Arde Estados Unidos

Estados Unidos, 29 de mayo de 2020.

Cuando hablábamos de George Floyd y el racismo inherente en la clase política estadounidense, señalábamos con cierto desdén cuán lejos está Estados Unidos de unirse como país. Tras lo ocurrido en las últimas horas, solo podemos señalar que aquel diagnóstico era un preludio de lo que iba a suceder.

Minneapolis, la ciudad en la que fue asesinado George Floyd, está en jaque actualmente. La situación es muy sorprendente, como lo revelan las imágenes y vídeos de las protestas ciudadanas. Pese a que Derek Chauvin, el policía involucrado en la muerte de Floyd, fue arrestado; la indignación se elevó rápidamente tras conocer que los fiscales aún no estaban seguros si elevar cargos penales contra el oficial. La ira, la indignación se transformó en caos, en desobediencia civil. En contextos totalmente ajenos, Minneapolis se convirtió en un símbolo de como el Estado falla constantemente a las poblaciones vulnerables.

Los alrededores de una estación policial dentro de Minneapolis se convirtió en el campo de batalla. Los policías se enfrentaron a una masa iracunda, que no dudó en ignorar los proyectiles que les eran lanzados. Al poco tiempo, los policías se vieron superados y se retiraron del lugar, abandonando la estación. En ese entonces, aún no se sabe exactamente quién, se incendió el departamento.

Jacob Frey señaló en su conferencia del viernes que “el simbolismo de un edificio no puede superar la importancia de la vida”. Pese a ello, si bien manifestó que entendía la furia de la ciudad, era tiempo de parar.

Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos

“Una falta total de liderazgo. O bien, el muy débil alcalde de izquierda radical, Jacob Frey, actúa y pone la ciudad bajo control, o enviaré a la Guardia Nacional y haré el trabajo bien” fue la amenaza de Trump. Probablemente no resulte sorpresa para nadie que el discurso del Presidente se apoye en la fuerza policial, en plantear similitudes entre “hacer el trabajo bien“ y la intervención de la Guardia Nacional.

“La debilidad es negarse a asumir la responsabilidad de sus propias acciones. La debilidad es señalar con el dedo a alguien más, durante un momento de crisis. Donald Trump no sabe nada sobre la fuerza de Minneapolis. Somos fuertes como el infierno. ¿Es este un momento difícil? Sí. Pero será mejor que estés seguro de que vamos a superar esto”, fue la respuesta del alcalde Jacob Frey al tweet de Trump durante la conferencia de prensa. Pero esta no ha sido lo más polémico que ha publicado el Presidente en redes sociales. Acostumbrado a decir lo que piensa, o al menos a mantener una misma línea dentro de su discurso, Trump se ha caracterizado por su inclinación, nunca directa, al racismo. Lo avalaba después de todo en sus actos de campaña, haciendo distinciones entre sus seguidores blancos y aquellos que no. ¿Por qué habría de ser diferente ahora? uno se preguntaría con total justicia. Sobre todo, tras anunciar que “cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos“ respecto a las protestas en Minneapolis. Esta frase fue rápidamente ocultada por Twitter por violar los términos y condiciones de la red social, sin eliminarla pues aún se mantiene dentro del interés público al tratarse del Presidente de los Estados Unidos.

En sí, la frase remite a terribles sucesos dentro de la historia estadounidense. Walter Headley, el jefe de la policía en Miami, fue el primero en decirlo en 1967. En aquel entonces se autorizó a los policías de cargar con escopetas para patrullar la ciudad durante las olas de crímenes violentos. Las tácticas de Headley se acercaban demasiado a lo que ahora determinamos como brutalidad policial, usando perros y armas letales para controlar las protestas; pero de acuerdo a él: “esto es guerra” declaró en aquella época, “No nos importa que nos acusen de brutalidad, ellos no han visto nada aún”. Las protestas en Cleveland y Detroit se elevaron tras el asesinato de Martin Luther King Jr. en 1968. Si bien las autoridades, en su mayoría blancas, acusaron a los grupos radicales, una comisión bajo orden del Presidente Lyndon B. Johnson concluyó que la causa del problema había sido el racismo.

Tim Walz, el Gobernador de Minnesota, opinó que los tweets de Trump no fueron de mucha ayuda. “Todo lo que hagamos para añadir combustible a este fuego es realmente desafiante”. Dicho eso, Walz mandó a la Guardia Nacional poco después, tras la rápida escalada de violencia dentro de las protestas.

Sin justicia, sin paz

Créditos: Tim Gruber.

No obstante, esto no se ha reducido a Minneapolis. Alrededor de Estados Unidos se han llevado a cabo protestas bajo el lema “No Justice, No Peace”. En New York, por ejemplo, la policía arrestó, de acuerdo a datos oficiales, a 72 personas. Se reportaron múltiples casos de agresión policial, algo que aparentemente sorprendió al jefe de la policía Terence A. Monahan. “No lo esperábamos” comentó en una radio local, “no esperábamos que fueran tan confrontacionales, y que directamente acusaran y empujaran a oficiales de la policía”. No obstante, tanto en Denver como en Ohio, se reportó el uso de gas pimienta para reprimir a los manifestantes. En Louisville, se reportaron disparos a los protestantes, dentro de una de las protestas que más rápido escaló a enfrentamiento.

Estados Unidos parece no tener fin a su indignación, pero dependerá de cuán lejos estén dispuestos a llegar para exigir verdaderos cambios. Si bien los policías involucrados, tanto Chauvin como sus compañeros que no hicieron nada para detenerlo, han sido despedidos, corre el riesgo de que no sean acusados. Los ojos están en Minneapolis ahora, pero el problema es mucho más grande. La muerte de George Floyd podría ser el punto de inflexión en esta sociedad tan cerca a las elecciones presidenciales. Quizá sea momento para que la clase política realmente empiece a asumir el racismo como un problema crucial dentro de la sociedad estadounidense.

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