La crisis perfecta

Lima, 19 de marzo.

La peor crisis es la que aún no sucede, debe ser uno de los lemas actualmente en Palacio de Gobierno. Pues desde que Martín Vizcarra asumió como Presidente de la República, cada crisis es más exigente que la anterior. Ya sea una reforma judicial o la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, ya sea enfrentarse a su predecesor y su “legado” o a un Congreso obstrucionista, el Ejecutivo ha demostrado que puede sortear casi cualquier tipo de situación que se le presente. O al menos, Martín Vizcarra.

Esa capacidad de reacción le ha valido elogios como muchas críticas, pues desde que asumió en marzo de 2018 hasta este marzo de 2020 sigue siendo un Gobierno sin rumbo pero con mucho protagonismo del Presidente. Un sobreprotagonismo, como pretende denunciar Federico Salazar en El Comercio. Y antes de matar al mensajero, escuchar el mensaje no estaría mal.

Hay en Vizcarra una habilidad política inusual para la capital. Entiende el juego político mucho mejor que sus contrincantes, y por lo visto, mucho mejor que la mayoría de sus aliados. Como retrata Rafaella León*, muchas de las decisiones de Vizcarra solo eran conocidas por su círculo de confianza y muchos funcionarios del Gobierno se enteraban por televisión. Esta desconfianza para/con los “suyos” es lo que muchos analistas de televisión no entienden y critican. ¿Por qué sale tanto? ¿por qué habla tan poco? ¿Dónde está el Presidente? Son tres preguntas que, pese a todo, se han escuchado en estos dos años en los medios de comunicación. Preguntas que, para variar, no buscan respuestas sino expresan frustración. Cabe señalar que esta frustración producto de la ignorancia es parte del sesgo limeño con el que se analiza la política. Para Carlos Meléndez, uno de los pocos politólogos que ha trascendido a la frustración, el accionar de Vizcarra es parte de la dinámica de la política regional de la que personajes como Martín Vizcarra, César Villanueva y Daniel Salaverry han surgido**.

Aún así, la COVID-19 no pudo llegar en mejor momento al Gobierno. Necesitado de enemigos, ante un Congreso que terminaba de conformarse, ante un Poder Judicial silencioso y un Ministerio Público prudente, se aferró a esta pandemia como si fuera su última oportunidad de hacer algo bien. Tan solo hace nueve días, la pregunta era si volvería a hacer algo, en general. Empezaba a dar manotazos de ahogado poniendo el tema de la pena de muerte en agenda. Antes, el caso del procurador Jorge Ramírez los había colocado en una situación de crisis similar. Que el Gobierno necesitaba un remezón para regresar a un rumbo nos queda claro. Pero sobre todo, quién lo necesitaba era Vizcarra. Solo así se explica su presencia anunciando el primer caso en Perú, junto a la silenciosa Ministra de Salud, Elizabeth Hinostroza.

Créditos: Andina/Prensa Presidencia.

Durante muchas ocasiones, Vizcarra ha silenciado a sus ministros, asumiendo él mismo el rol de Presidente del Consejo de Ministros mejor que quien actualmente lo ocupa, y quienes anteriormente lo han hecho. Quizá el único con el que supo convivir por momentos, fue Salvador del Solar. Tanto César Villanueva como el aún actual Vicente Zeballos asumen un rol más secundario, o no tienen el liderazgo que Vizcarra requiere.

Créditos: Andina/Prensa Presidencia.

Y en cierto modo, el accionar de Vizcarra y de algunas ministras, como Maria Antonieta Alva (Ministerio de Economía y Finanzas) o Ariela Luna (Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social) refleja que el Gobierno ha afrontado esta situación con un temple al que nos hemos acostumbrado a ver estos últimos meses. El único problema es que su único aliado en anteriores crisis, el pueblo, hoy es quién agudiza la crisis.

Comparto lo señalado por Maria Alejandra Campos en El Comercio; “a Vizcarra le acomoda mejor el cargo en tiempos de crisis que de tranquilidad”. Y para iniciar el año, a un gobierno sin rumbo, ésta debe ser lo más parecido a una crisis perfecta.

Que este modo de hacer política sea el correcto o no, es algo que hoy no nos compete analizar. Lo cierto es que ya trasciende a Vizcarra y nos instaura miras al bicentenario pensando en quién llenará el vacío. Que en muchos años de vida republicana, sea la primera vez que nos preguntemos eso y no cuándo lo meterán a la cárcel, es algo a considerar en futuros análisis.


* Retrato que, irónicamente, se encuentra en Vizcarra: retrato de un poder en construcción (2019).

** Esta idea fue extraída del ensayo El solitario de la política, incluido en el libro 30-S: Anatomía de una disolución (2019).