La feria que todos extrañan

Claro, vamos a hablar de la Feria Internacional del Libro de Lima y la pérdida de las editoriales, sin mencionar de casualidad a todos esos vendedores (que son el grueso de trabajadores de estos eventos) que no tienen seguros, AFP’s ni están en planilla, y que saltan de feria en feria por todo el año.

Esto, estos trabajadores que se rajan, para los editores generales, no lo consideran un trabajo estable, sino: cachuelos. Este es el otro lado de la mesa.

Los dibujantes, vendedores, administradores (no jefes), autores que van a firmar diez o quince días, ninguno de estos personajes son miembros de la Cámara, y no, no van a recibir medio centavo de lo que el Gobierno destine a este gremio. Pero chambearon ahí.

Ojo: sobre los libreros: como es recontra evidente, no pueden subir libros comerciales de forma electrónica como si fueran suyos, esos títulos le pertenecen a otras empresas.

Calculemos: si estos libreros (que son miembros de la cámara) no pueden beneficiarse de este bono que les dará el Gobierno, ni de una feria virtual, ¿qué será de sus trabajadores informales? Qué será de esas librerías? (Que todos conocemos, están más en el Centro; y algunas también en provincia). Digámoslo de nuevo: estos libreros de libros comerciales son parte de la cámara. ¿Qué harán con la plata que les llegue?

Yo tengo siete años trabajando en ferias de libros, no conozco a un solo trabajador de estos eventos que tenga seguro de salud, CTS o AFP; y estos mismos trabajadores son los que se pasean durante todo el año en las ferias provinciales, soy de ese conjunto. Otra vez, los editores generales (las caras famosas) nos ven como cachueleros recurrentes.

¿Cuánto se nos paga a los vendedores de la Feria Internacional de Lima?: se les paga cincuenta soles al día, trabajan de nueve de la mañana a once de la noche y ya está. Sin seguro de salud, de vida ni nada. Gracias, Ministerio de Cultura.

El agradecimiento y la fama se las lleva el escritor que fue una sola vez al stand. Ese escritor que le grita al vendedor para que le arregle la mesa -con insultos- y se sienta.

Con los correctores (que trabajan para tal editorial siempre poderosa) de historietas es lo mismo (esas historietas que tanto amas y celebras con orgullo peruano); no es raro ver al corrector de un cómic peruano cargando cajas porque no tiene un sueldo fijo y recurre a esa chamba de estibador para ganarse un poco de plata.

¿Crees que es mentira? ¿Te suena alucinante? Si supieras cuántos correctores de historietas peruanas están recibiendo el bono del presidente, y no van a recibir un solo sol de las novelas gráficas que se venderán de manera digital.

La plata de las historietas va para el editor general: el dibujante se lleva libros, el corrector, una propina de una sola vez (pero tiene el deber de vender el libro). Esa simbiosis de corrector de cómic, autor de la historieta en un escritorio de feria haciendo plata para el dueño (sin ningún tipo de seguro de salud para ambos) es muy común en las ferias. Se les dio una propina a los dos de antemano.

Sí, así funciona.

Por cierto, esta gente de las ferias (que ustedes aman) comen en sus almuerzos por veinte minutos y son apurados para volver a vender (en la FIL), como burros de carga. Venden, y las ventas son agradecidas al espíritu editorial, o atribuidas al editor general; cuyo editor llega borracho al stand y no tiene ni idea de cuánta saliva gastó el vendedor para que se mueva tal o cual libro.

A estos vendedores de libros, sino es los cincuenta soles, se les paga a destajo, tres soles por producto. Sí: ¡tres soles por libro! No es mentira. Y si joden por más, les contestan que no les corresponde. Otra vez: ninguno de estos seres que te reciben en la Feria tienen avales estatales ni seguro de Salud. Estos que chambean trece horas.

