Una bola de nieve que viajó de Harvard a PUCP

A pocos días de iniciada la cuarentena, el MALI sacó un comunicado donde informaba que suspendían toda colaboración con el profesor Gary Urton, co-curador de la muestra “Khipus” que se encontraba a puertas de inaugurarse en Marzo debido a las recientes denuncias en su contra por acoso sexual a sus estudiantes. En simultáneo, la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP, al mismo estilo de Pilatos, negaron tener mayor vínculo con Urton más allá de unas cuantas charlas y el título de profesor honorario, otorgado ya hace un par de años. Es por ello que, acorde a su protocolo frente al acoso sexual y protección a las víctimas, dicha distinción se le sería quitada una vez Harvard termine las investigaciones del caso. Pero como acá en Perú tanta efectividad es sospechosa, decidimos averiguar por nuestra cuenta. 

Vamos por partes ¿quién es Gary Urton? ¿qué hizo exactamente y porqué tanto escándalo?

Gary Urton era profesor de estudios precolombinos en Harvard, de los pocos profesores “fijos” de la universidad y además una figura influyente en la carrera de Antropología debido a los diversos estudios sobre decodificación de quipus, a los que dedicó gran parte de su vida. Fue condecorado por distintas universidades y reconocido internacionalmente, lo que lo llevó a adquirir cierta autoridad y renombre. Uno de los países que no dudó en abrirle las puertas, fue Perú. Una de esas universidades que lo reconoció y para la que prestó servicios, fue la PUCP. 

 
En el 2016, una alumna declaró ante la Facultad de Antropología que Urton la había presionado a tener sexo no deseado a cambio de una carta de recomendación “brillante”. Al poco tiempo de presentada esta declaración, la joven quitó los cargos y decidió no hablar más del tema. No hubo mayor seguimiento del caso y lamentablemente, no hubo mayor consecuencia que la frágil respuesta de Urton alegando que era una declaración “engañosa”. Al parecer, ninguna estudiante querría meterse en un problema de tal índole con un profesor tan bien posicionado como Urton. Pero bueno, muchas cosas pudieron haber pasado por la cabeza de aquella mujer, eso no lo hace un violador, ¿cierto?

Debido a que los testimonios de acoso sexual casi siempre tienen un efecto bola de nieve, una profesora de la Universidad de California afirmó haber recibido propuestas sexuales explícitas cuando era estudiante de posgrado en Harvard. Paralelamente, aseguró haber sido testigo del hostigamiento de Urton hacia las estudiantes en la escuela de campo en San José de Moro (Chepén), que en ese entonces mantenía un convenio Harvard-PUCP, por lo que se presentaron quejas ante el departamento de Antropología. Casualmente, nunca se hicieron públicas aquellas quejas, ni con la supuesta “cero tolerancia al acoso” que profesa dicha universidad peruana.

Respecto a ello, Jaime Castillo Butters, arqueólogo de la PUCP y ex ministro de cultura, quien en ese entonces fue colaborador del proyecto en San José de Moro, afirmó sentirse apenado por las denuncias en The Crimson hacia Urton, a quien consideraba “un genio”. Así mismo, negó haber sido testigo de algún acto reprochable y aseguró, como solo un hombre blanco puede asegurar al defender a otro hombre blanco, que jamás hubieron incidentes ni quejas durante los viajes de trabajo que realizaron junto a las estudiantes.

En consecuencia a toda esta serie de hechos, Urton fue retirado de su puesto de director de estudios de pregrado en Harvard y fue puesto a disposición administrativa mientras se desarrollaba la investigación. Por su parte, Urton, mediante un comunicado a la revista Science, dijo lo siguiente: “Por mucho que me gustaría responder a las falsas acusaciones que circulan y destruyen mi reputación profesional, me han aconsejado que no lo haga. Así que en este momento, aparte de decir que estoy realmente triste por las acusaciones, espero algún día tener la oportunidad de limpiar mi nombre”.  

