No, The Washington Post no dijo nada de lo que has leído

Sí. No has leído mal el titular. The Washington Post no ha dicho que el coronavirus salió de un laboratorio chino, tampoco ha afirmado que se produjo en un laboratorio y probablemente tampoco ha dicho nada de lo que has leído en redes. ¿Qué realmente se ha dicho sobre el origen del virus? O aún mejor, quién y bajo qué circunstancias lo ha dicho son algunas de las preguntas que intentaremos responder en este artículo.

Créditos: The Washington Post.

Todo empezó el 14 de abril de 2020. Josh Rogin, uno de los tantos columnistas del diario estadounidense, publicó una columna de opinión en la que mencionaba la aparición de cables informativos recibidos por el Departamento de Estado. ¿Cuál era el contenido de estos cables? Pues, de acuerdo a Rodin, por los DOS que leyó, contenían informes de diplomáticos estadounidenses sobre su visita del Instituto Virológico de Wuhan. Visita, por supuesto, de sumo interés para la Embajada de Estados Unidos en Beijing.

Es el contenido de estos informes lo que ha generado gran controversia en torno a este artículo. De acuerdo a Rodin, se informaba de las pobres condiciones de seguridad bajo las cuales funcionaba este laboratorio. Sin comentarios por parte del Departamento de Estado, la nota es algo circular en este aspecto. Y muy sutilmente, cerca al final del artículo, sugiere que podría tratarse de un virus originado en un laboratorio. Por lo que, señala, frente a lo expuesto, el Gobierno chino debe ofrecer respuestas al mundo.

¿En algún momento ofrece pruebas? ¿es algo verificado? No. No es un reportaje del diario, no es ni siquiera la opinión de un periodista de investigación, es la de un analista algo popular en algunos medios estadounidenses. Rodin es, pues, un individuo muy particular a partir de esta columna, pero no es alguien en especial. Su columna tampoco lo es. Busca sembrar la duda en un ambiente lleno de dudas, y eso no está bien. Pero fuera del modo en el que empieza a sugerir que China originó la COVID-19 por su negligencia, acusación por lo menos peligrosa el artículo no es algo espectacular. Por eso, no se entiende el revuelo que ha causado en redes. Y peor aún, en medios de comunicación donde lo han reproducido no como la opinión de Rodin, sino como una investigación del Post.

Y el problema respecto a este punto es el siguiente: Rodin es imprudente, sí. Pero no ha hecho nada que no esté permitido. Dentro de las columnas de opinión del Post, no se coloca información que necesite ser verificada. Es básicamente la opinión de uno de sus tantos columnistas, sin filtro, tocando un tópico ya abusado en Estados Unidos.

Así, por ejemplo, la mayoría de las columnas de Rogin apuntan, claro está, a un mismo objetivo, el fortalecimiento de Estados Unidos a nivel internacional. Y últimamente, ha sufrido una fascinación con el autoritarismo chino. No podríamos señalar, entonces, que su columna es algo que ha surgido de la nada. Pero dejemos de lado a Rodin. El problema que revela esto es la facilidad con la que, en medios, puede propagarse una noticia falsa. No hablamos aquí de fake news pues hasta el momento no podemos determinar si hubo un accionar malintencionado por parte de los medios de comunicación. Por ahora, apunta a que fue pura ignorancia.