La identidad colectiva y el feminismo

Créditos: Ailen Díaz/Agencia Uno.

A partir de lo que está sucediendo a nivel político en diferentes países de América Latina, los feminismos han aparecido con mayor fuerza. No podemos dejar de mencionar la performance de Las Tesis, ni tampoco la de las mujeres que están poniendo el punto en las íes intentando de demostrar qué es lo que nos está pasando socialmente para encontrarnos en esta coyuntura, en la cual el Estado se comporta como un padre que debe poner los límites, enseñar, educar y amparar.

El concepto de familia delimitado por los diferentes códigos civiles no solo está en un absoluto cuestionamiento sobre si debe ser de esa manera, sino que también está descontextualizado según lo que en la realidad sucede con las diferentes personas viven con respecto a esa familia. Muchos de los padres y madres jóvenes adultos deciden separarse cuando la relación amorosa no funciona, ya no creen en quedarse juntos para que el niño tenga ese concepto de familia que el Estado quiere perdurar. Existen madres y padres solteras, por varios motivos que todos podemos agregar, ver y comprender.

Aun así, el patriarcado se nos presenta como un sistema donde la última palabra en la discusión de la cena es la del padre, la del hombre, la de quien debe proveer, cumplir con esas demandas que el concepto de familia como está explicado propone, avala y exige. Todos dentro de la familia tenemos un lugar, un espacio que cumplir determinado. En una comunidad más amplia, como la que el Estado tiene bajo su mando en cada territorio estipulado, sucede de la misma manera. Tanto la mujer como el varón tienen un concepto estereotipado de cómo se debe ser. Estos conceptos se pueden ampliar leyendo el congreso dictado por Noam Chomsky, “El control sobre nuestras vidas”.

A partir de estos conceptos, los feminismos se enfrentan a clasificar, recomponer, ensayar, deformar y millones de verbos más este sistema, no como una ideología sino como una filosofía, comparable al iluminismo, nihilismo, entre otros muchos. ¿Por qué se está tomando a esta filosofía, que se encuentra en su cuarto momento histórico, entre todos estos cambios políticos? Las respuestas son múltiples, pero, como expone Judith Butler, existe una relación entre cómo nos planteamos nuestra identidad, como vemos nuestro “yo” y como nos comunicamos eso que es lo interno y propio de cada uno.

América se ha visto en los últimos siglos en un proceso de descubrimiento (o invención), conquista, matanzas e imposición de ideas de quienes conquistaron y armaron las ciudades como las conocemos hoy. Ángel Rama explica en La ciudad letrada como ha sido utilizado el conocimiento, las universidades y la burocracia para armar una estructura arquitectónica de la ciudad y su funcionamiento. De esta manera, en nuestro continente, la manera de comunicarnos la identidad colectiva ha sido limitada por una manera de explicar, de demostrar, un método científico que se basa solamente en la deducción.

La inducción, al mejor estilo Sherlock Holmes, se ha visto como ficcional. Comprender el macrocosmos a partir del microcosmos es un planteo absurdo dentro de la matemática y la física aplicada. Tzvetan Todorov plantea (y parafraseo), en La conquista de América: el problema del Otro, que existen dos maneras de comunicarse con el lenguaje. Mientras los colonos manejaban un lenguaje de mentiras, queriendo vender una idea, una necesidad y una forma de vida a los nativos; las diferentes culturas originarias de Abya Yala manejaban un lenguaje ritualístico basado en un lenguaje de metáfora, ellos creían en el símbolo de la palabra en todas sus formas, tanto en el lenguaje de la naturaleza como en el de los movimientos de los seres humanos.

Observo que de cierta manera esto mismo podemos pensarlo con respecto a la postura que debe sostener un varón y una mujer dentro de este sistema patriarcal impuesto por las culturas colonizadoras europeizantes. Al observar a los nativos y a las mujeres por debajo de la norma de como un ser humano debe ser, es decir, varón, blanco, heterosexual y pater, consideran que ese lenguaje donde se intenta persuadir y conquistar es superior a uno más femenino, metafórico, connotado, sagrado y subterráneo. El lenguaje queda estructurado según cómo se puede lograr que un presidente tenga más votantes o una publicidad logre vender más.

Dentro de la familia, la comunidad, tribu o ciudad pasa lo mismo. Existen ciertos miembros que pueden explicar cómo son las cosas y los demás deben seguir eso. Pero las mujeres, subyugadas por un patriarcado desde el tiempo de los romanos, comenzaron a observar que la realidad no está tan entreverada con el lenguaje como suponen los discursos hegemónicos. El lenguaje se queda corto cuando una persona intenta explicar todo lo que ha vivido. La subjetividad se manifiesta. El cuerpo femenino no puede tomar como verdaderas las reglas que lo masculino ha definido, catalogado y estudiado.

Entonces, por un lado, tenemos las culturas originarias que se encontraban en un estadio del lenguaje donde la metáfora, la realización del símbolo en todas sus formas (tanto natural como humana), está siendo olvidada, aplacada y demonizada por un lenguaje científico, denotado y paradigmático. Por el otro, se retorna al lenguaje poético que según Judith Butler en El género en disputa “siempre implica un retorno al terreno materno, donde lo materno designa tanto la dependencia libidinal como la heterogeneidad de los impulsos. Al tomar ambos modos, no parecen tan lejos.

Este lenguaje que ayuda a la convivir y hablar con los sueños de uno, que nos ayuda a entendernos, entender al otro y al mundo que nos rodea está comenzando a explotar en el continente donde las culturas originarias siguen peleando por ser reconocidas no como anteriores y primitivas, sino de igual manera que la estructura patriarcal que desde la colonia los Estados modernos han intentado de imponer con violencia y a la fuerza.

El lenguaje patriarcal es, en sí mismo, violento, dado que tiende a la persuasión, a la conquista no por el conocer al otro, sino por desconocerse a uno mismo de lo que uno es para que el otro me crea y me quiera comprar. Cortés intento por todos los medios comunicativos no llegar a la violencia física, aún así sus métodos fueron violentos desde el lenguaje. Nos han impuesto el lenguaje colonizador, desde la escuela y desde todas las instituciones que los Estados modernos consideran como necesarias (tampoco digo que no lo sean algunas como los Hospitales, pero eso es una discusión para otro ensayo).

Asimismo, podemos comprender que un lenguaje intenta de manifestarse hacia el afuera, que otro pueda leer este ensayo y seguir las ideas que aquí se encuentran expuestas. A la vez, el lenguaje que los feminismos están tomando con fuerza, es un lenguaje hacia adentro, en el cual, se comprenden los sueños, la literatura, es decir, el mundo semiótico que rodea a todo ser humano.

Para concluir, el inconsciente colectivo no se va a entender de ninguna manera si todo el lenguaje que no sigue las normas heteronormadas sigue estando por fuera de los límites de la sociedad. El consciente es el que se manifiesta hacia el afuera, pero dentro de una sociedad, donde deben estar las creencias, los rituales, es menester que se retomen estos hitos del lenguaje poético y connotado (como lo ha estudiado Julia Kristeva). Para que una vez más podamos comprendernos no solo por cómo veo, toco los objetos y a los otros, sino cómo los interpreto, qué es lo que entiendo de ellos, cómo han sido manifestados en la vida de uno y aprender de todo ello.


Cata Amaire