos años después.