Sobre el español correcto, el equívoco de los medios y la educación en el Perú

No puedo concebir la idea de un medio de comunicación sirviendo de tribuna a alguien que profiere barbaridades como esta: “el castellano es uno solo y no se puede desafiar a la Real Academia Española, que es la que dicta cuál es el español correcto”.

Me parece insultante y contra todo sentido común que se llame “comunistas” a quienes dicen que existe discriminación lingüística en el Perú y que se dediquen portadas de diario a satanizar al Ministerio de Educación por “permitir” que se difunda un video sobre el tema.

Me pregunto cómo imaginan el país los medios de comunicación. Debe ser una imagen realmente pobre y limitada para no aceptar un concepto tan simple como la diversidad lingüística y para no darse cuenta de que en materia de lengua la desigualdad campea.

La idea monolítica del español que defiende un autoproclamado heraldo ciudadano es absurda y carente de sustento científico. Quizá hay que recordarle que Palma fue rechazado por la Academia que tanto adora cuando pretendió, oh herejía, que el diccionario de la RAE incluyera una buena lista de peruanismos, porque el castellano peruano es una variedad de castellano y en su interior se albergan y laten múltiples variedades.

El castellano no es la pieza de museo que usted imagina, señor heraldo; el castellano no es inmutable: nació en el umbral de la formación de algunos estados nacionales europeos, nació desgajándose del latín, impregnado de arabismos y comenzó a cambiar, hasta alcanzar las formas y convenciones que usamos todos sus hablantes, a lo que suma cada quién sus singularidades (edad, género, estatus socioeconómico, nivel educativo, etc).

El español correcto que usted adora es el que se usa en el ámbito educativo, académico, administrativo y en los medios de comunicación (mismos que hacen poco o casi nada en materia de ese respeto), donde la corrección y la normativa son asuntos centrales y exigibles.

Pero la comunicación cotidiana y coloquial es un espacio de goce, libertad y espontaneidad, donde el hablante puede sentirse a sus anchas y mostrarnos el lenguaje como un elemento vivo, actuante, capaz de expresar sentidos que el mundo formal quizá no atisba con tanta claridad.

¿Y sabe qué pasa? Cuando esa lengua de la administración y la educación se enseña como“la mejor”, “la correcta” o “la modélica”, allí nace el germen de la discriminación lingüística, que auspician los sectores hegemónicos y que se replica también, lamentablemente, en sectores que no pertenecen a ellos.

Y si fueran usted y los medios que se suman al coro más acuciosos, revisarían la historia del contacto del español de los conquistadores con las decenas de lenguas originarias que se hablaban en estos territorios y eso explicaría una parte importante de la diversidad del castellano peruano y su inmensa riqueza, sus matices creativos, su inventiva, su rol identitario en las regiones, todas cosas que no se miden precisamente invocando a la RAE sino a la sensatez, al sentido común, al orgullo patrimonial que esa riqueza debería producir.

Desconocer que existe discriminación lingüística, encubrir el menosprecio que muchos sienten por los acentos ajenos al decir limeño, es, ni más ni menos, que darle la espalda a la larga historia de exclusiones sufrida por los hablantes de castellano de muchas partes del Perú. Hubo una época, incluso, en que el motoseo era parte infaltable en los gags de los antiguos programas cómicos de televisión, daba pues risa escuchar a estos pobres ciudadanos urticando los restos de Cervantes.

De manera que tildar de comunistas a quienes piensen que este problema persiste, que el reconocimiento del castellano de los otros ocupa un lugar subalterno y no es digno de respeto, es un insulto, es una muestra de mezquindad y de ignorancia.

Y qué mejor que las escuelas para mostrar esta realidad, para inculcar en los niños y jóvenes no el deseo de venganza, ni el resentimiento social como afirma con evidente exceso de saliva y sudoración el heraldo: se les enseña porque uno se educa para ser un mejor ciudadano y ser mejor ciudadano pasa por no recibir pasivamente informaciones como las propaladas irresponsablemente a raíz del instructivo video “Los castellanos del Perú”.

La educación no solo consiste en enseñar a leer y escribir, también es un hermoso acto de rebeldía contra los prejuicios instituidos y un modo digno de hacer frente al autoritarismo y a la imposición de ideas preconcebidas sobre nosotros mismos. Que nunca se apague el ímpetu de los verdaderos maestros.


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