Apuntes desde el acantilado (I)

De las histerias del siglo XIX al vacío existencial actual

Mucho ha pasado en el último siglo en materia psicológica y psicoterapéutica. Desde los primeros casos de pacientes con dificultades psicosomáticas que desconcertaban a los médicos de entonces y que generaban mucho sufrimiento y ansiedad en las personas, (como fueron los cuadros denominados neurosis histéricas conversivas), hasta los problemas actuales que llevan a la gente al consultorio. Antiguamente a las personas, sobre todo más perturbadas, las mojaban con agua helada, las amarraban, les practicaban lobotomía o les rezaban.

Hacia fines del siglo XIX, Sigmund Freud —padre del psicoanálisis— decide interesarse por aquellos pacientes, generalmente mujeres (etimológicamente la palabra histeria nos recuerda al útero, si bien esto es un acto prejuicioso), y es así como va elaborando sus hipótesis de trabajo y finalmente escribiendo y publicando las primeras teorías psicoanalíticas clásicas. Sin embargo, el ser humano es dinámico como la sociedad y cada época —el hombre no puede escapar de ella— trae sus propios contratiempos, posibilidades y retos. Se formularían nuevas ideas de la mente, la enfermedad, la salud y la sociedad. Aparecerían nuevas escuelas y modelos como el comportamental, el gestáltico o el existencial.

Hoy ya no es por las histerias conversivas que las personas acuden a buscar ayuda profesional. Hoy lo hacen por motivos variados como las crisis de identidad, el hartazgo por la vida, los problemas de pareja, las dificultades interpersonales, la imposibilidad de convivir pacíficamente en la familia, las dificultades de carácter, adicciones así como por un gran vacío existencial. El Dr. Viktor Frankl, que trabajó estos vacíos desde su logoterapia, diría que cada etapa tiene sus neurosis y cada etapa tiene sus terapeutas. Y también sus terapias, sus enfoques y sus métodos.

En la literatura suele considerarse que en la actualidad existen cientos de enfoques terapéuticos (¡algunos hablan de más de 500!), muchísimos de ellos inspirados en algunos grandes personajes del campo clínico. Muy probablemente de esos cientos, muchos son muy parecidos cuando no copias, de pronto. Pero esa cantidad enorme refleja también la búsqueda incesante de algunas maneras—nuevas o recicladas— de poder manejar la vida, de poder llevar nuestra vida a buen puerto.

Enfrentamos en estos días los vacíos existenciales de las sociedades post modernas, sociedades tecnocráticas, llamadas también consumistas, “light” o sociedades “líquidas”. Consideramos que es necesario saber que hay tiempos —como los que estamos viviendo— y lugares como nuestras sociedades “modernas” que pueden propiciar un mayor vacío, con sus mensajes, propuestas y modas, muchas veces deshumanizantes, superficiales, alienadas y materialistas. Y es deber, pensamos, denunciar estas prácticas que no permiten vivir en armonía, bienestar y crecimiento.


No te pierdas mañana la segunda entrega:

May, la vacuidad y la impotencia

Solo por Poliantea.