#GatesHacked: la verdad detrás de un hasthag

Postveritat nace buscando derrumbar la posverdad expandida en la sociedad, centrándose en desmentir ciertas declaraciones o vídeos que promueven la desinformación con medias verdades, además de aclarar todo aquello que deba ser aclarado. Postveritat busca la verdad, en tiempos en los que es necesaria.

En algún momento nos preguntaremos cómo es que Twitter y la lista de las tendencias dictan hoy las noticias. En otro momento, nos cuestionaremos como ahora las narrativas son tan fácilmente manipulables desde uno u otro sector de la sociedad. Pero, en estos tiempos de pandemias, de lo que tenemos que ocuparnos es tratar de esclarecer todo aquello que no es cierto pero pretende pasar como tal, o ver qué se esconde detrás de tantas teorías conspiranoicas que inundan las redes sociales. La última de ellas es el #GatesHacked, de la cual nos encargaremos hoy.

De acuerdo a la información recabada por SITE Intelligence Group, se han liberado miles de correos electrónicos y contraseñas presuntamente de cuentas pertenecientes al Instituto Nacional de Salud (NIH por sus siglas en inglés), la OMS, la Fundación Gates y otras organizaciones que vienen combatiendo la expansión de la COVID-19. Si bien aún no se han confirmado si estos correos pertenecen efectivamente a las organizaciones que claman los activistas que los han liberado, sí se puede confirmar el giro político que muchos usuarios le han dado.

Y es que, sorprendemente, la liberación de estos correos confirmaría la teoría conspirativa que más abunda en Internet, que el virus fue creado en un laboratorio con ayuda de uno de los hombres más ricos del mundo, Bill Gates. Claro está, esta teoría sólo podría pertenecer a un sector de la sociedad conservadora de derecha. Seamos claros respecto a esto pues, como bien señala The Washington Post en un informe, quienes están capitalizando mucho más este rumor es el sector fanático de la derecha estadounidense.

Y esto quedaría en un hecho anecdótico de no ser porque Estados Unidos cuenta hoy con un Presidente que adora las narrativas de dicho sector. Y como ya hemos indicado múltiples veces en esta revista, cuando estas narrativas alcanzan a quienes están en el poder, nos enfrentamos a peligros inconmensurables para la democracia. Pero hoy, no solo hablamos de riesgos para la democracia, sino para la salud de personas. Precisamente, por eso que se ataque a una de las personas que más lleve la contraria al discurso de Donald Trump frente a la COVID-19 debería levantar alarmas de lo que realmente estamos haciendo aquí.

Pero, pese a todo lo expuesto, no podemos determinar si este hackeo es legítimo, o es otra teoría conspirativa más. Siendo honestos, ningún medio se ha atrevido a hacerlo, pues la información es sumamente delicada. No estamos hablando del origen de un virus, sino de información que podría re-definir el modo en el que entendemos el desarrollo científico. Eso es algo que probablemente no ha pasado por la cabeza de fanáticos de derecha, pero debería pasar por las nuestras. ¿Qué hacemos compartiendo estos hechos no verificados? ¿acaso es verdad porque coincide con nuestro mod de pensar? Y frente a todo lo expuesto, si no podemos detectar exactamente desinformación, ¿por qué entonces lo estamos abordando en este espacio? Pues porque detectamos aquí medias verdades más que una falsedad absoluta. Detectamos que este hackeo se está usando para comprobar una teoría conspiranoica. He ahí la desinformación.

Hace poco, The New York Times abordó este cambio de narrativa, específicamente como a través de frases fuera de contexto o re-interpretaciones de discursos enteros, se ha convertido a Bill Gates como uno de los artífices de la COVID-19, además de uno de los seres más frívolos de la Tierra. Uno puede registrar esto en Twitter o en foros mucho más abiertos como 4chan o Reddit. Y en tanto uno pueda distinguirlo, todo estaría bien. El problema es que, por momentos, por la inmediatez de la noticia, es muy díficil verificar todo al segundo. Así, si una noticia falsa se filtra en Internet, pueden pasar hasta horas antes de que se haga un fact-checking. Pero, ¿qué sucede cuándo este fact-checking no se logra realizar, porque los hechos en sí mismos se verifican en la noticia? Es decir, si todo transcurre dentro de un foro, y todo hecho se remite a ese foro, ¿cómo puedo distinguir la realidad de una mentira? Es uno de los retos de los medios de comunicación hoy, pero sobre todo, de la ciudadanía. Cabe mencionar que modificar narrativas para que se adecuen a nuestro modo de pensar o para que confirmen nuestras más sórdidas teorías, por supuesto no es estrictamente mentir, pero implica una voluntad de hacerlo y esto puede afectar a Otros. Aún así, hoy ya no podemos responsabilizar tanto a los medios de comunicación por esto. Siendo honestos, hoy incluso los medios de comunicación batallan cada día contra su propia criatura: el periodismo ciudadano. Si nosotros podemos reportar las noticias, ¿por qué no podemos crearlas? debe haber sido una de las preguntas del sector más recalcitrante de la derecha. Pero, ¿cómo destruyes aquello que tú mismo ayudaste a crear? ¿cómo niegas aquello que ha sido concebido como una realidad?

Y ahí reside un problema que trasciende al #GatesHacked, ¿cómo concebimos hoy nuestras realidades? ¿quién determina qué es la verdad en redes sociales partiendo de un ambiente en el que la desinformación es regla? Cada individuo. Pero ¿esto no es acaso una invitación al relativismo? Podría serlo. Pero lo cierto es que cada individuo hoy construye su opinión así como construye su realidad a diario y la va destruyendo también. Pero el rol de los medios de comunicación debe ser precisamente otorgar la realidad a martillazos.