Panorama político de España: entre las plazas y el Eurogrupo, con una musa de Bilbao

¿Dónde comienza el relato de la política española contemporánea, musa?, ¿hasta donde ha de remontarse la narración que dé cuenta de la actual situación parlamentaria, gubernamental, económica? Estallido de la pandemia del COVID-19, formación del primer gobierno de coalición desde la restauración de la monarquía, ciclo electoral de 2019, moción de censura y gobierno socialista, crisis de Catalunya, ciclo electoral 2015-2016, elecciones europeas de 2014 y surgimiento de Podemos, recortes de 2012, elecciones de 2011 y gobierno de Rajoy, crisis de 2008, atentados del 11M, primer gobierno de Aznar, primer gobierno de González, transición, dictadura, república, primera restauración, idas y venidas liberales en el siglo XIX, Borbones en el XVIII, Austrias, Reyes Católicos, Abderramán, Trajano, un primate migrante en Atapuerca proveniente del cuerno de África.

No hay asidero histórico seguro, musa. Demasiados puntos de partida pueden servir de base narrativa para colocar a España en su contexto. Sin embargo, centrados en lo concreto, la estrategia política de España se mueve dentro de unos parámetros (económicos) que vienen determinados por los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Serán estos, los últimos presupuestos aprobados, los que servirán de base para esbozar un panorama político de la España contemporánea.

Fíjate, musa, que veo que no lo tienes claro. Tan solo una semana antes, el PNV (el Partido Nacionalista Vasco) ya estaba allí. Mariano Rajoy, sin moverse, sin comparecer, había sobrevivido a dos elecciones generales que le pusieron contra las cuerdas, había capeado el temporal catalán y, en aquella primavera de 2018, veía aprobados sus PGE. El que resiste, gana en España. El PNV convalidaba los PGE del ministro Montoro. Pero -curiosidades del establishment judicial español-, la sentencia de la trama Gürtel, una semana después, certificaba la entente criminal que el PP (partido del gobierno Rajoy) había conformado con empresarios a costa del erario público. Se certificaba el falso testimonio de Rajoy como testigo. El principal partido de la oposición, el PSOE, hibernaba: bajón en las encuestas, un secretario general retornado después de ser expulsado por los suyos, pero fuerte ideologización de la militancia que había re-designado a Pedro Sánchez como secretario general y el hálito de la tercera fuerza política, Unidos Podemos (UP), que llevaba clamando desde un año atrás por una moción de censura. El PSOE se mueve, la presidencia del Congreso, del PP, acelera los plazos esperando que las negociaciones entre el PSOE y sus socios (desde la izquierda de UP al nacionalismo catalán) descarrilen. Terrible error táctico. El PNV no se pudo quedar fuera de la operación después de que Pablo Iglesias (UP) y Marta Pascal (nacionalismo catalán moderado) comandaran las negociaciones con un PSOE dubitativo. Una semana después, el PNV ya no estaba en el mismo lugar, pero seguía, en las sombras, en el puente de mando.

Se abría el capítulo actual de la historia política de España: presupuestos del estado del PP y gobierno del PSOE, por lo pronto, en solitario.

Los cuadros del PSOE en la alta administración, su pasado como partido de gobierno y una técnica comunicativa perfilada por Iván Redondo, famoso entre el establishment político español, permitieron a Sánchez perfilar un “gobierno bonito”. Astronautas, cables con la Comisión Europea en Economía, pocos pesos pesados del PSOE. Un gobierno que noqueó a Ciudadanos y UP, sus contrincantes a derecha e izquierda. La vocación progresista del ejecutivo hizo que, tras largas negociaciones (perfiladas en último término entre Sánchez e Iglesias, en lo que se convirtió en tradición negociadora), PSOE y UP pactaran unos PGE que debían acabar contando con el concurso de la izquierda independentista catalana: ERC (Esquerra Republicana de Catalunya). Ya tenían el beneplácito de los nacionalistas vascos.

Presta, musa, atención a Catalunya entonces, ya que será clave en la estabilidad gubernamental. Parece un nudo gordiano, pero una mirada pausada reduce considerablemente la complejidad del actual proceso independentista: una batalla propagandística por la hegemonía en la administración autonómica (la Generalitat) entre las dos facciones del independentismo, entre ERC y Junts. Esta pugna propagandística, liderada desde sus inicios por Convergència (hoy Junts), desorientará la estrategia de ERC en innumerables ocasiones. No consigue, aunque lo intenta, desligarse de Junts para dar el paso definitivo para controlar la Generalitat. Miedo ancestral a oír en las calles cómo les gritan “botifler” (traidor en catalán). ERC, con la disconformidad manifiesta de sus líderes en Madrid, dejaba caer los PGE de PSOE-UP. Se convocaban elecciones para abril de 2019.

¿En qué andaba, musa, por entonces, la derecha? El congreso del PP tras la moción de censura llevó al liderazgo del partido a Pablo Casado, de la facción más conservadora, que enfatizaba la ilegitimidad del gobierno de Sánchez. Ciudadanos enfatizaba su discurso nacionalista español en contraposición al catalán. En este marasmo ideológico, surge el espacio necesario (en las elecciones autonómicas de Andalucía en diciembre de 2018) para la extrema derecha en España: Vox. Las derechas tradicionales ataron sus destinos pronto a ellos, previo pacto en la nacionalidad andaluza.

