Apuntes desde el acantilado (VII)

Esta es la séptima entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

Sociedad esquizofrenógena

Esquizofrenógena significa que produce esquizofrénicos (as). Puede ser una madre la que lo haga, puede ser una familia, así como una sociedad en su conjunto, con sus contradicciones, doble moral y malos modelos. Gran cantidad de sociedades se mueven dentro de vínculos extraños y ambivalentes, con dobles (y hasta triples) mensajes y órdenes. Algunos ejemplos bastarán para aclarar esto.

Nos dicen desde pequeños que está mal mentir y robar, pero desde entonces vamos viendo en casa, en la escuela y luego a las propias autoridades del país (policías, jueces, alcaldes, presidentes) hacerlo; así se transgreden las propias normas por ellos señaladas.

Nos dicen también que un hombre vale por lo que lleva dentro y que hay que ser más que parecer; sin embargo, luego observamos en la TV cómo la gente usa máscaras todo el tiempo y vive orientado a ‘producirse’, es decir, a fabricarse en una cosa que no es, convertirse en un producto que estará en la vitrina de la vida esperando ser mirada, aceptada y hasta adquirida(o).

Escuchamos esa cantaleta de que somos únicos e irrepetibles, pero los padres se asustan cuando escribimos con la mano izquierda y nos hacen escribir con la diestra, o se asustan cuando somos más lentos o más cinéticos que los demás y en esos casos nos etiquetan, nos diagnostican y hasta nos medican, todo para que seamos ‘normales’, lo cual significa ser parecidos a los demás, al promedio, a la norma. De genuinos y particulares, nada.

Nos hablan de que el respeto y el amor al prójimo debe ser la línea rectora de nuestros vínculos y relaciones, pero desde chicos vemos como papá y mamá no se llevan, discuten y hasta se agreden, siendo agredidos nosotros de paso, directa e indirectamente, tanto verbal como físicamente. ¿Entonces?

No debemos consumir alcohol ni drogas, pues eso está mal, pero siendo niños participamos en juergas familiares interminables en casa y nos enteramos luego de la costumbre de algunos de esos familiares de automedicarse hasta el hartazgo cuando las cosas se ponían difíciles, y es que algunas pastillas para los nervios no caen mal. Y de remate, una poderosa cervecería adicta al monopolio auspicia a la selección peruana de fútbol.

Mientras tanto en las noticias nos enterábamos de la caída de otro pequeño vendedor de coca, que saldrá unas semanas después de haber arreglado convenientemente con algunos abogados, policías y fiscales. Pero ni hablar de los grandes narcotraficantes, esos que cenan con altos mandos militares y beben whisky mientras hablan de la grandeza de algunos otros países desarrollados. La policía hace su labor, cuando la hace, y luego vemos como los “malos” capturados salen bien frescos horas después dejados en libertad por fiscales y abogados que promueven así el desorden, la impotencia y la apatía. El Estado no funciona. Los medios televisivos hacen campaña por acabar con el machismo, dejar de ver a la mujer como cosa o como propiedad del hombre, fijarnos en su inteligencia y en lo espiritual; sin embargo, esos mismos medios promueven el sexismo y la violencia con sus realitys y programas cómicos adornados de exuberantes chicas que bailan, se contornean, dan saltitos y se agachan coquetísimas en sus diminutas prendas. Programas “cómicos” plagados de discriminación, violencia, mofa y abuso. Estos mismos canales transmiten y festejan los últimos ampays de la farándula, así como la formación de parejas arregladas a pedido para conseguir el anhelado rating de esa temporada en el programa de la noche ¿No entiendo? Luego pegarán un grito en el cielo cuando el año termine y la cifra de violencia de todo tipo, haya vuelto a aumentar.

En los bares, casinos y tiendas por departamento bellas jovencitas se ganan la vida impulsando el negocio con reducidos atuendos como requisito imprescindible para conseguir el trabajo. Pero nos dicen que la mujer es más que un objeto, cuando el mismo trabajo la cosifica y la expone. No la cuida, no la respeta.

La televisión promueve valores al mismo tiempo que antivalores. Y en medio de programas televisivos sosos, noticieros que nos asustan todos los días, publicidad permanentemente invitando al consumo, canciones vacías muy escuchadas por los adolescentes y jóvenes, y con eso que ha sido bautizado como la posverdad circulando en noticieros y redes sociales, nos vamos moviendo en un mundo menos respetuoso, menos inteligente y poco sensible. Menos ético y menos estético.

Enormes presupuestos invertidos para la propaganda de programas de chismes y difamación (cosa no solo inmoral sino ilegal, es un delito) mientras que casi nulo aviso de la agenda cultural limeña. Películas, exposiciones y muestras artísticas que ennoblecen el alma humana son ignoradas para difundir basura televisiva. Sin embargo, esos mismos canales dicen estar del lado del Perú. TE QUIERO PERÚ y TODOS SOMOS PERÚ son solo frasecitas para una eliminatoria clasificatoria al mundial.

De la esquizofrenia dice la RAE: “Grupo de enfermedades mentales correspondientes a la antigua demencia precoz, que se declaran hacia la pubertad y se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, que conduce, en los casos graves, a una demencia incurable”.

Saquen ustedes sus conclusiones.


Mañana no te pierdas la siguiente entrega:

El otro es el espejo

Solo en Poliantea.

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