Apuntes desde el acantilado (VI)

Esta es la sexta entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

Lipovetsky y la sociedad del hiperconsumo

Giles Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés, señala que ya no vivimos tiempos del capitalismo de las élites sino del consumo masivo, se ha generalizado el consumo en todos los grupos sociales, al punto que hoy se habla del hiperconsumo. Por ejemplo vemos muchos equipos electrónicos en un mismo hogar (en una sola casa hay varios televisores, varios teléfonos hasta varios autos, inclusive). La sociedad del hiperconsumo, dice el francés, busca equipar individuos, ya no a las familias. Esto exacerba el individualismo pues cada quien emplea su equipo en su espacio y en su tiempo, independientemente de la familia y de la compañía.

Los comportamientos del consumo tienen mucho que ver con criterios de clase, advierte Lipovetsky. El consumo es, ahora, mucho más ecléctico. Antes las compras estaban ciertamente limitadas dentro del colectivo; lo que se adquiría estaba hasta cierto punto regulado por la clase socio—económica a la que se pertenecía. Hoy las personas compran lo que sea, donde sea, cuando lo desean; a eso, él lo llama individualismo desregulado. “No hay marcos, ni barreras”; cualquiera puede comprar lo que sea, sin barreras culturales como las tradiciones, convenciones, etc. Pues bien, si el consumidor es cada vez más dependiente del mercado en cuanto a la satisfacción diaria de sus necesidades (muchas necesidades creadas por la publicidad) es más difícil escapar de la oferta mercantil en este mundo del placer (el autor habla de un hedonismo instantáneo).

Seguidamente, nos recuerda que la sociedad del hiperconsumo busca un consumo más sensorial, más emocional. Pensemos en esto: no nos ofrecen un jabón, nos prometen belleza; no nos ofrecen una prenda de vestir, nos prometen que con ella tendremos estatus, o placer o amigos. Ya no se vende un viaje sino una experiencia maravillosa. Absurdo sí, pero funciona. La publicidad intensifica el presente en el acto de consumir; para evitar así, la rutina infiernizante de la vida; es el consumo como paliativo a la vida difícil de la gran mayoría de las personas. El consumo es un consuelo de nuestras frustraciones, soledades y fracasos. Y sí, efectivamente el consumo nos hace sentir mejor. El filósofo señala “hoy hay más depresivos que reemplazan la misa antigua con el ir de compras”.

Lo que motiva al consumidor es la exaltación de los valores hedonistas, solo se tiene una vida pues no hay que privarse de nada. El mensaje constante del mercado es “goza, date gusto” (recordemos ese mensaje del “obedece a tu sed”). El hiperconsumo hedonista e instantáneo se ha vuelto legítimo. Todo lo queremos al instante y el mercado no nos hace esperar, nos lo brinda inmediatamente. Y aparecen las contradicciones pues se valora el consumo, el disfrute, el presente y el placer pero por otro lado hay un mandato de cuidado de la salud, de prevención. Inclusive, hay un hiperconsumo médico denuncia GP; prevención, pólizas, seguros, vitaminas, fármacos y más fármacos. Hoy ya no se trata de curar enfermedades sino de prevenirlas.

¿Alguna solución a esto? Según algunos especialistas en el tema, como el propio Lipovetsky, se trata de ser un consumidor informado (no caótico ni impulsivo, como quiere el mercado).


Mañana no te pierdas la siguiente entrega:

Sociedad esquizofrenógena

Solo en Poliantea.

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