Apuntes desde el acantilado (VIII)

Esta es la octava entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

El Otro es el espejo

El “Otro” es nuestro espejo, un espejo que nos permite contemplarnos en nuestra más ínfima mezquindad o en la plenitud de la grandeza humana desplegada. Pero esa mirada genera angustia, una angustia existencial. Una angustia de la cual no podemos escapar ya que la completa soledad anularía la existencia de la humanidad misma como la conocemos.

Es el Otro con el que comienza el problema ético. Es con los demás donde el animal humano alcanza su dimensión social, política y moral. Tenemos que ponernos de acuerdo, tenemos que realizar concesiones con ese otro que a su vez está impregnado de subjetividades, formas de percibir y un sentir la vida misma tan distinta a las otras subjetividades que forman el colectivo.

En psicología infantil se estudia aquel momento donde la criatura ve el reflejo de su imagen en un espejo y empieza a comprender que es suya, Antes de ese momento, ella no significaba gran cosa para él, pero a partir del momento donde aparece un bosquejo de consciencia, el pequeño experimenta algo nuevo, su propia corporeidad (su propia existencia física) puede ser ahora contemplada y con ello una transformación mental abrirá paso.

En un artículo pasado (¿Por qué hay tantos accidentes de tránsito?) recordábamos que la presencia del otro en mi mente, del prójimo digamos, es fundamental para el inicio del aprendizaje de aspectos sociales y para poder forjar ciudadanos que estén preparados para vivir en sociedad.

Pero el contacto con los demás nos genera diversas reacciones psíquicas (y fisiológicas también) como alegría, curiosidad, atracción, deseo, entre otras. Pero ese otro también nos cansa, nos aburre, nos incomoda, nos enoja, nos indigna, nos satura. Reactiva en nosotros vínculos anteriores, muchas veces infantiles y casi siempre inconscientes. Por eso el concepto clínico de transferencia, término de consultorio, invita a pensar en cuan claramente me relaciono con los demás o solo estoy repitiendo con muchas personas, relaciones anteriores aún no superadas del todo. En estos otros casos, no estoy relacionándome honestamente, solo desplazo con los demás, las esperanzas, deseos, temores o furias que estuvieron dirigidas inicial y anteriormente a esas otras personas. Como en aquellos casos de hombres que maltratan una y otra vez a cuanta mujer con la que inician alguna relación amorosa, así como mujeres que suelen repetir como parejas a maltratadores, hoy visto frecuentemente con mucha preocupación.


Mañana no te pierdas la siguiente entrega:

El drama humano

Solo en Poliantea.

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