La conquista de la dignidad en Costa Rica

Puerto Rico, 27 de mayo de 2020.

“Dignidad, es la conquista de nuestra dignidad”, dice Marco Castillo, un abogado y activista de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en Costa Rica que ve en el primer minuto de este 26 de mayo un momento histórico. La llegada del martes ha sido esperada durante años por él y miles de personas a las que se les había negado el deseo de que los matrimonios con personas del mismo sexo sean reconocidos por la ley.

Cuando el reloj marcó las 00:01, el primer matrimonio entre dos mujeres se llevó a cabo, precedido de una gran celebración virtual, por las medidas de prevención ante la pandemia de COVID-19. Las protagonistas fueron Dunia Araya y Alexandra Quiros.

La televisión estatal y canales en internet realizaron una transmisión especial en la que participaron las cantantes Mónica Naranjo y Lila Downs, el músico Manuel Obregón y la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, así como testimonios y mensajes desde otros países. El momento fue posible luego de que Costa Rica solicitara en 2016 una opinión a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH).

El tribunal resolvió en 2018 que los Estados “deben reconocer y garantizar todos los derechos que se deriven de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo”, incluido el matrimonio. Y esta recomendación fue dirigida a los países firmantes de la Convención Americana de Derechos Humanos, pero hasta ahora Costa Rica da el primer paso.

Cuando hace dos años, en 2018, las elecciones presidenciales del país se convirtieron en una suerte de referéndum en torno a la cuestión del matrimonio igualitario, muchos temieron que el país tomase otros derroteros. Finalmente Carlos Alvarado, defensor de los derechos del colectivo LGBTI, se impuso al pastor evangélico Fabricio Alvarado. Este último había ascendido desde la marginalidad electoral agitando la polémica en torno a la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la sentencia de la Corte Suprema. Las urnas dieron la victoria al candidato progresista, pero los activistas LGBTI de toda América Latina se estremecieron al atisbar el poder que han alcanzado las iglesias evangélicas en la región.

“Nuestro deber es combatir todo tipo de discriminación, sea por discapacidad, etnia, cultura, credo religioso, sexo, identidad y expresión de género, orientación sexual o cualquier otra”, dijo el presidente Carlos Alvarado este lunes en un comunicado.

“Y desde ese enfoque que procura la defensa de todos los derechos humanos, es el lugar donde hay que entender este paso”, añadió antes de reconocer que hay sectores descontentos con esta apertura.

Un oasis en Latinoamérica

A pesar de pronunciamientos como los de la Corte IDH, el acceso al matrimonio para las parejas del mismo sexo sigue estando vetado en la mayoría de los países de América Latina. Bolivia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana no reconocen el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.

En Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay sí está garantizado en la ley, mientras que en México solo en algunos de los 32 estados del país. Chile y Ecuador sí reconocen la unión civil, pero no con la figura del matrimonio.

La batalla de Jazmín Elizondo y Laura Florez-Estrada —la primera pareja que consiguió una unión avalada por el Estado en el país— es la batalla de toda una comunidad. Y su triunfo es la esperanza que hoy más que nunca se necesita en Latinoamérica, una región plagada de homofobia y transfobia, en la que movimientos conservadores de derecha ahora pretenden asumir cargos de poder amenazando los pocos avances de una comunidad que solo pide igualdad de derechos.

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