¿Encierro necesario u otra construcción de la agenda política frente a la masa?

Y de pronto todo había cambiado, de un momento a otro cerraron tiendas, cines, teatros, restaurantes, todo, o casi todo, solo quedó lo indispensable para vivir; sin embargo, este vivir sería bajo condiciones distintas a las acostumbradas, pero que, a pesar de nuestra inconformidad con ellas, desde hace mucho han sido aclamadas.

Me explico mejor, tal como señaló Giorgio Agamben, hemos tenido hace tanto tiempo deseos de más Estado, los mismos que no satisfacen este apetito voraz de seguridad, día a día vivíamos oyendo noticias de asesinatos, violaciones, robos, secuestros, y cualquier otro delito que se pueda mencionar; bajo tal contexto, la masa (en términos de Ortega y Gasset) reclamaba cada vez penas más duras, sanciones “ejemplares”, procesos sumarísimos y, sobre todo, reclamaba la presencia inmediata del Estado, un Estado policial y de seguridad que garantice que nuestra vida no corre peligro.

Esa ansia de calma legitimaba cualquier exceso que sea necesario con tal de desaparecer absolutamente todo atisbo de miedo; la pregunta sería, ¿han cambiado las cosas en este estado de emergencia? No. La situación sigue siendo la misma, mantenemos la necesidad de desaparecer el miedo, ante ello surge una “brillante” solución: restringir libertades. Esta medida es en esencia lo que siempre pedimos.

Quizá Hobbes no se equivocaba al considerar que necesitamos ese gran leviatán que nos haga sentir tranquilos, y a pesar de que el “enemigo” ahora es el coronavirus, aún deseamos cuidarnos del otro, ese que transporta el virus, ese mismo que trasgrede las órdenes y el status quo, sí, ahora nuestro enemigo es otro: el ciudadano desobediente.

Esta necesidad de crear contrarios es natural, estamos en constante búsqueda de seres antagónicos a nosotros, ya que sin ellos sería imposible afirmar y reafirmar que somos los “buenos”, parece claro que, sin la noche, el día carecería de sentido; sin la oscuridad no entenderíamos qué es la claridad; sin el dolor no seríamos capaces de comprender a cabalidad el placer; y, como sucede ahora, sin los “malos” no podemos sentirnos “buenos”.

Ahora, no se puede negar que los ciudadanos que no acatan las reglas dispuestas dentro del estado de emergencia necesitan una sanción proporcional y acorde a la normativa vigente; sin embargo, tal como sucede con la delincuencia común, creemos que son precisamente ellos los causantes del crecimiento del problema.

Me explico de mejor manera, en los delitos contra el patrimonio, cada modificación legislativa aumenta la pena, reduce los beneficios penitenciarios y agrava la situación de este tipo de delincuentes, ya que se tiene la creencia de que atacando directamente a ellos el problema estará resuelto; no obstante, sendos estudios criminológicos demuestran que gran parte de esta clase de delincuencia tiene arraigo en las precarias políticas sociales del Estado, en el fortalecimiento de las “sub culturas” por inacción estatal pre delictual y escasos recursos de ciertos sectores.

La situación es similar en este estado de emergencia, ya que se considera que la población desobediente está haciendo que el número de contagiados aumente, las redes sociales critican a estos individuos y proponen agravar las sanciones que se puedan imponer, llegando al punto de justificar y legitimar agresiones corporales y actos degradantes; asimismo, la prensa a diario destaca la labor policial y militar, que si bien es sacrificada y merece reconocimiento, se hace creer que mediante el encierro que ellos garantizan el problema estará solucionado; sin embargo, ¿eso es tan cierto como el gobierno y la prensa nos hacen creer?

Para dar respuesta a la última pregunta es necesario remitirnos a datos objetivos. La BBC News destaca la labor particular y sumamente fructífera que se realiza en Islandia[1], país en el cual no se ha decretado cuarentena general, lo más cercano a ello es la prohibición de reuniones de más de 20 personas, por lo que diversos negocios y escuelas siguen en funcionamiento.

Con estas medidas, Islandia presenta un poco más de 1500 infectados y tan solo 4 muertes en casi dos meses a partir del brote de la COVID-19 en Europa; este éxito en el control de la pandemia se debe a la gran cantidad de pruebas para detectar a los infectados, realizando esta actividad de manera abierta para toda la población que desea, incluso para personas que no han presentado ningún síntoma, siendo el país que tiene el más alto porcentaje de pruebas realizadas según el total de su población (6%).

