Voto de (des)confianza

A Vicente Zeballos le toman la temperatura momentos después de hacer su ingreso al Congreso de la República.

Perú, 28 de mayo de 2020.

Una escena graficó todo. Vicente Zeballos, el Primer Ministro, se encontraba a mitad de su discurso cuando fue interrumpido por Manuel Merino, el Presidente de la Mesa Directiva del Congreso de la República. Por un par de segundos, se congeló todo. La mirada de Zeballos, el rostro de Merino y la tensión en el aire.

Esta misma tensión se ha trasladado a lo largo de este pleno virtual. Un pleno curiosamente largo (de acuerdo a Manuel Merino, 9 horas) que empezó a las 10:20 de la mañana. Casi dos horas después, Zeballos terminó su discurso, en el que enumeró múltiples propuestas, muchas de las cuales, resultarían interesantes de analizar si hubieran sido escuchadas. Una de las frases más desafortunadas, sin duda, se dio cuando defendía las medidas ejecutadas por el Gobierno, afirmando que de no haberse dado, “en los próximos días estaríamos llegando a 83 mil fallecidos”.

Lo cierto es que en el ambiente se respiraba el mismo aire que en el de su predecesor, que nadie (o casi nadie) estaba escuchando lo que decía, pues todos estaban esperando a los que iban a atacar. Y las expectativas se cumplieron con creces. Desde ese entonces, se ha tratado netamente de destrozar, atacar, desarmar todo lo que ha hecho el Estado peruano.

Podríamos y deberíamos acotar que el Congreso ha resignificado lo que es el Estado peruano, convirtiéndolo solo en el Ejecutivo. Hoy la responsabilidad de los tres poderes se convierte solo en la de una, y el resto hoy juzga desde su comodidad. Dentro de todo, existieron algunos momentos que no podemos ignorar. Por ejemplo; Martha Chávez, congresista por Lima de Fuerza Popular, y Omar Chehade, congresista por Lima de Alianza Por el Progreso, demostrando que, pese a que no son nuevos, siguen desconociendo mucho del reglamento del Congreso. En sí, este Congreso ha incorporado a muchos congresistas con experiencia pero esto no necesariamente demuestra que sepan más que el resto. Tanto Chávez como Chehade asumieron rápidamente un rol más obstruccionista con discursos ligeramente basados en algo de información.

Se ha hablado de gobernabilidad, de responsabilidad, pero sin duda, todas estas intervenciones se las llevó el viento por la poca originalidad. O mejor dicho, por la reiterada intención de hacer uso del curul como una plataforma de campaña, como era evidente en el caso de Renan Espinoza, congresista por Lima de Somos Perú. La mayoría de interlocuciones se llenaron de defensas al pueblo peruano, a las poblaciones periféricas, pero muchos de estos congresistas ni siquiera hoy pertenecen a este grupo, ni siquiera viven o comprenden las vicisitudes de dichos problemas. ¿Cómo darle voz a aquello que no comprendes? Evidentemente, muchos de ellos enarbolaban la figura del peruano solo como una excusa, solo como parte de un discurso pero no por convicción.

Dentro de todo, una de las intervenciones que más se recordarán será la de Daniel Urresti, congresista de Lima por Podemos Perú. Lamentablemente, no por buenos motivos. Sobre todo, tras establecer una penosa comparación entre la pandemia y el conflicto armado interno que vivió el país el siglo pasado. Las acciones del Ejecutivo equiparándolas con los crímenes cometidos por el Ejército peruano es simplemente desagradable. Y Urresti atacando a las ONG solo parece una respuesta al juicio que afronta por el caso de asesinato al periodista Hugo Bustíos, que recibió visibilización por estas organizaciones sin fines de lucro.

Igual suerte tendrá Rosario Paredes Eyzaguirre, congresista de Arequipa por Acción Popular, cuando, durante su participación, se declaró discípula del expresidente Fernando Belaunde Terry, a quien admiraba por enfrentar a quienes sometían al país. También aquí sería muy fácil señalar por ejemplo su complaciencia con los empresarios (la polémica de la página 11 o su participación en el bombardeo contra los indígenas mayoruna del Alto Yavari).

La transparencia fue un tema muy tocado en este pleno. Algo contradictorio si se tiene en cuenta la cuestión de Estado que hizo el Congreso respecto a la declaración de intereses. A la fecha, siguen siendo solo 9 quienes presentaron la declaración, 9 de 130 congresistas. Se habló de informalidad, de derechos laborales, pero este tema no ha sido tocado por ninguna bancada. Aparentemente, solo importan los derechos laborales cuando hay cámaras. Igual sucedió con las AFP y las ONP, y seguramente sucederá mañana con algún otro tema.

Este Congreso no necesariamente es peor que el anterior, pero porque no tendrá el tiempo para demostrarlo. Eso sí, puede llegar a ser más peligroso. Su populismo hiede leyes compulsivamente que no resuelven problemas estructurales, son solo producto de la coyuntura. Sus participaciones son más discursos a la tribuna que verdaderos debates, cada quien pareciera estar llevando a cabo su propia campaña de re-elección desde el curul. Al cierre de esta nota, el debate aún seguía, pero sin conocer aún el resultado, podemos señalar que la desconfianza es evidente. Igual de evidente resulta saber que, de denegar la confianza a este Gabinete, este Congreso asumiría una responsabilidad política en esta pandemia que podría costar aún más a muchos peruanos. Y les guste o no, Perú no va a tener segundas oportunidades

Actualización de la nota: Alrededor de las 3 de la mañana, el Congreso aprobó la cuestión de confianza con 89 votos a favor, 35 en contra y 4 abstenciones.

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.