Del uso al abandono de los cuerpos

El siglo XXI se nos revela, de forma inevitable, como la consolidación de un paradigma centrado en el uso y manejo de los cuerpos, en el rendimiento futuro que puedan ejercer en la aplicación de nuevas políticas. Podemos tomar como ejemplo algo bien conocido por todos: el uso de las estadísticas –fallecidos y contagiados– al momento de establecer los lineamientos restrictivos, la dispensación de libertades y las ‘movidas’ políticas.  En crisis sanitarias como las que estamos viviendo este hecho se nos presenta con una fuerza que le es propia, el saber médico se posiciona como el redentor de manera explícita y va marcando los parámetros de las decisiones gubernamentales. Un ejemplo de lo dicho sería lo expuesto por Corbin Alain en el volumen tercero de su libro Historia del cuerpo, cuando hace referencia a las nuevas medidas políticas tomadas por los países europeos en base al logro de Pasteur. Este ‘logro francés’ desembocó en la aplicación de políticas sanitarias que, según Corbin, redujeron la mortalidad e incrementaron la esperanza de vida de las poblaciones. Esto deja en claro la estrecha relación que existe entre la política y la vida, no solamente entendida como el desarrollo en un espacio público determinado, sino que, más precisamente, la vida orgánica y psicológica.

Como bien decía Foucault en su libro Historia de la sexualidad, ‘la carne es proyectada sobre el organismo’. El cuerpo pasa a ser esa instancia en la que el yo se ve reflejada, y en un afán de ‘hacer vivir’ – como diría el mismo Foucault cuando se refiere a las nuevas estrategias del poder – se establece la relación de apropiación en relación al cuerpo y a su uso como el nuevo τόπος del saber médico/político actual. Esta sujeción de los cuerpos a los mecanismos reguladores tendrá como resultado la instauración de lo que Foucault llama el modelo biopolítico. No está de más mencionar que el eje central que articulará aquello llamado Bio-poder por Foucault será el constante intento por ‘invadir la vida’. Esta invasión tiene como intención el manejo eficiente de las poblaciones mediante las diversas disciplinas científicas – en este caso médicas – así como el uso de la demografía y la pedagogía. No obstante, debemos tener en cuenta que abordar los eventos sociales desde esta perspectiva supone dar por sentado que la sociedad donde se está llevando a cabo dicho análisis posee un desarrollo amplio en lo que respecta a las diversas disciplinas científicas y tecnológicas. Si bien estamos circunscritos en lo que conocemos comúnmente como globalización, y de alguna manera esta interconexión económica entre los países nos inserta en una mecánica capitalista que nos permite obtener ciertas facilidades tecnológicas, es evidente la jerarquía internacional entre los países insertos en este SistemaMundo, como lo llamaría Wallerstein en su libro Analisis del sistema-mundo, y la posición en la cual nos encontramos como país está, contra toda opinión, en la periferia del esquema planteado por el pensador neoyorkino. En relación a todo lo expuesto hasta el momento existe una pregunta que provoca su propio eco en este tipo de asuntos ¿Cómo entender entonces este ‘poder sobre la vida’ en el contexto en el que nos encontramos? ¿Cómo pensar el cuerpo en relación a nuestros problemas y el avance del saber médico/político en el que nos hallamos actualmente?

Esta pandemia ha puesto en evidencia el cuerpo doliente de aquellos que han sido olvidados sin más. Aquellos que no entienden el dolor bajo algún concepto académico, sino que lo viven en el hambre y la pobreza. Nadie iba a pensar que el tiempo jugaría el peor de sus papeles dentro de un país como el nuestro, ahorcando a sus visitantes y despidiendo a sus pasajeros. La vida se volcó sobre ellos, se hizo ajena o, mejor dicho, se reveló como lo que en sí misma era: un presupuesto puramente lógico, habitando en la inmundicia y la podredumbre, rebotando como un rezago de la ausencia de asistencia estatal acumulada durante todo este tiempo. “¡Han sido abandonados!” Se suele escuchar siempre, sin embargo, ¿qué es el abandono para esa gente? No piensan en el abandono como una categoría política o social, ellos piensan el abandono de su pura inmanencia, como entes abandonados. El abandono en ellos se piensa a través de la carne, por medio del hambre y la necesidad. Es como si el abandono se intentase buscar a sí mismo destruyendo los cuerpos que atraviesa. La ciudad quiebra su espíritu: aquí nunca hubo unidad, ni humanidad, ni patriotismo.

La abrupta soledad mueve los pilares de toda vida cotidiana: estamos siendo, como proyecciones innecesarias pero existentes. La idea del proyecto se nos desveló como débil, en un país donde la idea de la posibilidad se fue arraigado como parte de su cultura identitaria: somos la sociedad del “se pretende hacer…”, pero del nunca “estamos haciendo”. Un golpe y el sueño del futuro se vino abajo. Una ansiedad colectiva vacía los edificios, inunda los parques de tristeza, destruye los hogares; de pronto no hay más esperanza que en la sensación de permanencia. Ya sea tanto en un sentido, el de permanecer a algún lugar común; y en otro, el de acto de resistir, permanecer en la actualidad, aferrarse a esta astilla de presente para no morir ahogados. La experiencia trágica hoy se ha visto más impensable que nunca, el animal de la razón se ha visto reducido otra vez al alma sensitiva. Esta experiencia integra el relato de aquellos cuerpos que sufren un encierro totalmente diferente: su claustrofobia es provocada por los muros de la intransigencia. Los cuerpos han adquirido un papel fundamental en estos tiempos y, en nuestro país, que no puede ni siquiera mantener unos servicios higiénicos en buen estado en los locales del Minsa y de Essalud como señala Elmer Huerta en un artículo para el diario La República, su administración pasa por el uso continuo e injustificado de la violencia. Tal parece que el abandono sistemático de los individuos es el único mecanismo que tiene nuestro actual sistema para seguir erigiéndose en el uso del poder. De ahí que cada nueva propuesta política o candidato a la presidencia encuentren en una masa estéril de cuerpos desatendidos un lugar donde poder sembrar esperanza.