Las elecciones en abril permitieron mantener el rumbo previo a la convocatoria electoral: colaboración entre PSOE-UP, y entre estos y el PNV y los nacionalistas catalanes, con una derecha encastillada. Pero los designios del cálculo táctico (UP exigía, como posición estratégica desde hacía meses, conformar un gobierno de coalición, y el PSOE, ambiguo, nunca se cerró a esa posibilidad) hicieron que, tras meses de escaramuzas -nunca negociaciones serias-, se repitiera la convocatoria electoral. Tras las elecciones autonómicas y municipales de mayo, que catapultaron al PSOE y hundieron a UP, Sánchez creyó que, con nuevas elecciones, el PSOE noquearía a su competidor por la izquierda, mientras pretendía pasar a gobernar a dos bandas entre UP y Ciudadanos, ambos debilitados. Error de cálculo. Elecciones en noviembre y calco de los resultados con algún cambio significativo: unos valores de enfado con la política nunca vistos que catapultaron a Vox, hundieron a Ciudadanos y debilitaron, sin derrotar, a la izquierda. Con el campo de maniobras desertizado, UP y PSOE tardaron 48 horas en pactar un gobierno de coalición que se sustanció con la investidura del segundo gobierno Sánchez en enero de 2020. El PNV, atento a los vientos de estado, crítico con las izquierdas incapaces de pactar en verano, ahora se mostraba como pilar de contención del gobierno de coalición. Una ERC dubitativa acabó permitiendo la investidura.

Pero, déjame que te cuente, musa, qué ha pasado desde enero hasta hoy. A grandes rasgos, con un estado de alarma motivado por la pandemia de la COVID-19 prorrogado durante tres meses, lo mismo que hasta entonces con dos novedades: la coordinación pulida del primer gobierno de coalición de la democracia española y la heterodoxia financiera de las instituciones europeas. Ambas cosas han permitido desarrollar una serie de políticas públicas novedosas que buscan capear la resaca socioeconómica del virus. ERTE, Ingreso Mínimo Vital, ayudas a autónomos, moratoria de hipotecas. Sin embargo -esto no sé si lo sabrás, musa, que España es muy particular-, mientras el gobierno aprobaba medidas de profundo consenso social para paliar la crisis, el griterío en el ruedo parlamentario era ensordecedor: la extrema derecha gritaba, la derecha vociferaba, los independentistas catalanes se enrocaban ante su caos autonómico sanitario particular, incluso el PNV afeaba la conducta del gobierno. Cimbreaba el barco de la gobernabilidad. Pero, como si de una mala tormenta se tratara, con la nueva normalidad (y la probada resiliencia del gobierno, auxiliado críticamente desde Europa) las mareas se calman. El PNV baja el tono (aunque no demasiado, pues en julio se juega en las elecciones autonómicas la presidencia del País Vasco), las derechas tienden guantes después de, con ellos, retar a duelo al gobierno -musa, entiende que en España cuesta bajarse del burro- y la ultraderecha, vociferante y con cacerolas en las calles, baja en las encuestas. Musa, por cierto, Montoro se debe de estar muriendo de la risa: sus PGE siguen en vigor desde 2018. Con la pandemia se han dado por imposibles los de 2020, y, en octubre, el gobierno espera presentar el anteproyecto presupuestario de 2021.

Esta semana se ha hecho oficial la candidatura de Nadia Calviño, vicepresidenta tercera y ministra de economía, a la presidencia del Eurogrupo. Con ella, el sector más ortodoxo y alejado de UP en el gobierno consigue, en caso de prosperar, asegurar los enlaces estratégicos con una UE que ha resultado salvadora para el gobierno. Hay enfado en las bases de UP, que vieron nacer un proyecto político entre el ambiente reivindicativo de las plazas y ahora se enfrentan a aquello de que “gobernar es cabalgar contradicciones”, y más cuando representas un tercio del poder parlamentario que sustenta al gobierno.

¡Ay, musa! El panorama político español es esto: una tensión entre las plazas y la ortodoxia del Eurogrupo, modulado por los intereses de la industria vasca (que ahora busca apostar por la economía del hidrógeno, como apuntaba Enric Juliana) representada en el PNV. Mientras, la derecha busca pie, con su base social en posiciones que, en estas circunstancias demoscópicas, no conseguirán el apoyo mayoritario que precisan para gobernar. El contencioso catalán será condición de preocupación, todo dependerá del valor de ERC para emanciparse del independentismo irredento de Junts en unas elecciones catalanas de fecha próxima pero desconocida.

¿Cómo? ¡Esto no puede ser verdad! Me dicen, ¡oh, musa!, que eres de Bilbao, del barrio de San Francisco -donde el pasado fin de semana los vecinos expulsaron a unos manifestantes de extrema derecha-. Entonces, cuéntame, musa, la historia de lo que nos deparará el futuro…ya que sois, los y las ciudadanas vascas (y gallegas), las primeras en votar en estos meses. Dime, ¡oh, musa!, ¿qué pasará en España con este panorama político que nos ha dejado la historia?


Sobre el autor

David Rodas Martín es editor jefe de España 89, un think tank de perfil joven centrado en relaciones internacionales y Unión Europea. Enamorado a la vez de la politología y del periodismo, compagina sus estudios con su trabajo en España 89 y su amor por la redacción.