Pablo Quintanilla: Para el peruano promedio, el Estado es un enemigo

Entrevista a cargo de Diego Abanto Delgado.

Byun-Chul Han, filósofo surcoreano, sostiene en su último artículo que Europa hoy mira a Asia con asombro y envidia, gracias a su “sociedad disciplinada”. En Latinoamérica, ¿cómo crees que nos miren? ¿Somos parte, por el contrario, de una “sociedad indisciplinada”?

En una época de crisis extrema donde el orden, la organización y la eficiencia son valores fundamentales para la supervivencia, sin duda Asia es vista con envidia. Pero en tiempos de paz la cosa es diferente. En gran medida el orden de algunos países, como China por ejemplo, depende de su poca democracia e institucionalidad. Latinoamérica tiene fama de ser, en líneas generales, un continente desorganizado. Sin embargo el coronavirus está exhibiendo los defectos en ese mismo terreno de los países del primer mundo. El caos que se vive en los Estados Unidos en este momento es comparable, y hasta mayor, al de cualquier país latinoamericano. Las universidades estadounidenses han tenido que adaptarse a modelos de enseñanza online, pero en muchos casos las primeras semanas han sido muchísimo más caóticas de lo que ha ocurrido en las universidades latinoamericanas. El coronavirus nos ha desnudado para lo bueno y para lo malo, y nos está equiparando. 

La filosofía siempre ha sido como el búho de Minerva, iniciando su vuelo al caer el crepúsculo. En estas circunstancias, pareciera que hemos iniciado el vuelo muy temprano. ¿Cómo ves a la filosofía alrededor del mundo analizando este contexto?

La frase de Hegel no puede ser generalizada. Un error frecuente de los filósofos es proponer una frase atractiva y convertirla en dogma. Si miramos a la historia, sin duda no es verdad que la filosofía solo inicie su vuelo al atardecer, es decir, en tiempos de decadencia. No fue el caso en Roma, tampoco en la Italia del Renacimiento, ni en la Francia de la ilustración, tampoco en la Escocia del iluminismo escocés, por poner solo algunos ejemplos. Hay que contrastar lo que dijo Hegel con la evidencia histórica. Lo que veo que ocurre hoy es que la globalización del acceso a la información y al conocimiento ha llegado por primera vez en la historia de la humanidad a casi todos los rincones del planeta, y esto tendrá como consecuencia que se democratizará el acceso a la filosofía y la posibilidad de hacer filosofía interesante y creativa. La prueba es que hay tantos filósofos no occidentales analizando este fenómeno como occidentales.

Además de este análisis, de tener un uso, un fin, ¿cuál es el fin de la filosofía en este contexto?

La filosofía es parte de la autorreflexión de la humanidad. Por ello es un fin en sí mismo y no necesita tener un uso. Sin embargo sí tiene un uso, que es ayudarnos a tener una visión del mundo y de nosotros mismos más clara, precisa, verdadera y aguda. Ello, a su vez, tiene como objetivo tener una mejor vida. Si la filosofía como actividad o una forma de hacer filosofía no nos ayuda a ser mejores personas y a vivir mejores vidas, debe ser vista con cautela.

Día a día, Martín Vizcarra nos pide (implora, quizá sería una palabra más adecuada) que respetemos las normas, que respetemos la cuarentena. Pese a todo, este Gobierno ha intentado comprender las complejidades del pueblo peruano en la cuarentena y responde frente a éstas. ¿Por qué crees tú este proceso no es recíproco? ¿Por qué el peruano no comprende? ¿O es que comprenderse le es irrelevante?

Creo que Vizcarra está haciendo una muy buena labor, en tiempos en que se necesita un liderazgo claro y definido. Seguramente cometerá errores, pero eso es inevitable. Lo que pasa es que el pueblo peruano tiene una desconfianza ancestral en el Estado y en el gobierno que lo representa. Sería un error suponer que eso comienza con la llegada de los españoles. Esa desconfianza es mucho más antigua. Para el peruano promedio el Estado es casi un enemigo, aquel que te limita, te sustrae tus recursos, te ofende, te burla. Es poco lo que el peruano espera del Estado, lo único quiere es que lo deje en paz. Por eso, cualquier medida que venga del Estado en mirada, en un primer momento, con gran desconfianza. De un lado, entonces, habrá gente que no cree que las medidas sean las correctas. Otros tratan de sacar partido a las normas porque piensan que si no lo hacen ellos, otros lo harán. El peruano sí comprende, pero no cree. Ha sido tantas veces engañado por los representantes del Estado que necesita recuperar la confianza o desarrollar una confianza que nunca tuvo. Vizcarra está actuando muy bien y podría colaborar de manera significativa en esa recuperación, quizá esa sea una virtud que nos pueda dejar el coronavirus.

En esa misma línea, ¿cuánto crees que nos falte en el Perú para entender las implicancias de esta pandemia? ¿Estamos, como conjunto, siquiera en proceso de hacerlo?