¿Alguien tiene una relación de cuántos trabajadores hay en la Feria Internacional del Libro de Lima y cuánto se les paga? ¿Cuánto beneficios tienen? Durante todos estos años, ¿cuántos nos rompimos el lomo? ¿Cuántos se rompieron el lomo?

Hablemos del día de instalación. ¿Quiénes instalan esa Feria del Libro de Lima mágica que todos adoran? ¿A quién le pertenece esa sangre y ese sudor de cargar cajas de libros y mueble tras mueble? La Feria Internacional del Libro de Lima tiene de uno a dos días de carga, para acomodar la indumentaria, esos días, que son de doce a trece horas de paquetes que te lesionan la espalda, el hombro, y siempre sin un seguro, los chambeamos los vendedores, los administradores y los editores de los cómics. Las hernias son gratuitas, porque son parte de lo que corresponde ser de esa editorial. Alguna vez escuché al editor general con la que trabajé decir: es como comprar un vestido para una fiesta de la empresa, es parte de la chamba. Y no se paga extra.

Y recibimos (temprano) al día siguiente a los clientes con una sonrisa. Esa sonrisa es tu feria del libro.

Sí, esta es la realidad de las ferias, sobre todo la de la Internacional.

Y no estamos tocando el tema de las imprentas, a quienes a veces, durante ferias, se les hace dormir junto a las máquinas por veinte soles el día. Hoy son gente a quienes nadie va a ayudar: para el Gobierno ellos no existen. Para el Mundo, la construcción de los libros (con la cortadora, la dobladora, la máquina de troquelado) no es una cosa real (y ellos nos dan los productos en la mano). Hay editoriales en la cámara con imprentas, ¿les darán su parte?

A esta gente, los vendedores, administradores de stand, que siempre llevaron con el hombro y sus trece a catorce horas de trabajo por cincuenta soles, en las Ferias del Libro de Lima y provincias, durante años y años, estos eventos, ¿qué dinero y qué beneficio les llegará del Gobierno?

Sobre la cámara, ¿de qué manera traducirá este bono a esta gente que chambeaba de ocho y media de la mañana hasta las once de la noche para abrir y cerrar el stand, hoy que la feria será virtual? ¿La Cámara le dará ayuda a los vendedores que hicieron estas ferias? ¿A nosotros, que fuimos cienes y cienes en sus eventos?

Hablando de lo interprovincial, se perdieron tres ferias en estos tres meses (marzo, abril, mayo): la Feria del Libro de Ica, La feria del libro de Piura, la Feria del libro de Ayacucho. ¿Qué será de los trabajadores de tercera mano de esas congregaciones? ¿Los editores tendrán un seguro para los vendedores que contaban con esas ferias?

¿Y los dibujantes? (Que a veces tienen que robarle sus propios libros de cómics a las editoriales para sobrevivir) ¿Y los autores de antologías (compilados de cuentos) que nunca reciben regalías? Y los autores de las editoriales independientes que desde ya, y antes de la cuarentena, tienen problemas para recolectar el pago de las editoriales que están en la cámara (y seguro serán vendidos como libros digitales en la feria virtual).

Y los administradores de las editoriales independientes, con años en las ferias; a tal administrador que organiza y carga los muebles para tal stand en las ferias del libro y al cual no se les considera para ninguna planilla (suena alucinante, pero hay cierto tipo que chambea más de veinte años como brazo derecho de cierta editorial independiente poderosa, editorial que tiene un puesto fuerte en la Cámara, y ese brazo derecho sigue sin estar con ningún tipo de seguro).

Estos millones de soles llegarán a un grupo de ciento ochenta personas (los miembros de la Cámara), ¿qué pasará con todos los vendedores que se reventaban el lomo para que las ferias salgan adelante?

Esa plata del Gobierno se quedará vergónzosamente en ese número de miembros y se salteará a los que trabajamos para hacer la Feria del Libro, ¿esa es la FIL que ustedes extrañaban?

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