Un fantasma recorre Poliantea…

He aquí una infidencia; uno de los fantasmas que recorrió principalmente la primera edición de Poliantea tras conocer a sus integrantes, fue la terrible cuestión que muchos redacciones niegan pero que últimamente pasa por nuestras cabezas cuando hablamos de grupos: la cuota de género. Digo terrible, y lo digo quebrantando la confianza de con quienes se discutió esto, porque jamás estaremos de acuerdo con que las mujeres se conformen con una cuota. Jamás estaremos conformes con que la única forma en la que, dentro de la cabeza de personas arcaicas, una mujer pueda ocupar un lugar en un medio sea por cuotas. No hay duda que este pensamiento se ha perpetuado y quizá aún perpetúa en muchos aspectos dentro de la revista. Nuestra selección de redactores, las personas que acudimos y participamos en las presentaciones de la revista entre otras situaciones, solo sirven para problematizarnos al respecto y darnos cuenta que antes que mirar a otro lado, es necesario mirar en uno mismo. Creo que Poliantea, dentro de las limitaciones que encontró en su primer año, supo sortear estos entrampamientos de la sociedad y si hoy estamos tocando este tema, es tan solo porque

Históricamente oprimidas bajo el yugo de una sociedad que más que pensar en Ellas, las obligaba a pensar en esos Ellos; no resulta sino curioso que en tiempos en los que se esgrimen ínfulas de modernidad, ciertos personajes autodenominados “progresistas” sigan perpetuando prácticas lamentables y condenables dentro de sus círculos de poder. Sorprende lo duros que podemos ser con la corrupción, pero no provoque la misma o mayor indignación en nuestras posiciones políticas que aún se siga oprimiendo por culpa del patriarcado. Peor aún, que sigamos postergando la discusión porque “no es tan importante”.

Por eso, nos resulta crucial empezar a abordar un tema, que de hecho, ha sido abordado ya anteriormente en esta revista. Acotando que ha sido abordado no tan explícitamente como nos habría gustado. Pero consideramos que desde que empezamos a pensar en Poliantea, éramos conscientes que el feminismo era una realidad que no podíamos voluntariamente negar como otros grupos. Dentro de las nuevas generaciones, es el feminismo uno de los verdaderos acontecimientos en el siglo XXI. Nunca antes nos había importado tanto hablar y conocer de género como ahora. Nunca antes habíamos cuestionado tanto nuestras instituciones como ahora. Realmente, nunca antes habíamos sido conscientes de lo políticas que puede ser nuestras acciones, y en gran parte se lo debemos al feminismo.

Pues pese a lo que algunos ideólogos, enamorados de un ayer que nunca supieron poseer, puedan esgrimir en sus columnas sumamente adornadas de palabras rebuscadas respecto al feminismo y la dictadura de lo políticamente correcto, no hay nada más político que hablar de género. Durante años hemos señalado que la desigualdad es uno de los males que recorre no solo Latinoamérica, sino el mundo. Y aún así, estos ilustrados señores pretenden que con sus fugaces plumas no solo desaparezcan los feminicidios, sino que se queden como una estadística más.

Desde Poliantea siempre hemos observado con suma preocupación el avance de movimientos fundamentalistas en nuestra región, y anteriormente hemos hablado de éstos como grandes opositores al enfoque de género, al que erradamente llaman enfoque de género. Uno de los movimientos que ha peleado con suma valentía este avance ha sido el feminismo. Digo suma valentía, además, porque siendo honestos, si esperamos que el Estado (entiéndase aquí los grandes funcionarios) haga algo por nosotros en ese aspecto, nos quedaremos esperando a Godot. ´Pese a esta realidad, ciertos políticos, como Julio Guzmán en Perú, señalan que el feminismo es igual de radical que estos movimientos, y otros encuentran en esto resonancia de quienes, en redes, lo comparan con el nazismo. Nunca nada más errado. Y más que pretender cambiar la realidad, se pretende cambiar de tema.

