Apuntes desde el acantilado (XI)

Esta es la décima primera entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

¿Cuál es tu tarea?

Existe cuanto obra, existir es obrar
Miguel de Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida)

El maestro Søren Kierkegaard nos decía que el YO no es algo que ES, sino que es algo que SERÁ. Es una TAREA; por eso el título de este acápite. El filósofo danés nos invita a preguntarnos cuál es nuestro trabajo, nuestra obra o aporte en esta vida. Cuando muchas personas solo se muestran en su versión de consumidores perpetuos —cosa muy común en esta sociedad del consumo precisamente— la sentencia invita a pasar al lado de los productores, de los que construyen. Algunos solo consumen, otros además aportan, en ese sentido, se comprometen con nuestra TAREA.

Es interesante que la palabra feliz venga del latín felix que significa fecundo. Cuentan que el escritor y naturalista Plinio decía que los árboles que no daban frutos se llamaban “infelices”. Claro, hay varias acepciones para el término feliz, así como muchas definiciones y teorías sobre la felicidad, pero pensamos que también es significativo asociar ambos conceptos: feliz y fecundo, feliz y fértil.

Algo fecundo es algo que produce, que crea y Kierkegaard deja en claro que los seres humanos no somos algo definido, terminado, sino más bien algo que vamos siendo, algo que somos en un movimiento continuo mientras estamos vivos. Movimiento que nos da el ser organismos pensantes (cuando lo somos), con consciencia y libertad, como nos veía el existencialista danés. Otros pensadores, caen en la idea parecida que el hombre es un ser que construye, que crea, que trasciende su vida misma a través de su obra, de su trabajo, de lo que cada uno es capaz de hacer. Asimismo, al hablar de una tarea, pensamos en un tiempo y ese tiempo está fijado por nuestra finitud. No somos eternos y eso nos deja solo un margen finito, una temporalidad (nuestra vida misma) para concluir nuestra obra. Es inevitable así, la ansiedad existencial que acompaña a todo esto, pero no es una ansiedad patológica que requiera psicoterapias o psicofármacos; es el precio por ser libres y por tener que responsabilizarnos de esa libertad (responsabilidad).

En su libro El dilema del hombre, el psicólogo y psicoterapeuta existencial Rollo May nos dice lo siguiente “Cada ser humano sabe que morirá, aunque ignora cuándo; anticipa su muerte mediante la conciencia de sí mismo. Es probable que enfrentar esta ansiedad normal ante la finitud y la muerte constituya, de hecho, el incentivo más eficaz del individuo para extraer lo máximo posible de los meses o años que le faltan para que la muerte lo derribe” (May, 2000, p. 88). Pensamos que el hombre es un proyecto, a veces trunco, a veces realizado; y es tarea de la familia, la escuela y el Estado en su conjunto, brindar posibilidades de desarrollo humano para que cada miembro de nuestra colectividad tenga opciones de alcanzar su tarea, de dejar obra hecha. Cuando esto no ocurre, no solo se pierde una posibilidad humana (algo que hubiera podido llegado a SER), al mismo tiempo se comete un delito, una inmoralidad.


Bibliografía:

May, R. (2000). El dilema del hombre: Respuestas a los problemas del amor y de la angustia. Barcelona: Editorial Gedisa.


Mañana no te pierdas la siguiente entrega:

Recobrar la esperanza

Solo en Poliantea.

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