Una de las tantas piruetas que nos toca aprender

Aunque todo el cuerpo gira, al hacer la pirueta, la mirada se tiene que mantener constante en un mismo punto: metáfora sobre hacia donde estamos apuntando cuando es necesario que nos replanteemos cómo creamos el presente para ganar un futuro próspero ante la emergencia sanitaria.

A finales de 2017, les hice una encuesta a mis alumnos en el marco de fin de año. Una de las preguntas era: ¿Qué elemento consideran que le hace falta a la educación actual? Gratamente, para mi sorpresa, la respuesta más repetida fue “paciencia”. En estos días nos venimos enfrentando a la COVID-19. A este microorganismo también se lo puede caracterizar por su falta de paciencia. Hasta el momento, ha sido una fuerza arrasadora. No solo debido a la rapidez con la que las personas se contagian, ni por las muertes que produce sino gracias a que logra poner a los Estados-Nación cual bailarina durante el tercer acto del Lago de los Cisnes donde las 32 piruetas en 30 segundos son las posturas políticas, económicas y sociales que se deben tomar para enfrentarse a una situación sin precedentes en todos los ámbitos. La salud se enfrenta a una emergencia sanitaria sin los recursos necesarios y sin la capacidad de que nadie se los provea. La educación acostumbrada a su ámbito áulico se enfrenta a un nuevo modo de impartir clases. Los trabajadores se hayan en la disyuntiva de trabajar y tener peligro de contagio y contagiar a otros o no trabajar y no poder proveer ni proveerse de los medios necesarios de subsistencia. Podría intentar de mencionar cuáles son esas 32 piruetas, pero me quedaría sin aliento antes de los 30 segundos (para ello, se pueden leer otros de los miles de ensayos que han estado apareciendo en estos días). En fin, ningún gobierno se ha podido quedar al margen de la pandemia actual.

Recapitulando, para no irme por las ramas múltiples con las que nos enfrentamos al escribir un ensayo sobre la coyuntura actual, nos encontramos frente a una situación antidemocrática producida por la naturaleza que nos ha hecho replantearnos cómo nos movemos como sociedad globalizada, industrializada, institucionalizada y hegemónica. El cuestionamiento presente reside en qué régimen político preestablecido funciona ante las condiciones actuales que la humanidad en su totalidad se está enfrentando. Aunque le comencemos a ganar al virus, para que no haya nuevos brotes y picos como los que siguen apareciendo en diferentes partes del globo, se necesita tener en consideración una mutación completa del funcionamiento de nuestras sociedades. Por poner un ejemplo, ya no se va a poder tener más un ámbito áulico donde se encuentren 40 alumnos apiñados, por las consecuencias que conllevaría un contagiado en tales circunstancias. Pero, el problema de la virtualidad en estos temas radica en la sociabilidad necesaria de los alumnos. ¿Cómo crear ambientes áulicos seguros y eficientes en términos de educación emocional y humana? Pero esto es solo una de las 32 piruetas con las que nos vamos a encontrar.

La mejor frase que se me aparece es: cuando el hombre hace planes, Dios se ríe. Por ello, me propuse hacer reír un poco a ese Dios y plantear, desde nuestro presente, cómo generar un sistema que pueda mutar continuamente según las condiciones de la humanidad real. Nos encontramos en un estado de excepción, como dice Jean-Luc Nancy: “[…] la excepción se convierte, en realidad, en un mundo de interconexiones técnicas de todas las especies (movimientos, traslados de todo tipo, exposición o difusión de sustancias, etc.) alcanzan una intensidad hasta ahora desconocida y que crece con la población”. Pero este es un estado de excepción bajo el mito de la civilización y barbarie, tener autos, trabajar en la bolsa, especular con la vida humana, sostener una carrera de actuario, no es sano ni natural.

Según el documental francés Terra aproximadamente en la década de los ’90 es cuando hay más cantidad de población urbana que rural a nivel global. Aunque creamos que la ciudad es lo que nos corresponde como sociedad civilizada, la naturaleza nos está implorando distancia de una manera más bien audible. Y con esto me refiero con volver a las raíces: creo que estamos de acuerdo si afirmo que hemos estado en un proceso de aceleración (en pos al progreso) desde la Revolución Industrial; desacelerar no significa frenar, pero tal vez ya hemos llegado a un nivel de sobreproducción que solo le está simplificando la vida a un grupo selecto de personas mientras el resto sufre las consecuencias, no solo por la diferencia sustancial en cuanto a la posibilidad de obtener esos mismos beneficios, sino también a las consecuencias mundiales como lo es el cambio climático y falta de trabajo no letrado por las maquinarias más eficientes y más destructivas que suplen dicho trabajo, además de las guerras económicas en las que prefiero no profundizar en este ensayo.

