#Cuarentenasinabusos

Lima, 15 de marzo de 2020.

Resulta curioso el desarrollo de eventos en Perú. Tras una semana alborotada por el comunicado de CONFIEP, las declaraciones tanto de Vicente Zeballos como de Sylvia Cáceres parecían entrever un cambio de rumbo en el Gobierno de Martín Vizcarra. En el curso del fin de semana, imaginamos, el cambio de discurso se realizó. ¿Bajo qué motivos? Aún no lo sabemos. Quizá, hacerle frente al conglomerado empresarial no es algo fácil para un Gobierno que proclama buscar el punto medio entre ambos lados de cualquier conflicto.

La pregunta es ¿realmente las decisiones adoptadas por el Ministerio de Trabajo eran el punto medio en este conflicto? Para una gran mayoría, al igual que para esta revista, no. Muy por el contrario, el accionar de Martín Vizcarra y de Sylvia Cáceres solo refuerza que ese discurso de El Perú primero no aplica necesariamente frente a las empresas. Ojo, y cuando hablamos de empresas, hablamos de las grandes empresas. Porque, más allá del discurso que CONFIEP quiera emplear, la realidad es que las medidas que buscaba impulsar (y las que finalmente han sido aprobadas) están pensadas desde el beneficio de las grandes empresas. Las MYPES, por supuesto, no son parte ni siquiera del imaginario de CONFIEP.

Pero, a ¿qué medidas nos referimos? Pues, precisamente, desde ya algún tiempo ha sido evidente que la balanza en el aspecto laboral tiene peso inclinado hacia el empresariado. Que haya sido decretado el uso de las CTS (D.U. N°033-2020) o el de los fondos de las AFPS (D.U. N°034-2020) para aliviar la carga de la población trabajadora formal debió dar ciertos indicios de ello. Ambas medidas afectaban directamente al trabajador mucho más de lo que le beneficiaban. Más allá de la reacción que dicha medida provocó en los fondos de pensiones privados (reacción que reflejó, sin duda, un desapego de la realidad nacional por parte de los administradores de dichos fondos), lo cierto es que ya desde ese momento se ofrecían paliativos para combatir el efecto económico de esta crisis. Además, paliativos hoy representan un gran perjuicio para estos mismos trabajadores en el futuro, y tanto el Gobierno como las empresas lo saben. ¿Y a las empresas? ¿qué paliativos se les ofreció?

Pues, nada menos subsidios para los salarios de una gran parte (35%) de las planillas (D.U. N°033-2020) y ahora, tras la promulgación del D.U. N°38-2020, no solo se les permitirá dejar de pagar salvaguardar a miles de trabajadores, sino que los costos de las prestaciones de salud serán asumidas por el Ministerio de Economía y Finanzas. Todo para salvaguardar su frágil situación económica. Habilitar la suspensión perfecta de labores es solo un eufemismo para la licencia sin goce de haber, al igual que la suspensión del pago de las CTS hasta noviembre, habilitado en el mismo Decreto de Urgencia. Ambos pedidos dentro de la solicitud de buena fe por parte de CONFIEP hace una semana, ambos pedidos que supuestamente no iban a ser aprobados, de acuerdo a Sylvia Cáceres.

Precisamente, algunos sindicatos (SITOBUR, SINTRARENIEC, SINTRACOR, etc.) se han pronunciado en contra de estas medidas y han pedido la renuncia de la Ministra de Trabajo, que ha demostrado no actúar necesariamente en beneficio de los trabajadores. Si estas medidas ya fueron aprobadas, ¿qué nos permite pensar que el resto no serán promulgadas más adelante?

Al respecto, Winnie Jara, especialista en temas laborales, opinaba en torno a los pedidos de CONFIEP como algo “en contra de la política de preservar los empleos” planteada por el Gobierno en primer lugar además que parecía haber sido propuesta “sin una evaluación real del impacto que podría producir a futuro en el valor más importante de las empresas: el talento humano”. Si ya habían sido subvencionados los empleadores, “los empleados no deberían verse afectados” concluyó.

El 02 de abril, Maria Antonieta Alva Luperdi, actual Ministra de Economía, comunicaba en Twitter sobre el ambicioso plan económico de Perú para recuperar la economía post-cuarentena.

Responsabilidad, palabra clave en estos momentos. Ante una situación sin precedentes está en marcha un plan económico sin precedentes, audaz, pero responsable, de 12 puntos del PBI, considerado el mayor plan de estímulo en América Latina.
1/10 pic.twitter.com/qfxhUah1nE—— María Antonieta Alva Luperdi (@ToniAlvaL) April 3, 2020

El resaltado es nuestro. Fuente: @ToniAlvaL.

En este plan de estímulo ya se vislumbraban algunos puntos en torno a los trabajadores, pero poco o nada en torno a qué medidas se tomarían para salvar a las empresas. Salvar, claro está, porque esos términos fueron los empleados por María Isabel León Klenke, presidenta de CONFIEP, en sus declaraciones a la prensa. Al escucharla, uno sospecharía, pues, que la economía peruana está al borde del colapso, y que las grandes empresas ya no podían aguantar ni un día más en estos términos. No hace falta ser un gran analista económico para darse cuenta que es irónico que los dueños de las grandes empresas asuman un rol de víctimas. ¿No son acaso las mismas empresas que aportaban dinero a campañas bajo el beneficio del anonimato y pensando en el Perú?

En redes, precisamente sobre este punto, ha empezado a circular una propuesta que también ha tenido eco en Argentina. Impuestos para los más ricos. Desde esta revista, consideramos que existen empresas con suficiente sustento económico para afrontar la crisis y solventar los gastos de sus trabajadores, empresas que en el pasado han demostrado contar con dinero “para salvar al país” del chavismo y otros fantasmas. En estos momentos, donde incluso algunos bancos insisten en prorrogar pagos pero mantener altas tasas de interés o en el que aún queda en el recuerdo la poca seriedad con la que muchas empresas de call center afrontaron al inicio las medidas de aislamiento social (empresas que, por cierto, aún no han sido sancionadas al respecto) y sobre todo, cuando aún vemos como los grandes empresarios ofrecen ante cámaras el más ridículo de los vía crucis sin que el Gobierno diga u ofrezca más que compromisos vacíos, ésta no sería una medida descabellada.