Los comedores populares: problema y posibilidad

Tenemos que fortalecer los comedores populares

Martín Vizcarra, Presidente de la República de Perú en conferencia de prensa.

Los comedores populares, para quienes no los recuerden o crean que ya se extinguieron son organizaciones sociales de base que surgen hacia finales de los 70 conformadas por mujeres de los barrios para comprar alimentos y prepararlos colectivamente para así abaratar los costos y afrontar el hambre producto de la crisis económica. Los ha habido de diversos tipos. Los que nacieron de los clubes de madres en los 50s, para la gestión de alimentos producto de donaciones y apoyo internacional, los que nacieron vinculados a algún gobierno (las cocinas familiares, los clubes de madres asociados al PAD (Programa de Asistencia Directa) aprista, o los comedores populares vinculados al gobierno fujimorista en los 90s) y los autogestionarios, que en realidad han sido los que han logrado mayor sostenibilidad y capacidad de interlocución.

Créditos: PUCP.

Los comedores populares autogestionarios surgen desde las mujeres, no del estado, no de los partidos, no de los dirigentes hombres, surgen de las mujeres de los barrios. Surgen de las madres en su mayoría que veían a los niños de sus barrios todo desnutridos. Empezaron dando desayunos, pero pronto replicaron también para el almuerzo. Tenían que hacer llegar algo a la mesa de sus casas, y el comedor era una salida. Sobre todo para aquellas madres que tenían que salir a trabajar y los niños se quedaban solos. Empiezan en El Agustino y Comas, pero al poco tiempo se expanden a muchos otros distritos de Lima: Pamplona, Villa El Salvador y así en casi todo Lima.

Con el tiempo, las mujeres se fueron dando cuenta de que el espacio no solo les resultaba útil para afrontar el hambre, sino para muchas otras cosas. Para protegerse de la violencia generando redes de apoyo, para tener una voz en la gestión de sus comunidades, para construir liderazgos políticos, y mil cosas más. Era una herramienta de las mujeres que utilizaron de muchas formas distintas(1).

Fueron ellas quienes crearon sus organizaciones, las que les dieron forma, las que establecieron roles y sanciones, etc. Crearon sus propias instancias de centralización, sus liderazgos, sus mecanismos de convocatoria y todo lo que construir una organización de cero supone. Fortalecer pues el tejido social.

Y es muy importante decir que surge de las mujeres y no del Estado, porque no son pocos los que piensan que los comedores populares son, en esencia, un programa social. Y como tal, pues le deben su diseño, su lógica de funcionamiento, sus reglas y sanciones al Estado. No, señor, son las mujeres las que una vez con y desde sus organizaciones le exigen al estado que asuma su responsabilidad en garantizar el derecho a la subsistencia. Por eso es que las mujeres pelean por el reconocimiento de las OSB (Organizaciones Sociales de Base) en los noventa. Desde entonces los gobiernos se comprometen a subsidiar con víveres la ración diaria de los comedores populares autogestionarios pero manteniendo la estructura y lógica de funcionamiento que ya tenían los comedores.

La historia posterior tal vez sí la conocen. Tras un tremendo logro vino una etapa de crisis pues con el autogolpe y la nueva constitución, la ley ganada por los comedores quedó en un logro simbólico pues no se avanzó en su reglamentación, empezó la persecución hacia las dirigentes, Fujimori clientelizó a miles de comedores prometiéndoles más víveres a cambio de apoyo. Aprovechándose del hambre de la gente, empezó a tejer su cadena de favores y lo mismo hicieron otras autoridades locales y regionales. Ante todo los autogestionarios fueron los que más resistieron en su autonomía. Los administrados y los clubes de madres, en tanto dependían más de las donaciones, eran bastante dependientes y más expuestos a la clientelización.

La cosa cambió un poco al finalizar la dictadura, especialmente cuando pusieron a Cecilia Blondet, como Ministra de la Mujer. Ella había estudiado a fondo la experiencia de los comedores y había sido muy cercana a muchos de ellos. Finalmente la ley que perdieron en los noventa, se retomó y su reglamento se hizo realidad.

Con todo, nada fue igual. Ya el contexto era diferente, los comedores estaban debilitados. Eran sobrevivientes a lo que significó para ellos la década de los 90, dictadura, persecución, clientelismo, etc. Las centrales se había debilitado y gobiernos posteriores agarraron esto para decir que “los comedores ya no eran necesarios”, que había “mejores estrategias de protección social”

Bueno, resulta que ni uno ni lo otro. No aprendieron de la experiencia de los comedores populares ni los reemplazaron con otra estrategia mejor.Simplemente los abandonaron. Cometieron el terrible error de pensar que los comedores servían solo para dar de comer y dejaron de ver todo el resto del potencial que tenía para las mujeres y las familias. Como tampoco había mucha plata destinada a la protección social que deba ejecutarse, pues ni le vieron uso al tejido social que las mujeres habían construido.

