Apuntes desde el acantilado (IX)

Esta es la novena entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

El drama humano

“Yo que no soy ni familia ni colega tuya, he entendido que tu vida no está fuera de peligro y que seguramente será así para siempre. He comprendido que, aunque vivas aún mucho tiempo, siempre caminarás al borde de tu propia muerte”, le dice Noémie a Ruth en la novela El moje y el psicoanalista de Marie Balmary y seguidamente leemos: “¿quién, entre los mortales, no camina al borde de su propia muerte? —la interrumpió Ruth, alzando la voz de manera involuntaria.” (p.28). Efectivamente ¿quién no vive sabiendo que somos seres mortales?, seres que vamos hacia un final bastante democrático, pues todos, sin distinción alguna, moriremos algún día. He ahí algunos de nuestros dramas humanos, existencialmente hablando. La toma de consciencia de nuestra finitud, de nuestra pequeñez, de nuestra fragilidad.

“La vida, decía Manuel González Prada, se puede resumir en tres palabras: triste, ridícula y puerca; sin embargo, nosotros podemos derramar algo de regocijo en esa tristeza, algo de elevación en esa ridiculez y algo de limpieza en esa porquería” (Denegri, 2017, p. 207). Dura afirmación la del poeta y anarquista limeño, aunque con cierto aire de esperanza, pues depende de cada persona derramar algo de regocijo y limpieza en todo esto.

El ser humano debe enfrentar el drama y éste es un drama personal. Por más que cientos pasen la misma tragedia, el mismo dolor o la misma deshonra, a cada uno nos toca sobrellevar el infortunio, pues nadie puede vivir la vida ajena, eso está claro. Si bien puede ser consolador eso de “en el dolor hermanos”, cada dolor es único, personal, intransferible, y el ser humano deberá pasarlo más o menos pronto, más o menos tarde en su vida.

Dice Erich Fromm en su ensayo titulado “El corazón del hombre” lo siguiente: “Pero el hombre también sabe más o menos claramente que no puede recuperar el paraíso perdido (en alusión a una infancia muy buena bajo el cariño y la protección materna), que está condenado a vivir con inseguridad y riesgos, que tiene que atenerse a sus propios esfuerzos, y que solo el pleno desarrollo de sus facultades puede darle un mínimo de fuerza y de intrepidez” (p. 125). La vida, por más seguros que compremos, está inevitablemente llena de riesgos, dificultades y preguntas; y nos toca responder ante ellas (responsabilidad = habilidad para responder).

En una entrevista dada hace años el pintor Fernando de Szyszlo declaraba “al final de todo confieso que he sido un hombre feliz”. Es el balance de un hombre mayor que es capaz de mirar atrás, de mirar lo vivido y de sopesar los buenos y los malos momentos. Ese comentario, pensamos, no significa haber llevado una vida light, permanentemente feliz, libre de tormentos y ansiedades. Ese comentario muestra que a pesar de todo, la vida le agradó, o para hablar en términos existenciales, esa tensión, esa angustia propia de la vida, valió la pena. El poeta César Calvo lo dijo alguna vez “me gusta la vida, a pesar de la vida” (Calvo, 1974). Con todo y lo que cuesta la vida, al poeta le agradaba la oportunidad de vivir. Pues la vida puede también ser vista como eso, como una oportunidad.

Tenemos nuestras diferencias y distancias con los actuales gurús del éxito y la felicidad. Abundan en todas partes, esos manuales y conferencistas que casi de forma maniaca solo suelen ver lo diáfano, lo claro, lo hermoso de la existencia y encima lo ofrecen, lo venden, como si con solo querer que todo salga bien, o querer ser feliz, eso se va a conseguir. Cierto es que el pensamiento positivo nos suele ayudar a todos a enfrentar mejor las circunstancias y, a veces, a no rendirnos y seguir luchando por algún objetivo, que de pronto alcanzamos al final. Pero de ahí a pensar que solo por programarme para el éxito y la felicidad, lo voy a conseguir, es una estafa intelectual y económica. Además de estar negando una cara de la vida, esa cara a la que nos referimos en estas líneas; la cara de la tragedia, del dolor, de la incertidumbre. Rubén Darío lo dijo alguna vez todos tenemos en el fondo un cisne degollado.

El inevitable Nietzsche nos advertía: no hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas: míralo a la cara y con la frente bien levantada. Esa actitud, valiente y hasta desafiante, puede ser más oportuna ante el drama humano que aquella otra, de un optimismo exagerado, casi mágico e infantil, muy ofrecida últimamente.

Finalizamos estas líneas con una cita de la filósofa alemana Hannah Arendt que bien puede servirnos como un recordatorio de nuestras posibilidades y de nuestras limitaciones: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.


Bibliografía:

Calvo, César. (1974). Se escribe un poema. Conferencia ofrecida por el poeta el 9 de julio de 1974 en el Instituto Italiano de Cultura. Publicada en el Suplemento Dominical del Diario El Comercio, el año de su muerte (agosto, 2000).

Denegri, Marco Aurelio. (2017). Mixtifori. Conjunto de textos diversos. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Nietzsche, Friedrich (2011). El Anticristo. España: Editorial Losada.


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