Brasil: Sin Moro en la costa

Brasil, 24 de abril de 2020.

Sergio Moro ha renunciado. De este modo, Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil, encuentra su Gobierno aún más debilitado tras perder, quizá, a su pieza más importante. El juez anticorrupción más popular de Brasil anunció este viernes en una conferencia de prensa su renuncia por las injerencias políticas del jefe del Ejecutivo. No podemos ignorar que Bolsonaro llegó al poder principalmente por un discurso anti-PT (Partido de los Trabajadores) y anti-corrupción, ambos que se veían materializados en la figura de Moro. Sin Moro presente, las dudas respecto a la estabilidad de un gobierno ya inestable sin Mandetta se recrudecen. La Bolsa ha llegado a caer el 7% mientras Moro comparecía.

La renuncia de Moro, hasta ahora uno de los ministros estrella del presidente, se produce después de la destitución de Maurício Valeixo, director general de la Policía Federal (PF), en un intento de Bolsonaro de poner en su lugar a una persona cercana. Valeixo es considerado la mano derecha de Moro. El policía fue superintendente del PF en Paraná, en el sur del país, durante la Operación anticorrupción Lava Jato, la mayor de la historia del país, comandada por Moro. “El presidente quería alguien (al frente de la Policía Federal) a quien poder llamar para pedir informaciones, informes de inteligencia”, señaló en su conferencia de prensa algo aturdido por la situación. De acuerdo a su perspectiva, su destitución significaba una pérdida de confianza, una renuncia tácita. “Para mí significó que el presidente me quería fuera del cargo”, señaló.

En su conferencia de despedida, Moro ha defendido su integridad personal, los logros en la lucha contra la corrupción y contra la violencia, y prácticamente parecía estar perfilándose como una figura política a futuro. No olvidemos que en el Brasil dividido que aún existe, Moro despierta tantas pasiones como el propio Lula. Por ello, quizá, cuando resaltó que ni siquiera los Gobiernos del Partido de los Trabajadores interfirieron con la autonomía de jueces y policías (una mención tácita, eso sí) era evidente que las diferencias eran irreconciliables. También se ha referido a la pandemia del coronavirus, dejando claro que la considera un asunto grave que merece toda la atención de los gobernantes. Algo completamente alejado de la opinión de Bolsonaro.

En abril de 2018, en el marco de la operación, su nombre se catapultó definitivamente al encarcelar a Luiz Inácio Lula da Silva, histórico líder del Partido de los Trabajadores (PT) y expresidente del Gobierno. El líder del PT lideraba todas las encuestas de opinión y era el gran favorito para ganar los comicios de 2018, pero el Tribunal Superior Electoral (TSE) vetó su candidatura, lo que propició la victoria de Bolsonaro, quien después eligió a Moro como ministro de Justicia, y luego anunció que en 2020 lo nombraría ministro del Supremo Tribunal Federal (STF). Hasta ese entonces, Moro era calificado de intachable.

Sin embargo eso cambió tras el 9 de junio de 2019, cuando el portal The Intercept Brasil difundió las conversaciones que pusieron en duda la imparcialidad del exjuez en la condena de Lula, liberado en noviembre de 2019. Ese fue uno de los primeros golpes a su imagen incorruptible. Semanas antes, Moro se encontraba en carrera para asumir en el Supremo Tribunal Federal, pero él aseguró que, tras su renuncia, su camino en la magistratura ha llegado a su fin. La pregunta que permanece en Brasil es si esta puerta se cierra para Moro, ¿cuáles se abrirán?

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