No hay movimiento más jodido en Latinoamérica que el feminismo. Y nos guste o no, hemos aprendido a joder en este siglo por ese modo de pelear por sus derechos. Nadie duda, por ejemplo, que el derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo será alcanzado en pocos años en Latinoamérica. Pero la lucha no acaba ahí, pues como tantas luchas, lo ideal es mantener lo conseguido. Y donde otros movimientos ceden, el feminismo cede poco o nada. Y está bien sentar posiciones en momentos en donde la ambigüedad domina el mundo (y las redes).

No le faltaría razón, sin duda, a quien señale que la persona que escribe estas palabras forma parte de ese espectro que ha sido y actualmente aún es machista. Sería ingenuo decir que no he(mos) cometido algún acto machista. Nada más alejado para un varón. Y sin duda se podría señalar que, entonces, soy la persona menos indicada para anteceder lo que es, a todas luces, una edición histórica para nuestra revista. Pero esta revista, y esta introducción no responden y nunca han respondido (y por si quedaban dudas, tampoco pretenderá responder) a los estándares de la probidad moral a la que nos suelen someter grupos conservadores fundamentalistas.

Creo que lo fuera de lugar sería erigir a esta revista como feminista o erigirme a mí como tal. A cada quién su lugar, y desde su lugar que busque aportar a lo que corresponde. Y digo fuera de lugar porque creo, además de lo fuera de lugar que sea un varón quien denomine lo que es feminista o no, que las autodenominaciones sirven tanto como las encargaturas presidenciales. Será el tiempo y las colectivas feministas quienes decidirán si esta revista, desde su pequeño lugar en el microcosmos latinoamericano, aporta en algo a pensar en el feminismo.

Pero, por supuesto, lo que me corresponde aquí es simplemente introducir esta edición como director. Más que levantar una bandera o entonar un canto, solo señalo cosas puntuales antes de entrar de lleno a lo que contiene la revista. Esta primera edición del año no pretende agotar el tema. Es probable que volvamos a abordar el feminismo en Latinoamérica en otras ediciones, es probable que volvamos en algún tiempo a tocar este tema. Si principalmente Poliantea es una revista miscelánea, es porque consideramos que nunca un tema está agotado, que siempre hay algo nuevo que decir. Considero que estos artículos pretenden, así mismo, contribuir a un debate poco atendido, ¿qué es el feminismo en América Latina? Desde distintos ámbitos, nuestras redactoras han pretendido darle respuesta a esa pregunta. O mejor dicho, han re-preguntado, a través de sus artículos, esta pregunta fundacional.

Aquí cierro mis palabras, y con emoción, presento la primera edición de esta segunda etapa. Que nuestras palabras nos reflejen y a nuestra nueva generación.


Por cierto, hemos cumplido un año. A tropezones, a zancos largos y por momentos apresurados, ha terminado la primera etapa de la revista. Recordar que hace menos de un año, recibíamos artículos con meses de anticipación e íbamos planeando futuras ediciones que nunca vieron la luz (1) me llena de una emoción que no puedo expresar en palabras. Ha tardado en llegar pero ha llegado realmente una revista que no tiene miedo al qué dirán, porque más que hablar de un presente por el presente, pretendemos mirar más allá de lo evidente. Este esfuerzo, sin duda, es la razón por la que la formación de la revista va variando, y en cierta forma, sus temáticas, pero sigo sosteniendo que la esencia de Poliantea se encuentra en nuestra primera edición. Ahora que nos enfrentamos a nuevas etapas, los cambios necesarios han sido hechos, y sin ánimos de disminuir lo ya hecho, creo que lo mejor aún está por venir. No puedo asegurar una frecuencia para la revista, como habíamos hecho anteriormente, un compromiso a largo plazo eventualmente envenenaría de promesas rotas esta relación relativamente próspera con nuestra comunidad. Lo que sí puedo asegurar es que trataremos que la revista, cuando salga, esté llena de contenido que promueva una discusión saludable. Es preferible que nuestras ediciones digan algo cuando quieran decirlo, porque solamente libre, el espíritu se expresa mejor.

