Soledades de Solange

Si vieras
cómo escarbo en el aire
de las calles
buscando inútilmente
tu presencia
JUAN  OJEDA

PERRO SUELTO

Hay poemas que muerden,

Que arañan sin piedad. Bestias

Insaciables que destrozan

Los fundillos, tus mundillos.

Hay otros que ciegan con su resplandor,

Y cierta gracia que le dicen. Fluyen

Sin tropiezo, hasta el nicho

De una antología preciosista.

No faltan los que han sufrido

Algún accidente gramatical

O los que heredaron

La maldición de un padre borracho.

Hay poemas que son un terremoto,

Un tsunami que te arranca el pellejo,

Las vísceras, tus oscuras duplicidades.

Y qué decir de los perros muertos,

Poemas sueltos

Como este. Perros

Que marchan a la deriva,

Canoas que hacen agua.

Poemas errantes, balas

Perdidas que buscan tus ojos,

Tus abrazos,

Tu perdón. Perros

Querendones como la muerte.

Poemas que labran su resurrección:

Aullidos que se apagan

En algún cuaderno olvidado.

POEMANGO

                                                         Este poema es de PM, malgré elle.

El mango es pulposo,  jugoso, sabroso. Hay

Que comerlo al natural, de preferencia. Así 

No perderá su frenesí divino,

                                       ni  su amable paisaje.

Dicen que hay mangos aéreos, mangos

Marinos. Todos son bienvenidos:

Vienen de geografías santas y llaneras.

El sol, la lluvia, la tierra 

                                      y la mano del labriego

Hacen este milagro delicioso que alivia

Tu hambre, amengua mi soledad, enmiela tus delirios.

Mis poemas, en cambio,  son ácidos, torpes, imperdonables.

No tienen ni glamour ni editor ni aprueban

El casting que demandan el mercado

                                        impío y el fácil manoseo.

Qué resplandor, qué gracia tiene esta escritura? 

Pregunta la muchacha seducida

Por un mango  marqueteado. Ella

Prefiere el artificio, el poemango

Bien peinado,

                                         el cutis limpio

De espantos y lunares viejos.

 No el poema

Añejo que no sabe  ser ni aéreo

Ni marino, 

                             ni nocturno vicio eterno.

MALARIAS

                                   huelo tu olor / te busco / te estrujo

                                                Elqui Burgos

La escritura

Es un ozono que se abre

En tu pecho

Golondrino, en tu soñar

Despierto:

Un cataclismo

Que deja al descubierto

La vieja astilla de la soledad.

Rosa que roza lo perfecto.

La escritura es una piel sedosa

Por donde resbalan tus dedos

Congelados, huérfanos

De ternura o de alcohol. A ratos

Es un cuero tosco, papeles

Que nadie lee. Oleajes del desamor.

Una suerte de malaria que no tiene cura,

Unas fiebres que dejan sus huellas

En tu cuerpo desnudo, en la página en blanco.

VERSO APALEADO POR LA LLUVIA

Galopando llega tu escritura

Con encono,

Dardos sombríos que luego alcanzarán

Halagos,

Y uno que otro galardón para el olvido.

En el silencio  cenizo que te envuelve

No sabes qué hacer

Con la  imagen fugitiva

Que se escapa de tus manos,

Verso apaleado por la lluvia.

Ni con la metáfora que creíste deslumbrante

En un momento pero que ahora borras

Con rabia mal disimulada. Y no sabes aliviar

El azufre que impone ese punto

Y aparte que te saca de la rítmica al uso,

Ese su aletear de tiburón en celo.

En la intemperie está la belleza, dices

Golpeándote la frente

En el abismo

Donde las sierpes gobiernan tu pulso,

Tu lengua descarriada, la vida continúa.

MORIRÁS

Morirás, ¿por qué te sorprendes? Morirás.

Y nadie reconocerá tu aroma.

¿ No disfrutaste acaso hasta el delirio

El uso infame del materialismo ratonero?

¿Dó está el polvo enamorado

Con la que engatusabas

A las muchachas desprevenidas?

Morirás, tu película

Gris y sin argumento llega a su fin.

Sólo te queda

Cantar en alguna peña distrital

“Yo te pido guardián que cuando muera,

Borres las huellas de mi humilde fosa”.

Morirás, hipócrita lector. Morirás

Ardiente sombra,

Morirás pájaro pinto,

Morirás caballo bayo,

Morirás tortuga ecuestre,

Morirás mosca azul,

Morirás cuaderno verde de poesía.

Tú también morirás forever.

Y tendrás

Como consuelo un mañana

Cosmopolita, sin hueso ni aguacero.

Y una tristeza renovada

Que te espera con las piernas abiertas,

El corazón cerrado.


Sobre el autor

Hildebrando Pérez Grande es un reconocido poeta peruano nacido en Lima en 1941. Considerado como una de los principales representantes de la Generación del 60’ en la poesía peruana junto a Marco Martos, Javier Heraud y Antonio Cisneros. Ganador del Premio Casa de las Américas 1978, con su poemario Aguardiente y otros cantares. Director de la revista Piélago, co-director de Hipócrita Lector y actualmente de Martín, Pérez Grande es uno de los valores más representativos de la poesía andina, pero además, de la poesía peruana en general.

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1 Comentario

  1. Espléndidos estos poemas de Hildebrando. Daré cuenta de ellos a todos los amigos comunes, tanto que los reproduciré en mi blog para tenerlos aún más cerca. Abrazo fuerte, poeta. Gracias, Poliantea.


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