El futuro del libro y la lectura en Perú

Hoy, en el Día del Libro, se inauguraría la cuarta Feria de Editoriales Peruanas, La Independiente. Como en casi todos los sectores, el panorama es incierto. Sin embargo, preguntarse por el futuro del libro y la lectura en el Perú necesita urgentemente formar parte de la discusión que estamos teniendo sobre los múltiples impactos que el estado de emergencia genera en la economía nacional. La interrogante es obvia: ¿qué pasará con un sector que siempre estuvo en crisis? El año pasado la gran batalla fue lograr la aprobación de una nueva ley que abordara la complejidad de un ecosistema frágil. Buscábamos una ley que comprendiera que su efecto alcanzaba a quienes crean, producen, distribuyen, fomentan el acceso, a quienes leen. La meta era impulsar una ley que entienda que un ecosistema es tan fuerte como lo son sus partes, en balance y de forma equitativa.

La asociación de Editoriales Independientes del Perú (EIP) advirtió la necesidad de la ampliación de los Estímulos Económicos, la valla de acceso a los beneficios tributarios y el peligro de trabajar desarticuladamente. Esto no se consiguió. A cambio, se obtuvo un Decreto de Emergencia que atendía algunos aspectos de forma incompleta, a la par que abría algunas posibilidades con la aparición de dos fondos de 16 millones de soles que a la fecha aún no son recibidos por el Ministerio de Cultura del Perú y el Ministerio de Educación del Perú.

Hoy hablamos de transformación digital; de tener presente que las editoriales somos, en primer lugar, generadores de contenido adaptable a múltiples formatos, que aporten a diversificar los ingresos; de convertir las ferias en plataformas online de presentaciones y de venta; de formas virtuales no solo de consumo, sino de participación; de respuestas al nuevo futuro post-Covid 19.

Parece existir algo de consenso sobre la primera respuesta para impedir el colapso del sector. Se trataría de re-encausar el fondo otorgado al Ministerio de Cultura hacia compras públicas para bibliotecas y escuelas. Históricamente las compras públicas van a parar a las manos de pocas editoriales, con procesos que excluyen en amplísima cantidad a las editoriales independientes.

Surgen más preguntas: ¿Qué proceso se implementará para repensar estas compras? ¿Solo se rescatará en gran instancia al libro infantil y juvenil? ¿Y la bibliodiversidad? ¿Habrá un plan de impulso a las librerías independientes? ¿Continuaremos sin censo de lectura? ¿Se convocará a una mesa de trabajo multisectorial que planifique no solo la respuesta inmediata sino la consolidación del sector que incluya a la Biblioteca Nacional, Minedu, Produce, PCM, MEF y entidades afines, así como a los gremios (EIP y la Cámara Peruana del Libro?

Además, en el mejor de los casos, ¿qué estrategias de fomento de la lectura se darán en paralelo a la implementación de estas bibliotecas para que sean espacios sostenibles? Estos fondos, reencausados o por aparecer, podrían acrecentar aún más la brecha entre los actores que componen el ecosistema.

Estamos separados, pero pensemos juntos.

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