Muchas veces no hay nada más dañino que la rutina, que la costumbre y desde Poliantea nos comprometemos a romperla. Como una revista que se erigió desde sus inicios como la revista de la nueva generación y pretendía reunir a todas las voces latinoamericanas que quisieran hablar, hoy no podemos enajenarnos de una realidad que cada día nos compromete más que a pensarla, a cambiarla. Y aún así, es un compromiso ligeramente intelectual el que aquí llevamos a cabo, una locura de amor por nuestra región. Siempre lo esbozará mejor Marx que yo (él respecto a los filósofos, yo respecto a los intelectuales) que se han dedicado a interpretar la realidad, es momento de cambiarla.

Pero cabe aquí una pregunta que en parte responde a la razón por la que nuestras ilusiones generacionales se reunieron en Poliantea; ¿realmente hemos pensado nuestra realidad? ¿realmente hemos agotado ya ese inagotable y exquisito acto de pensar? Considero que no. Además, creo yo que la acción es un proceso a largo plazo, como el que desde Chile se está llevando a cabo. El país donde “inició” el neoliberalismo, hoy parece haber sido el inicio de algo mucho más grande. Y algo de eco ha tenido en otros países, como en Perú, donde un movimiento de escolares ha removido las redes sociales y ha orientado el debate cansino que proponen los medios de comunicación tradicionales a temas más importantes. Que el transporte sea un tema de tensión en Latinoamérica nos revela algo; realmente hemos estado acostumbrados tanto tiempo a no movernos, que cuando algo de movimiento llega, lo llamamos caos. Y pues, realmente necesitamos algo de caos en nuestra región. Un caos que re-ordene nuestra sociedad. Pero todo caos necesita, irónicamente, pensarse.

Pero ¿quién piensa por los que actúan? ¿O es que acaso no nos damos cuenta que si solo actuamos y dejamos que la historia nos juzgue, desperdiciamos tribunas importantísimas y se las entregamos a lo más conservador de nuestra sociedad? Porque lo que Latinoamérica pide a gritos también es que la piensen.Es muy triste que nuestros pensadores sean tan…antiguos, y ojo que no me refiero a los muertos, sino a los vivos que publicando se resisten a morir. Nuestros gerontes latinoamericanos parecieran haberse conformado con una lectura superficial de Fukuyama, pero poco saben que la historia la seguimos construyendo quienes hoy destruimos aquellos escombros bajo los cuales se sostiene nuestra sociedad. Nuestros antecesores le llaman base, pero nunca nada ha crecido en tierra infértil. Mientras más rápido entendamos que no podemos seguir mirando con ojos del ayer el hoy, mientras seamos conscientes que nuestra realidad nos demanda una refundación constante de nuestros ideales, una confrontación cruda con nuestros paradigmas, nos dirigiremos a un presente mejor.

Esta revista nunca intentó ser parricida, pero ya es momento de construir lo nuevo. El pasado puede morir y debemos dejar que muera, pero nunca podemos permitir que se olvide. Así que antes que olvidar todo y empezar de cero, Poliantea seguirá, sin malicia alguna, rescatando todo lo viejo que nos enrumbe hacia nuestra meta; una Latinoamérica libre pensando y pensante. Solo así cometeremos el perfecto asesinato. Esta revista no podría ostentarse una labor que ya vienen cometiendo proyectos hermanos. No somos los primeros en decirlo ni seremos los últimos. Lo que hoy enunciamos como una promesa, es tan solo el principio en este segundo año de vida. Esta revista solo puede sumarse a los esfuerzos de pensar nuestra actualidad e insertarlo en ese abismo sensacional que llamamos historia. Y después de todo, los tiempos realmente están cambiando…


(1) Una de las ediciones pendientes fue abordar el autoritarismo en Latinoamérica, abordando una comparación entre el, en ese entonces, nuevo Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Eventualmente la iniciativa incluyó a Evo Morales, Nicolás Piñera y Mauricio Macri por lo que la inmensidad de la tarea y lo cambiante del panorama en esos países evitaba tomar una instantánea del momento. No nos cabe duda, que si hubiéramos llevado a cabo nuestro cometido, habríamos sido incapaces de tomar en cuenta factores que fueron apareciendo a lo largo de estos meses, y que siguen apareciendo en estos países.