Volver a nuestro bárbaro interior es realmente conocer la diferencia entre un trabajo que ayuda a la supervivencia, de aquellos que no. Durante la Edad Antigua, existían más feriados que en la actualidad y aun así tenemos una buena parte de nuestra sociedad basada en sus preceptos. Entonces, es posible una sociedad que tenga más ocio, que sea más rural y además ser “civilizada”. Con todo esto voy a que no todos los niños tienen que asistir a los mismos días de clases, un respiro y más paciencia para conseguir adquirir los conocimientos es algo que es necesario sin tener en cuenta solo a la pandemia. Los problemas que plantea esto son muchos otros como, si ya la educación se encuentra en un estado de emergencia semi constante, ¿cuántos profesores y maestros más se van a necesitar? ¿Cómo ampliamos la planta actual de profesionales?

Es posible pensar que debido a la cuarentena existe una degeneración de las relaciones sociales como plantea Agamben, pero creo que estas se han ido degenerando más debido a la manera de comunicación, educación, competencia, individualización que han sido sostenidas a lo largo de estas últimas décadas, por no decir, todo el siglo XIX. Generar una sociedad más rural y pueblerina, pensar en una democracia barrial, de los espacios mínimos necesarios para que existe una autarquía con respecto al centro. Para que todos se puedan cuidar entre sí es importante que comencemos por conocer quienes forman parte de la vecindad, ayudar a los vecinos que lo necesiten, tanto por su edad como por su condición laboral. Armar huertas orgánicas y sustentables en cada uno de los espacios mínimos rurales que habría que comenzar a construir. Disolver las empresas y fábricas que deben contener a una cantidad de trabajadores que no va a ser rentable para la salud y la nueva sociedad. Permitir solo el nomadismo a aquellos que son completamente esenciales, comida y salud. Las personas que sí tienen conexión a internet y pueden hacer su trabajo desde el hogar, deberían continuar ese método de trabajo.

Para todo ello, debemos dejar de privilegiar a lo letrado que estudia Ángel Rama en La ciudad letrada y comenzar a trabajar con las Letras que realmente importan, la que genera nuevos métodos de vida, la que le llega a los niños, la que es manejada por la Educación. Al igual que cuando se aprende a hacer piruetas, es importante enfocarse solo en un punto porque, aunque des las 32 vueltas si la cabeza mira siempre hacia el mismo lugar, es posible lograrlo. Nuestro punto, a mi parecer, debe comenzar por plantearse cuál ética queremos manejar, la que sostiene que el humano es más importante que la humanidad, o si debemos fundamentar, en este mundo globalizado, una que hable de la humanidad por sobre lo humano. Ante las condiciones actuales, el egoísmo no sirve, termina muriendo solo, aunque tengas todo el dinero del mundo. Lastimosamente, estamos en la primera, sino no se podría explicar cómo, en un mundo que está interconectado, la pandemia ha llegado a la mayoría de los países, y no se logró frenar antes.

Existen muchas teorías conspirativas, pero ahora no importa de dónde viene, sino a dónde nos dirigimos todos, en conjunto; no solo la clase política o la elite. Hay similitudes entre todas ellas como, por ejemplo, se concentran en el pasado y en lo humano. Ninguna habla de lo que hemos hecho como humanidad, es decir, las cosas que logran que el virus se esparza dentro de las ciudades como se esparce, porque como dije más arriba, en el ámbito rural, de por sí, la distancia es mayor y la gente no se aglomera en los transportes públicos ni en las calles, en los shoppings ni en los supermercados. Es una decisión consciente qué es lo que vamos a impulsar, de qué es necesario hablar, cómo lo hablamos. En este punto es donde me freno, la postura de decir que ahora gracias a la cuarentena los seres humanos vamos a convertirnos todos en entes autosustentables, que no vamos a seguir mostrándonos como los reyes del mundo donde nuestro territorio son todos los territorios, me parece una idea completamente ingenua. La humanidad no ha llegado a ese punto, aunque nos encontremos cada vez más cerca, tal vez cuando los centennials lleguen a viejos vean algo más parecido a esa utopía, tal vez todo el planeta se acaba y lo que estoy diciendo es igual de ingenuo que lo que planteaba antes. Espero que Dios se haya quedado sin aire riéndose de esto, y que planeamos para una salida donde todos tengamos mayor porcentaje de supervivencia.