En el mismo informe que brindó The Crimson y dió inicio a todo, se denunció también que hace un tiempo atrás, el profesor Bestor, de la misma facultad que Urton, fue denunciado por cargos similares. Harvard decidió tomar cartas en el asunto ¿y saben qué idea tuvieron? Sí, pusieron a Urton a investigar el caso. Este ordenó a su compañero  a enviar una disculpa hacia cada una de las estudiantes agraviadas (no llegó a hacerlo con todas) y el reconocimiento que dichos actos de abuso sexual fueron ocasionados por una intoxicación alcohólica y diabetes (aún seguimos tratando de entender ¿cómo la diabetes te hace violar la libertad de tus alumnas?).

Pero olvidemos eso, al fin y al cabo su universidad también lo hizo. Al poco tiempo, y para no perder la costumbre, Bestor volvió a dictar clases y vivir impune como siempre.

Antes de cerrar esta nota, el periodista estadounidense Michael Balter publicó en su blog una recopilación de cinco denuncias contra Luis Jaime Castillo Butters de parte de estudiantes que estuvieron bajo su tutela durante los trabajos de campo en San José de Moro. 

Una de las estudiantes reconoció haberse sentido rodeada de una fuerte carga de masculinidad tóxica dentro del grupo, comportamiento que iba de la mano de un excesivo consumo de alcohol en camaradería con los profesores. Según palabras de la denunciante, “todos estaban durmiendo con todos”. En consecuencia, la estudiante decidió abandonar sus estudios por no sentirse lo suficientemente segura.

Otra denunciante narró haber sido hostigada sexualmente por Castillo Mantequillas a cambio de “mayores responsabilidades” dentro de las excavaciones. Tales actos acabaron por agotar a la víctima al punto de abandonar la carrera.

En el tercer testimonio se puede comprender mejor el modus operandi que Castillo Mantequillas manejaba para conseguir “favores” de parte de las organizaciones. Debido al ardiente clima durante las excavaciones, las estudiantes solían usar ropa corta, pero fue chocante para ellas cuando Castillo tomó esta oportunidad y empezó a presionarla para que usase ropa aún más corta. En otra oportunidad, aprovechó la vestimenta de la joven para que reciba a los visitantes de una organización que consideraba darles una subvención. Esta conducta se repitió en distintos testimonios, donde aseguraban que las estudiantes eran invitadas a diversas reuniones con el fin de “acompañar y entretener” a los hombres de dichas organizaciones. 

Los otros dos testimonios refuerzan las conductas de los anteriores casos, así mismo, pone en evidencia comentarios sobre los cuerpos de las estudiantes, homofobia, maltrato a trabajadores del sitio, abuso de poder y más insinuaciones de índole sexual no requeridas, incluso cuando dicho profesor se encontraba casado en aquel momento. 
 
Poner en evidencia que no hay barrera de clase o educación que nos libre a las mujeres de poder estudiar tranquilamente nos arrastra nuevamente a recibir una bola de nieve sorpresa cada cierto tiempo. Ayer pasó en Harvard, hoy en la PUCP, mañana en San Marcos. La angustia la vivimos nosotras, que nunca estamos seguras de quién será el siguiente hombre en salir denunciado, ni cuál de nuestras compañeras podría estar siendo víctima en estos momentos no solo de abuso de poder por parte de un profesor, sino de todo un sistema que logra mantener y alimentar un ciempiés humano de hombres que se blindan entre ellos. 

Es curioso como las realidades paralelas de la vida real superan la ficción de cualquier serie de Netflix. Como tres hombres pudieron replicar los mismos hechos con tal engranaje que cuando algo o alguien intente tumbarlos, solo tengan que seguir caminando en la nieve en silencio, hasta que todo vuelva a su curso “natural”. Si algo podemos rescatar de cada caso es la vocación de esta clase de hombres por defender a sus colegas en la profesión que más marcas dejará en la vida de sus estudiantes, el ser un violador.