Un Ministro (y una oportunidad) menos para Brasil

Brasil, 15 de mayo de 2020.

Una vez más, Brasil está en el ojo de la tormenta. Dentro de Latinoamérica, es el país con mayor cantidad de contagios y pese a los esfuerzos de muchos voces dentro y fuera del país, el constante negacionismo respecto a la pandemia por parte de su Presidente, Jair Bolsonaro acaba impulsando a Brasil, cada día más, al abismo. La situación ya es crítica, pero a diario, con cada medida adoptada, con cada declaración de Bolsonaro, no cabe duda que podría ser peor.

Esto ya ha generado conflictos dentro de la clase política, pero Brasil constantemente está lidiando con la división de su sociedad ya en torno a esta pandemia. Existe una parte de la población que apoya ciegamente a su Presidente meramente por oposición fanática al PT—plataforma bajo la cual se impulsó su candidatura—. Bolsonaro ya en el poder, sin duda, es uno de los más grandes responsables por ahondar en esas diferencias en lugar de gobernar para un solo pueblo. Con declaraciones y alusiones tendenciosas, de a pocos se va encerrando en su propio laberinto peleándose incluso con los únicos aliados que tenía. Hace unos meses, Bolsonaro parecía ser un completo idiota, pero seguía tomando decisiones que no podían ser del todo objetadas. Hoy, toda la comunidad latinoamericana observa a Brasil con mucho más que miedo. Esta vez, una nueva renuncia en el Ministerio de Salud vuelve a dejar al aire las preguntas de si el Presidente de Brasil realmente está preparado para liderar a una nación en estos tiempos aciagos.

Créditos: Reuters.

Las discrepancias entre Luiz Henrique Mandetta, el anterior Ministro, y Bolsonaro no habían hecho nada más que disparar los concursos de popularidad. Mandetta asemejaba una actitud mucho más preocupada por la salud de las personas que Bolsonaro, siempre más inclinado a visión económica de empresa. Esto evidentemente llevó a una situación en la que Mandetta acaparaba las cámaras y los elogios, mientras que Bolsonaro solo las críticas de la prensa. Desde pequeños gestos hasta declaraciones en entrevistas, la confrontación era inevitable. Tras seguir apoyando la cuarentena impulsada por los gobernadores y abiertamente suavizar las declaraciones críticas de Bolsonaro a estas medidas, la salida del hombre de confianza de Mandetta en el Ministerio marcó, definitivamente, su salida.

Jair Bolsonaro abraza a Nelson Teich en su toma de posesión como ministro de Salud el 17 de abril en Brasilia. Créditos: Evaristo SA/AFP.

La llegada de Nelson Teich se presentó, pues, como una manera de dejar atrás estas rencillas dentro del Gobierno. Pero a medida que las semanas fueron avanzando, la aparente distancia que separaba a Mandetta y a Teich se fue haciendo cada vez menos estrecha. Sus posiciones, si bien más moderadas y menos confrontacionales para/con Bolsonaro, evidenciaban el mismo rigor científico que Mandetta había procurado mantener durante su gestión. Y mientras más similar a Mandetta, menos cercano a Bolsonaro. Esto quedó en perfecta evidencia cuando Teich se enteró en plena rueda de prensa que Bolsonaro había aprobado un decreto que considera las peluquerías, los gimnasios y los salones de belleza servicios esenciales en plena pandemia. Con esa decisión, el presidente abría una ofensiva contra la manera en que la mayoría de los gobernadores combaten la pandemia, con cuarentenas.

Y aunque Bolsonaro no quiera admitirlo, su insistencia con medicamentos —como la cloroquina— en el tratamiento a los pacientes de coronavirus lo asemeja mucho al comportamiento de Trump en Estados Unidos. Curiosamente tanto Teich —y previamente Mandetta— han cumplido un rol similar al de Anthony Fauci, el epidemiólogo de la Casa Blanca. Frente a la locura de Bolsonaro, se opone la razón de muchos científicos. Pero el Presidente no quiere escucharlos. La pregunta es, ¿por cuánto tiempo aguantará Brasil esta situación? A lo lejos, se oyen los vientos del invierno.

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