Y ahora, ¿qué?

Violencia racial, protestas pacíficas, despegues espaciales, hackers exponiendo actos criminales, huelgas y violencia.

Diversos hechos han tomado lugar los últimos días, acciones de relevancia histórica y de impacto a nivel internacional. Noticias que, podemos notar, continúan siendo popularizadas, aunque sea solo como referencias, en cualquier red social que podamos utilizar.

Cuando un mundo en cuarentena empieza a desestabilizar su curso, incluso más de lo posiblemente esperado. ¿Cómo podría ser que reaccione la audiencia digital latinoamericana?

Muy fácil.

Memes y hashtags.

No planeo hacer un análisis profundo, sino más bien, poner mi granito de arena y quizá lograr hacer que alguna persona reaccione, y más que nada, reflexione, sobre lo que vale la pena reflexionar en vez -o después- de reaccionar. Especialmente en una época en la que una cosa siempre es más sencilla que la otra, y nuestra naturaleza cada vez se inclina hacia la aceptación de la ley del menor esfuerzo. Si bien nunca es bueno generalizar, tomaré la libertad de asegurar que la postura que el público ha tomado, en su mayoría, acerca de las últimas novedades del panorama internacional, puede dividirse en tres grupos, entre los cuales, lo más probable es que, si estás leyendo este artículo, te encuentres descrito.

El primer grupo, es el más popular, este consiste en aquellas personas que, a través de una imagen, gif o hashtag se suman como “participantes” o promotores de algún “movimiento” particular. Este “activismo digital” tiende a centrarse en redes como Twitter e Instagram, y usualmente consisten en el apoyo o rechazo de situaciones que toman como contexto un escenario que, si bien puede ser físicamente bastante lejano, puede resultar -incómodamente- cercano y familiar en el aspecto social. Y, aunque no podemos ser realmente conscientes sobre quiénes comparten esta información, la acción de otorgar un espacio de nuestro adorado tiempo de atención social online a una causa mayor no debería ser desacreditada, ya que, independientemente del medio, la expresión de una postura política, posee un valor. Por supuesto que, no podemos evitar recordar a los integrantes de este grupo, que el activismo digital no es lo mismo que el de sofá. Especialmente si las acciones contra las que nos manifestamos se han visto reiteradas veces en escenarios mucho más cercanos, en los cuales tenemos la posibilidad de participar activamente.

La segunda postura a tratar, se asemeja a la primera, ya que comparte la práctica de compartir contenido viral a través de distintos medios, sin embargo, sean conscientes sus usuarios o no, implica ideas bastante distintas. Me refiero en esta ocasión, al perfil del usuario informante de redes sociales. Aquel personaje que acepta y cumple con el deber de compartir distintos links de noticias y reportajes -de sus fuentes de confianza, claro-, sobre los mencionados conflictos, quizá con un comentario – solidario o en contra- o tal vez simplemente un emoji. Este uso de las plataformas digitales es, probablemente, la forma más sencilla y básica en nuestro deseo de concientizar a otras personas se materializa. A estos usuarios vale la pena preguntar, ¿realmente estamos concientizando? Personalmente, encuentro este perfil, el más inocente de los que conforman esta mini recopilación. Esto es, principalmente, si lo comparamos con el grupo anterior. Esta realidad, no es de sorprender, si consideramos lo fácil que es en contraste simplemente presionar un botón, y evitar opinar -o denunciar- un hecho de controversia. También puede tomarse como una alternativa bastante tentadora, cuando aún no tenemos realmente consciencia sobre la verdadera relevancia de la noticia en cuestión. De alguna manera, es la ley del menor esfuerzo 2.0.

Finalmente tenemos, el humorístico, aunque no menos político, usuario de x red social, que promueve y asegura que su círculo social y/o seguidores se enteren de los acontecimientos mundiales, -a diferencia que sus predecesores- a través del uso de distintos memes. Ya sean los famosos perritos cheems (Shiba Inu)comparando la actitud de astronautas de la NASA ante el clima para un viaje espacial, o simples variaciones de la revelación de información por parte del grupo Anonymous, con información que quizá nos gustaría fuese real. Esta inocente práctica que se ha vuelto costumbre desde hace mucho ya, y parece ser la más común de ver en el inicio de la red social azul. Los modernos formatos, llenos de significado y tan fácil de ser identificados -así como de identificarnos-, ¿podrían ser algo más que solo eso? Creo que la respuesta a esta pregunta, de alguna manera aplica a los tres comportamientos descritos.

Nuevos tiempos, nuevas máscaras

¿Podría ser, quizá, la nueva forma que ha tomado aquella máscara, que hace mucho ya, Paz descubrió usamos los latinoamericanos para encajar en nuestra comunidad? ¿Aquella máscara que nos permite evitar exponer nuestra verdadera esencia, nuestras luchas y nuestros miedos?

La sociedad virtual toma un protagonismo incluso mayor, cuando se convierte en el único medio que tenemos de “existir” ante la confinación obligatoria. La burbuja de la cuarentena privilegiada, que puede llegar a contenernos, aunque no lo sepamos, es la que nos permite hablar, hacer y en ocasiones ser. Cuando las vías tangibles han sido restringidas. Y es en este espacio en el que se nos permite expresar el discurso que elijamos. Mas no podemos dejar de lado la esperanza de la acción. Cuando la rutina diaria comienza a mezclar cada vez más las horas de vida con las horas de pantalla, es que el cuestionamiento a la rutina se vuelve revolución. Y darnos el tiempo de recordar lo que es convivir con el otro, puede comenzar un cambio aún mayor. Si podemos ver cómo noticias de otros países, nos sacuden fuertemente, quizá es el momento de cuestionarnos a nosotros mismos, si no hemos olvidado que también somos país, que también tenemos noticias, y que la única opción no es aceptar que “así somos”. 

Así que, si el shock de los acontecimientos recientes sigue de alguna manera presente en ti, utiliza esa emoción para propulsar nuevas acciones, recuerda que no tenemos que ser solo audiencia, que podemos decidir y que también podemos actuar. 


Swanne Pozo Osorio publica cada dos martes en Poliantea como parte de la sección Doxa que reúne las columnas de opinión dentro de la revista.