El Perú es un país complejo y variado. Tendemos a mirar lo que ocurre en Lima pero hay que recordar que las comunidades urarina también son el Perú, así como los shipibos y las comunidades quechua de la sierra. Muchas de esas comunidades no se han enterado, felizmente, de la pandemia. Pero en el caso de las ciudades grandes, que es a lo que apunta la pregunta, esta pandemia nos podría enseñar muchas cosas. Para comenzar, que si no nos organizamos y actuamos de manera colaborativa, nos morimos todos juntos.

En tu libro La comprensión del otro esencialmente te ocupas de la comprensión para/con la Otredad. En esta cuarentena, muchos se han visto “arrojados” a su mismidad y a una vida sin-sentido. ¿Cuál es el sentido de la mismidad? ¿Podemos encontrarla en un proceso aislado, sin necesidad del otro?

Es imposible vivir sin un otro. El yo se constituye en relación al otro. El otro es  tan parte de uno como uno del otro. El otro no tiene que estar físicamente contigo, puede ser un amigo a la distancia, un gran amor del pasado, los hijos o sobrinos que no están presente físicamente pero a los que siempre recordamos, un personaje literario o alguno que es producto de nuestra imaginación. Si no lo tenemos a la mano, lo inventamos. En casos extremos, el otro puede ser uno mismo. Mi yo pasado que siempre recuerdo, corrijo, lamento o agradezco; o mi futuro yo que imagino. El sentido de la vida no se reduce al otro, pero pasa inevitablemente por el otro.

¿Estás de acuerdo con la visión optimista de algunos filósofos (Žižek o Butler, por ejemplo) que creen que esta pandemia será el golpe final para el capitalismo? ¿O concuerdas más con Byun-Chul Han y crees que el capitalismo puede sobrevivir a este golpe?

Creo que la pandemia es un fuerte golpe al capitalismo, en más de un sentido, y no todos deseables. Por una parte, habrá una crisis económica tan extrema en algunos rubros que muchas empresas colapsarán y muchos trabajos desaparecerán, por lo menos por un tiempo largo. Piénsese en los cines, los restaurantes masivos, las discotecas o, en general, los comercios que congregan a mucha gente. De otro lado, el capitalismo recibirá otro tipo de golpe: descubriremos que muchas cosas que nos habíamos convencido que eran esenciales no lo son. Podemos vivir sin ellas.

Desde este punto de vista, la sociedad de consumo se reducirá significativamente y para bien. No veo, sin embargo, una desaparición del capitalismo por la simple razón que nadie sabe qué podría sustituirlo. Creo que va a reducirse el consumo, para bien y para mal, y que la sociedad de consumo va a sufrir un fuerte golpe, pero no va a desaparecer el mercado, pues el mercado existe desde que hay bienes para intercambiar.

Por otro lado, en el mundo de hoy hay varias formas de capitalismo, aunque dos dominantes: el que está asociado a la democracia, que es el caso occidental y parcialmente asiático, y el que depende del autoritarismo del Estado, como el caso chino. Ciertamente prefiero el primero.

Me temo que después de la pandemia habrá una competencia por estas dos formas de capitalismo. Temo más aún que el que tiene más opciones de ganar es el chino, por el tamaño de su mercado y porque su forma de competir no siempre es leal. Además el Estado chino está acostumbrado a sacrificar los derechos y libertades individuales para beneficiar al “supremo bien” del Estado, que naturalmente es establecido por el Estado mismo, sin consultar a los individuos.

Frente a esto, ¿estamos frente al surgimiento de una “solidaridad espontánea” entre seres humanos?

La solidaridad es espontánea entre los seres humanos, así como lo es el egoísmo. Hemos evolucionado para ser cooperativos con los miembros de nuestro grupo –el endogrupo- y para ser competitivos y hasta inclementes con el exogrupo, es decir los que no pertenecen a nuestro grupo cercano de lealtades y colaboración. En distintos momentos de la historia el endogrupo se ha ido reduciendo o se ha ampliado, dependiendo de muchos factores económicos, políticos y sociales. Lo que está ocurriendo ahora es que el endogrupo podríamos llegar a incluirnos a todos.

¿Te atreves a imaginar cómo será el día después del fin de la cuarentena?

No creo que haya ningún cambio drástico sino más bien uno progresivo. Al comienzo todos podremos salir pero no habrá posibilidad de congregaciones masivas de personas. Los colegios y las universidades tardarán un poco más en tener clases presenciales. En tanto todos vayamos desarrollando anticuerpos e infectándonos, con o sin síntomas, y en la medida en que los servicios de salud vayan haciéndose cargo de las personas con dolencias más graves, iremos volviendo poco a poco a la normalidad. En el mediano plazo conviviremos con la pandemia, así como convivimos con otras enfermedades. Lo que pasa es que esta pandemia nos ha cogido desprevenidos y en un momento de gran autoestima como especie. La recesión económica será muy fuerte, pero esperemos que el efecto rebote sea rápido.