Apuntes desde el acantilado (V)

Esta es la quinta entrega de Apuntes desde el acantilado. Para leer la anterior entrega, haz clic aquí.

Rogers y la tendencia actualizante

Todos nos hemos topado alguna vez con la siguiente circunstancia: ver una plantita creciendo en el lugar menos pensado. En una esquina, en el piso por donde la gente pasa todo el tiempo, en un resquicio de algún lugar, aparece de vez en cuando una planta queriendo crecer y luchando por vivir. Pues bien, hemos recordado esa imagen para hablar del concepto de tendencia actualizante, concepto psicológico que forma parte de la teoría del connotado psicólogo Carl Rogers uno de los fundadores de la psicología humanística por los años sesenta y creador del enfoque terapéutico centrado en la persona.

La tendencia actualizante sería —según Rogers— la natural disposición del ser humano de conservarse, de avanzar, de crecer y de intentar desplegar sus posibilidades. Hay que recordar que cuando él mencionaba esto, la psicología estaba dominada por teorías que veían al hombre o bien como un ser irracional manejado por deseos e impulsos inconscientes muy difíciles de refrenar (modelo psicoanalítico clásico) o bien como un ser sin mayor albedrío que dependía casi exclusivamente de sus condicionamientos y aprendizajes conseguidos de los modelos y refuerzos del ambiente, es decir, de las contingencias del medio (modelo conductual).

Pero Rogers, que parte de una mirada —a priori— más positiva del ser humano (y donde la consciencia, la intencionalidad y la libertad son intrínsecas a él) estaba convencido que, si se dan ciertas condiciones básicas alrededor del sujeto, este mismo se daría cuenta de lo que necesita y debe realizar para alcanzar eso que necesita. En unas cuantas palabras, sería autónomo, motivado y tendría confianza en sus posibilidades. La tendencia actualizante o actualizadora sería propia de todo organismo y llevaría a éste a autoconservarse y desarrollarse empleando los medios a su alcance, propone el psicólogo desde su modelo. Está en todo niño, en toda niña, pero cuando las condiciones del entorno no son las favorables y hasta son muy negativas, esa tendencia, esa confianza se bloquea, se estanca; ahí —diríamos— es cuando empieza a aparecer la neurosis.

Las personas deben poder vivir en ambientes seguros, agradables, tranquilos y con posibilidad de apoyo para a partir de eso sentir la confianza y las ganas en hacer la propia tarea, la de perseguir nuestros sueños. No es cierto que unas condiciones muy pero muy desfavorables desde pequeños nos hagan mejores (léase por desfavorable: maltratos físicos, humillaciones, falta de oportunidades educativas, pobreza, ausencia de afecto del bueno); la mayoría de las veces nos vuelven psicológicamente vulnerables, desconfiados, hipersensibles, hiperautocríticos. La mirada hacia nosotros y hacia los demás no se ajusta a la realidad; sufrimos de una suerte de ceguera mental. Lastiman nuestro amor propio y esa tendencia natural de avanzar, de lograr lo propuesto, de triunfar, como pensaba el psicólogo estadounidense Carl Rogers. La resiliencia, no lo olvidemos, no es lo sólito, no es lo más general; es algo más bien inesperado y raro y por eso estudiado también por la Psicología.


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