El caso es totalmente distinto en otros países en donde la expansión del virus avanza a una velocidad muy alta y, en específico, en el Perú, somos uno de los países con mayor crecimiento del porcentaje de contagiados y con una tasa de mortalidad respecto al número de casos confirmados de –hasta el 8 de abril de 2020– de casi 3% (la tasa en Islandia es de 0.26%). Todo ello a pesar de que la gran mayoría de la población se encuentra en cuarentena, siendo así, parece ser que las políticas que ha establecido el país europeo señalado, basadas en una abrumadora cantidad de pruebas, rinde muchos más frutos que un estado de emergencia con toque de queda.

Asimismo, cabe precisar ciertos datos adicionales; por ejemplo, el Ministro de Salud, Víctor Zamora, precisó que las pruebas rápidas y las pruebas moleculares para el Covid-19, tienen un valor de S/ 16.00 y S/ 200.00 soles respectivamente[2]; siendo así, el practicar pruebas rápidas al 6% de la población, como ha hecho Islandia, tendría un costo de un poco treinta y tres millones de soles. Este dato no es irrelevante, debido a que la inversión que está haciendo el Estado es incluso mayor y, como se dijo, no supone los mejores resultados.

Solo para comprender un poco mejor lo dicho en el párrafo anterior, el 16 de marzo del presente año, mediante Decreto de Urgencia N° 027-2020, el Estado oficializó el otorgamiento de un bono de S/. 380.00 soles a diversas familias comprendidas en el Sistema de Focalización de Hogares con mayor vulnerabilidad sanitaria definidos por el Ministerio de Salud; medida que coadyuvaría a 3 millones de familias (9 millones de personas en promedio), monto que superaría los mil millones de soles; asimismo, la titular del Ministerio de Educación precisó que hasta el 17 de marzo de 2020, el gobierno destinó, además del monto de subsidios para las familias, 783 millones de soles dirigidos al Ministerio de Salud, Ministerio de Educación, entre otros.

Todo lo anterior es solo parte del dinero que gasta al Estado, que es pequeño comparado con la asignación que pretende realizar a las grandes empresas que, si bien se ven afectadas, es evidente que el perjuicio mayor, con base en los ingresos, radica en las clases económicas menos favorecidas.

Luego de ello, es notorio que las políticas estatales frente a la pandemia no tienen un sustento sumamente sólido, más allá de las buenas intenciones que puedan tener. Pero lo más preocupante es lo que se dijo en un inicio, el poco análisis y discernimiento de la población frente a esto, una masa irracional que sigue necesitando seguridad, que sigue buscando enemigos, que mira con desprecio a quienes están infectados, que no realiza una opinión crítica frente a las políticas públicas, que se deja llevar por la emoción y no por la razón

Como ya señalé en el inicio de este artículo, parece necesario tener en cuenta el libro de Ortega y Gasset, “La rebelión de las masas”, y necesitamos seres humanos que dejen de ser como todos y dejarse llevar por lo que se dice; requerimos personas que sean críticas frente a lo que la agenda política pretende que asumamos como cierto y que se ve reforzado por los medios de comunicación. En esta época de la información, podemos acceder de inmediato a fuentes fiables que ayuden a sustentar nuestros argumentos, y a rebatir los que consideramos incorrectos; es imprescindible la aparición de una generación crítica y rebelde.

Hemos copiado políticas de “combate” del coronavirus de países que no han podido controlar este problema (España e Italia, por ejemplo) y, a la vez, hemos ignorado aquellas que sí pueden coadyuvar al problema; como sociedad seguimos esperando que el Estado piense por nosotros, porque es más fácil y más cómodo. Es momento pensar y mucho, en que esta pandemia solo ha revelado lo que siempre hemos sido.


[1] Revisado en: Coronavirus: la estrategia “única en el mundo” de Islandia, el país que ofrece pruebas de covid-19 a toda la población (Verificado por última vez, el 09/04/20).

[2] Revisado en: Coronavirus: Prueba rápida de COVID-19 cuesta S/16 y la molecular S/200 (Verificado por última vez, el 09/04/20).