Pero el abandono no fue solo del Estado, fue también de la academia. En los últimos veinte años, los estudios sobre comedores populares son contados con los dedos de las manos. Muy pocos investigadores/as nos hemos acercado a estudiar esta experiencia. Y todas hemos sido vistas casi como loquitas por estar reiterando la relevancia de este tipo de experiencias para situaciones de crisis. Pero como nadie ve la crisis hasta que llega es que recién hoy empiezan a preguntarse qué pasa con estas organizaciones.

Hoy lo importante es que no se vuelvan a cometer los mismos errores. ¿Qué errores?

Cargarles tareas de golpe

Regresar sobre los comedores asumiendo que están igual de fuertes es iluso. Años de abandono no solo han reducido la participación, sino que los modelos de gestión también se han deteriorado. El acercamiento debe ser progresivo y respetando las nuevas dinámicas de organización. Acompañar, no imponer.

Imponer una lógica top-down (“de arriba hacia abajo”)

Los comedores son una estrategia bottom-up (“desde abajo hacia arriba”), del pueblo exigiendo reconocimiento del derecho a la subsistencia, que luego Fujimori convierte en iniciativa estatal top-down (“de arriba hacia abajo”), yo te doy las directivas de cómo debes hacer las cosas. Lo único que logró esto fue profundizar las prácticas clientelistas, pues con tantos intermediarios y recursos en juego,los de abajo terminan migajeándole cosas a los de arriba. Si la estrategia es apoyarse en la organización social, es clave que se considere su propia dinámica de organización y sus propios mecanismos de gestión. En muchos casos ni existe, pero es preferible acompañar el proceso de reconstrucción, que imponer uno desde arriba y matar todo el potencial de la autoorganización.

Minusvalorar la capacidad de gestión de la organización social

No hay una receta para generar medidas de protección social en una sociedad tan heterogénea y peor aún en tiempos de crisis. El estado puede tener a un montón de técnicos pensando desde el escritorio cómo generar un modelo de gestión para que los comedores funcionen, pero en un contexto como este, le toca dar pautas de gestión (sí), pero sobre todo confiar en la capacidad de gestión de la organización social. Las lideresas conocen cómo funcionan sus barrios, conocen quién es quién, y en este momento no hay tiempo para empezar de cero. Está bien dar pautas para la protección sanitaria, pero la coordinación con las organizaciones es clave para definir cómo va a ser la gestión de recursos que se van a transferir.

No respetar los liderazgos de las mujeres

Gracias a los liderazgos de las mujeres es que los comedores no han muerto y que hoy, en medio de la crisis, por lo menos haya una salida para transferir recursos y matar el hambre de miles de familias. El gobierno tiene que respetar esas dirigencias, considerarlas un interlocutor válido para negociar. No un receptor pasivo de recursos que debe hacerle caso en todo.

La organización social no puede ser vista como un martillo viejo que el gobierno puede simplemente desempolvar para volver a usar. Para empezar porque no es una herramienta del gobierno, es una herramienta del pueblo para protegerse a sí mismo. Si el gobierno quiere fortalecer los comedores populares, tiene que empezar por respetar y escuchar. La fuerza de los comedores, lo que les permitió hacer de colchón ahí cuando el shock de Fujimori golpeó durísimo a las familias, estuvo en la auto-organización, en su capacidad de gestionar sus propias dinámicas, de auto-cuidarse, en la flexibilidad que tienen para atender situaciones de crisis. En suma, en la participación de las propias mujeres, en su capacidad de decidir cómo hacerle para gestionar los recursos. Sin participación, lo que tienes no es una organización social con sentido práctico para afrontar sus propias necesidades (que obviamente desde el estado no ves), sino un comité de gestión que te hace caso, aun en las cosas que haces mal. Y de ahí estás lamentando.

En fin, “pequeña” catarsis.


(1) Juntas nos hicimos escuchar pero cada una a su manera: Una aproximación a la evolución de la participación de las mujeres en la producción social del hábitat a partir de las trayectorias de liderazgo en comedores populares autogestionarios de El Agustino.
Tesis de licenciatura. Lima: PUCP. Recuperado de: http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/bitstream/handle/20.500.12404/12583/SARMIENTO_VIENA_XINTHYA_JUNTAS_HICIMOS.pdf